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miércoles, 27 de mayo de 2009

Discurso de Javier Echánove en el Acto del Quintillo pronunciado el 25 de mayo de 2009

Queridos amigos:

Me gustaría, para empezar, dar muy sinceramente las gracias a la Junta de Sevilla y en especial a Quique Izquierdo que me ha atendido estupendamente esta mañana por haberme hecho el honor de invitarme a hablar a los carlistas andaluces en un acto de tantísima raigambre como es el Quintillo. Os digo de verdad que me siento muy honrado.

Los que habéis tenido la oportunidad de sufrir mis peroratas en alguna ocasión ya sabéis dos cosas:

La primera es que a pesar de mi nombre y apellido, yo soy de Madrid, como mi padre y como mi abuelo. Pero además de eso la mitad de mi sangre es andaluza, por mi madre que es cordobesa. Por eso me hace especial ilusión estar hoy aquí, delante de los carlistas andaluces. Espero que este importante dato os haga ser benévolos conmigo.

La segunda cuestión es que a mí estas cosas me ponen muy nervioso, y desde que me invitan hasta un par de días después del acto estoy como un flan. El jueves mi buen amigo Juan Manuel Rodríguez añadió un poco de leña al fuego anunciándome que se había puesto un anuncio del acto en el periódico. Claro, a uno se le quita inmediatamente la idea que tiene en la cabeza de acto íntimo y familiar y ve multitudes, con lo cual de flan pasa a natillas. En fin, que muchas gracias Juanma.

Queridos correligionarios y amigos:

Hace ya 75 años tuvo lugar el primer Quintillo. Poca idea nos podemos hacer los carlistas de hoy de la extraordinaria importancia que para la Causa entera supuso aquel acto. Por las referencias históricas de los mismos protagonistas sabemos que aquello fue un revulsivo y una campanada de extraordinarias proporciones. Y no solo para la Causa en Andalucía sino también para el carlismo en toda España.

Aquel primer Quintillo produjo una corriente de entusiasmo y esperanza en toda la Comunión. Esta corriente fue de tal calibre que llevó a nuestros dirigentes de entonces a hacer emocionadas declaraciones. El Conde de Cortina de la Mancha, antiguo jefe regional de Andalucía dijo, nada menos que aquel había sido el día más feliz de su vida. D. Victor Pradera escribió referido al acto: "¡Gracias, Señor, que has querido endulzar la acidez del brebaje que nuestros labios están forzados a beber!", y en fin Ignacio Romero Raizabal declaró: "Ya no es sólo Navarra la Israel del Carlismo. Ya hay otra Covadonga para los tradicionalistas que es Sevilla..., la roja, ¡la de los boinas rojas!".

Con la ayuda de Dios, el genio de D. Manuel Fal Conde sacó, de donde solo se percibía un aletargamiento esteril, una nueva esperanza y un nuevo futuro que como luego se demostró con creces estaba preñado de gloria y honor. Pero aquellos tiempos no eran más fáciles que los de ahora, y sin embargo muchos perciben que ese aletargamiento nos ha vuelto a envolver con la engañosa calidez de una desdeñante inactividad.

Tenemos que sacudirnos con carácter de urgencia esa castrante sensación, debemos por el bien de España volver a poner al carlismo y a la Tradición en el lugar preferente que les corresponde en la lucha social y política, PODEMOS porque no nos faltan ni las fuerzas ni las ganas VOLVER A DAR LA ESTRUENDOSA CAMPANADA QUE PUEBLE LAS CIUDADES Y LOS PUEBLOS DE ANDALUCIA Y DE ESPAÑA ENTERA DE BOINAS ROJAS, COMO ROSAS TEMPRANAS QUE ANUNCIEN UNA NUEVA Y TRIUNFANTE PRIMAVERA, ESPAÑOLA Y CATÓLICA.

