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sábado, 2 de febrero de 2013

La Hispanidad, en Lágrimas en la Lluvia

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Interesante programa de Lágrimas en la Lluvia analizando el concepto de la HISPANIDAD.
Con presencia del profesor Miguel Ayuso Torres Presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, frente cultural de la Comunión Tradicionalista.

miércoles, 4 de abril de 2012

La Cruzada de 1936 a debate

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Muy interesante programa de Lágrimas en la Lluvia analizando la Cruzada Nacional de 1936 con presencia del profesor Miguel Ayuso Torres Presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, frente cultural de la Comunión Tradicionalista.

"Aquel 18 de julio se produjo una legítima sublevación contra un poder tiránico, sectario y antiespañol. Es una asignatura pendiente el saber distinguir entre lo legal y lo moral. Y es moral y acorde con nuestra santa Fe católica el tiranicidio y el alzamiento contra los poderes ilegítimos. La República, nacida paradójicamente de unas elecciones municipales en las que los republicanos no obtuvieron ni siquiera la mayoría, fue consecuencia de la cobardía de una dinastía usurpadora que se desentendió del futuro de España. Las mismas izquierdas que tanto decían defender la legalidad republicana no tuvieron reparo en alzarse sangrientamente contra ella en 1934 ante el resultado adverso de las urnas. Pero hoy día, por culpa de las derechas burguesas, la izquierda ha elevado a dogma democrático que los levantamientos armados de las izquierdas son revoluciones populares y si esos levantamientos son de signo patriótico y religioso son golpes de Estado".

Fragmento: Comunicado de las JTE, Julio de 2003
67 AÑOS DESPUÉS: FIDELIDAD AL 18 DE JULIO

domingo, 3 de octubre de 2010

El Beato John Henry Newman y la política

(El Cardenal John Henry Newman, beatificado el Domingo 19 de septiembre, por el Santo Padre Benedicto XVI)

"Hablando estrictamente, la Iglesia cristiana, como sociedad visible, es necesariamente una fuerza política o un partido. Podrá ser un partido victorioso o un partido perseguido, pero siempre será un partido, anterior en existencia a las instituciones civiles de las que está rodeado, formidable e influyente a causa de su divinidad latente hasta el final de los tiempos. La garantía de permanencia se concedió desde el principio no meramente a la doctrina del Evangelio, sino a la Sociedad misma construida sobre la base de la doctrina, prediciendo no sólo la indestructibilidad del cristianismo, sino también del medio a través del cual había de manifestarse ante el mundo. Así el Cuerpo de la Iglesia es un medio señalado por Dios hacia la realización de las grandes bendiciones evangélicas. Los cristianos se apartan de su deber, o se vuelven políticos en un sentido ofensivo no cuando actúan como miembros de una comunidad, sino cuando lo hacen por fines temporales o de manera ilegal; no cuando adoptan la actitud de un partido, sino cuando se disgregan en muchos. Si los creyentes de la Iglesia primitiva no interfirieron en los actos del gobierno civil, fue simplemente porque no disponían de derechos civiles que les permitiesen legalmente hacerlo. Pero donde tienen derechos la situación es distinta, y la existencia de un espíritu mundano debe descubrirse no en que se usen estos derechos, sino en que se usen para fines distintos para los que fueron concebidos. Sin duda pueden existir justamente diferencias de opinión al juzgar el modo de ejercerlos en un caso particular, pero el principio mismo, el deber de usar sus derechos civiles en servicio de la religión, es evidente. Y puesto que hay una idea popular falsa, según la cual los cristianos, en cuanto tales, y especialmente el clero, no les conciernen los asuntos temporales, es conveniente aprovechar cualquier oportunidad para desmentir formalmente esa posición y para reclamar su demostración. En realidad, la iglesia fue instituida con el propósito expreso de intervenir o (como diría un hombre irreligioso) entrometerse en el mundo. Es un deber evidente de sus miembros no sólo asociarse internamente, sino también desarrollar esa unión interna en una guerra externa contra el espíritu del mal, ya sea en las cortes de los reyes o entre la multitud mezclada. Y, si no pueden hacer otra cosa, al menos pueden padecer por la verdad, y recordárselo a los hombres, infligiéndoles la tarea de perseguirles."

(Cardenal John Henry Newman. Los arrianos del siglo IV. En Persuadido por la Verdad. Ed Encuentro)

Libro recomendado: La política, oficio del alma Miguel Ayuso, Ed Nueva Hispanidad

viernes, 7 de mayo de 2010

La política, oficio del alma: Una llamada al sacrificio, una llamada a la acción


La POLÍTICA que merezca verdaderamente el nombre, ha de fundarse en una doctrina. La auténtica llamada política no tiene que ver con la ironizada por Gustave Thibon al presentar a unos hombres que se destrozan mutuamente para decidir si la casa ha de pintarse de azul, de verde o de rojo, sin advertir que está a punto de desplomarse. No se trata de un brillante barniz o un alicatado de color. Al contrario, es un cimiento, una roca.

Pero, indispensable la doctrina, no basta. Sin el quehacer de unos servidores en que se encarne y encuentre su puesta en ejercicio, queda inoperante.

A estos hombres se dirige la llamada de este libro. Que es apremiante. Pues los acontecimientos se esfuerzan, día tras día, en confirmar con usura que no basta cuidar los pulmones cuando es la atmósfera la que está envenenada: no hay islas a las que no llegue la resaca del "mundanal ruido", ni refugios que permitan la "vida descansada". La atmósfera que circunda a nuestro mundo padece tanto de contaminación física como la moral. De manera que el signo de nuestro tiempo es la revelación de la vanidad de las resoluciones tomadas a medias, de las medidas de compromiso.

Y la pregunta, lacerante, sigue brotando de los corazones que no han terminado por perder el gusto de la sensibilidad: "¿Qué hay que decir a los hombres?".

La respuesta consoladora, en la que reside toda nuestra esperanza, es la demostración-evocada una vez más por Chesterton-de que los planes del economista distinguido son modificados a cada instante por el soldado que da su vida, por el labrador que ama a su tierra, por el fiel que observa los dictados de la religión. Gentes todas que no toman aliento de cálculos matemáticos, sino que se inspiran en una visión interior.

Si la política vuelve a alimentarse de ella, dejará de ser labor de técnicos o negocio de mercaderes. Y recuperará su modesto y eterno rostro de "oficio del alma".

Miguel Ayuso Torres. La política oficio del alma .