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jueves, 3 de enero de 2013

Los dolores de la Causa: María Berta de Rohan

Los reyes legítimos siempre fueron objetos de críticas e insultos. Desde Carlos V hasta Don Sixto Enrique de Borbón. Emilia Pardo Bazán[1], carlista en su juventud, ya se quejaba de la vulgar visión sobre Carlos VII: la única persona para la cual en España no existía justicia, ni equidad, ni siquiera tolerancia; la única a cuyo nombre se crispan los más transigentes y se olvidan las nociones del derecho público, los preceptos elementales de la razón y hasta las exigencias naturales de la curiosidad humana que necesita datos para juzgar. [...] ¿Quién no conoce al Don Carlos de la leyenda contemporánea? Abrid cualquier periódico satírico y allí le veréis. Rosario en cinto y trabuco al brazo; zancas de cigarrón, boca de rana y cabeza de cretino... Lo moral corresponde a su físico... un fauno en lo bruto, un ogro en lo feo, un sátiro en lo vicioso y una liebre en lo cobarde.

Jaime III no fue menos. Su padre ya había sido criticado por los integristas de liberal, y así volvería a pasar con su hijo. Pero esta vez, espoleados por la madrastra del rey. Y es así como doña Berta tuvo el honor de ser la causa del primer ataque de angina de pecho de Don Jaime[2]. El documento[3] que mostramos aquí, es muestra de estos ataques, lleno de infamias contra el reclamante. Estas calumnias no se diferenciaban en gran manera de las pretéritas. E incluso de las futuras. Fechado el 4 de marzo de 1926, el padre Don José María Paisal contestaba al Barón de Montevilla. Más tarde, esta carta pasaría a formar parte del archivo de Jaime III como copia.

Exmo. Sr. Barón de Montevilla

Si públicamente se dice en Venecia el nombre del edificio donde están custodiados los objetos carlistas, y si son tantas las personas, llegadas de dicha población que coinciden con el nombre, no veo porque V. muestra tanto empeño en que yo se lo diga. Lo que nadie puede afirmar, sin faltar a la verdad, es que sobre esos objetos pese el menor gravamen por supuestas deudas contraídas por la Señora. Ya se lo he dicho a V. hasta con juramento, y el carlista que no cree mi palabra de sacerdote, lo menos que de mí merece es el desdén. Si estuvieran empeñados esos objetos ¿Qué más había de querer la Señora que librarlos de todo gravamen mediante la suscripción que V. proponía?

Están bien seguros esos recuerdos, no lo dude y puede confiar los carlistas que pronto los verán colocados en un punto más cercano que Venecia.
La Señora se limita a cumplir estrictamente el testamento de su marido, y por ello no puede merecer el reproche de ningún caballero. Si ella muerte primero que D. Jaime, éste será el heredero; entretanto no puede tener esos objetos, NI CONVIENE.
¡No conviene!... Bien conocía D. Carlos a su hijo para otorgar testamento en la forma que lo redactó. Quién tan entrampado se encuentra con los judíos y tan poca estimación le merecieron mucho de los objetos del castillo de Frohsdorf no puede merecer la confianza de ningún carlista para ser el custodio del Cuarto de Banderas, de las Banderas de una tradición que él no siente, porque en ella no cree, COMO NO CREE EN ALGUNOS DE LOS DOGMAS DE NUESTRA FE.

Pasé algunas temporadas con ese príncipe, y le conozco por dentro y por fuera, en el alma y en el cuerpo. LA MAS GRANDE PENA QUE ATORMENTA MI CORAZÓN, me decía un día en Niza su Augusto padre –ES QUE JAIME NO TIENE NI FE POLITICA NI RELIGIOSA.

Y por tratarse de un hombre de esas condiciones, es por lo que Dª Mª Berta ha procurado ocultar, en lo posible, dichos objetos, creyendo que así los tendría más seguros. Pero eso solo puede considerarse como medida transitoria pues el más ardiente deseo de la Señora es que sean expuestos a la contemplación de los carlistas, SIN RIESGO QUE NINGUNO DE MUCHOS OBJETOS DESAPAREZCA, y yo sólo pido a mis correligionarios que desechen todo temor y tengan un poco de paciencia.

Respecto a este punto por escrito no puedo ser más extenso. Si tuviera ocasión de hablar con V., algo más  le diría.

Dª Berta entró en Palacio de Oriente para expresar su gratitud a quienes la merecían, pero entró con la bandera de los principios tradicionalistas enarbolada. Así se lo expresó bien claramente a D. Alfonso, y éste también muy claramente le dijo que esos principios son salvadores, y que, en lo que de él dependía, hará que imperen en España. Bien lo ha demostrado en estos últimos tiempos en muchos actos públicos, alabados y bendecidos por el Jefe supremo de la Iglesia.

Las personas pasaron ya a la historia; los principios son inmortales. Éstos son la esencia de nuestra causa, que debemos sostener para bien de la Iglesia y de la Patria. La persona que todavía se dice pretendiente no es la sombra de su padre, ni merece el sacrificio de una perra chica. Solo por fanatismo personal se puede estar con un hombre que gusta de la vida del bohemio y de la francachela, y que no tiene ni fe política ni religiosa.

Es un secreto a voces en Madrid que ese príncipe está en muy buenas relaciones con el régimen imperante, y aún que tiene su lista de algunos miles de duros.
Yo no lo censuro por eso; pero sí por la farsa que representa ante un puñado de ilusos que aun le sigue.
No es el famoso Melgar de esos ilusos, pero sí otro farsante al aparecer adicto a un hombre que TIENE POR POSESO, A QUIEN ES PRECISO HACER LOS EXORCISMOS. Son palabras textuales suyas, que me dijo hace años en París, y se las dijo también a otros carlistas.

No me exprese bien en mi anterior carta, o V. no me entendió; no dije ni podía decir que Doña Berta estaba quejosa de los carlistas; todo lo contrario: los quiere como hijos, y para ellos son sus especiales atenciones. Aquí cuantos la visitaron, aun los más humildes, se sentaron a su mesa para almorzar con ella.