Queridos carlistas andaluces, en los últimos meses me ha cabido el honor y la responsabilidad de formar parte de un grupo de correligionarios que bajo el aliento y la dirección de nuestra presidenta y secretario general se han lanzado decididamente en pos de la ansiada campanada. Me refiero, como todos os imaginareis, a la iniciativa de congregar las dispersas fuerzas del catolicismo social y político en torno a una plataforma electoral que defendiera los principios no negociables enunciados por nuestro Santo Padre Benedicto XVI.

A pesar de la generosidad, el esfuerzo y el trabajo derrochados no hemos podido coronar con todo el éxito que ansiábamos esta iniciativa a pesar de haberlo rozado con los dedos . La victoria, que solo es de Dios, vendrá cuando El quiera. Han sido meses de intensos y numerosísimos contactos y reuniones.

La Comunión ha tomado con determinación el papel de liderazgo político que le corresponde, sin complejos ni titubeos de ningún tipo, con generosidad y altura de miras, en el convencimiento de que el auténtico liderazgo se funda en el servicio y en el ejemplo.

No creo exagerar si digo que no ha quedado puerta sin llamar, ni piedra sin revolver. En pocas, poquísimas instancias hemos recibido un NO por respuesta. Os puedo asegurar, porque lo he vivido en primera persona, que la acogida que hemos recibido ha sido calurosa y expectante.

Los carlistas hemos demostrado, por si alguna falta hacía, que no somos nostálgicos ociosos, que muy al contrario somos capaces de enfrentar y dar respuesta concreta a los desafíos políticos que se nos presentan, que no nos arrugamos ante desprecios e incomprensiones, que la Tradición sigue, sin duda ninguna, viva y bien viva, y que es como ha sido y será siempre inagotable fuente de solidísimo y sincero amor a Dios y a España.

No dejemos, os pido, que este esfuerzo caiga en saco roto. Un pequeño grupo de carlistas ha dado un paso al frente, pero se necesita que el resto de la Comunión siga y si es posible adelante a los que han emprendido este camino. El objetivo que ahora nos marcan nuestros dirigentes es la Plataforma por los Principios No Negociables. Tenemos que lograr darle vida y continuidad. Es una pequeña brecha que hemos abierto en el inestable muro del sistema liberal , la Comunión cuenta con todos para hacer que esa brecha se ensanche hasta lograr derribar el muro.

Tenemos una oportunidad, hay ante nosotros una posibilidad de volver a dar la campanada, como en aquel Quintillo del 34. Podemos por esta vía, os repito, volver a poner al carlismo en el lugar de vanguardia que le corresponde. Cada uno en su puesto, en la medida de sus posibilidades, con su trabajo, con su oración y con su aliento.

Dentro de pocas fechas tendrá lugar en el Cerro de los Angeles la renovación de la Consagración de España al Sagrado Corazón. Creo que es una excelente ocasión para hacer sentir la presencia carlista. Solamente hago esta consideración para que en su caso las Juntas Regionales decidan lo que conviene hacer.

No quisiera terminar mi discurso sin evocar hoy a la inmortal Andalucía carlista que retumba en los nombres de los Tercios de la Virgen de los Reyes, Virgen del Rocío, Nuestra Señora de la Victoria, Isabel la Católica, la Merced y San Rafael. Llevamos en nuestro corazón el imperecedero recuerdo de aquel muchacho martir Antonio Molle y rendimos testimonio de inagotable gratitud al más grande líder carlista que ha dado el siglo XX: D. Manuel Fal Conde.

Hoy como ayer Andalucía debe ser tierra de glorias carlistas, madre de héroes y mártires de la Tradición católica, germen de vanguardia y liderazgo de nuestra causa en pos del Reinado Social de Cristo.

Carlistas andaluces, por Dios, por la Patria, los Fueros y el Rey

¡Viva España Católica!

¡Viva Cristo Rey!

