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martes, 23 de abril de 2013

Español, lee y difunde

Un hombre en pie: pensamiento de un carlista de Leiza
(Del blog de “El Brigante”)

El pasado Martes Santo, 26 de marzo de 2013, el ayuntamiento de Leiza acordó por mayoría absoluta (9 concejales –de la izquierda abertzale– sobre 11) retirar el nombramiento de hijo predilecto de Leiza a don Antonio Lizarza, carlista e hijo de la villa. Otro hijo de Leiza, el concejal Silvestre Zubitur, intervino valientemente en el pleno del consistorio en protesta contra esa cobarde decisión:


“Las revanchas son una forma triste de ajustar cuentas con el pasado. Es posible que retirar un reconocimiento honorífico a una persona que pensó de un modo distinto a los que hoy tienen el poder produzca satisfacción en los que mandan, pero eso no es nada en comparación con la decepción y dolorosa sensación de que las ideas callan cuando la fuerza se impone. Y si con actos así las ideas callan, las preguntas resuenan.

Por ejemplo,

¿Cómo pudo ser que un pueblo como Leiza, tan vasco y tan trabajador y popular, fuera durante la mayor parte de la época contemporánea un bastión del carlismo?

¿Cómo pudo ser que, hasta la aparición del nacionalismo, la inmensa mayoría de los leizarras, sencillos trabajadores y pequeños propietarios, fueran carlistas de corazón dispuestos al sacrificio por defender sus convicciones?

¿No habrá tenido nada que ver el carlismo en la preservación de la cultura vasca de Leiza?

¿Aquél viejo carlismo no sería una fuerza de defensa de las libertades populares frente al centralismo liberal invasor?

¿No habrá tenido el carlismo parte en la formación de una conciencia celosa, por los derechos de la gente, y una intolerante, frente a los abusos?

Pero no se detienen ahí las preguntas que durante demasiado tiempo se han querido prohibir a los hijos de Leiza y de muchos pueblos vascos:

¿Cómo podía ser que los carlistas leizarras amaran Euskal-herria como su patria y al mismo tiempo se emocionaran con el ideal de las Españas, sin encontrar contradicción en ello?

Quizás no hay contradicción ninguna entre Euskal-herria y las Españas.

Pero hay más,

¿No enseñaban los viejos carlistas a venerar las libertades populares que llamaban fuero y a defenderlas con la misma vida?

¿No tendremos que preguntarnos qué relación tendrá aquel viejo fuero con el deseo de verdaderas libertades para Euskal-herria?

También aquí se da una contradicción, de que los que hoy hablan de fuero han logrado la abolición de su esencia y quienes buscan otro “marco institucional” para los vascos, ignoran la hermosa raíz que el fuero tiene en esta tierra de Leiza.

Por último y más importante:

¿Cómo podía ser que aquellos vascos carlistas amaran a Dios sobre todas las cosas y se enorgullecieran de llevar una vida humilde y cristiana, desde la mañana hasta la noche, desde la infancia hasta la muerte?

¿Quizá no habrá ninguna incompatibilidad entre ser vasco y la religión?

O más aún, ¿es que no fue el amor a Dios lo principal que custodiaban aquellos vascos, españoles, carlistas y leizarras?

Dejadme decir que la verdad se defiende sola. Podremos ocultarla, podremos privar a las generaciones actuales de su derecho a conocerla, pero no podremos cambiarla. El carlismo en esta tierra no fue nunca planta trasplantada que necesitara aclimatarse: fue sencillamente el decantarse de una historia milenaria que aunaba amor a Dios, al prójimo, a la justicia y a la propia identidad vasca. Por eso mismo fue siempre integrador: Dios y patria, fueros y rey. Integrar, solidarizarse, vivir en permanente auzolan, sin otra exclusión que la mentira, que el odio y que el rencor.

Me podréis decir que deliro, que dibujo un panorama idílico e inexistente. No es verdad. La razón de ello es que no hablo de ninguna ideología (y podría extenderme en las mentiras que se han vertido sobre el carlismo, vinculándolo con enemigos históricos, como el fascismo), sino de un pueblo que tan sólo quiere construir su propia vida y defender las tradiciones que le han dado su identidad. Por supuesto, que entre los carlistas hubo de todo, pero no porque eran carlistas. En tanto que carlistas eran hijos del pueblo y de Dios y sus errores personales no ensombrecen ese glorioso empeño común.

Dejadme deciros una última cosa: vosotros queréis construir una patria con una ideologíaLos carlistas nunca tuvimos una ideología, sino una patria que conservar, que merecer, que transmitir. Por eso, vosotros podéis haber visto en los carlistas de ayer y de hoy enemigos que no tienen cabida en vuestra patria soñada. Esa ventaja tenéis sobre nosotros: nosotros, sin embargo, os necesitamos, aunque vosotros creéis que no nos necesitéis, porque para reconstruir la patria, el pueblo, la vida en común no podríamos prescindir de nadie, porque todos estamos llamados a ayudarnos a vivir una vida más digna y más humana. Ésa es nuestra debilidad, pero ésa también es nuestra gloria.