P. José María Paisal
Pontevedra, 4-III-1926

Nacida en Tpeliz el 21 de mayo de 1860, alejada de los ambientes legitimistas tradicionalistas, la nueva Duquesa de Madrid, Doña María Berta de Rohan, se había casado en 1894 con Carlos VII. De alta alcurnia, procedía de la familia de los Rohan, descendientes de los reyes de Bretaña, se habían exiliado en Austria tras la Revolución Francesa y nunca retornaron. Así mismo, era Princesa bohemia con tratamiento de Alteza Serenísima (Durchlauchten) y condesa de Wadstein-Watemberg. Diecisiete años después de la muerte de su marido, Berta de Rohan decidía pasar una temporada en España. Visitó Zaragoza, Vitoria, Burgos, Asturias y Galicia. Entre los acompañantes se encontraban la condesa de Mongeaux, como dama de honor, y el Padre Paisal, capellán del convento de clarisas de Pontevedra, antiguo amigo de Don Carlos. Llegó a visitar al mismo Alfonso (XIII) en el Palacio de Oriente, donde se la rindió honores como Infanta de España, el 1 de febrero de 1926.

La historiografía carlista fue contundente con la figura de doña Berta. El Conde de Rodezno, en su ligera biografía de Carlos VII (Pp. 244-245), decía: la nueva Duquesa de Madrid, mujer elegante, de belleza nada común y arrogante porte, mucho más joven que su marido, se adueñó por completo del espíritu de Carlos VII, que, aun cuando sólo contaba cuarenta y siete años, se hallaba prematuramente envejecido por la intensidad de su vida y preocupaciones. En el orden doméstico, debió hacer feliz a su marido, a juzgar por los fervores que éste le manifestaba: pero doña Berta de Rohan, desconocedora de la historia y significación de la rama carlista española, no convivió jamás espiritualmente con los sentimientos del tradicionalismo español. Su influencia fue enervadora para D. Carlos, que si no perdió el concepto de su representación y el mantenimiento de su actitud –que estas cosas fueron consubstanciales a su naturaleza- , amenguó visiblemente arrestos y entusiasmos. En el orden familiar, su segunda boda fue funesta. Enfriáronse las relaciones de los hijos con el padre. Su heredero, D. Jaime de Borbón se alejó del Palacio de Loredán y vivió espiritualmente divorciado de su padre, dando a su vida de Príncipe sin situación un sesgo aventurero en arriscados viajes y lances guerreros con el ejército ruso, o donde la ocasión se le brindase.


Pero, el más furibundo detractor de la Duquesa de Madrid fue el secretario de Carlos VII, Francisco Martín Melgar, 
Conde de Melgar. En Veinte años con Don Carlos la dedicaba un capítulo entero (Cap. XXIV)[4]despachándose a gusto con la egregia señora. Para Melgar, el matrimonio sería funesto, debido al “fútil sentimiento de vanidad, de carácter dominante. Aquella infeliz señora era un fenómeno patológico y padecía […] de “paranoia acutísima” y consiste en una irresistible tendencia a mentir sin objeto y sin necesidad las más de las veces, sólo por no decir la verdad. Muy hábil y muy astuta no tardó en conocer el flaco de su marido, que consistía en no dejarse dominar por su mujer, y cifró todo su empeño en aparecer como la más sumisa de las esposas. [...]Tuvo la diabólica idea de hacer creer a su marido que don Jaime había querido abusar de ella, permitiéndose atentar contra su pudor.

Y quizá el episodio más conocido es la quema del archivo del palacio de Loredán. En el capítulo sexto del primer libro de El Quijote, el cura y el barbero realizaban el escrutinio de la biblioteca del hidalgo, quemando todos los libros dañinos. Doña Berta de Rohan decidió representar los dos papeles en esta tragedia. Una fuente preciosa para el estudio del Carlismo desapareció de forma tan banal.

Por parte de Francisco de Melgar, la crítica no era menor; hijo del conde de Melgar y secretario de Jaime III, escribía en Don Jaime. El Príncipe caballero[5]había logrado adueñarse por completo del espíritu y de la voluntad de su esposo, imponiéndole a su antojo sus convicciones y sus sentimientos. Desde su llegada al palacio Loredán, doña Berta sintió el odio más cordial hacia los hijos del primer matrimonio, odio que contribuyó a hacer de ella durante quince años el mal genio de la familia de don Carlos. […] no cesó en su funesto afán hasta que consiguió separar por completo al padre y al hijo; don Carlos, en sus últimos años, llego a creer que la única persona que no pretendía abusar de él y engañarle era su segunda esposa, a quien estaba entregado de tal manera que ésta logró persuadirle que iba a quedarse ciego si no renunciaba a pasar tantas horas al día leyendo y escribiendo.[…] De esta manera, no pudo tener conocimiento de los asuntos políticos y familiares, sino por el intermediario de su mujer.

Melgar llegó a afirmar que padre e hijo rompieron todas las relaciones en 1905, por influencia de María Berta, tras la vuelta del Príncipe de Asturias de la guerra de la Manchuria. En el palacio Loredán, Carlos VII habría recibido a su vástago con estas duras palabras: ¿Quién te ha dado permiso para venir? Esta casa no es un mesón, donde se entra pagando; ¿Cuándo piensas marcharte? [...] (El Príncipe) no había de volver a ver a su padre en vida[6]. Sin embargo, esta afirmación no se sostiene, en cuanto Carlos VII mandaba un telegrama[7]en 1907 a Barrio Mier, desde Venecia, que decía: He tenido el consuelo de abrazar a mi hijo.

Las viudas y albaceas han sido los enemigos del patrimonio carlista


La publicación de la correspondencia entre Carlos VII y Barrio Mier amplió las fuentes documentales sobre el último periodo del monarca. Jaime de Carlos, autor deCartas inéditas de Carlos VII, pedía una revisión del papel de Berta de Rohan y de la supuesta dejadez del reclamante en sus últimos años, pues no correspondían con la realidad.