D. Javier Echanove | Vocal Junta Carlista de Castilla la Nueva

lunes, 25 de mayo de 2009

Una semblanza de don Carlos VII en el centenario de su muerte.

“Era mancebo de gran brío y apostura, con los ojos graves y el rostro pálido. La barba muy crecida, negra y sedeña, casi le tocaba el pecho y le daba una expresión de joven Carlo Magno. La figura varonil y gentil y aquella su gran fe de cristiano y la guerra que hacía, evocaban un encanto de vieja crónica. Era como los reyes antiguos, capitán de mesnadas. Corría las tierras propias en son de justicia y las del enemigo en algara.

Hacía estancias en las villas, huésped en las rectorales y en las casas de sus caballeros. Tenía bien tenida la espada entre sus capitanes y el breviario entre los monjes. Sabía el latín para rezar en el coro y la lengua montañesa de los versolaris que todavía recuerdan la historia de los doce pares. Era casi gigante, de grandes fuerzas y mucha soltura en los juegos de armas y gineta. Mandaba con dulce imperio y usaba de gran clemencia con los vencidos, que es manera de realeza. No era extremado en palabras de amor ni de cólera, pero cuando cerraba las puertras del corazón, ya nunca las abría”.

Ramón María del Valle-Inclán

jueves, 21 de mayo de 2009

La ley y los valores morales

La primera línea de defensa de una sociedad civilizada no está en la ley, ni en las fuerzas de seguridad, ni en los tribunales, sino en sus costumbres, tradiciones y valores morales.

Las normas de conducta, transmitidas sobre todo mediante la experiencia, la tradición oral y las prácticas religiosas, conforman un cuerpo de sabiduría sometido al paso del tiempo y al método de prueba y error. Incluye mandatos importantes, como el no matarás, el no robarás, el no mentirás o el no engañarás, pero también todas esas cortesías propias de damas y caballeros. Uno de los grandes fracasos de la Greatest Generation reside, precisamente, en que no supo transmitir valores y tradiciones a las generaciones que le sucedieron.

Comportamientos hoy considerados normales, hasta no hace mucho serían tenidos por despreciables. En la televisión pasan anuncios que prometen a la gente que tiene deudas a pagar sólo la mitad de lo que deben. Los niños usan un lenguaje de pésimo gusto; y no sólo ellos: también, a veces, sus profesores y otros adultos. (Cuando yo era crío, era impensable hablar de esa manera a una persona mayor: te habría costado un soberano bofetón. Ah, por aquel entonces los padres y los maestros no contaban con expertos en educación que les dijeran que el descanso es una herramienta disciplinaria). A las chicas solteras que se quedan embarazadas se les organizan fiestas para celebrarlo (antes, semejante aceptación de la ilegitimidad sería inconcebible).

Igualmente, sería inconcebible ver en un autobús a mujeres o a ancianos de pie porque los asientos están copados por tipos hechos y derechos. Y es que se consideraba una norma de decencia elemental que el hombre cediera su asiento a una mujer o a una persona mayor. Hoy, en algunas ciudades hay ordenanzas que obligan a los transportes públicos a reservar asientos a los mayores, a los inválidos y a las embarazadas.

Años atrás, la chica que dejara que su acompañante le tocara el culo en público sería considerada una mujerzuela, y no era imaginable que los niños tutearan a los adultos.

Quizá esté usted a punto de decirme: “Williams, ¡está usted hecho un mojigato!”. Bueno, pues yo le pregunto si el elevadísimo índice de hijos fuera del matrimonio representa una contribución positiva a la sociedad. Si usted cree que no, ¿cómo propone abordar este problema? Antes se recurría a sanciones sociales como la deshonra y el ostracismo. ¿Y qué me dice del lenguaje soez? ¿Acaso contribuye a que en las aulas reinen la disciplina y el respeto? Si es que no, ¿cómo podríamos atajarlo? Antes, el mero hecho de dirigirse con descaro al profesor conducía al alumno al despacho del vicedirector, donde le esperaba una buena tunda.

