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sábado, 18 de febrero de 2012

Breve Historia del Carlismo: desde sus Orígenes a la Guerra Civil (Década de 1820-1936)

Nota Legal: El autor ha autorizado expresamente la publicación del texto únicamente a Tradición Viva. La copia, enlace o uso indebido por terceras personas sin la debida autorización del autor y su citación, no está permitida.

Es necesario que dediquemos unas cuantas páginas a relatar el origen del Carlismo pues si no, difícilmente entenderemos las aguas de las que bebe a la altura del año 1939. Hablar de su origen significa referirnos al contexto político e histórico que atraviesa España a lo largo del siglo XIX. Decir una fecha clara como hito del nacimiento de este movimiento es complejo, pues lo cierto es que sus fundamentos se fueron gestando a lo largo de los avatares del citado siglo.

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Reproducimos con autorización del autor el Primer Capítulo de la obra: Historia Reciente del Carlismo 1939-2010.
Si desea adquirir la obra completa puede pulsar aquí. 
Los orígenes de este movimiento político y social se encuentran en la crisis del Antiguo Régimen. Aunque siempre se nos ha planteado el Carlismo como el resultado de una lucha dinástica, desde este prisma hemos de entender que es algo mucho más complejo. Sus bases ideológicas surgen entre fines del siglo XVIII y principios del XIX. Ante la Revolución Francesa de 1789, aparece en España una corriente contrarrevolucionaria y antiliberal, liderada por intelectuales eclesiásticos, temerosos de la política anticlerical de los gobiernos de corte revolucionario. 

En nuestro país, las consecuencias de la Revolución llegan en 1808 con el periodo de la Guerra de Independencia.  Fruto de aquella experiencia nace el primer liberalismo español y la elaboración de la Constitución de 1812.  Tras estos sustanciales cambios se produce una división política en la sociedad española entre liberales y realistas en pos del Absolutismo (una de cuyas tendencias es la madre de los Carlistas). 



Los realistas procedían de todas las capas sociales  aunque al frente de los mismos estaban los grupos privilegiados. Tal heterogeneidad trae una gran disparidad de motivaciones y objetivos, aunque por encima de todo, les unía la lucha contra el liberalismo y una serie de valores comunes como la crítica de la desamortización, la decadencia de valores tradicionales... Será en el periodo de la Década Absolutista del rey Fernando VII (1823-1833), cuando el realismo se divida en dos corrientes: una moderada y otra ultrarrealista. Problemas internos como el no reconocimiento de los grados de muchos realistas o una represión antiliberal que no satisfizo a una parte de los absolutistas, fraguan esta separación.  Las tensiones entre ambas corrientes serán constantes.

 

 

Promulgación Fernando VII como ley del Reino la Pragmática Sanción (año 1830)


No es de extrañar, ante el panorama dibujado, que la problemática descendencia de Fernando VII fuese un elemento aglutinador de tales tensiones, punta de un iceberg afilada y peligrosa. 

El 18 de mayo de 1829 falleció su tercera esposa  sin haberle dado descendencia. Era de vital importancia un nuevo casamiento para albergar la posibilidad de continuar su línea sucesoria. De no conseguirlo el trono pasaría a su hermano el Infante don Carlos María Isidro , apoyado por los ultrarrealistas. Así se llega al cuarto matrimonio de Fernando, con la princesa María Cristina de Nápoles , que le da una niña: Isabel . 