Aún así, el personaje de Doña Berta ha mantenido su mala imagen al evitar el matrimonio de don Jaime con la Princesa Matilde (por envidia de casta según Melgar hijo), desatar las intrigas en el partido y frustrar la inteligencia con el General Weyler, conspiración que habría acabado con Don Carlos en la corte de Madrid. Autores más tardíos como Jaime del Burgo[8]la tildaba de hada perversa del carlismo afecta a la Corte de Madrid, mientras que Juan Balansó[9], juanista, la describe como la típica madrastra de cuento.


[1] Esta defensa de Carlos VII aparece en el epílogo y confesión política de “Mi romería”. El relato periodístico aparece integrado en PARDO BAZAN, Emilia: Viajes por Europa. Madrid: Bercimuel, 2003.
[2] Pág. 244  en MELGAR, Francisco: Don Jaime. El Príncipe caballero. Madrid: Espasa-Calpe, 1932.
[3] La carta se encuentra en el Archivo Nacional Histórico (DIVERSOS-ARCHIVO_CARLISTA,134, EXP.4.)
[4] MELGAR, Francisco: Veinte años con Don Carlos: memorias de su secretario el Conde de Melgar. Madrid: Espasa-Calpe, 1940.
[5] Pp. 103-104 en MELGAR, Francisco: Don Jaime. El Príncipe caballero. Madrid: Espasa-Calpe, 1932.
[6]Pp. 104-105 en Ídem.
[7] Pág. 207 en DE CARLOS, Jaime: Cartas inéditas de Carlos VII. Madrid: Montejurra, 1959.
[8] Pág. 271 en DEL BURGO, Jaime: Conspiración y guerra civil. Barcelona: Alfaguara, 1970.
[9] Pág. 44 en BALANSO, Juan: Los Borbones incómodos. Barcelona: Plaza-Janés, 2000.

jueves, 27 de diciembre de 2012

El Manifiesto de Guadalajara

Calendario de 2013 editado por la CTC al cumplirse el 180 aniversario del Carlismo y el 130 del Manifiesto de Guadalajara.



A los habitantes de la Comandancia General de Guadalajara.




Arrancadas y destruidas por los secuaces del supersticioso e impío liberalismo todas las libertades que nos daban nuestros venerados fueros; pisoteadas y escarnecidas nuestras gloriosas tradiciones, y despojada nuestra patria de las ricas posiciones que el genio de Colón les mostrara, y cien gigantes caudillos conquistaron con sus gloriosas espadas allende los mares; reducida España a la impotencia, siendo objeto de la burla de otros pueblos que siempre bajaron la frente ante su glorioso pabellón; entregada esta orgullosa matrona, atada de pies y de manos a sus enemigos de siempre por una gavilla de cínicos e infames especuladores que, mercaderes impúdicos, han puesto sus hijos y sus riquezas en poder del mejor postor para conseguir una cantidad suficiente a satisfacer los apetitos de su loco orgullo, y siendo tan terribles los males que nos amenazan, hora es ya de que todos los que sientan latir en su pecho un corazón honrado y se crean capaces del rubor de la vergüenza abandonen sus casas, y armados como les sea posible acudan al punto de la cita para que, unidos todos, podamos dejar libre de tiranos y exento de leyes y costumbres extranjeras a esta patria querida, tan explotada y envilecida por esos traficantes sin conciencia y sin honra.
Su empresa no tiene las dificultades que esos enemigos de España pregonan en su ciega ignorancia y negro rencor a la patria. ¿No somos hijos de aquellos que a principios del siglo dejaron sus hogares para salvar su independencia, de aquellos que se armaron de estevas y garrotes contra trescientos mil soldados franceses, a los que humillaron y vencieron? Y si nuestros padres todo lo abandonaron por «su Dios, por su patria y por su rey, cuando sintieron el llamamiento patriótico del alcalde de Móstoles, ¿seríamos nosotros dignos de llamarnos sus hijos si no acudiéramos presurosos a nuestro puesto, llenos nuestros corazones de la fe santa con que pelearon nuestros antepasados, desde Iñigo, Arista, Sancho, Ramírez, hasta los que defendieron por siete años consecutivos la gloriosa bandera de la religión y de la legitimidad, hoy que nuestro legítimo y egregio monarca nos llama y España nos grita: “Salid de vuestros hogares y limpiad mi suelo de esa turba de traidores que os aniquilan y entristecen, a la vez que os roban el pan de vuestros hijos”? ¡No!




Impúdicos tiranuelos de lugar, polizontes vendidos a esta quisicosa que llaman monarquía constitucional o democrática, o republicana... de pega, señores salidos de la ley de desamortización, antes que, como los sapos, se hinchan en la inmunda laguna de la expropiación de los bienes de los pueblos y de la Iglesia, os aconsejan que no cumpláis con vuestro deber, pero si reparáis en sus títulos y antecedentes; si miráis de dónde salieron y a dónde van; si examináis sus “honrados tráficos”, tendréis bastante para persuadiros que esos “hallados” y decentes señores son el primer eslabón de la cadena de nuestra ignominia, la primera página del libro de nuestra vergüenza.




Miradlos protegiendo a los truhanes que fían el pan de. sus hijos a un “entrés” o un “elijan”, o quizás a la confianza del banquero de “monte”; miradlos cómo los apadrinan para que atropellen a los hombres honrados, trabuco en mano, y al consabido grito de viva la libertad y la república.




Esos son los mismos que os prestan el dinero al treinta por ciento, abusando de vuestra necesidad; esos son los mismos que en las elecciones han hecho miles de infamias fusil en ristre; esos son los mismos que, poniéndose siempre a disposición de conservadores y radicales, de moderados o unionistas, os insultaron siempre, os lamieron los pies para que les ayudarais a servir a sus amos, lo cual os valió el quedaros sin montes, sin dehesas, sin hornos y hasta sin fraguas. Hiciéronse ricos comprando con cuatro cuartos y mil picardías todos los predios que constituían vuestra riqueza común, y lo hicieron gritando unas veces orden y otras anarquía, y así crecieron y medraron... que así crecen y medran los que reniegan de su Dios, pisotean su conciencia y escupen al rostro de su patria.




