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sábado, 26 de enero de 2008

HISPANIA ARCANA: LA VIRGEN ESTÁ EN LA CUEVA



De nuestros amigos de " Libro de Horas y Hora de Libros "

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LA VIRGEN MARÍA, PERSEGUIDA POR SUS ENEMIGOS
Y OCULTADA POR SU PUEBLO EN LO IGNOTO.

Hubo un tiempo en que las tallas de la Virgen María aparecían en dólmenes y en cuevas. Isidro Juan Palacios, en su precioso libro Apariciones de la Virgen. Leyenda y realidad del misterio mariano nos dice, sobre la relación entre la Virgen María y Cueva, las palabras que siguen:

“La gruta, así representada, se encuentra en el interior de la montaña del mismo modo que el corazón está en el interior del hombre. Cuántas imágenes de la Virgen han sido llevadas y allí protegidas y veneradas, en el lugar que la propia aparición ha llegado a elegir y preferir para su primera manifestación y su posterior culto”.

Y Juan Isidro Palacios cita Covadonga, Guadalupe, Tre Fontane, Lourdes… “La cueva es por eso –continúa diciendo- el santuario primordial, el templo por antonomasia. De siempre, los héroes dejaban allí sus armas sacralizadas o sus tesoros; en los más hondo de sus loberas, los cazadores paleolíticos pintaban los iconos de sus animales totémicos, sus proyecciones de poder, o tenían lugar sus iniciaciones de “muerte en vida”, por las que el joven se hacía hombre, y el hombre, dios, a la vez que asumía en propia carne, alma y espíritu, sucesivas mortandades simbólicas hasta que terminaba la obra de sí mismo, hasta completarse.”

En Covadonga renació la España de los Godos, corridos a sangre y fuego por los invasores africanos, refugiados en el país de los irreductibles Astures. Nos dice D. José Ignacio Gracia Noriega, en su Don Pelayo, que allí, en Covadonga, “en aquel lugar umbrío se percibe la presencia del misterio.” El que ha estado en grutas similares sabe -yo lo puedo corroborar con mi testimonio- que sí, que esos lugares en los que María Santísima quiso aparecerse, esas cavernas están impregnadas todavía de bendiciones y lo "numinoso" allí habita. El autor de Don Pelayo nos recuerda que Pérez de Ayala y Ambrosio de Morales percibieron esa sensación: “Numen hic est” (Aquí está lo numinoso) –dijo Pérez de Ayala; “La extrañeza de este Santo Lugar no se puede dar a entender bien del todo con palabras” -escribió Morales. Sea alabada Nuestra Señora de Covadonga, Reina de las Españas, la muy grandiosa Santina.

La Reconquista avanzaba triunfalmente. San Fernando, Rey de León y Castilla, recobró el Santo Reino de Jaén ayudado por los brazos fuertes de sus infanzones, apareció en 1227 la Virgen de la Cabeza en Sierra Morena. Y se le apareció a un pastorcico. Y nos cuenta su cronista D. Manuel de Salcedo Olid (Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición de Andujar que escribe en 1677) que este pastor que con su rebaño se hallaba a campo raso, avisado por fenómenos sobrenaturales –luces y sonidos célicos- marchó en la noche hacia el foco de aquellos prodigios y halló a la Sacratísima Imagen de Nuestra Señora de la Cabeza “en la concavidad de dos peñas, las quales servían de Tabernáculo”. Un dolmen. Juan Eduardo Cirlot, en su Diccionario de Símbolos nos dice que el dolmen “se considera símbolo de la Gran Madre”, y la Madre de Dios es María Santísima, ni Gea ni cuentos descabellados de la Nueva Era.

La Virgen de la Cabeza, como tantas otras tallas de Nuestra Señora, tuvo que ser ocultada por los cristianos para preservarla de la destrucción más que asegurada en manos de los musulmanes más fanáticos e iconoclastas. Pero mi Mentor, el Maestro D. Juan Montijano Chica, llevaba mucha razón cuando apuntaba que lo que admiraba del hallazgo de la sagrada talla de la Virgen de la Cabeza es la oportunidad, el momento cabal en que la Virgen quiso aparecer. A saber: cuando los reinos de la Andalucía caminaban, acaudillados por el Rey Santo, a su liberación.

La originaria talla de la Virgen de la Cabeza estuvo con nosotros hasta que estalló la guerra civil. Como todo el mundo sabe (o debiera saber), su Santuario se convirtió en bastión de nuevos refugiados -hombres, mujeres y niños- que huían del “terror rojo” y que liderados por el Capitán D. Salvador Cortés González resistieron heroicamente hasta ser aplastados por el ejército republicano muy superior. Los devotos fieles todavía mantienen la esperanza de que el Capitán Cortés puso a salvo la talla de la Virgen de la Cabeza, como otrora hicieran los cristianos, librándola nuevamente de la destrucción a manos de iconoclastas tan fanáticos como sus antiguos enemigos.

La relación entre Virgen María y la Cueva (o su trasunto, el dolmen) –lo que es decir: España encubierta y preservada en lo profundo- está más que estudiada. Pero, muy pronto, ofreceré en esta Hispania Arcana datos mucho más recónditos –e inéditos- que abundarán en todo esto.

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