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sábado, 13 de octubre de 2012

Día de la Hispanidad y una anécdota del carlismo argentino


A fines de 1903, El Legitimista Español, periódico carlista argentino animado por Francisco de Paula Oller, lanzó la idea de que en alguna buena plaza o parque de la Ciudad de Buenos Aires se levantase un monumento escultórico dedicado a Isabel la Católica, la gran Reina española que fue autora moral del descubrimiento y evangelización de América.

Desde entonces, la Redacción del diario no tuvo reposo hasta lograr que otros periódicos adoptasen la idea. Un año después, quedó conformada una Comisión Pro Monumento a Isabel la Católica que contó entre sus filas a prominentes diputados, senadores y diplomáticos. Finalmente, el Sr. Oller logró una entrevista con el presidente Manuel Quintana quien accedió a ocuparse del asunto.

Fue así que, durante el período legislativo 1905, tras los trámites parlamentarios y legales de rigor, el Congreso de la Nación sancionó con fuerza de ley la autorización para "la erección en la capital de la República, de un monumento conmemorativo del descubrimiento de América y sus promotores".

La noticia fue festejada por los carlistas y patriotas, argentinos y españoles, a ambos lados del Atlántico. Se proclamaba así el afecto del Nuevo Mundo a la Reina Católica que, con sus alientos y protección a Cristóbal Colón, logró el descubrimiento, la evangelización y la conquista del mismo para la Civilización Cristiana.

Don Francisco de Paula Oller recibió merecidos elogios de la prensa carlista y tradicionalista de toda América y la Península Ibérica por este logro de la causa.

Se hicieron varios bosquejos y proyectos, sin llegarse a acuerdo, y lamentablemente los planes fueron atrasándose. Tampoco la situación económica, generada por la crisis sobrevenida en aquel tiempo, ayudó.

En el medio se levantaron otros monumentos, como el de Colón (detrás de la casa de gobierno) y el de los Españoles Residentes en el País por el Centenario del 25 de Mayo 1810 (en el cruce de las avenidas del Libertador y Sarmiento). El primero parecía haber cumplido con la celebración del descubrimiento pero, como indicaron los medios tradicionalistas, el proyecto de El Legitimista Español era celebrar a la gran Reina de Castilla, sin cuyos auxilios la empresa colombina hubiese sido imposible. El segundo, por otro lado, agotó las arcas de la colectividad española en la Argentina.

Finalmente, el escultor Arturo Dresco, encargado del trabajo en 1910, concluyó su obra, que fue inaugurada el 12 de octubre de 1936 y se la conoce como Monumento a España sobre la Costanera Sur, en ese entonces lugar en pleno auge, donde los porteños pasaban sus fines de semana y bañaban en las aguas del Río de la Plata aún no contaminado. Para quien desee visitarlo, el grupo escultórico se encuentra en la Avenida España 2400, sobre la plazoleta Ciudad de Salamanca.

Quizá el monumento no sea exactamente lo que sus promotores carlistas más de treinta años antes pensaban, pero igualmente es de una belleza sublime. Dresco buscó con su obra "compendiar un pedazo de historia hispanoamericana que podría ser la del descubrimiento, la conquista, la colonización o el virreinato".

Se trata de una gran base de granito colorado, con la frase "Fecunda, Civilizadora, Eterna", grabada en el centro. Sobre este basamento se apoyan veintinueve personajes históricos. En el centro abajo está Cristóbal Colón arrodillado frente a la reina Isabel la Católica en un gesto magnífico bendiciendo el proyecto.


En lo más alto del grupo encontramos dos esculturas que representan a una joven de pie, la Argentina, y a una mujer madura sentada, su madre, España. En el lateral que mira al NE está el explorador Juan Díaz de Solís, descubridor del Río de la Plata y fundador del primer asentamiento en estas cosas, el fuerte de Sancti Spiritus. En el lateral que mira al SO está el gran Fernando de Magallanes, quien exploró en su viaje de circunvalación las costas de la actual Provincia de Buenos Aires y de la Patagonia.