¡Viva la libertad!, gritan los verdaderos hijos de España. ¡Abajo la república, última manifestación del extranjero yugo! ¡Fuera, fuera esos miserables caciques que en la ciudad o en la villa, en el pueblo o en la aldea, visten el hipócrita antifaz de buenos, cuando son perversos servidores de los enemigos de España!




El día de la liquidación está cerca, y esos truhanes tiemblan que se acerque el momento, porque se quitará el polvo de sus innumerables infamias y expiarán su delito.

Ese día será España para los españoles honrados, sus presidios para los criminales, y habrá decencia, honra, libertad, justicia y progreso; pero será moneda de ley, no salida del cuño donde hasta el lenguaje se ha falsificado.




Sólo los malos tiemblan ante el triunfo del partido español. ¿Sabéis por qué? Ellos saben que sólo el partido carlista es el llamado para hacer justicia, el único que puede hacerla, el único que la hará...




Si el partido carlista no tuviera pruebas de lo que es, bastábale para ser querido de los hombres de bien el solo hecho de ser odiado de los tunantes.
El triunfo es seguro: el más enemigo nuestro lo prevé por lo menos, y si no lo confiesa es porque le aterra y le aterra porque sabe perfectamente que tanta inmundicia y tanto cieno serán barridos radicalmente en su día.




¡A las armas, pues, valientes hijos de esta noble patria! Salgamos de este sopor que nos deshonra, corramos a arrancar los fusiles a esos serviles esclavos defensores de la deshonra de la patria, y con ellos recobraremos nuestra independencia, nuestros fueros y libertades, la libertad de nuestra sacrosanta religi6n y el engrandecimiento y prosperidad de nuestra riqueza.




¡Basta de palabras! ¡A los hechos!




¡Viva la libertad cristiana, la única verdadera! ¡Viva la religión católica, apostólica, romana! 


¡Viva Carlos VII! ¡Vivan los fueros de Aragón y las franquicias de Castilla! ¡Abajo todo sistema extranjero!



Campo del honor, 20 de febrero de 1873. El segundo comandante general teniente coronel, Andrés Madrazo. 

jueves, 16 de agosto de 2012

Anécdota americana


Es sabido que, cuando don Carlos VII visitó la Argentina en 1887, su intención era entrevistarse con algún líder católico local y algunos emigrados carlistas, para, luego, embarcar sin demora hacia Europa. Pero aquí se vio gratamente sorprendido por la hospitalidad y el cariño con que fue recibido, no sólo por los emigrados españoles y dirigentes católicos argentinos, sino también por figuras públicas de ideas totalmente contrarias a los principios del carlismo.

Uno de ellos fue el entonces presidente Miguel Juárez Celman que lo invitó a visitar la Provincia de Córdoba, aún en ese entonces con un aspecto hispánico muy característico. Fue así que, el 18 de agosto, en tren despachado especialmente por Marcos Juárez —hermano del presidente y futuro gobernador cordobés—, partió el Rey legítimo de Las Españas. Lo acompañó parte de su séquito y algunos amigos y correligionarios que encontró en Buenos Aires. El mismísimo Presidente Juárez Celman lo acompañó hasta el andén para despedirlo. Su hermano Marcos también se unió a la comitiva motorizada.

En el trayecto, Don Carlos conocerá la ciudad de San Nicolás, siendo homenajeado por un grupo de veteranos navarros que residían allí, y Rosario, donde aunque intentó pasar desapercibido, provocó un gran revuelo de personas que querían saludar afectuosamente al legendario Rey español en el exilio.

Una anécdota poco conocida fue la acontecida en el mismo tren. Allí fue reconocido por un veterano de la última Guerra Carlista que casualmente viajaba. La conversación fue cordialísima, llena de recuerdos y anécdotas. Los coches de primera clase de aquel tiempo eran grandes salones sin divisiones, corridos de extremo a extremo, y pronto los pasajeros que iban en el mismo vagón se arremolinaron en torno a Don Carlos, el veterano y los miembros de la comitiva.

Fue entonces que se le aproximó un hombre que, no pudiendo contenerse, se presentó como español, confesándose liberal. Es más, recordó haber peleado contra los carlistas, como integrante de los Voluntarios de Castro Urdiales.

En una salida desgraciada de aquel cuerpo, fue que cayó prisionero de los carlistas. Genuinamente interesado, el Duque de Madrid le preguntó cómo había sido tratado por sus captores.

“Perfectamente, señor.” Y agregó: “No tengo más que motivos de gratitud por las atenciones empleadas con nosotros, y me alegro de que esta circunstancia me permita decírselo al señor y manifestar mi reconocimiento.” Finalizó diciendo: “En cuanto salgamos del tren, voy a escribir a Castro-Urdiales, a mi anciana madre, que es carlista decidida, y que llorará de gozo cuando le diga que he hablado con Don Carlos.”

En la estación del ferrocarril en la ciudad de Córdoba, Don Carlos y su comitiva fueron calurosamente recibidos por los dirigentes de la Asociación Católica de aquella provincia, el superior provincial de la Compañía de Jesús (Juan Cherta) y los responsables del diario católico Los Principios.

En fin, una anécdota más del primer viaje de un soberano español (¡y qué soberano!) a las Españas americanas.

sábado, 4 de agosto de 2012

Sólo el Rey legítimo nos puede salvar de la crisis creada por el capitalismo liberal



“Hay en la actualidad, mi querido Alfonso, en nuestra España una cuestión temerosísima: la cuestión de Hacienda. Espanta considerar el déficit de la española; no bastan a cubrirlo las fuerzas productoras del país; la bancarrota es inminente… Yo no sé, hermano mío, si puede salvarse España de esa catástrofe; pero, si es posible, sólo su Rey legítimo la puede salvar. Una inquebrantable voluntad obra maravillas. Si el país está pobre, vivan pobremente hasta los ministros, hasta el mismo Rey, que debe acordarse de don Enrique el Doliente. 

