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jueves, 23 de febrero de 2012

Los abertzales tienen miedo, ahora sabemos por qué odian


Llevábamos unas semanas sorprendidos por la extrema sensibilidad de los batasunos y limítrofes a todo lo que se refiriese al vascuence. No era lo de siempre, el insulto y la agresión contra cualquier idea que no aceptase el dogma nacionalista de una lengua que no es la común de estas provincias convertida en símbolo de una nación que jamás ha existido y en anticipo de un Estado (soviético o no) que nunca nacerá. Había en su actitud, en todos los medios de comunicación, en las campañas de publicidad, en las respuestas a las entrevistas, en la movilización de sus bases y de sus cargos públicos, una extraña sensación de emergencia: estaban más insultantes y agresivos que nunca, tenían prisa y parecían sentirse incómodos.

Sin tener más datos, parecía claro -más claro que nunca, perdón- que los manipuladores y politizadores del euskera estaban llegando al límite de su complejo de inferioridad. No se entendía si no que dos veces en la misma semana Maite Soroa dedicase a este periódico y a este blog su columna en Gara (el 8 y el 10 de febrero: ya saben, el periódico que sucedió al etarra Egin); total, sólo porque nos unimos a la denuncia de cómo la Diputación de Guipúzcoa, en manos batasunas, usa el dinero de los contribuyentes para financiar una ikastola privada en Navarra, que no se sostiene por sus medios.

Qué le vamos a hacer, era y es la verdad, y la confirmación de lo que en marzo de 2009 denuncié y al mismo Gara no le gustó: “en lo que hoy es Navarra, y desde hace muchos siglos, la lengua común que nos permite comunicarnos a todos es el español, con sus precedentes romances y antes de ellos el latín. Para una inmensa mayoría de navarros el español -el castellano- es además la lengua materna; para todos es una lengua propia, que en una minoría convive sin dificultades con el correspondiente dialecto navarro del eusquera, lengua materna en su casa“. ¿Pero por qué les dolía tanto?

Las ikastolas van a menos, y el nacionalismo tiembla por la base

Recordemos cómo empezó la reconstrucción del abertzalismo durante el franquismo: por un lado la ETA aportó violencia y marxismo, por otro el PNV la inestimable colaboración del clero y del capital, y por detrás se realizó una ingente obra de propaganda identificando vascuence y nacionalismo y creando una enseñanza no ya de euskera sino en euskera, que en muchos casos ha significado, como se quería, un giro político junto al cultural. Por eso el modelo educativo es tan importante para ellos, y por eso sus mayores triunfos en la Transición fueron las concesiones y regalos recibidos en ese frente, que siempre buscan consolidar y ampliar (como si fuesen auténticos Evangelios). Y por eso les duele tanto que se señalen sus vergüenzas por ese lado.

Pero nuestra admiradora Maite Soroa, y todo su entorno, parece que sabían ya entonces algo que nosotros sabemos sólo ahora, y que explica su extraordinaria agresividad. Resulta que estos días se ha estado realizando la preinscripción de nuevos alumnos en los centros educativos de Navarra, y como ha informado Navarra Confidencial “las preinscripciones han caído un 6,7% en las ikastolas públicas y un 9,9% en las ikastolas concertadas“, según las propias fuentes de los centros vascófonos. Desde la Transición, existe en Navarra un modelo educativo público (el D) en el que la lengua vehicular es el euskera, y el castellano es estudiado como segundo idioma, como lo son el inglés o el francés. Hay centros públicos, con docentes funcionarios, que ofrecen así una enseñanza enteramente en vascuence en las zonas vascoparlantes o bilingües de Navarra, y también centros privados, concertados con el Gobierno foral. Por ideología, por moda, por presión, por muchas razones no todas ellas inconfesables durante muchos años muchas familias totalmente ajenas al vascuence matriculaban a sus hijos en el modelo D, y los abertzales lo consideraban un triunfo -político también- del que estaban orgullosos.

Creían que era una victoria política (irreversible además), y proclamándola terminaron de politizar el euskera -cuando durante mucho tiempo ni la mayoría de vascoparlantes ha sido nacionalista… ni la mayoría de votantes nacionalistas sabía euskera, ni por supuesto lo usaban como lengua habitual-. Bien. Si aquello fue una victoria, esto será una derrota: “continúan su ascenso imparable son los modelos TIL y “British”, limitados menos por la demanda que por la oferta de profesores“. O sea, que el modelo “euskera prioritario”, el promovido por los abertzales con dinero público, aquél cuyo avance se veía como un triunfo, el que estuvo en la base del nuevo nacionalismo, no retrocede por caída de la natalidad, sino porque las familias prefieren otros modelos educativos, en y con otros idiomas… y aún habría más si hubiese más profesores y maestros titulados para impartirlos.

Curiosamente, ningún centro educativo que enseñe o use el inglés ha necesitado una subvención del Gobierno británico ni del estadounidense. No entendía yo el enfado de Maite, acusándome de un miedo que no siento y de un odio que no puedo sentir. Esta noticia explica qué pasa: son ellos los que odian, son ellos los que tienen miedo, y es que sienten un abrumador complejo de inferioridad. Tienen que reinventar una de sus tradicionales bazas, y de momento se limitan a improvisar y a insultar. Tampoco esperábamos nada mucho más versallesco, viniendo de Gara. Con mis mejores saludos a todos sus lectores, claro.

Pascual Tamburri | El semanal digital

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