Mi defensa de un hijo del pueblo no es una defensa personal ni partidista, es una llamada de atención, un recordatorio a unas cuantas preguntas que todavía se acallan.”


[Esta intervención fue acompañada de la lectura del siguiente “escrito en contra de la iniciativa del ayuntamiento de Leiza para la retirada del nombramiento de hijo adoptivo de Leiza de D. Antonio Lizarza”].


En primer lugar diré que por la diferencia de edad no he conocido a D. Antonio aunque si conocí a su hermano D. Nazario, que vivía en Leiza, cuando nosotros éramos pequeños, y también a todos sus sobrinos, hijos de su hermano D. Rufino y los hijos de este y los nietos, pues son de mi edad y por último los biznietos que son de la edad de mis hijos. Lo que si, he tenido la oportunidad de conocer a dos de los hijos de D. Antonio, D. Javier y D. José Antonio con los cuales he mantenido y mantengo una gran amistad por su personalidad y fidelidad en todo momento y como representante de este ayuntamiento por el honor y la dignidad de todos ellos y con todo merecimiento quiero hacer esta defensa.

En segundo lugar diré que siempre me ha gustado escuchar a las personas mayores en sus tertulias y entre ellos hablaban muchísimo de D. Antonio y de lo que les ocurrió aquí y allá, pero tengo que reconocer que entre aquellas vivencias y a menudo estremecedoras, nunca escuche una conversación con el mínimo rencor hacia las personas que habían sido sus adversarios, al contrario la mayoría de aquellos hombres y mujeres supieron rehacer sus vidas pasando todos, toda clase de penurias, se respetaron y convivieron en adelante, dejando ejemplo para la posteridad.

A D. Antonio Lizarza el pueblo de leiza le nombró hijo adoptivo, y ahora el pueblo de Leiza le va a retirar. ¡Pobre Leiza como te han cambiado! Pero yo os diré que a D. Antonio Lizarza, jefe carlista en Navarra, que no era hijo adoptivo de Leiza, sino que natural de Leiza y a mucha honra para él y para muchos Leizarras, eso sí que no le vais a quitar porque cambiareis la historia pero nunca, nunca, nunca la realidad.

Y por todo ello también diré que esta iniciativa que habéis presentado no hace más que demostrarme que yo en algo estaba equivocado, pensaba que aquellas tertulias de nuestros mayores, aplacaban a toda persona que no quería que sus hijos pasaran por lo que ellos tuvieron que pasar, pero veo el rencor y el odio de otras personas siguen buscando el enfrentamiento.”

Silvestre Mª Zubitur




Dios, Patria, Fueros y Rey legítimo de las Españas

Estos diseños son para que los uséis a vuestro mejor criterio, la única condición que os pongo es: Que sirvan  única y exclusivamente para fomentar nuestro cuatrilema de Dios, Patria, Fueros y Rey legítimo de las Españas.



