Si el Rey es el primero en dar el gran ejemplo, todo será llano; suprimir Ministerios, y reducir Provincias, y disminuir empleos, y moralizar la Administración, al propio tiempo que se fomente la agricultura, proteja la industria y aliente al comercio. Salvar la Hacienda y el crédito de España es empresa titánica, a que todos deben contribuir, Gobiernos y Pueblos. 

Menester es que, mientras se hagan milagros de economía, seamos todos muy españoles, estimando en mucho las cosas del país, apeteciendo sólo las útiles del extranjero… En una Nación hoy poderosísima, languideció en tiempos pasados la industria, su principal fuente de riqueza, y estaba la Hacienda mal parada y el Reino pobre. Del Alcázar Real salió y derramóse por los pueblos una moda: la de vestir sólo las telas del país. Con esto la industria, reanimada, dio origen dichoso a la salvación de la Hacienda y a la prosperidad del Reino”.

Carta que en 1869 S.M. Carlos VII de España envió a su hermano Alfonso futuro S.M. Alfonso Carlos I

martes, 5 de junio de 2012

El Acta de Loredán, doctrina carlista (y IV)

Sobre la cuestión social se dice que es “grave problema que hoy agita al mundo y mantiene en inquietud los ánimos y en desorden los pueblos. Antigua y siempre pavorosa, el mundo pagano la resolvió con la esclavitud de la fuerza, y el cristianismo con la esclavitud del amor. La fuerza impuso el trabajo como el amor la caridad, y la Revolución, volviendo a la tiranía por la libertad sin fronteras, proscribiendo la caridad y la fe, ha engendrado el pauperismo que es la esclavitud del alma y del cuerpo. El trabajo se ha convertido en tiranía y el hombre en máquina.- Queremos protestar y redimirlo llevando a la legislación las enseñanzas de la más admirable encíclica de León XIII; aspiramos a que el patrono y el obrero se unan íntimamente por relaciones morales y jurídicas anteriores y superiores a la dura ley de la oferta y la demanda, única regla con que la fija la materialista economía liberal, y pretendemos por tanto emancipar por el cristianismo, al obrero de toda tiranía.- Para ello ha de fomentarse la vida corporativa restaurando los gremios con las reformas necesarias; se necesita acrecentar lassociedades cooperativas de producción y consumo, y conseguir que el Poder restablezca el Patronato cristiano reglamentando el trabajo.- Así cumplirá el Estado el primero de sus deberes, amparando el derecho de todos y principalmente el de los pobres y el de los débiles, a fin de que la vida, la salud, la conciencia y la familia del obrero no estén sujetas a la explotación sin entrañas de un capital egoísta, por cuyo medio, un monarca cristiano se enorgullecerá, mereciendo el título de rey de los obreros”.

En relación con el desarrollo y progreso material, estrechamente vinculado a la anterior cuestión, se manifiesta que “Los tributos abrumadores y el caciquismo tiránico hacen imposible la vida en los pueblos y determinan una doble corriente de emigración entre nuestros sufridos y vejados agricultores, quienes en demanda de pan y trabajo afluyen a las ciudades o abandonan la Patria como víctimas de una política cruel, atropellados por todo, para buscar en América o en África el sustento de sus desamparadas familias.- Preciso es atajar por completo y cortar de raíz esta emigración de la desgracia, reformando algunas leyes onerosas y rebajando las insoportables contribuciones que arruinan la agricultura, la industria y la ganadería. Necesario es también completar la restauración general con la de la tierra misma, repoblando sus montes, roturando sus yermos y haciendo que las aguas de los ríos no corran infecundas o exterminadoras. Renovados los Pósitos, han de fomentarse las Ligas y Cámaras agrarias, los Bancos y las Cajas agrícolas, y así, vencedores de su actual abatimiento, al amparo de municipios libres de caciques, regresarán a sus hogares los desterrados por el fisco, y con la mayor oferta de trabajo en las ciudades y la rebaja de las subsistencias que produzca el aumento de la producción agrícola, subirán doblemente los jornales y aumentará en proporción el bienestar de las clases labradoras. Podrá extenderse a toda España la beneficiosa institución del Vínculo Navarro, con el que, dentro de la competencia se logra abaratar el precio de las más necesarias mercancías y librar de inicua explotación a los pobres, y reglamentando el trabajo defendido por la Corporación y amparado por el Patronato, tornarán el agricultor y el obrero a ser redimidos por la Monarquía de la doble servidumbre moral y material en que la Revolución los tiene con el falso nombre de Libertad”.

“HISTORIA DEL CARLISMO”
Gabriel Alférez. Editorial Actas, colección ‘Luis Hernando de Larramendi’. Madrid 1995.

El Acta de Loredán, doctrina carlista (III)

Los procuradores de nuestras Cortes habrán de serlo con mandato imperativo, es decir, con poderes limitados y revocables a voluntad de sus electores y siempre sujetos a dar cuenta a éstos de sus actos. Serán, además, en absoluto incompatibles con cualquier cargo o retribución oficial o de las grandes empresas industriales; y aun después de terminada su diputación no podrán en algunos años aceptar empleos ni títulos honoríficos, ni condecoraciones ni mercedes de ninguna clase, ya que el olvido de este principio esencial es causa de la corrupción de los parlamentos modernos y lo fue en gran parte de la decadencia de las Cortes antiguas… Convocadas para asuntos previamente determinados resultarán elegidos procuradores idóneos y mediante estas precauciones se asegurará a las Cortes la independencia y el acierto con que siendo auxilio y limitación del poder central, cumplan sus funciones de fiscalizarlo, de votar los impuestos nuevos y de intervenir en la acción legislativa de forma que la fortuna del Estado se halle asegurada contra las dilapidaciones y la libertad contra la opresión, puesto que sin el consentimiento de las Cortes no podrán alterarse los tributos ni las leyes generales, quedando así la arbitrariedad esclava de la justicia”.