Años atrás, el peor educado de los hombres no diría lo que se suele decir hoy a una mujer. La caballerosidad protegía a las mujeres de las groserías. Hoy, las groserías es un asunto que dejamos en manos de las leyes de acoso sexual.

Allá por los años 40, mi familia vivía en el barrio de viviendas públicas Richard Allen, en el norte de Filadelfia. Mucha gente no cerraba la puerta con llave hasta bien entrada la noche, si es que lo hacía. A nadie se le pasaba por la cabeza poner barrotes en las ventanas. En las calurosas y húmedas noches de verano, muchos vecinos dormían en el balcón. Desde los años 60 y 70, hacer cosas como éstas es una suerte de suicidio. Tenga presente que en los 40 y 50 la discriminación racial era harto notable, y que los negros eran mucho más pobres que ahora, y que tenían muchas menos oportunidades a su alcance. El hecho de que los barrios negros fueran mucho más civilizados entonces que ahora debería hacer reflexionar a quienes dan en esgrimir, para explicar el actual estado de cosas, justificaciones relacionadas con la discriminación y la pobreza.

Las leyes y las fuerzas de seguridad no pueden sustituir a las tradiciones, las costumbres y los valores morales como reguladores del comportamiento humano. En el mejor de los casos, la policía y los jueces son la desesperada última línea de defensa de una sociedad civilizada. Nuestra creciente dependencia de las leyes para regular el comportamiento humano no hace sino revelar lo incivilizados que nos hemos vuelto.

Walter Williams|Libertad Digital

El demócrata-cristiano

A la sombra litográfica de «La retirada de Rusia», dormitaba ante una botella de agua mineral un periodista de «La Croix». Había enviado una crónica postal, con destino a una revista de vanguardia católica, contando que los rebeldes eran los hijos de Caín y los hermanos de Judas,y que el Cristo bendecía a los incendiarios de los templos porque aquellas llamas no era más que una cola del látigo con que El mismo había azotado a los mercaderes. Paradoxal, cínico y golfante, no le quedaba ni la disculpa de la borrachera, porque era abstemio y también algo porcino.

Disponía de un agudo perfil de cuervo; sobre su nariz cabalgaban lentes de pinza con montura de oro, y la menudencia de su persona encontraba pedestal en una riquísima provisión de soberbia. Todo podía ser explicado por aquel solitario bebedor de agua mineral, que odiaba el heroísmo de los Santos y aspiraba a un cielo más parecido a una oficina que a un imperio. Personalmente casto, evitaba la satisfacción de su lujuria más por temor a la blenorragia -de la que había oído contar horrores- que por temor de Dios. Renunciaba a San Pedro por Maritain, y cambiaba la legión de los Mártires por una mayoría democristiana en el parlamento; la flor y nata de las Vírgenes, por unas tristes asociaciones de pantaloneras y tejedoras incansables de jerseys de punto. Hubiera procesado a San Miguel por militarista y,confundía las legiones de ángeles con «l'Armée»

Odiaba el barroco catolicismo español, su fiereza popular, aquella desbordada fe que parecía animarle, aquel tomar la Pasión por un hecho real y verdadero que sucede cada día, en cada minuto, ahora, luego, siempre; aquel defender los templos frente a los que trataban de incendiarlos por que, en el fondo, seguían creyendo en Dios, y la casa de Dios, para el amor y el odio, les parecía más importante que un Banco.

Aún veía a los requetés que atacaron aquella mañana y les veía avanzar hacia las ametralladoras rojas llevando a Cristo en cabeza, como su Capitán, y veía con despechado asombro cómo el cristóforo marchaba sin armas, tranquilamente, como en una simple maniobra, y por un momento las boinas rojas le parecieron gotas de la sangre de Cristo.