domingo, 14 de abril de 2013

DISCURSO DE ACEPTACIÓN DE LA CORONA DE LAS ESPAÑAS, POR SMC DON JAVIER I DE BORBÓN



Mis leales consejeros:
He visto con gran atención los distintos informes que se han concretado en la ponencia que me acabáis de leer y he oído con verdadera emoción.
Comprendo perfectamente vuestras ansias. Son ya dieciséis años casi, desde que me nombró Regente nuestro llorado Rey Don Alfonso Carlos (q.s.g.h.) y desde que juré ante su cadáver cumplir esta tan gloriosa y difícil misión de mantener enhiesta la Bandera Carlista, nobilísima.
Entonces, en 1936, teníamos derecho a esperar que la victoria nuestra contra la revolución roja diera paso a la Regencia legítima. Los acontecimientos han sido contrarios. Vosotros, mi querido Jefe Delegado puesto por el Rey hace dieciocho años, y vosotros los miembros de la Junta, los Jefes regionales y provinciales, los Consejeros nacionales y todos los que formáis nuestros cuadros sabéis bien de los heroicos sacrificios con que me habéis asistido en este largo y duro período del interregno.
Os profeso el mayor agradecimiento y guardo en mi alma la admiración a vuestra acrisolada lealtad.
Hoy, aquí reunidos en la capital del principado, en este magnífico Congreso Eucarístico, unidos en Comunión con Nuestro Señor Sacramentado, quiero hablaros con todo el sentido de mi responsabilidad.
La autoridad soberana requiere para su ejercicio, cuanto más para su instauración, la concurrencia de la sociedad y la colaboración de sus hombres representativos.
Huérfanos los pueblos de legítima autoridad, acaban por ignorar su propio bien, cuando no lo rechazan a la manera de aquel que pedía cayera sobre sus cabezas la sangre del Justo.
La Comunión Tradicionalista, la genuina representación ideal de España, por lo mismo que cifra la salvación de nuestra sociedad en la restauración de la dinastía titular de la Monarquía legítima, tiene el claro concepto de lo que significa la proclamación del Rey; Rey de derecho. Rey de derecho no es la frívola significación de lo que el vulgo llama Pretendiente. Rey de derecho es una bandera de justicia, un programa de reivindicación, un paladín de causa noble, una promesa de salvación. Pero además es un ejemplo y una vida de hondos sacrificios, totales renunciadores, línea y camino, de padres a hijos, de servicios y trabajos.
Mientras, la victoria inicia rutas de superación de todas esas abnegaciones.
Hasta entonces Yo no paso de ser, pues que así lo pedís y así lo impone mi deber jurado, más que Rey de los Carlistas, Rey de la representación ideal de España, Rey de la Monarquía ideal.
Fijaos bien que al aceptar la Realeza de Derecho de España no hago sino radicar en Mí la suma copiosa de deberes sagrados que a mis mayores unió a esta noble nación.
Las revoluciones han borrado de las conciencias el concepto de la realeza legítima y de las obligaciones del pueblo. Sin oportunas circunstancias y preparación adecuada, una proclamación de derechos al trono puede ser inoperante cuando no contraproducente. Esa es vuestra labor. Como tarea Mía, ultimar trámites que estimo necesarios. Quedan de este modo diferenciados estos dos momentos: Mi resolución a vuestro ruego de asumir el Derecho Real vacante y el de su promulgación oficial y juramento con mi hijo, llamado a heredarme, y que ahora está impedido de concernir.
Para el mismo escribo una carta de la que haga depósito en manos de Mi Jefe Delegado, que es ya el documento auténtico de Mi acuerdo; suficiente, él sólo, para asegurar la sucesión legítima de nuestra Monarquía si durante estos trámites, no obstante que sean breves, Dios Nuestro Señor quisiera cortar mi vida que a Él, en su Divina Realeza, ofrezco en holocausto por esta Su Causa.
Con el corazón repleto de emociones que vuestra lealtad me causa, como Rey vuestro y en camino, tan penoso como sea menester, para serlo de todos los españoles, os invito a laborar sin desaliento hasta la victoria y la salvación.
Barcelona, 31 de mayo de 1952

Francisco Javier de Borbón




DISCURSO DE ACEPTACIÓN DE LA CORONA DE LAS ESPAÑAS, POR SMC DON JAVIER I DE BORBÓ.

TOMADO DEL PORTAL "AVANT" DE NUESTROS VALIENTES CARLISTAS VALENCIANOS.

sábado, 2 de febrero de 2013

La Hispanidad, en Lágrimas en la Lluvia

Ventana externa

Interesante programa de Lágrimas en la Lluvia analizando el concepto de la HISPANIDAD.
Con presencia del profesor Miguel Ayuso Torres Presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, frente cultural de la Comunión Tradicionalista.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Fe hispana (I)



Todo poder personal suele adornar sus Instituciones con gotitas de discrepancia. La objeción es una droga espabilante que agradecen en pequeñas dosis los políticos y toleran, en grandes dosis, los filósofos. [...] La Dictadura [de Primo de Rivera] había nombrado consejero de Estado, a Largo Caballero, socialista casi leninista: que se oponía radicalmente a todos los actos de la Dictadura, menos -claro está- a su nombramiento. Por su parte los radicales de Lerroux albergaban en el seno del partido a un cura gallego, cojo y tempestuoso, que se llamaba Basilio Álvarez.

Éste conservaba bajo su aparcamiento político de republicano radical un último fondo inexpugnable de fe celtibérica. [...] Don Basilio no había sido privado de sus licencias eclesiásticas: y decía Misa todas las mañanas, a menudo después de una noche tormentosa y florecida por los siete pecados capitales. Le pinchaba Guerra del Río:

-¿Cómo nos vas a hacer creer, Basilio, que cuando tú dices unas palabras misteriosas en el altar, Dios te obedece y baja al Pan y al Vino?

Don Basilio dio un puñetazo en el velador, haciendo temblar tazas y cucharillas, y contestó con violenta seguridad:

-¡Pues se fastidia, y baja!

Confesión brutal e hispánica pero con tanta fe dentro de ella como en los sonetos del Lope pecador, sacrílego y arrepentido."