Respecto de la Justicia se dice que será totalmente independiente, estimándose indispensable que la Nación halle en los Tribunales toda clase de garantías contra las prevaricaciones.

En cuanto a la Hacienda, que cortados de raíz los abusos mediante la descentralización económica, de modo que cada entidad social administre sus intereses, se fijará la cuota anual que las regiones proporcionarán anualmente al Estado para atender los gastos generales, procurándose unificar y reducir la deuda pública sin que sea posible de momento mayor precisión por razones de concisión y prudencia. “Con todos estos procedimientos y grandes economías se reforzarán los recursos, se disminuirán los gastos, se moralizará la administración, y protegidas las industrias nacionales, amparadas la agricultura y la ganadería, disminuidos los impuestos y beneficiados los pobres, se salvará la Hacienda, será un tesoro el crédito y se hermanarán todos los intereses de la Patria bajo la paternal tutela de la Monarquía que, identificándose con el pueblo vivirá modestamente cuando éste sea pobre , sin agobiarlo con la pesadumbre excesiva de una lista civil incompatible con la penuria del erario”.


Palacio de Loredán
Por lo que se refiere a la enseñanza, se fomentará y protegerá, “pero sin absorber las facultades privativas de otras entidades ya que aquélla constituye una función social y no política, en que la Iglesia, la familia y otros elementos han de tener necesaria intervención, para que sea ante todo católica y cumpla bien sus distintos fines. Hay que reorganizar las escuelas primarias y los estudios secundarios, superiores y profesionales, hoy dislocados por leyes contradictorias, haciendo a la vez que recobren su antigua vida las Universidades, para que, saliendo de su estado actual de servidumbre y reanudando la tradición científica de España, se emancipe la inteligencia de nuestros alumnos de doctrinas exóticas y de filosofías extranjerizadas, tan contrarias a la fe de nuestro pueblo como al genio de nuestra raza”.

Se considera al Ejército y la Marina como el brazo armado de la Patria y custodio del derecho, que será también emblema de honor y garantía de prestigio nacional. Se conformará el Código de Justicia Militar con el espíritu de las antiguas Ordenanzas” y se organizará de forma moderna y eficaz.- Es el defensor de la Patria y sostenedor de su integridad e independencia.- Se procurará que, en lo posible, las industrias de la construcción y armamento militares tengan la menor dependencia del extranjero.

“HISTORIA DEL CARLISMO”
Gabriel Alférez. Editorial Actas, colección ‘Luis Hernando de Larramendi’. Madrid 1995.

El Acta de Loredán, doctrina carlista (II)


Por efecto de sus fueros y libertades, la región conserva y perfecciona su antigua legislación en lo que tenga de especial, modificándola directamente y con concurso del rey cuando el tiempo lo exija o las circunstancias lo aconsejen, pero siempre sin ajenas imposiciones”.

Enfrente del centralismo burocrático y despótico que del paganismo tomó la Revolución para esclavizar a los pueblos, se levantan como aurora de libertad nuestros antiguos fueros, organizando el regionalismo tradicionalque contenido por la unidad religiosa y monárquica y por el interés de la patria común, no podrá tender jamás a separatismos criminales.- Independientes del poder central deben vivir los municipios, administrando los jefes de familia los intereses concejiles, sin que el alcalde sea un mero agente del gobernador, para convertirlo como ahora en siervo del ministro, sin poder calcular los gastos o ingresos de su presupuesto, ni determinar sus propias necesidades, ni siquiera aprovechar los montes comunales cuya administración el Estado les usurpa. Y así como de las uniones y hermandades de los municipios se forman las provincias de igual modo, del conjunto histórico de varias de éstas se constituyen las regiones, que siendo entidades superiores confirmadas por la tradición y las leyes vienen a fundirse al calor de una misma fe, de una misma monarquía, de un común interés y de fraternales amores, en la sublimidad de la patria española

Pero si se proclama el respeto de los fueros y libertades regionales, se ha de afirmar con toda entereza y eficacia la unidad política nacional que, inspirada y sostenida por la uniformidad de creencias y por la identidad monárquica, se asegura y consolida por la unidad de las leyes de carácter general y en las funciones también generales del Estado, comprendiendo entre las primeras los Códigos Penal, de Procedimientos, de Comercio y aun la Ley Hipotecaria convenientemente reformada; entre las segundas, la Administración de Justicia, la dirección del Ejército y la Marina, la Hacienda propiamente nacional, las relaciones diplomáticas y comerciales con las demás potencias y las comunicaciones generales; y como alta función moderadora la de dirimir los conflictos entre las regiones cuando ellas no logren hacerlo así por mutuo acuerdo”.

Desde que la Reconquista se inicia, nace entre nosotros la idea de la representación nacional, pasando desde los admirables Concilios toledanos a las Asambleas modestas de Oviedo, de León y de Jaca, para llegar por último a las Cortes de Alfonso IX, de D. Jaime y San Fernando, ya completadas con la presencia interesante del Estado llano, que siempre la voz del pueblo, cuando leal, es el mejor consejero de los reyes”.

