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lunes, 20 de octubre de 2008

La Causa Jacobita de los Estuardo

  Jacobo Francisco Eduardo Estuardo, Jacobo III, hijo legítimo de Jacobo II Estuardo Rey de Inglaterra



El 5 de noviembre de 1688, al frente de 15000 hombres, Guillermo de Orange desembarcaba en Tor Bay. Casado con una hermana de Jacobo II, el príncipe holandés había aceptado la invitación de dos tories y cinco whigs, con el fin de usurpar la Corona de su cuñado, pues se hizo correr la voz de que si triunfaba el Rey, acabaría con el protestantismo y con la Iglesia de Inglaterra.


Jacobo II intentaba evitar una nueva guerra civil, pues ya había sufrido unos años antes la rebelión de un hijo natural de Carlos II Estuardo, el denominado Duque de Monmouth, instrumentalizado por el capitalismo y la oligarquía protestante que luchaba contra el Rey Jacobo II de Inglaterra. Ante la llegada de Guillermo de Orange, el Rey Jacobo II huyó a Francia, pues si algo había aprendido de la revolución inglesa que había depuesto a su padre, fue precisamente que quedarse en Inglaterra, podría significar que le cortaran la cabeza.


Así, el jacobitismo empieza tras la caída de los Estuardo, cuando el destronado monarca y sus partidarios se lanzan a recuperar lo que tan facilmente se les había usurpado.


A finales de marzo de 1689 Jacobo II, fue apoyado por una flota francesa de la armada de Luís XIV de Francia, de manera que pudo desembarcar en Irlanda. Unos días más tarde entraba en Dublín. Mientras en abril, John Graham of Claverhouse, Vizconde de Dundee, sublevaba a los clanes de Escocia a favor del Rey Jacobo Estuardo, en una breve campaña que culmina en Killiekrankie, el día 27 de julio de 1689 con la muerte del Vizconde. Los escoceses prontamente rendirían sus armas ante la falta de un nuevo lider, pero Irlanda sería el escenario de grandes batallas entre los Jacobitas y las tropas de Guillermo de Orange, que había desembarcado en Irlanda venciendo a Jacobo II en la batalla del Boyne, el 1 de julio de 1690. Jacobo Estuardo se refugiará en en Francia. Sus partidarios resistirían hasta febrero de 1692, quienes posteriormente sufrirían la fuerte y despiadada represión orangista.


El protagonismo de las rebeliones jacobitas será asumido por Escocia, pues los ejercitos jacobitas estaban compuestos por los clanes de las tierras altas de Escocia, principalmente. El sistema tradicional de jurisdicción hereditaria particularista en Escocia permitido por los gubernamentales de Londres, era debido al excesivo coste que significaba el centralismo político que pretendían, pero al no tener suficientes recursos, toleraban la forma peculiar y particular tradicional de autogobierno que tenían los clanes escoceses, pues cada clan estaba sometido a la autoridad de un jefe, al que se debía servir con las armas en tiempos de guerra. Llegado el momento, dicho jefe, los convocaba mediante una cruz de fuego, que llevada por numerosos relevos atravesaba todos sus campos. La jerarquía civil se convertía en militar y los miembros ímportantes ocuparían la parte frontal de los regimientos.


El Jacobitismo en Escocia era una mezcla de convicciones religiosas, nacionalismo y sentimiento anti-Argyll compartido entre los clanes, además los Estuardo eran una dinastía Escocesa.


Los episcopalianos, preponderantes en el noreste de Escocia, defendían los derechos hereditarios e imprescriptibles de los Estuardo como artículo de fe. La Gloriosa Revolución de 1688-1689 había denegado la oficialidad de la Iglesia episcopaliana, así el episcopalianismo aparecería, más aún que el catolicismo, como la religión natural de los jacobitas escoceses, mientras que el presbiterianismo era la religión de los whigs; esta correlación de fuerzas se rompía por la hegemonía de los Campbell, que bajo los Argyll, se habían apuntado al partido liberal o whigs, ya durante la revolución inglesa de 1640. Así pues el alineamiento con los Estuardo era una forma de luchar contra el poder de los Campbell, concretamente del duque de Argyll.


Tras el Acta de Unión de 1707, con todas sus implicaciones, el jacobitismo fue identificado con el tradicionalismo y la nostalgia del pasado de Escocia, incluso algunos republicanos se unieron a los Estuardo con el objetivo de recuperar el autogobierno, soberanía e independencia que había tenido el Reino de Escocia antes del Acta de Unión de 1707, que dejaba a los escoceses con un parlamento manipulado desde Londres, y a los efectos sin parlamento, ni soberanía propia.


Los jacobitas eran los descontentos con el gobierno de Londres y su política, contando con un fuerte y sensible apoyo social y popular. En Irlanda eran los campesinos rebeldes católicos denominados por los whigs como Tories, apelativo para definir a los partidarios de los Estuardo en Inglaterra de manera despectiva. Se trata de un fenomeno popular y cultural que da lugar a una amplia literatura de oposición, a dichos y canciones sediciosas, a motines esporádicos e incluso a una forma de vida. El jacobitismo inglés se identificó durante todo el siglo XVIII con el partido Tory, excluido del gobierno por los Oranges y los Hannover, quienes fueron instrumentos de los liberales o whigs. Encontramos por un lado a los defensores de un mundo rural tradicional, Tories frente a la oligarquía capitalista e industrial, whigs. Campo contra ciudad.


La ideología jacobita se apoyaba en tres elementos fundamentales, la aceptación de la providencia divina, las teorías de la monarquía absoluta de Bossuet, que tenían un amplio apoyo entre el pueblo, no entre  la plutocracia burguesa protestante, y el elemento Country del jacobitismo: oposición a la deuda nacional y a la creación del Banco de Inglaterra, oposición al ejercito permanente, y adhesión a una antigua constitución localizada en una epoca gloriosa del pasado, con separación de poderes, parlamentos anuales.

Carlos Eduardo Estuardo, hijo de Jacobo III
Quizá lo que más pueda impresionar es la extensión temporal de la causa jacobita, y por tanto evidenciamos una clara evolución dentro de los postulados del tradicionalismo en las Islas Británicas. El manifiesto de Jacobo II, diseñado por el Conde de Melfort, prometía el perdón a quienes reconocieran a Jacobo Estuardo. En una segunda fase ganará peso el sector protestante jacobita, partidario de la Iglesia de Inglaterra, y a partir de 1715, la libertad religiosa cobra importancia en los postulados jacobitas. En 1753 un Carlos Eduardo Estuardo convertido al anglicanismo defiende: parlamentos anuales; limitación a un máximo de 50, el número de empleados de la Corona, sustitución del ejercito por una milicia en tiempos de paz, libertad religiosa, libertad de prensa y propuesta de unión de las tres Coronas a un parlamento libre no sujeto a oligarquías que instrumentalizan la monarquía.

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