-José Mª Pemán, Mis almuerzos con gente importante. Barcelona, 1970  

martes, 20 de noviembre de 2012

Geopolítica y orientaciones tradicionalistas

Halford McKinder (1861-1947)

LOS ESBOZOS DE LA GEOPOLÍTICA ESPAÑOLA EN VÁZQUEZ DE MELLA 

La geopolítica tradicionalista hispánica se hizo frente a la geopolítica británica. Los intereses geopolíticos enfrentaron a Inglaterra y a España muy tempranamente. Inglaterra era, en aquel entonces, un país en una isla con muchos países y nosotros, restaurado el Reino Godo de Toledo, nos lanzábamos a la construcción de un Imperio, inspirado en un mandato divino y apostólico: ese era nuestro destino, junto a nuestro país hermano Portugal. Nunca faltó buena voluntad  para con Inglaterra (para poder decir esto hay que saber algo más que la "leyenda negra" que se impuso contra el Rey Prudente, nuestro grande y bienamado Felipe II). Pero todas nuestras pretensiones demostraron que, a la postre, los españoles éramos unos ingenuos al lado del maquiavelismo inglés: de ahí aquello de la "pérfida Albión" (no sin razón). Los ideólogos de la gran política inglesa de la entonces pequeña y aislada Inglaterra se habían aferrado a una consigna que pudiera cifrarse en esta frase: Inglaterra crecerá en proporción a la mengua de España. Quien ha leído a John Dee sabe que es así -quien no lo haya leído, mejor que no cuestione lo que estoy escribiendo.

Sabido es que, durante el siglo XIX y el XX, España no tiene políticos... Lo que tiene es un hatajo de charlatanes con la cabeza llena de mierda masónica, repitiendo como cacatúas lo que sus amos invisibles les dictan: a la izquierda es Francia y a la derecha es Inglaterra. En todo el panorama político y cultural no podemos reconocer nada más que a dos geopolíticos españoles: Ángel Ganivet y Juan Vázquez de Mella. Y de los dos, es el Verbo de la Tradición, el gran Vázquez de Mella, el más clarividente en todos los sentidos.



¿Cuáles eran las ideas geopolíticas de D. Juan Vázquez de Mella?

Dada la naturaleza de su producción literaria, tan dispersa en discursos para el Congreso de los Diputados y para tantas otras instituciones a las que era invitado el gran pensador español, se hace muy dificultoso poder indicar una obra en concreto, donde Vázquez de Mella expusiera sistemáticamente su pensamiento geopolítico. Sin embargo encontramos orientaciones geopolíticas muy elocuentes.

Lo primero que ha de hacer el geopolítico patriota es saber situarse geográficamente, por supuesto. Y extraer de la conciencia de su posición espacial -que es la que es y no otra- las conclusiones oportunas. Vázquez de Mella tenía claro que la ubicación geográfica de España era privilegiada:

"Formamos una Península, amurallada por los Pirineos y circundada por el mar, y nos encontramos enfrente de dos Continentes: por un lado somos punto de arranque de avance hacia América; por otro lado miramos hacia el Continente africano y constituímos la llave del Estrecho."   

Los tres objetivos de la política internacional española fueron declarados nítidamente por el gran político asturiano:

-El dominio del Estrecho.

-La federación con Portugal.

-La confederación con los estados americanos.

"La autonomía geográfica de España exige el dominio del Estrecho, la federación con Portugal y, como punto avanzado de Europa, y por haber civilizado y engrandecido y sublimado en América, esa red espiritual tendida entre aquel Continente nuevo y el viejo Continente europeo".

Inglaterra es culpable, según Vázquez de Mella:

-Usurpó Gibraltar, privándonos de la llave del Mediterráneo.

-Suscitó, incitó a Portugal a separarse de España, animando y municionando, empujando y sosteniendo a la facción anti-española.

-Sembró el separatismo de la España de Ultramar (a través de sus telarañas masónicas) y apoyó esos movimientos emancipatorios.

Su acción ha sido nefasta para España. Y es que, como nos recuerda Vázquez de Mella: "la Geografía [...] manda en la Historia" y es la geopolítica la que "impone a Inglaterra una política opuesta, y que ha seguido por cierto tenaz y fielmente".

"...he dicho que Inglaterra obedece en toda su política con nosotros a una especie de "sorites" geográfico".

Y con claridad meridiana:

"Inglaterra ha negado, ha mutilado, ha sometido, ha sojuzgado a mi Patria, ha deshecho su Historia y ha roto sus ideales".

Hasta qué punto estas claves geopolíticas puedan estar obsoletas es una cuestión que habría que estudiar con mayor detalle. Las cuestiones actuales parecen acuciar en otras direcciones. El Imperio británico, tal y como predijo Hitler, sucumbió tras la II Guerra Mundial (Hitler, ese maldito admirador del Imperio británico que, a la vez, denostaba -por la sinrazón racista- de la católica política colonialista hispano-portuguesa: ¿es que no han leído ustedes ese mamotreto panfletario llamado "Mein Kampf"?).


Pero: ¿cuáles son, a día de hoy, las coordenadas geopolíticas más urgentes para España?

El emplazamiento espacial en el mapamundi no ha cambiado: malo sería; pero sí ha cambiado el signo político de lo interior y de lo que nos circunda. Y en función de esos cambios deberemos trazar una geopolítica patriótica que será la guía indispensable para un movimiento político del porvenir... Si es que antes no nos han exterminado con mayor o menor ruido.

