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jueves, 5 de abril de 2012

¿Dónde han ido mis leales aduladores?


La Monarquía tradicional ―nacida al amparo de la Iglesia y arraigada en la historia―, es magistratura tan magnífica y se presenta de tal manera rodeada de majestad y grandeza a la mente del filósofo y al corazón del poeta, que ninguno que se llame monárquico, aunque sea de las monarquías falsificadas que ahora se estilan, si posee alguna ilustración y entendimiento, puede dejar de rendirse ante ella y cantar sus glorias y ponderar sus maravillas, si, forzado por las circunstancias, tiene que luchar contra los secuaces de la forma republicana. Porque defender el parlamentarismo monárquico contra el parlamentarismo republicano sin apelar para nada a la Monarquía representativa tradicional es tarea imposible, como lo demuestran evidentemente los doctores constitucionales cuando, por medio de un vulgar sofisma, procuran hacer de la Monarquía histórica y la revolucionaria una misma institución, con el propósito de atribuir a la segunda las glorias y prestigios de la primera."

Juan Vázquez de Mella
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"¿Qué significa la monarquía en una nación tan desmembrada como la nuestra, tan ridículamente desunida? En estos momentos, quizá la única garantía de unión la tiene la Corona. La Corona representa al señorío de Vizcaya, el Reino de Aragón, el Condado de Barcelona y el Principado de Gerona."

Alfonso Ussía, en Lágrimas en la Lluvia.

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Franco, gentilhombre de cámara,
condecorado por el que
fue padrino de su boda.
"Desapareció una monarquía que no tenía una base social firme: vinieron unos coches y se los llevaron a todo correr, y no hubo nadie que dijera «señor, aquí estoy yo a jugarme el tipo por usted». Ni militares, ni políticos, ni liberales movieron un dedo por Alfonso XIII. Muy diferente a como había ido Carlos VII al destierro, acompañado de miles de leales que lloraban menos mi abuelo, que hacía chistes y rompían los fusiles al cruzar la frontera con Francia."

Luis Martínez ErroeRequetés: de las trincheras al olvido. 
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Conversación entre Don Jaime III y el recién destronado Alfonso "XIII", en 1931:

Don Alfonso: "Tú entonces, como ahora, podías contar con la entera abnegación de tus leales. Yo, en cambio, no puedo fiarme de casi nadie. No puedes saber lo que es un Rey caído. Me sentiría más inclinado a confiar en los tuyos que en los míos en estos momentos...

Don Jaime no puede evitar una sonrisa maliciosa.

No sé, no sé le dice. Sin ir más lejos, este hombre que te ha abierto la puerta te hubiese matado si yo se lo hubiese mandado; de modo que tampoco conviene que te fíes demasiado de los míos."
F. Melgar  
Don Jaime, Duque de Madrid

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