(Tomado de "La ventana daba al río" de Rafael García Serrano)

domingo, 17 de mayo de 2009

Efemérides de las raíces cristianas de España y Europa

Los días 8 y 9 de mayo son dos fechas que evocan dos aniversarios que conviene no olvidar si queremos indagar nuestra esencia -nuestras raíces-; algo fundamental para acertar en la acción política.

Ignorar dichas raíces nos avoca a dar palos de ciego en todos los órdenes: social, económico, político, etc., haciendo inviable cualquier proyecto basado en la unidad, la justicia y la solidaridad. Dichas fechas evocan el nacimiento de España como nación y la fundación de la Unión europea. En ambos casos, por iniciativa de dos grandes católicos.El 8 de mayo del año 589, durante la celebración del III Concilio de Toledo, el Rey Recaredo constituyó la unidad religiosa de España que fue la base de su unidad civil. Desde este momento quedó estabilizada la nación española. La Iglesia Católica, que había unido primero al pueblo hispano romano por la profesión de una misma fe, unía ahora al pueblo e instituciones en una unidad de régimen temporal. Desde entonces quedó políticamente constituida la nación española independiente y personal (suspendida, con la interrupción que produce la invasión mora y la interceptación de las vías de comunicación de Navarra, el alto Aragón y Cataluña).

El 9 de mayo de 1950, Robert Schuman, jefe del gobierno francés, realizó la declaración que dio pie a la construcción europea, abriendo una nueva vía de relaciones internacionales basada en la negociación política. Schuman presidió entre 1958 y 1960 el Parlamento Europeo y desde las instituciones fue, como lo definió el Papa Pablo VI “un infatigable pionero de la unidad europea”, para el que el catolicismo no era solo una fe sino una doctrina social, pensamiento que tuvo mucha incidencia en su labor política, que él entendía como prolongación de su apostolado.

Son dos fechas para no olvidar. Dos personajes -cada uno de su tiempo- para recordar. Dos muestras de las raíces cristianas de España y Europa, que constituyen su ADN singular. Pero sobre todo, un ejemplo más de que la actividad política es compatible con la fidelidad a los valores cristianos.

Santiago Milans del Bosch

Autarquía para las Españas

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Extraído del Núcleo de la Lealtad


«Yo soy partidario de la autarquía en el Municipio, en la comarca y la región, y no quiero que tenga el Estado más que las atribuciones que son propias de lo que he dado aquí hace años como fórmula que entonces produjo algún asombro y ahora no puede producirlo; una 
Monarquía Representativa y Federativa que es mi ideal político.

Las Cortes castellanas, aragonesas, catalanas, navarras y valencianas expresaban la idea federativa, y por eso, aún en esos tiempos llamados de absolutismo, al frente de los documentos reales se ponía siempre: “Rey de León y de Castilla, de Aragón y de Navarra, Conde de Barcelona, Señor de Vizcaya” y hasta de Molina, para indicar como en todos ésos Estados distintos, al venir a formar una unidad política común, para lo que a esas diferentes constituciones regionales se refería, tenía el poder central, personificado en el Rey, diferentes intervenciones.

Las constituciones regionales no se pueden reformar en las Cortes comunes y Generales, sino en las Cortes o Juntas de cada región, pero con el concurso del Soberano, cuyas atribuciones, aparte de las Generales, pueden ser distintas en cada una.

Yo, que admito el cuadro completo de las libertades regionales, y entre ellas la de conservar la propia legislación civil en lo que tiene de primitiva y de particular, aunque en parte, como sucede son el Código Penal, con el mercantil, con parte del procedimiento y con casi toda la contratación del Derecho civil, que en el fondo es romana, puede ser común: proclamo además el pase foral como escudo necesario para defenderlas contra las intrusiones y excesos del Estado, y reconozco también que es diferente la intervención del Monarca en el Señorío de Vizcaya, por ejemplo, o en las Juntas de la Cofradía de Arriaga, de la Gran Comunidad alavesa, o en las guipuzcoanas, en Cataluña, en Aragón o en Castilla: porque unas son las atribuciones generales que tiene el Rey como del Estado común, y otras las que, como Rey, Conde o Señor, posee con soberanía parcial en diferentes regiones.