En el deplorable escenario de esa politiquilla a la que se le llama "española" sin serlo (repleto de ineptos de derecha y de izquierda, tontos de solemnidad y cipayos del Nuevo Orden Mundial): ¿puede haber algún ideal geopolítico para España? Estamos absolutamente convencidos de que lo hay. Y aunque sea dificilísimo de alcanzar, dado el envilecimiento de nuestra población y las indigentes condiciones en las que se encuentra nuestra nación... Aunque sea una carrera contra reloj, hemos de aceptar el desafío de construir una geopolítica hispánica, muy distinta a la que siguen estos peleles del PP o del PSOE que no representan en modo alguno los verdaderos intereses del auténtico y genuino espíritu católico y patriótico de España, pues su ilegitimidad (por más votos que tengan en las urnas) se infiere de su clamorosa y patente traición.

No han creído en España y se han arrojado en brazos de la satanocracia mundialista.


sábado, 13 de octubre de 2012

Día de la Hispanidad y una anécdota del carlismo argentino


A fines de 1903, El Legitimista Español, periódico carlista argentino animado por Francisco de Paula Oller, lanzó la idea de que en alguna buena plaza o parque de la Ciudad de Buenos Aires se levantase un monumento escultórico dedicado a Isabel la Católica, la gran Reina española que fue autora moral del descubrimiento y evangelización de América.

Desde entonces, la Redacción del diario no tuvo reposo hasta lograr que otros periódicos adoptasen la idea. Un año después, quedó conformada una Comisión Pro Monumento a Isabel la Católica que contó entre sus filas a prominentes diputados, senadores y diplomáticos. Finalmente, el Sr. Oller logró una entrevista con el presidente Manuel Quintana quien accedió a ocuparse del asunto.

Fue así que, durante el período legislativo 1905, tras los trámites parlamentarios y legales de rigor, el Congreso de la Nación sancionó con fuerza de ley la autorización para "la erección en la capital de la República, de un monumento conmemorativo del descubrimiento de América y sus promotores".

La noticia fue festejada por los carlistas y patriotas, argentinos y españoles, a ambos lados del Atlántico. Se proclamaba así el afecto del Nuevo Mundo a la Reina Católica que, con sus alientos y protección a Cristóbal Colón, logró el descubrimiento, la evangelización y la conquista del mismo para la Civilización Cristiana.

Don Francisco de Paula Oller recibió merecidos elogios de la prensa carlista y tradicionalista de toda América y la Península Ibérica por este logro de la causa.

Se hicieron varios bosquejos y proyectos, sin llegarse a acuerdo, y lamentablemente los planes fueron atrasándose. Tampoco la situación económica, generada por la crisis sobrevenida en aquel tiempo, ayudó.

En el medio se levantaron otros monumentos, como el de Colón (detrás de la casa de gobierno) y el de los Españoles Residentes en el País por el Centenario del 25 de Mayo 1810 (en el cruce de las avenidas del Libertador y Sarmiento). El primero parecía haber cumplido con la celebración del descubrimiento pero, como indicaron los medios tradicionalistas, el proyecto de El Legitimista Español era celebrar a la gran Reina de Castilla, sin cuyos auxilios la empresa colombina hubiese sido imposible. El segundo, por otro lado, agotó las arcas de la colectividad española en la Argentina.

Finalmente, el escultor Arturo Dresco, encargado del trabajo en 1910, concluyó su obra, que fue inaugurada el 12 de octubre de 1936 y se la conoce como Monumento a España sobre la Costanera Sur, en ese entonces lugar en pleno auge, donde los porteños pasaban sus fines de semana y bañaban en las aguas del Río de la Plata aún no contaminado. Para quien desee visitarlo, el grupo escultórico se encuentra en la Avenida España 2400, sobre la plazoleta Ciudad de Salamanca.

Quizá el monumento no sea exactamente lo que sus promotores carlistas más de treinta años antes pensaban, pero igualmente es de una belleza sublime. Dresco buscó con su obra "compendiar un pedazo de historia hispanoamericana que podría ser la del descubrimiento, la conquista, la colonización o el virreinato".

Se trata de una gran base de granito colorado, con la frase "Fecunda, Civilizadora, Eterna", grabada en el centro. Sobre este basamento se apoyan veintinueve personajes históricos. En el centro abajo está Cristóbal Colón arrodillado frente a la reina Isabel la Católica en un gesto magnífico bendiciendo el proyecto.


En lo más alto del grupo encontramos dos esculturas que representan a una joven de pie, la Argentina, y a una mujer madura sentada, su madre, España. En el lateral que mira al NE está el explorador Juan Díaz de Solís, descubridor del Río de la Plata y fundador del primer asentamiento en estas cosas, el fuerte de Sancti Spiritus. En el lateral que mira al SO está el gran Fernando de Magallanes, quien exploró en su viaje de circunvalación las costas de la actual Provincia de Buenos Aires y de la Patagonia.