Las Cortes fueron y han de ser una verdadera y poderosa instituciónsostenida por las grandes fuerzas que arrancan del interés moral, delintelectual y del material, permanentes en toda sociedad; del histórico tan digno de consideración en la nobleza que no se improvisa y tiene vida secular como la nuestra, y finalmente de aquél que es escudo y brazo armado de la Patria. Elegidos libremente sus procuradores por cada clase, lo que supone el voto acumulado en los que pertenezcan a varias, se asegura la representación equitativa de todas las fuerzas para no caer bajo la tiranía del número inconsciente. Así estarán digna y acertadamente representados en los del clero los intereses religiosos y morales; en las Universidades, Academias y Centros docentes, los intelectuales; en los de la Agricultura, Industria, Comercio y Gremios de obreros los materiales; y en los del Ejército y Armada los que personifican la defensa del honor y derecho nacionales; sin olvidar tampoco el elemento que recuerda los honrosos servicios prestados a la Patria por la nobleza, como gremio del glorioso pueblo antiguo al lado de los gremios del laborioso pueblo moderno, que tendrá abiertos anchos y fáciles caminos para llegar por los de la virtud, el heroísmo, la inteligencia y el trabajo, a todos los honores, a todos los puestos y a todas las aristocracias

“HISTORIA DEL CARLISMO”
Gabriel Alférez. Editorial Actas, colección ‘Luis Hernando de Larramendi’. Madrid 1995.

El Acta de Loredán, doctrina carlista (I)

En enero de 1897 D. Carlos había reunido en su palacio de Loredán en Venecia, a los más notables elementos del carlismo presididos por su representante en España, el marqués de Cerralbo, celebrándose varias conferencias con el objeto de actualizar poniéndolo al día el programa del carlismo. Su resultado fue un documento conocido por Acta de Loredán que, aunque va firmado por Cerralbo, debe ser considerado como un documento real, tanto por la directa intervención del mismo en su elaboración, como por el hecho de que la mayor parte de las veces los documentos regios son redactados por otras personas aunque vayan firmados por el Rey.

En el mismo se recoge lo principal de la doctrina carlista, y es de notar la importancia concedida a la cuestión social, adelantándose incluso a la encíclica Rerum Novarum de León XIII que fue incorporada al Acta desde el mismo momento de su publicación.

En el Acta de Loredán se indica la esencia del carlismo condensada en su lema Dios, Patria (en cuya expresión deben comprenderse los Fueros) y Rey. Se trata además de la descentralización como un complemento de los Fueros, que alcanza a provincias y municipios así como a las regiones, de la Justicia, la Hacienda, la Enseñanza, el Ejército y la Marina.

He aquí algunos de sus párrafos:

Las tradiciones veneradas que constituyen la Patria porque son la expresión de la vida nacional organizada por los siglos, se resumen en estas tres grandiosas afirmaciones: La Unidad Católica, que es la tradición en el orden religioso y social; la Monarquía, tradición fundamental en el orden político, y la libertad fuerista y regional, que es la tradición democrática de nuestro pueblo.-Ésta es la constitución interna de España” (contraria a las constituciones derivadas de la Revolución).

La Monarquía, personificando la unidad nacional, se legitima por el derecho histórico, se consagra por la pureza de los principios y se sostiene por el amor y la ley. La Monarquía ha de ser tradicional para que con su permanencia se emancipe de todas las ambiciones que unas veces con el grito de las turbas, otras con los sables pretorianos y siempre con la tutela de gobiernos irresponsables por el supremo derecho de gracia con que los asisten sus forjadas mayorías, hacen que el rey constitucional se reduzca a un emblema costoso, a una ficción del poder sin actividades eficaces y siempre sometido a oligarquías inspiradas en el interés mezquino de las parcialidades políticas.- Si el rey es el primer magistrado de la nación, ha de ser también el primer guardador de su ley y el primer soldado de la Patria.- El rey que lo es de veras reina y gobierna; pero sin que su voluntad traspase las leyes, porque el despotismo ni es cristiano ni español, y los hombres nacen para ser libres en la justicia y jamás siervos de ninguna persona.- El rey ha de estar en contacto con el pueblo para desvelarse por su bien, y ha de ejercer su autoridad rigiendo el Estado con las facultades esenciales a la suprema soberanía política.-Pero como la ciencia y la experiencia realzan la autoridad y la auxilian, obedeciendo a esta necesidad apremiante y a una tradición no interrumpida, se afirma la existencia de un Consejo Real, dividido en tantas secciones como ministerios, que asesoren al monarca y compartan con jurisdicción retenida el ejercicio del poder, siendo sus hombres designados entre las clases preeminentes y los hombres más distinguidos de la nación, y asegurando debidamente sus condiciones de justa independencia para que no los remueva el capricho y, con menoscabo de la majestad, se conviertan en aduladores cortesanos los que deben ser incorruptibles consejeros”.

“HISTORIA DEL CARLISMO”
Gabriel Alférez. Editorial Actas, colección ‘Luis Hernando de Larramendi’. Madrid 1995.

jueves, 14 de julio de 2011

Lealtad sin fisuras



En 1946, Melchor Ferrer proclamaba: «Por si los carlistas jóvenes no me conocen, debo presentarme. Nunca fui integrista, ni fui minimista, ni fui mellista, ni fui de la Unión Patriótica, ni fui cruzadista, ni fui ni soy de FET. Ni alfonsino ni juanista. Carlista soy, carlista desde mí mocedad a las órdenes de Carlos VII el Grande; carlista en el servicio muy cerca del caballeroso Jaime III, carlista bajo el recto Alfonso Carlos, carlista en la disciplina del nobilísimo Príncipe Regente Don Javier de Borbón».

Hoy, 5 de Julio de 2011, Fiesta de San Antonio María Zaccaría , con la precisión que indicaremos en su momento, Núcleo de la Lealtad, vuelve a hacer suyas las palabras que dirigiera el pasado Domingo de Pascua de 2008 :

Proclamamos que nunca fuimos ni seremos de democracias o alianzas nacionales, mucho menos dealternativas o frentes españoles, ni de otras plataformas o movimientos... ni jugaremos a las ligas. No somos ni de derechas ni de izquierdas. Somos íntegramente tradicionalistas: contrarrevolucionarios militantes, católicos a machamartillo, españoles hasta la médula, defensores acérrimos de las libertades populares, monárquicos legitimistas.