En la cara que mira hacia el NO, tenemos sobre el ala NE al explorador Alvar Núñez Cabeza de Vaca,  al caudillo Domingo Martínez de Irala, al fundador Jerónimo Luis Cabrera, al explorador Sebastián Elcano y, sentado, al cronista Martín del Barco Centenera. En esa misma cara, pero sobre el ala SO, se encuentran el explorador Sebastián Gaboto, el Padre Bartolomé de Las Casas consolando a una aborigen que se arrodilla a sus pies, a los fundadores Juan de Garay y Pedro de Mendoza.


En la cara que da al SE: tenemos sobre un ala a los virreyes Juan José de Vértiz y Pedro de Cevallos,  a San Francisco Solano junto a un niño indígena y al caudillo gobernador Hernandarias de Saavedra. Sobre la otra ala, el Padre Fernández junto a un niño indio, el explorador Félix de Azara, los virreyes Joaquín del Pino, Pedro Cerviño y Baltasar Hidalgo de Cisneros.


Además, el monumento constaba de una placa de bronce de la Asociación Patriótica Española, fundada durante la Guerra de Cuba y en donde revistaban unos cuantos carlistas, que tenía grabada los nombres de los marinos que acompañaron a Cristóbal Colón en el descubrimiento del Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492, día de la Virgen del Pilar.

¡Feliz día de la Hispanidad!

jueves, 16 de agosto de 2012

Anécdota americana


Es sabido que, cuando don Carlos VII visitó la Argentina en 1887, su intención era entrevistarse con algún líder católico local y algunos emigrados carlistas, para, luego, embarcar sin demora hacia Europa. Pero aquí se vio gratamente sorprendido por la hospitalidad y el cariño con que fue recibido, no sólo por los emigrados españoles y dirigentes católicos argentinos, sino también por figuras públicas de ideas totalmente contrarias a los principios del carlismo.

Uno de ellos fue el entonces presidente Miguel Juárez Celman que lo invitó a visitar la Provincia de Córdoba, aún en ese entonces con un aspecto hispánico muy característico. Fue así que, el 18 de agosto, en tren despachado especialmente por Marcos Juárez —hermano del presidente y futuro gobernador cordobés—, partió el Rey legítimo de Las Españas. Lo acompañó parte de su séquito y algunos amigos y correligionarios que encontró en Buenos Aires. El mismísimo Presidente Juárez Celman lo acompañó hasta el andén para despedirlo. Su hermano Marcos también se unió a la comitiva motorizada.

En el trayecto, Don Carlos conocerá la ciudad de San Nicolás, siendo homenajeado por un grupo de veteranos navarros que residían allí, y Rosario, donde aunque intentó pasar desapercibido, provocó un gran revuelo de personas que querían saludar afectuosamente al legendario Rey español en el exilio.

Una anécdota poco conocida fue la acontecida en el mismo tren. Allí fue reconocido por un veterano de la última Guerra Carlista que casualmente viajaba. La conversación fue cordialísima, llena de recuerdos y anécdotas. Los coches de primera clase de aquel tiempo eran grandes salones sin divisiones, corridos de extremo a extremo, y pronto los pasajeros que iban en el mismo vagón se arremolinaron en torno a Don Carlos, el veterano y los miembros de la comitiva.

Fue entonces que se le aproximó un hombre que, no pudiendo contenerse, se presentó como español, confesándose liberal. Es más, recordó haber peleado contra los carlistas, como integrante de los Voluntarios de Castro Urdiales.

En una salida desgraciada de aquel cuerpo, fue que cayó prisionero de los carlistas. Genuinamente interesado, el Duque de Madrid le preguntó cómo había sido tratado por sus captores.

“Perfectamente, señor.” Y agregó: “No tengo más que motivos de gratitud por las atenciones empleadas con nosotros, y me alegro de que esta circunstancia me permita decírselo al señor y manifestar mi reconocimiento.” Finalizó diciendo: “En cuanto salgamos del tren, voy a escribir a Castro-Urdiales, a mi anciana madre, que es carlista decidida, y que llorará de gozo cuando le diga que he hablado con Don Carlos.”

En la estación del ferrocarril en la ciudad de Córdoba, Don Carlos y su comitiva fueron calurosamente recibidos por los dirigentes de la Asociación Católica de aquella provincia, el superior provincial de la Compañía de Jesús (Juan Cherta) y los responsables del diario católico Los Principios.

En fin, una anécdota más del primer viaje de un soberano español (¡y qué soberano!) a las Españas americanas.