Por eso, aun aquel Monarca que soléis calificar con tanta injusticia –aunque los grandes historiadores belgas, como Gachard, hayan contribuido tanto a dignificar su figura cambiando tan por completo el juicio sobre los hechos, que hoy ya no puede afirmarse respecto de su reinado lo que antes pasaba por moneda corriente–, aquel Felipe II que habéis considerado falsamente como el mayor representante del absolutismo, era el mismo que, sin menoscabo de la unidad nacional ni de la política, en una Monarquía que había llegado a tener un Imperio veintitrés veces más grande que el de Roma, iba a Portugal, y en las Cortes de Lisboa juraba guardar las libertades y franquicias del Reino Lusitano; y, con un rasgo de gran político y de munificiente soberano, duplicaba la renta del Monasterio de Batalla, erigido en memoria de Aljubarrota, para no herir en lo más mínimo el sentimiento lusitano: y era el mismo que, no como Rey de León y de Castilla, sino como Rey de Aragón, en las Cortes de Tarazona modificaba los Fueros en el sentido democrático que representaban, aunque no perfectamente, las Comunidades de Daroca, de Calatayud, de Albarracín y de Teruel, en contra de la aristocracia feudal, cuyos privilegios mermaba; era lo mismo que reunía las Cortes castellanas en Valladolid; ¡Oh asombro de los asombros! señores diputados, era el mismo que iba, primero como príncipe, en ausencia de Carlos I, después como Soberano, ¿a dónde? a Barcelona, a reunir Cortes Catalanas. Y ¿que hacía allí Felipe II, el absolutista, el tirano? Asombraos vosotros, los que en todo véis separatismo: lee ante los catalanes un discurso, ¡en catalán y en las Cortes de Cataluña! disculpándose de no haber podido ir antes con una disculpa hermosa, expresiva, nada más que en unos renglones –que en aquel tiempo éramos más largos en obras que en palabras–, diciendo que, por las victorias de Lepanto y San Quintín, por su casamiento con la Reina de Inglaterra, no había podido ir antes a rendir pleito homenaje a los Fueros de la ciudad condal.

Aquello que entonces hizo Felipe II, hoy sería tachado de separatismo; el que lo hiciera, calificado terriblemente y señalado como un enemigo de la unidad de la Patria; entonces la Patria estaba formada en lo interior de las conciencias por una unidad de creencias que vosotros habéis roto, y se podía en lo externo aflojar los lazos sin peligro de separación alguna; que es la ley de la sociología y de la historia que dos unidades rigen el mundo: la unidad interna de los espíritus, cuando los entendimientos están conformes en una creencia, y las voluntades en la práctica uniforme de una ley moral, la unidad externa del poder material; y, estas dos unidades, como decía Valdegamas, fijándose en uno de sus efectos, la represión diferente que producen, semejantes a dos termómetros que suben y bajan en proporción inversa, porque cuando el de la coacción externa sube mucho, es porque el de la unidad interna está muy bajo o se ha roto; y cuando la unidad interna es íntima y muy profunda, muy enérgica, la unidad externa puede en cierta manera quebrantarse, sin que por ello sufra detrimento el todo nacional; pero si los lazos internos se rompen, si la unidad de creencias desaparece y la unidad moral se quebranta, no bastan todos los lazos externos para mantener la cohesión: entonces llega la época de los grandes centralismos que buscan la unidad externa, la uniformidad en todo. Y es que los hombres no pueden estar unidos más que por los cuerpos o por las almas; y cuando está roto el lazo de las almas, hay que apretar más, para que no se separen del todo, el lazo de los cuerpos».