Por eso, hoy como ayer, somos los tradicionalistas del siglo XXI frente a los liberales de la “alternativa social cristiana” que «afirman que, efectivamente, las leyes divinas deben regular la vida y la conducta de los particulares, pero no la vida y la conducta del Estado» (condenados ya en 1888 por [León XIII en] la Libertas praestantissimum , 14) y al resto de nuevos europeizadores demócrata cristianos, neoliberales, socialistas, comunistas, tecnócratas, socialdemócratas, y toda laya de cofrades.

El Carlismo  reivindica la gloria de encarnar en el siglo XXI las doctrinas y el estilo humano de los hombres de Las Españas de siempre, pues el Carlismo no es otra cosa que la continuidad pura y simple de nuestras Españas, la pusillus grex, el pequeño rebaño de la Hispanidad, al decir de la Escritura (Lc 12,32).

Los carlistas, ni dícense revolucionarios, ni juegan a llamarse socialistas, ni presumen de demócratas ni de liberales, aunque su sistema político entraña, en verdad, la única transformación social fructífera, la verdadera solución a los desórdenes sociales, el auténtico Gobierno del pueblo y la real garantía de las libertades de cada ciudadano. Los carlistas han llamado siempre y seguirán haciéndolo así a las cosas por su nombre. Y no niegan a Cristo ni a Las Españas, ni siquiera con disfraces de vocabulario demagógico, tan fácil como estéril. Se llaman a sí mismos lo que son: enemigos de las sucesivas fórmulas extranjeras que han sido el absolutismo, el liberalismo, el democratismo, el socialismo y fascismo. Con temple de Caballeros desprecian la demagogia y galantean a la sinceridad política, porque de Caballeros es ir proclamando a todos los vientos la verdad.

Como ayer, como siempre, como cuando hizo falta, por Dios, por la Hispanidad y el Rey Legítimo, somos carlistas a las órdenes del Infante de España S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón , Duque de Aranjuez, Príncipe de Parma y de Plasencia, Antiguo Caballero Legionario, Regente de la Comunión Tradicionalista , Abanderado de la Tradición

Añadimos hoy, por si hiciera falta, 5 de Julio de 2011, Fiesta de San Antonio María Zaccaría, la siguiente clarificación:

El único modo cabal, eficaz y eficiente, de estar a las órdenes del Señor y de la Causa de Dios y España, consiste en estar encuadrados en aquella Secretaría Política que precisamente dispusiera Su Augusta Persona, la formada por Sus Excelencias Don José Miguel Gambra, Don Luis Infante y Don José Antonio Gallego, –cuyas vidas guarde Dios muchos años–, acatando disciplinadamente sus órdenes, fieles al Espíritu de Disciplina del Credo Legionario: “Cumplirá su deber, ¡obedecerá hasta morir!”.

¡Viva el Rey y Viva Su Secretaría Política!

Fdo. El Director de NdL, NMB

CODA

«In manu Dei potestas terrae,
et utilem rectorem suscitabit in tempus super illam».

«La potestad de la tierra está en manos de Dios,
y Él a su tiempo suscitará quien la gobierne útilmente». Eclesiástico, X, 4.

Señora Inmaculada de las gentes de España *

Señora Inmaculada de las gentes de España.
De victoria en Lepanto, de dolor en Rocroi,
rezada a flor de Espadas desde el mar de Corinto
a la ribera virgen del río Paraná.
¡Señora Inmaculada de los indios ingenuos
y del Hidalgo altivo y de la Inquisición!
Como ayer, como siempre, como cuando hizo falta,
España, de rodillas, te ofrece el corazón.

¡Señora Inmaculada del Pilar Jacobeo!
Consuelo de amarguras en empresas de amar.
El fruto que sembraste para la Fe de Cristo
salido de tus manos, ¿no había de granar?
¡Señora Inmaculada del Apóstol del Trueno,
de la hazaña difícil y la tribulación!
Viniste a Zaragoza para salvar a España,
y España, desde entonces, parece una oración.

¡Señora Inmaculada de los Picos de Europa!
¡Cuántos te parecían pues cuanta era su Fe!
Y vino de los cielos tu auxilio y la victoria
del Dios de las Batallas, del Santo, de Yahvé.
¡Señora Inmaculada de esperanzas de Patria!
Se eleva una plegaria de Asturias a Aragón.
Sus ecos en las rocas, los bosques y los muertos
hablaron en romance y hablaron en canción.

¡Señora Inmaculada de la Santa María,
de los vientos propicios y de la tempestad!
Temblando amor de Madre llegaste al nuevo mundo
y el indio fue el hermano y Cristo la Verdad.
¡Señora Inmaculada del santo Misionero,
de los Conquistadores y del Emperador!
Resuena aun el Caribe las voces de Triana
y rezan todavía los indios al Señor.

¡Señora Inmaculada del indio mexicano!
América es España, y España es para ti.
El inca y el azteca cayeron de rodillas
y fue el Ave María caricia en guaraní.
¡Señora Inmaculada de la Rosa de Lima,
de García Moreno, de la persecución!
Son hijos de españoles, amándote nacieron:
no saben de mentira, ni saben de traición.

¡Señora Inmaculada del Valle de los Muertos,
del niño asesinado y el viejo Requeté!
Ganaron la victoria, la sangre y el martirio
de la España de Cristo por la España sin Fe.
¡Señora Inmaculada del muerto por la vida!
En tus brazos de Madre morir es salvación.
Y la semilla santa rebrota en Patria nueva
con ecos del Prudente y voz de Calderón.

¡Señora Inmaculada de la historia de España!
Tú misma nos la hiciste y huele a santidad.
Derrotas son honores, que las guerras de Cristo,
se ganan en el cielo y allí está la Verdad.
¡Señora Inmaculada! Somos aquellos mismos
que siglos defendieron tu pura Concepción.
Como ayer, como siempre, como cuando hizo falta,
España de rodillas, te ofrece el corazón.

Francisco José Fernández de la Cigoña.
* Nuestro gran amigo don Francisco José Fernández de la Cigoña , en sus años universitarios, escribió con amor y con conciencia estos buenos versos.


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