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miércoles, 19 de enero de 2011

La clarificación que trajo la confusión


En la revista “Aportes” viene un interesantísimo artículo sobre D. Severino Aznar Embid, que es calificado como un “carlista atípico”.

“Atípico”, pero siempre carlista. Lo de atípico se tiene que referir a que siendo carlista actuó al margen de las actividades políticas del Carlismo. Fue catedrático de Sociología en la Universidad Central. Enfocó su labor en el estudio de soluciones prácticas para resolver los males que a la sociedad había originado el liberalismo. Principalmente con las desamortizaciones. Se llegó a quejar de que los carlistas estuviéramos enfocados a la política de las elecciones y dejásemos a un lado, o al menos no prestásemos la debida atención, al problema de la reconstrucción de la sociedad. Fue un continuador de las doctrinas de Vázquez de Mella, empeñado en proponer soluciones prácticas para llevarlas a cabo.

Las capitales reformas sociales de José Antonio Girón estuvieron inspiradas en los trabajos de Aznar. Cierto es que adolecieron del defecto de dejar de lado a la sociedad basándolas exclusivamente en el Estado. La persecución a la Iglesia por parte de la República dio lugar a que, durante la década de los treinta, la defensa de la Religión fuera el principal motivo de nuestra propaganda. Ello dejó en segundo término nuestras propuestas sociales, pero no las hizo desaparecer. El cierre de nuestros círculos y la anulación de nuestros diarios fue causa de que las generaciones carlistas de los años sesenta y setenta adolecieran de una buena formación doctrinal. Nos referimos a nivel de las masas.

Esa deficiente información junto a un razonamiento equivocado llevaron a muchos de aquellos activistas a las filas del socialismo, o, a los que no quisieron cambiar de etiqueta, a inventarse un imposible carlismo socialista, en una operación que calificaron de “clarificación” y no fue mas que una inmensa confusión. Por falta de información desconocían las actividades sociales del Carlismo a lo largo de toda su historia. Desconocían la obra de D. Severino Aznar. Cuando disponían de la información, una mala interpretación de la misma les llevaba al mismo error. Así: es cierto que en 1870 hubo contactos entre los socialistas y D. Carlos VII, que les prometió que tendría en cuenta los legítimos derechos de los trabajadores. De ello sacaban en consecuencia una coincidencia entre Carlismo y socialismo. No tenían en cuenta que los contactos fueron interrumpidos por orden de la II Internacional. Y la interrupción de los mismos significaba una imposibilidad de entendimiento. También es cierto que Vázquez de Mella afirmó que los verdaderos socialistas éramos los tradicionalistas, porque defendíamos los derechos de la sociedad. Que el socialismo, que la somete al Estado, había adoptado un nombre que no le correspondía. De ello deducían una afinidad entre Carlismo y socialismo que Mella nunca admitió, puesto que propugnó denominar “sociedalismo” a lo que defendemos.

De modo que no veían lo que a la vista tenían y calificaban de afinidad lo que Mella denunciaba como una oposición. Contribuyó a la confusión la idea extendida por aquellos tiempos, en toda la sociedad española, de que “izquierda” significaba justicia social y “derecha” opresión de unas clases por otras bajo el pretexto del orden. Buscando la justicia social amplios grupos católicos, ajenos al Carlismo, se integraron en el socialismo. El error afectó a mucha gente. Entre nosotros mismos estaba muy extendida la idea que el Carlismo es de “derechas”. Incluso hay quien no protesta cuando es calificado de “extrema derecha”. Deseosos de no ser confundidos con los liberales conservadores, con la derecha convencional, aquellos carlistas desinformados se aplicaron con ilusión la etiqueta de “izquierda”. Y el Carlismo no es de izquierda ni de derecha. Ambas denominaciones corresponden a un mismo sustrato doctrinario liberal. Hicieron bien en desprenderse de la derecha, pero muy mal en adscribirse a la izquierda. El Carlismo no necesita para nada, pero para nada, beber en fuentes ajenas a la Tradición española. Tendrá que buscar nuevas soluciones para afrontar nuevos retos. Pero siempre dentro del acervo doctrinal español. Hoy, carlistas que entonces aceptaron el socialismo como una consecuencia de las doctrinas de Mella (según me argumentaba entonces uno de los autores de la “clarificación”) están desengañados al ver lo que el socialismo nos ha traído. Que nada tiene que ver con la justicia social ni con la mejora de las clases humildes. Y mucho con la trituración de la sociedad. En la CTC les esperamos con nuestro permanente trilema de Dios, Patria-Fueros y Rey que cobija todo lo que sea justicia y libertad.

Carlos Ibáñez Quintana.

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