La legalidad dinástica vigente, procedía de la Ley Sálica  implantada en España por Felipe V, que primaba la descendencia directa por línea de varón, aunque las hembras tuvieran mayor derecho para tal sucesión.  En Marzo de 1830 Fernando VII publica la Pragmática Sanción, por la cual las hijas del rey recuperan la prioridad en la sucesión respecto a su tío. Ello asestó un duro golpe a las pretensiones de don Carlos de acceder al poder. El último rayo de luz para el pretendiente al trono fue la decisión de su enfermo hermano en 1832 de derogar la Pragmática Sanción para evitar a su muerte una lucha fratricida en el país. Pese a ello, ante una mejoría del rey Fernando, se restablece la Pragmática y se eliminarán del ministerio todos los elementos subversivos ultrarrealistas, instaurando un gabinete de realistas moderados.  Los Sucesos de la Granja de 1832 evidencian la falta de apoyos de la opción de Carlos   y a lo largo de 1833 los Voluntarios Realistas, claro apoyo de Carlos, serán depurados. 

 
 
Partidas numerosas alzanse al grito de ¡Viva Carlos V!

En este contexto el rey don Fernando muere el 29 de septiembre de 1833, con la expectación de su hermano que no había dado por acabada aquella lucha. 

El 1 de Octubre don Carlos esgrime el Manifiesto de Abrantes , en la ciudad Portuguesa que da nombre a tal manifiesto, por el cual se autoproclama rey de España .

Como acto simbólico del inicio de las hostilidades y que refrenda el apoyo a don Carlos, en la noche del 2 de Octubre de 1833 el Comandante de los Voluntarios Realistas proclamó en Talavera de la Reina a Carlos V como rey de España. El levantamiento tuvo escaso calado en la zona  .
   
Aunque me he detenido en el inicio de las tensiones que engendran el Carlismo como un movimiento de hondo calado, intentaré ser más breve en lo que resta de este periodo. Fruto de tal contexto se producirán tres guerras  entre las fuerzas que apoyan a la Regencia de María Cristina e Isabel II, y por otro las fuerzas seguidoras del autoproclamado Carlos V y sus sucesores inmediatos: Carlos VI (1845-1861) , Juan III (1961-1868)  y Carlos VII (1868-1909) . Caeríamos en un grave error si viéramos las guerras carlistas como un mero conflicto dinástico. Las reclamaciones forales, los problemas económicos del campesinado fruto de las desamortizaciones, el recorte de las libertades religiosas, serán el acicate que llevará a los carlistas a revelarse reiteradamente. No podemos olvidar que para la gran masa campesina que seguía a la dinastía carlista, el Antiguo Régimen les había ofrecido más que las nuevas libertades, procedentes de la Constitución de 1812. 
   
 

 

Levantamiento de nuevas partidas carlistas (año 1872)


El nuevo periodo que se abre tras el año 1876, supone el fin de cuatro décadas en las que el carlismo fue el aglutinador de una de las dos Españas enfrentadas. Fue aquel un periodo de guerras fratricidas intercaladas con breves periodos de treguas y paces.  
   
Con la instauración y posterior consolidación del régimen de la Restauración , finaliza una etapa de la Historia de España, la cual estuvo regida por las tensiones entre la opción liberal y la opción carlista (el binomio liberalismo - contrarrevolución). A lo largo del último cuarto del siglo XIX esta lucha se desvanece. A fines de Febrero de 1876 Carlos VII  cruzó la frontera hacia Francia, para no volver.
   
Entre 1876 y 1936 el Carlismo verá profanada su unidad interna al producirse en su seno una serie de escisiones: escisión mellista  y la integrista . Asimismo se produce una constante sangría de las filas carlistas hacia las filas alfonsinas. En el plano militar intentarán varios levantamientos, circunscritos a la pequeña área de los Pirineos, aunque serán desbaratados, sin excepción. 
   
A inicios del siglo XX la ideología carlista (ya madura) se puede resumir en una serie de postulados fundamentales: La tradición apostólica, la corona como símbolo de unidad, la concepción de España como una suma de regionalismos y de respeto al foralismo. Además, tienen una concepción democrática de España, al reclamar la soberanía para la sociedad a través de lo que consideran sus organizaciones de tipo natural: la familia, el municipio y la región. Las causas principales de las escisiones anteriormente referidas serán: La ideología católica radical de muchos dirigentes y su concepción unitaria de España, frente a la línea oficial del carlismo. 
   