Juan Vázquez de Mella, Discurso en el Congreso (29 de noviembre de 1905)
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lunes, 4 de mayo de 2009

"Oigo, patria, tu aflicción"

Así comienza ¡Dos de Mayo! Elegía heroica, de Bernardo López García, que de niño me sabía de memoria y, si lo intento, todavía podría recitar estrofas enteras. Este poeta nacido en Jaén y muerto con poco más de 30 años en 1870 alcanzó fama y popularidad grandes con estos versos, que estaban entre los escogidos para los libros de lectura en los colegios de mi infancia, cuando se nos enseñaba a memorizar para que no se no se nos olvidaran las cosas y para ejercitar la retentiva de los que leíamos y estudiábamos. Era un esfuerzo algo latoso, pero hoy no puedo menos de agradecerlo. López García se fue a vivir a Madrid y se apuntó a la fallida Revolución de 1868, llamada La Gloriosa, que pasó sin pena ni gloria hasta quedar en nada, y volvió a Andalucía para propagar las ideas democráticas en su tierra. Hoy es un olvidado, quizá justamente, aunque su elegía al Dos de Mayo se suele incluir en las antologías de la poesía romántica y posromántica.

Me gusta traer aquí las fechas destacadas de la Historia de España de las que se hace olvido intencionado. Se ha hecho un silencio sonoro desde que hace un año se conmemoró el II Centenario del levantamiento contra los franceses. La guerra duró hasta 1814, así que hasta el 2014 hay muchos episodios y personajes que recordar. No estaría de más volver a la historia que de esta guerra escribió el conde de Toreno, que aún goza de buena fama y nunca dejó de publicarse. No se hará porque los historiadores fiables creen que la Guerra de la Independencia consolidó el ideal de nación española que se venía formando desde la Edad Media con la unión de reinos, y esto a las 17 regiones autónomas con ínfulas de naciones les cae mal. Todas ellas participaron en la guerra, unas más y otras menos, pero en particular las que tenían fronteras con Francia, donde hoy malviven algunos de los nacionalismos más beligerantes y embusteros.

Para los exaltados vascos y catalanes, dos notables minorías, la guerra la hicieron "ellos, los españoles, y fue una contienda de ellos". Sabemos que no es así y que el carlismo tuvo mucho que hacer en la guerra y en la gestación de los nacionalismos legendarios del siglo XIX. Cuesta trabajo creer que haya habido una confabulación de historiadores para contarnos, todos a una, las cosas al revés. La Historia se puede manipular hasta cierto punto sin parecer increíble, pero las escuelas de historiadores modernos no van por ese camino, ni siquiera el análisis marxista, muy hábil para contar el pasado y torpe como acémila cuando se trata del futuro. Al recordar la elegía de López García y repasar algunas páginas de Toreno, me han venido a la memoria unas palabras de Cánovas del Castillo: "Españoles somos todos; hay una sola cuestión que puede unirnos: la cuestión de España, si por desgracia estuviera amenazada nuestra integridad nacional, o nuestra independencia."

Francisco Bejarano|Diario de Jerez

SMC don Carlos VII, Rey de las Españas

Iniciamos un pequeño homenaje en recuerdo de SMC don Carlos VII, Rey legítimo de las Españas en respetuosa conmemoración del centenario de su fallecimiento, con diversos documentos y un ramillete de citas extraídas del libro "CARLOS VII, EL REY DE LOS CABALLEROS Y EL CABALLERO DE LOS REYES" de don Francisco López-Sanz, publicado por la Editorial Gómez de Pamplona.

El primer capítulo se titula "MANOJO DE TESTIMONIOS" y tal como figuran los iremos transcribiendo en las próximas fechas.