En la cara que mira hacia el NO, tenemos sobre el ala NE al explorador Alvar Núñez Cabeza de Vaca,  al caudillo Domingo Martínez de Irala, al fundador Jerónimo Luis Cabrera, al explorador Sebastián Elcano y, sentado, al cronista Martín del Barco Centenera. En esa misma cara, pero sobre el ala SO, se encuentran el explorador Sebastián Gaboto, el Padre Bartolomé de Las Casas consolando a una aborigen que se arrodilla a sus pies, a los fundadores Juan de Garay y Pedro de Mendoza.


En la cara que da al SE: tenemos sobre un ala a los virreyes Juan José de Vértiz y Pedro de Cevallos,  a San Francisco Solano junto a un niño indígena y al caudillo gobernador Hernandarias de Saavedra. Sobre la otra ala, el Padre Fernández junto a un niño indio, el explorador Félix de Azara, los virreyes Joaquín del Pino, Pedro Cerviño y Baltasar Hidalgo de Cisneros.


Además, el monumento constaba de una placa de bronce de la Asociación Patriótica Española, fundada durante la Guerra de Cuba y en donde revistaban unos cuantos carlistas, que tenía grabada los nombres de los marinos que acompañaron a Cristóbal Colón en el descubrimiento del Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492, día de la Virgen del Pilar.

¡Feliz día de la Hispanidad!

sábado, 4 de agosto de 2012

Sólo el Rey legítimo nos puede salvar de la crisis creada por el capitalismo liberal



“Hay en la actualidad, mi querido Alfonso, en nuestra España una cuestión temerosísima: la cuestión de Hacienda. Espanta considerar el déficit de la española; no bastan a cubrirlo las fuerzas productoras del país; la bancarrota es inminente… Yo no sé, hermano mío, si puede salvarse España de esa catástrofe; pero, si es posible, sólo su Rey legítimo la puede salvar. Una inquebrantable voluntad obra maravillas. Si el país está pobre, vivan pobremente hasta los ministros, hasta el mismo Rey, que debe acordarse de don Enrique el Doliente. 

Si el Rey es el primero en dar el gran ejemplo, todo será llano; suprimir Ministerios, y reducir Provincias, y disminuir empleos, y moralizar la Administración, al propio tiempo que se fomente la agricultura, proteja la industria y aliente al comercio. Salvar la Hacienda y el crédito de España es empresa titánica, a que todos deben contribuir, Gobiernos y Pueblos. 

Menester es que, mientras se hagan milagros de economía, seamos todos muy españoles, estimando en mucho las cosas del país, apeteciendo sólo las útiles del extranjero… En una Nación hoy poderosísima, languideció en tiempos pasados la industria, su principal fuente de riqueza, y estaba la Hacienda mal parada y el Reino pobre. Del Alcázar Real salió y derramóse por los pueblos una moda: la de vestir sólo las telas del país. Con esto la industria, reanimada, dio origen dichoso a la salvación de la Hacienda y a la prosperidad del Reino”.

Carta que en 1869 S.M. Carlos VII de España envió a su hermano Alfonso futuro S.M. Alfonso Carlos I

lunes, 30 de julio de 2012

Cómo me hice Requeté


Decidme, jóvenes amables,
¿quiénes sois? ¿por qué lleváis
boina roja en la cabeza
y la mochila detrás?
Un joven muy decidido
me contestó al momento:
somos requetés jaimistas,
defensores del Derecho.
Explica, le dije a uno
que mas listo parecía,
por qué sois del Requeté;
quiero saberlo enseguida.
Haz que vengan tus amigos
y explicaré con calma
la verdadera doctrina
que encierra nuestro Programa.
Somos, pues, del Requeté, 
amamos la Religión,
por Rey de España queremos
a Don Jaime de Borbón.
Yo le interrumpí diciendo:
¿y dónde está vuestro Rey?
Haced que venga a España
y haga cumplir la ley.
Me contestó a la pregunta
y me dijo algo apenado:
los Gobiernos liberales
tienen al Rey desterrado.
En Frosdorf llorando está
por su Patria querida
viendo que infames Gobiernos
la tienen casi perdida.
Pero ya llegará el día,
que creo muy cerca está,
que juntos combatiremos
para España libertar.
Pues es noble defensor
de la amada Religión
y por eso amamos tanto
al Rey de la Tradición.
No hables mas, díjele,
que ya me voy convenciendo
de las doctrinas tan sanas
que encierra vuestro credo.
Comprendo que lo mas bueno
está en vuestra Comunión 
y que sois la salvaguardia
de la Santa Religión.
Requeté yo quiero ser
y a vuestro lado estaré;
cuando la Patria peligre
con vosotros lucharé.
Y el juramento que hice
con firmeza cumpliré.
Por Dios, la Patria y el Rey 
sangre y vida yo daré.