El carlismo en este periodo (1876 - 1936) se erige como una maquinaria dirigida a ejecutar planes subversivos para acabar con el gobierno. No lograrán tal fin hasta el año de 1936, en el que comienza la sangrienta Guerra Civil.  

Antes de entrar en el conflictivo, convulso e interesante periodo de la actuación carlista en la Guerra Civil conviene decir unas pocas palabras respecto a las tres primeras décadas del siglo XX. 
   
 
 
Vázquez de Mella
La escisión mellista de 1919, antes referida, fue la versión carlista de la crisis de la Restauración. Los múltiples cambios en el gobierno de España son comparables a los cambios en la dirección del carlismo español.  La llegada de la dictadura en 1923 de Primo de Rivera trajo gran expectación en sus filas. Ponía fin a un sistema en el cual el carlismo había ido perdiendo todas sus fuerzas. Traía la autoridad y el orden en un ambiente revolucionario . La llegada al gobierno del general Primo de Rivera fue bien vista por amplias capas de la población . El apoyo del carlismo al dictador duró tan solo año y medio, tras el cual volvió a su posición de crítica del gobierno. 
   
La crisis económica mundial  de 1929 y el fracaso de la institucionalización del nuevo régimen, lleva a Primo de Rivera a dejar su cargo en enero de 1930 , dejando una situación de vacío de poder bastante confusa.  Es curiosa la situación que trajo la Segunda República Española (1931-1936) . Con la caída efectiva de la monarquía las dos ramas de los borbones se encontraron en el exilio y la República se convirtió en un enemigo común de ambas casas.  

Para los carlistas se abría la posibilidad de reinar en un futuro y el 12 de septiembre de 1931 se produce el famoso ``Pacto de Territet ´´ en el cual Alfonso XIII y don Jaime  realizaban un acercamiento para un posible pacto de familia que devolviera la monarquía a España, en el cual se aplazaban las tensiones familiares.  
   
 
 
Alfonso Carlos I
El 2 de octubre de 1931 muere en París don Jaime de Borbón, sucediéndole automáticamente su tío don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, de 82 años, casado con Doña María de la Nieves de Braganza de la que no tenía descendencia. Frente a la posición de tolerancia con la República de buena parte del sector católico, el carlismo iba a pasar inmediatamente a la oposición, defendiendo el derecho de resistencia ante los poderes ilegítimos. 
   
Respecto a la cuestión dinástica, si don Jaime se mostró reticente a una unión familiar en la figura de don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII, el anciano Alfonso Carlos parecía más proclive a tal acercamiento. En junio de 1932 se crea una primera Junta Suprema del Carlismo, bajo la dirección del marqués de Villores. Se acepta en sus filas a los integrantes de las escisiones mellista e integrista y se cambia el nombre de Partido Carlista por el de Comunión Tradicionalista, con connotaciones derechistas.  A la muerte de Villores, don Alfonso Carlos I nombra una nueva junta, al mando del conde de Rodezno.  
   
 
 
La intervención del requeté fue decisiva en la guerra del 36
Manuel Fal Conde, gran figura dentro del carlismo andaluz, será designado por el pretendiente carlista el 3 de marzo de 1934, jefe-delegado de la Comunión Tradicionalista.  
   
La oposición al gobierno también se ejerció desde el plano militar. En 1935 funcionaba ya el requeté, organización de sus unidades militares, debidamente armado y pertrechado, dispuesto a entrar en acción cuando así fuese requerido. Su financiación venía de grandes fortunas preocupadas por el devenir de la política nacional.  

En 1936 don Alfonso Carlos consciente de lo avanzado de su edad, y tras largos preparativos, nombra como sucesor en una regencia a su sobrino don Francisco Javier de Borbón Parma y Braganza. El futuro líder del carlismo pasó a trabajar estrechamente con su tío en las tareas de gobierno y se trasladó a la frontera vascofrancesa. Allí trabajará, con Fal Conde, en los preparativos del alzamiento que se preveía.  