* El pueblo español sabe que Carlos VII ha de satisfacer sus más legítimas aspiraciones. El instinto del pueblo es seguro; no se equivoca. El corazón es adivino. Don Carlos vendrá, y al verle sentado en su trono y al observar los actos de su reinado, dirán:

Los militares: ¡Es Valiente!
Los diplomáticos: ¡Merece la Corona!
La Grandeza y los nobles: ¡Sabe ser Rey!
El Clero: ¡Es un monarca cristiano!
Las Corporaciones sabias: ¡Es ilustrado!
Los pobres: ¡Es nuestro padre!
Los ricos: ¡Nos ha salvado!
El sacerdocio de la justicia: ¡Es inflexible, recto y justiciero!
El pueblo español: ¡Es digno nieto de Carlos I y de Felipe II!
Y Europa, que hoy nos compadece y desprecia, se admirará y dirá felicitándonos: ¡Don Carlos es la civilización en España!

VICENTE DE MANTEROLA, en su folleto "Don Carlos es la civilización". Madrid 1871.

* Don Carlos realizó mayores esfuerzos personales para ser rey que don Alfonso, al cual se lo dieron todo hecho entre Cánovas y Martínez Campos. Sean cuales fueren nuestras ideas (desde luego no eran carlistas, sino liberales), no se puede negar a Don Carlos gallardía, espíritu de sacrificio, romanticismo y ese don proselitista que constituye el carácter y la idiosincrasia de los verdaderos caudillos.

FRANCISCO GANDMONTAGNE, escritor español que pasó muchos años en la República Argentina.
* ¡No ha de haber un hombre que nos saque de esta anarquía! Pues este hombre libertador es don Carlos de Borbón y de Austria-Este, hijo de cien reyes españoles y representante del Derecho y de la Legitimidad.

FRANCISCO NAVARRO VILLOSLADA, en un artículo publicado, "El hombre que se necesita", que fue leído por todos los españoles después de la revolución de 1868, porque se editaron muchos millares de ejemplares.
* Como el mármol se bruñe con esmeril, así las almas grandes reciben en el taller de la adversa fortuna el brillo que las hermosea. La revolución odia según que teme ¡Qué gloria merecer con preferencia, como Carlos VII, el odio de la revolución!

JUAN DE LA PAZA DE MARTIARTU, República Argentina.
* Reconocemos en don Carlos tacto social, tacto político, verdadero tacto de gobernante y de soberano; carácter enégico que no se doblega ante ninguna imposición y que, al contrario, se afirma al seguir las inspiraciones de la justicia, perseverancia extraordinaria que sobrelleva sin esfuerzo heróico las privaciones y el sufrimiento, y con fe inquebrantable no desmaya ante los reveses; un valor sereno y frío, tan seguro de sí mismo; una inteligencia poderosa; un alma grande, que se muestra en la majestad y en la gallardía del talle y de la figura.

"LA ESPERANZA", el único diario carlista que existió en España hasta la revolución de 1868.
* Don Carlos como hombre vale mucho, como Rey no tendría igual. Dichoso el día en que los españoles puedan aclamarle públicamente y experimentar los efectos de su sabiduría, lo mmismo en tiempos de paz que durante la guerra.

CARLOS PUGET, "Biblioteca Popular Carlista", tomo V, página 13.
¡Qué dolor y qué vergüenza no poder ser carlista como lo fueron mis antepasados".

JOSÉ ORTEGA Y MUNILLA, padre de los Ortega y Gasset, José y Eduardo.
* Las más nobles cualidades de nuestra raza tienen en Loredán un heróico representante. Sea permitido al viajero dedicar aquí un pensamiento de simpatía al Príncipe ilustre.

JOSÉ ORTEGA Y MUNILLA, en el Álbum de Loredán.
* Don Carlos: Antes, ahora y después, yo siempre con Vos.

EL VIZCONDE DE ORBE.
* Si de Maistre dijo un día de Voltaire: "París lo coronó: Sodoma lo hubiera desterrado", creo que hoy hubiera dicho de don Carlos: "Le dio un destierro su Patria: el mundo le hubiese dado una Corona",

ALEJANDRO MÉNDEZ, político chileno.