José Doménech (1917)

16 de julio


De la España de Recaredo, por las Navas de Tolosa, a las legiones de los Carlos...luchad sin descanso en todas partes en favor de la Iglesia y de la Tradición, para devolver a ambas su pristina grandeza y envidiable esplendor.
Estos versos, dedicados al Requeté, se inspiraron en aquel hecho heróico y decisivo ocurrido setecientos años y pico antes, en las Navas de Tolosa.

¡Viva España! Sono al viento
en las tierras de Castilla
trocando pueblos y villas
en viviente campamento.
¡Viva España! recogieron
todas las demás regiones
y al tremolar sus pendones
con este lema se unieron.


¡Viva España! repitieron
Guerreros y paisanos
y uniendo todos sus manos
a salvar a España fueron;
estos gritos eco hicieron
en los valles y montañas
y una mas en sus hazañas
estos bravos escribieron.


¡Viva España! flote al viento
nuestra enseña sacrosanta,
triunfó la cruzada santa
que inspiró inmortal aliento, 
en la lucha sucumbieron
hijos preclaros de España,
Madre, tu dolor empaña
como mártires murieron.

martes, 5 de junio de 2012

La Nación y el Estado


Ahora se comprenden fácilmente las diferencias entre Nación y Estado, y se pueden señalar las más visibles. El Estado se caracteriza siempre por una Soberanía política independiente; donde no existe esa independencia no existe verdadero Estado; pero, aun sojuzgada por un poder extraño, puede existir la Nación.

Un Estado puede improvisarse por una revolución, que emancipa una colonia o desgaja una provincia. Una Nación no se improvisa nunca, es siempre obra  de los siglos. Y es que a un Estado le basta la colaboración de las armas y de la fortuna para constituirse, y una Nación necesita la del tiempo para nacer.

Las manifestaciones de la vida de la Nación, la manera especial de ver y expresar la Religión, la ciencia, la literatura y el arte, no dependen de la actividad del Estado, se producen aparte, y muchas veces le son contrarias y accionan sobre él, o son oprimidas por su fuerza.

Por eso una Nación subsiste dividida en varios Estados, y teniendo uno solo que pierde la independencia sojuzgado por otro, subsiste. Por eso pasa de la pluralidad de Estados a la unidad política impuesta por la fuerza o formada por pactos, o por la fuerza y los pactos juntamente, y de un Estado federativo a un Estado centralizador, o al contrario, sin que, en esas mudanzas de soberanía, en esos cambios y trasmutaciones de Estados, deje de persistir el todo moral y la unidad histórica que la forma. Y es esa la causa de que una muchedumbre de náufragos  de diferente creencias, razas, clases y lenguas, arrojados por la tempestad en una isla desierta, pueden, por exigencias de orden y de defensa contra la agresión de los habitantes de las islas cercanas, constituir un poder común, un Estado, pero no formarán una Nación, hasta que una poderosa unidad moral, sobreponiéndose a todas las diferencias y deslizada en la corriente de los siglos, atraviese varias generaciones, y las ate con una tradición común, y las marque con su sello.

Siendo la Nación y el Estado cosas tan diferentes, es fácil deducir cuál es la relación fundamental: El Estado depende de la Nación, no la Nación del Estado.

Los que invocan todavía la soberanía nacional como un residuo de la teoría russoniana de la soberanía colectiva (que no ha cambiado el liberalismo orgánico a pesar de alterar los nombres), no han sabido nunca ni lo que es la soberanía, ni lo que es la Nación. La soberanía nacional considerando a la Nación expresada en un cuerpo electoral que la posee por modo inmanente, aunque lo haga transitiva por representación, es imposible, porque jamás la multitud tendrá capacidad para ejercerla, ni para vigilar ni dirigir a los que la ejercen, que siempre serán los menos. La soberanía es, no la nacional de la muchedumbre de un día que se congrega en las urnas, cuando no la congregan...soberanía efímera, mudable, contradictoria, sino la soberanía permanente de la Nación sobre el Estado, del espíritu nacional sobre las leyes, expresado en la tradición que, como yo he dicho alguna vez, no es el sufragio de una hora, porque es el sufragio universal de los siglos, contra el cual no puede prevalecer el voto inconsciente de una multitud, ni siquiera el de una generación amotinada contra la historia.

El Estado debe subordinarse a la Nación, y no la Nación al Estado. El espíritu nacional debe imperar sobre la voluntad del poder, y no la del poder sobre el espíritu nacional. El Estado no puede cambiar y modelar conforme a planos ideales el carácter de la Nación, es el carácter de la Nación el que tiene derecho a que el Estado lo refleje.

La unidad política del Estado actual, sea en la forma federativa o unitaria, ha pasado por la variedad de Estados de caudillaje militar, y de Estados locales y regionales, y es posterior a la unidad nacional,que precisamente  ha invocado como fundamento para poder constituirse. De aquí el absurdo de que, siendo efecto, quiera subordinar a él su causa, y, alterando hasta el orden cronológico de los hechos, quiera hacer lo posterior, y lo anterior posterior.