  1. Es recomendable, para una visión general del periodo de la Historia Carlista que abarca desde fines del Antiguo Régimen (inicios siglo XIX) al fin de la Guerra Civil (1939) y completar mi modesta exposición, el libro: Oyarzun, Román. Historia del Carlismo, Alianza Editorial. Madrid, 1969.
  2.   Moral Roncal. Antonio M. ``Los Carlistas ´´, en Cuadernos de Historia, 96. Arco/Libros. S.L. Madrid. 2002. p.9.
  3.   Para una visión general del conflicto la Guerra de Independencia y la transición a la Edad Contemporánea en España, véase: Martín de la Guardia, Ricardo M. `` España y Austria al final del Antiguo Régimen ´´, en Cuadernos de historia contemporánea, Nº Extra 1, 2003 (Ejemplar dedicado a: Homenaje al Profesor José Urbano Martínez Carreras), pp. 127-135.
  4.   Al respecto de la Constitución de 1812 es interesante el artículo: Ruiz de Azúa, Estíbaliz. ``La Constitución de Cádiz (1812) y Discurso preliminar a la Constitución ´´, en Cuadernos de historia contemporánea, Nº 25, 2003, pp. 338-341.
  5.   Campesinos, jornaleros, artesanos, clero rural, militares… (Moral Roncal, Antonio M. Op. cit. p.10.).
  6.   Ibídem. pp 10-11.
  7.   Doña María Josefa Amalia de Sajonia.
  8.   Para un completo análisis de la figura del Infante don Carlos, véase: Moral Roncal, Antonio Manuel. ``Carlos V de Borbón (1788-1855) ´´, en San Sebastián de los Reyes (Madrid): Actas, 1999.
  9.   Montes Gutiérrez, Rafael. ``Cuestión Sucesoria de Fernando VII ´´, en Contraclave, 2006. p.1.
  10.   La futura reina de España, Isabel II (Madrid, 1830 – París, 1904).
  11.   Calvo Poyato, José. `` Historia azul: La ley sálica: De Felipe V a... ¿Felipe VI? ´´, en Clío: Revista de historia, Nº. 28, 2004, pp. 68 -75.
  12.   Montes Gutiérrez, Rafael: Op. cit. p. 2.
  13.   Moral Roncal, Antonio M. Op. cit. p.12.
  14.   Suárez Verdeguer, F. ``El Golpe de Estado de la Granja ´´, en Revista de estudios políticos, Nº 35-36, 1947, pp. 63-126. y ``Sobre los sucesos de la Granja ´´, en Homenaje a D. José Luis Comellas. 2000. pp. 59-73.
  15.   Véase, Pérez Garzón, Sisinio. ``Absolutismo y clases sociales, los voluntarios realistas de Madrid (1823-1833) ´´, en Anales del Instituto de Estudios Madrileños, Nº. 15, 1978, pp. 295-310.
  16.   Canal, Jordi: Op. cit. p. 59.
  17.   Transcribo el breve texto del citado manifiesto: ``No ambiciono el trono; estoy lejos de codiciar bienes caducos; pero la religión, la observancia y cumplimiento de la ley fundamental de sucesión y la singular obligación de defender los derechos imprescriptibles de mis hijos... me esfuerzan a sostener y defender la corona de España del violento despojo que de ella me ha causado una sanción tan ilegal como destructora de la ley que legítimamente y sin alteración debe ser perpetuada.Desde el fatal instante en que murió mi caro hermano (que Santa Gloria haya), creí se habrían dictado en mi defensa las providencias oportunas para mi reconocimiento; y si hasta aquel momento habría sido traidor el que lo hubiese intentado, ahora será el que no jure mis banderas, a los cuales, especialmente a los generales, gobernadores y demás autoridades civiles y militares, haré los debidos cargos, cuando la misericordia de Dios me lleve al seno de mi amada Patria, a la cabeza de los que me sean fieles. Encargo encarecidamente la unión, la paz y la perfecta caridad. No padezco yo el sentimiento de que los católicos españoles que me aman, maten, injurien, roben ni cometan el más mínimo exceso...´´ (Texto procedente de: Sección de documentos históricos del Carlismo, en http://www.carlistes.org/).
  18.   Montes Gutiérrez, Rafael: Op. cit. p. 6.
  19.   Canal, Jordi: Op. cit. pp. 59 - 62.
  20.   Conocidas como Guerras Carlistas: 1º (1833-1840). 2º (1846-1849). 3º (1872-1876). Para su mejor entendimiento es recomendable el libro de: Carles Clemente, Joseph. Las Guerras Carlistas. Sarpe, D.L. Madrid, 1986.
  21.   Don Carlos Luis de Borbón y Braganza, conde de Montemolín.
  22.   Don Juan Carlos de Borbón y Braganza, conde de Montizón.
  23.   Don Carlos María de los Dolores de Borbón y Austria-Este, duque de Madrid. Don Carlos VII ha sido uno de los pretendientes carlistas con más halo romántico, en palabras de Valle-Inclán en su Sonata de Invierno dibujó una imagen muy evocadora del rey: ``La arrogancia y brío de su persona parecía reclamar una rica armadura cincelada por milanés orfebre y un palabrén guerrero paramentado de malla. Su vivo y aguileño mirar hubiera fulgurado magnífico bajo la visera del casco adornado por crestada corona y largos lambrequines. Don Carlos de Borbón y de Este es el único príncipe soberano que podría arrastrar dignamente el manto de armiño, empuñar el cetro de oro y ceñir la corona recamada de pedrería, con que se representa a los reyes en los viejos códices´´. A esta bucólica imagen del pretendiente ayudó una intensa campaña de propaganda con la difusión de su retrato, llegándose a repartir en la primavera de 1869, 70.000 fotografías. (Seco Serrano, Carlos. Triptico Carlista. Ariel,  Barcelona, 1973. p. 125.)
  24.   El cambio que trae la Constitución del 12 era pasar de depender de las tierras de la Iglesia, a la cual seguían fielmente, a caer bajo la dependencia de unos terratenientes que la única relación que tenían con ellos era el pago de un dinero por la renta de tales tierras. Aquello deshumanizaba unas relaciones que para ellos trascendían de lo económico. (Tesis Doctoral dirigida por García Rodríguez, Lourdes. Pérez-Nievas Borderas, Fermín. La evolución ideológica del Carlismo. Análisis de su origen y de su desarrollo durante los siglos XIX y XX. Universidad de Salamanca, 1995. p. 126.).
  25.   Canal, Jordi: Op. cit. p. 211.
  26.   Véase: Cando Samoano, María José. ``Principios fundamentales de la Restauración y principios de la Constitución de 1876 ´´, en Una polémica y una generación: razón histórica de 1898: actas del Congreso "1898: Pensamiento Político, Jurídico y Filosófico. Balance de un Centenario": León, 10-13 de noviembre de 1998 / coord. por Javier Zamora Bonilla, Salvador Rus Rufino, 1999, pp. 227-242.
  27.   Carlos María de los Dolores de Borbón (1848-1909). Tercer pretendiente, de la dinastía carlista, al trono de España.
  28.   Liderada por Juan Vázquez de Mella, asturiano que sistematizaría el foralismo popular y federal en un regionalismo reticente a las soluciones drásticas (Clemente, Joseph Carles. Raros, heterodoxos, disidentes y viñetas del carlismo. Editorial Fundamentos. Madrid, 1995. p.93.) en el año 1919, surgida por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial. Ante el estallido de la citada guerra en 1914 los carlistas entre una posición neutral (abanderada por el pretendiente don Jaime, hijo de don Carlos VII) y una posición pro-germanófila (apoyada, entre otros, por el dirigente Vázquez de Mella) optan por el apoyo a los alemanes. Con la derrota del bando alemán ello llevará a una crisis interna en el seno carlista y la separación de Vázquez de Mella. Tampoco se puede olvidar que desde 1909 hubo fuertes tensiones entre Jaime y Mella por el personalismo que generaba este segundo y que quitaba parte de la autoridad tradicional al pretendiente don Jaime. (Canal, Jordi: Op. cit. pp. 269-261).