Por eso el Estado no es arquitecto que construye y reconstruye la Nación. Es la Nación la que tiene el derecho de modelar a su imagen y semejanza al Estado, que existe para servirla, y no para ser servida por ella.

En suma: el Estado es un rebelde que niega uno de los títulos principales de su soberanía si falta al deber esencial de dependencia que le liga a la Nación y no la expresa y lo cumple en la ley. Y como la Patria, en su mayor amplitud, se identifica objetivamente con la Nación, pues no es más que la Nación en nosotros, en cuanto nos sentimos ligados a ella conociendo su unidad moral e histórica y amándola como algo que es parte de nuestro ser, el Estado tiene el deber imperioso, no sólo de conocer y amar esa unidad, sino de servirla con efecto filial y de mantenerla con la fuerza.

Juan Vázquez de Mella. Obras completas.


Marcelino Menéndez Pelayo y el carlismo: la ortodoxia hispánica


Se cumplen cien años del fallecimiento del eximio polígrafo montañés de ascendencia asturiana Marcelino Menéndez Pelayo. Su vastísima y erudita obra desborda con mucho el objeto de este blog, sin embargo hacemos propia la síntesis de José María Jover y de Jesús Evaristo Casariego, a efectos descriptivos:

"La consideración del catolicismo como eje y nervio de nuestra cultura nacional; el formidable esfuerzo de documentación que respalda cada una de sus afirmaciones; el talante polémico y apasionado de muchas de sus páginas, explicable por la circunstancia histórica en que hubo de forjar su obra; la amplitud de espíritu y el esfuerzo permanente de comprensión humana son, tal vez, los caracteres más notables de su personalidad y de su trabajo." (José Maria Jover)

"Dos son las afirmaciones de don Marcelino sobre las cuales el fervor apologético y polémico, innegables  en la obra del maestro, cobra la serenidad objetiva de ciencia de pura ley: la primera, que es España el país donde antes que en ningún otro aparecen tendencias y atisbos originales, y la segunda, que es en España donde mayor fuerza toma la voluntad de conservar el tesoro aprendido. España es para don Marcelino el país de la vanguardia y de la Tradición (...) Mas, ¿que era la Hispanidad para Menéndez y Pelayo? Una sola cosa: la ortodoxia católica. Lo mismo cuando estudia el teatro español como cuando escribe su hermosa obra "La Ciencia española"; igual cuando investiga los orígenes  de la novela que cuando hace la historia de la poesía, el maestro inagotable, encuentra siempre lo hispánico en la más pura ortodoxia de Roma. Todo lo que  no es ortodoxo -lo demuestra con argumentación irrebatible- es extraño al espíritu nacional, y por extraño, débil y desvalido. El escribió en La Ciencia española estas razones pletóricas de sentido: "Hasta hoy no se ha entendido bien la historia de nuestra literatura por no haberse estudiado a nuestros teólogos y filósofos" (...) Menéndez y Pelayo es por su obra científica uno de los veneros adonde hay que llegar para nutrirse  de esencias hispanas" (Jesús Evaristo Casariego)

Ciertamente su obra es una explicación inapelable de la esencia católica de España, así como una apología de la misma. Tuvo una especial predilección por Cataluña, cuya lengua hablaba a la perfección y cuya literatura, historia y tradiciones políticas y jurídicas siempre amó y defendió, cursando varios años en la Universidad de Barcelona.  Sobre los sucesos del 11 de septiembre de 1714 escribió: "No es ciertamente agradable ocupación para quienquiera que tenga sangre española en sus venas (...) ver a nuestra nación (...) perder hasta los últimos restos de sus sagradas libertades provinciales y municipales sepultadas en los escombros humeantes de la heroica Barcelona".

Como otros autores muy próximos al tradicionalismo, su figura sólo puede ser reivindicada con pleno derecho por el Carlismo, pues no han tenido continuidad en las pequeñas escuelas que dejaron. Y ello pese a que su actuación política errónea (fuera de puntuales colaboraciones y acercamientos al Carlismo) sirvió para consolidar el régimen de la falsa Restauración, que a su vez fue imponiendo todas las políticas que don Marcelino detestaba. Su "tradicionalismo cultural" no fue acompañado con un coherente "tradicionalismo político"; en palabras del profesor Miguel Ayuso: "anticarlista como conservador que fue".

Es conocida, por otro lado, su entrañable amistad con otro genial montañés, este si rocoso e insobornable carlista, el novelista José María Pereda inmortal autor de la novela "Peñas arriba" y diputado tradicionalista.

Se puede decir con razón que la labor de Menéndez Pelayo fue continuada y coronada (aunque poniendo el acento sobre todo en los aspectos filosóficos, jurídicos y políticos) por la escuela de Francisco Elías de Tejada, corrigiendo la desviación que supone la flagrante contradicción de rendir pleitesía a la dinastía liberal, enemiga mortal de la tradición hispánica que tanto amaba el maestro montañés.