  29.   El integrismo fue un movimiento que tuvo cierta importancia en toda Europa. En España fue acaudillado por Ramón Nocedal y Romea. Los fallos del integrismo en España serán: minimización de la razón y del derecho natural, división de la humanidad entre el bien y el mal, falseamiento de la Historia de España, enemigo de los partidos políticos, ideología ultraconservadora… Todo ello lo hace colisionar con el Carlismo. El choque con el legitimismo carlista, más dinástico y federalista, hay que situarlo en la figura de Ramón Nocedal en el año 1888, año en el cual acusará a don Carlos de liberal. En 1889, fruto de la escisión se fundó el Partido Integrista. (Clemente, Josep Carles. Raros y heterodoxos. pp.89-91.).
  30.   Alots Gezuraga, Errigoiti Nabarra. El Carlismo en el siglo XX. 2008. pp.1-2.
  31.   Resulta magistral para este periodo la obra de: Clemente, Josep Carles. El Carlismo en el novecientos español (1876-1936). Huerga y Fierro Editores. S.L. Madrid. 1999.
  32.   Canal, Jordi: Op. cit. pp.272 -283.
  33.   La falta de hostilidad con que fue recibido Primo de Rivera se vio favorecida por varias circunstancias: una buena cosecha de trigo en 1923, que trajo el abaratamiento de las subsistencias, la neutralidad mostrada por la Unión General de Trabajadores y una populista manifestación del dictador contraria a la inestabilidad de la moneda y a la libre disposición de los caudales públicos por parte de los gobernantes. (S.A. `La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) ´´, en  Bolsa: revista mensual de bolsas y mercados españoles, Nº. 157, 2006, p.49.)
  34.   Canal, Jordi: Op. cit. p.284.
  35.   Moral Roncal, Antonio M. Op. cit. p.57.
  36.   Tuñón de Lara, Manuel. ``La coyuntura histórica española de 1930-1931 ´´, en Revista de estudios políticos, Nº 31-32, 1983 (Ejemplar dedicado a: La Segunda República Española). p.39.
  37.   Para este periodo, véase: Lizarza Iribarren, Antonio. Memorias de la Conspiración 1931-1936. Editorial Gómez de Pamplona, 1954.
  38.   Canal, Jordi: Op. cit. p. 291.
  39.   Jaime de Borbón y Borbón-Parma, duque de Madrid. (Jaime III).
  40.   Rodríguez Prada, Julio,. ``El Fénix que siempre renace. El carlismo ourensano (1894-1936) ´´, en Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, Historia Contemporánea, t. 17, 2005, p. 129
  41.   Ayuso Torres, Miguel. ``El Carlismo en la Conspiración y Guerra de España ´´, en Anales de la Fundación Francisco Elías de Tejada. Nº. 12, 2006. p.168.
  42.   Clemente, Josep Carles. Raros y heterodoxos. pp.130-131.
  43.   Clemente, Josep Carles. El Carlismo. Historia de una disidencia social (1933-1976). Ariel. Barcelona 1990. p.111.
  44.   Clemente, Josep Carles. Raros y heterodoxos. p.131.
  45.   Ayuso Torres, Miguel: Op. cit. p.168.
  46.   Clemente, Josep Carles. El Carlismo. Historia de una disidencia. pp.114-115.

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