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martes, 7 de mayo de 2013

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE S.M.C. DON FRANCISCO JAVIER DE BORBÓN Y BRAGANZA, REY LEGÍTIMO DE LAS ESPAÑAS, ABANDERADO DE LA COMUNIÓN TRADICIONALISTA, DUQUE DE PARMA




Nada humano puede llamarse Causa sin ideales nobles y virtudes propias; el Carlismo es Causa Santa por sus ideas y porque tiene una virtud característica: la lealtad. Sin ella los ideales perecen y nuestra Causa quedaría degradada.

Por eso yo debo preveniros del peligro para los ideales y para la lealtad, cual es el desaliento.

Ese es el que tienta al abandono de la brecha, persuade al conformismo y engendra las disensiones. Contra el desaliento yo os recuerdo que la vocación de carlistas es vocación de luchas y contradicciones, vocación de espíritus fuertes. Si así no fuera, habrían invadido nuestro campo, atraídos por el brillo de nuestras glorias, todos los adoradores del dios éxito. Nuestro Dios murió en la soledad del calvario; nuestros reyes en las tristezas del destierro. Sin esas grandes amarguras, que llenan nuestra historia política, no tendríamos derecho a la clara esperanza en la pronta resurrección de España acabadas las actuales dolorosas tribulaciones.

De corazón os saluda, vuestro

Francisco Javier de Borbón

Pp. Reg.

Roma 8-V-1950. 

martes, 23 de abril de 2013

Español, lee y difunde

Un hombre en pie: pensamiento de un carlista de Leiza
(Del blog de “El Brigante”)

El pasado Martes Santo, 26 de marzo de 2013, el ayuntamiento de Leiza acordó por mayoría absoluta (9 concejales –de la izquierda abertzale– sobre 11) retirar el nombramiento de hijo predilecto de Leiza a don Antonio Lizarza, carlista e hijo de la villa. Otro hijo de Leiza, el concejal Silvestre Zubitur, intervino valientemente en el pleno del consistorio en protesta contra esa cobarde decisión:


“Las revanchas son una forma triste de ajustar cuentas con el pasado. Es posible que retirar un reconocimiento honorífico a una persona que pensó de un modo distinto a los que hoy tienen el poder produzca satisfacción en los que mandan, pero eso no es nada en comparación con la decepción y dolorosa sensación de que las ideas callan cuando la fuerza se impone. Y si con actos así las ideas callan, las preguntas resuenan.

Por ejemplo,

¿Cómo pudo ser que un pueblo como Leiza, tan vasco y tan trabajador y popular, fuera durante la mayor parte de la época contemporánea un bastión del carlismo?

¿Cómo pudo ser que, hasta la aparición del nacionalismo, la inmensa mayoría de los leizarras, sencillos trabajadores y pequeños propietarios, fueran carlistas de corazón dispuestos al sacrificio por defender sus convicciones?

¿No habrá tenido nada que ver el carlismo en la preservación de la cultura vasca de Leiza?

¿Aquél viejo carlismo no sería una fuerza de defensa de las libertades populares frente al centralismo liberal invasor?

¿No habrá tenido el carlismo parte en la formación de una conciencia celosa, por los derechos de la gente, y una intolerante, frente a los abusos?

Pero no se detienen ahí las preguntas que durante demasiado tiempo se han querido prohibir a los hijos de Leiza y de muchos pueblos vascos:

¿Cómo podía ser que los carlistas leizarras amaran Euskal-herria como su patria y al mismo tiempo se emocionaran con el ideal de las Españas, sin encontrar contradicción en ello?

Quizás no hay contradicción ninguna entre Euskal-herria y las Españas.

Pero hay más,

¿No enseñaban los viejos carlistas a venerar las libertades populares que llamaban fuero y a defenderlas con la misma vida?

¿No tendremos que preguntarnos qué relación tendrá aquel viejo fuero con el deseo de verdaderas libertades para Euskal-herria?

También aquí se da una contradicción, de que los que hoy hablan de fuero han logrado la abolición de su esencia y quienes buscan otro “marco institucional” para los vascos, ignoran la hermosa raíz que el fuero tiene en esta tierra de Leiza.

Por último y más importante:

¿Cómo podía ser que aquellos vascos carlistas amaran a Dios sobre todas las cosas y se enorgullecieran de llevar una vida humilde y cristiana, desde la mañana hasta la noche, desde la infancia hasta la muerte?

¿Quizá no habrá ninguna incompatibilidad entre ser vasco y la religión?

O más aún, ¿es que no fue el amor a Dios lo principal que custodiaban aquellos vascos, españoles, carlistas y leizarras?

Dejadme decir que la verdad se defiende sola. Podremos ocultarla, podremos privar a las generaciones actuales de su derecho a conocerla, pero no podremos cambiarla. El carlismo en esta tierra no fue nunca planta trasplantada que necesitara aclimatarse: fue sencillamente el decantarse de una historia milenaria que aunaba amor a Dios, al prójimo, a la justicia y a la propia identidad vasca. Por eso mismo fue siempre integrador: Dios y patria, fueros y rey. Integrar, solidarizarse, vivir en permanente auzolan, sin otra exclusión que la mentira, que el odio y que el rencor.

Me podréis decir que deliro, que dibujo un panorama idílico e inexistente. No es verdad. La razón de ello es que no hablo de ninguna ideología (y podría extenderme en las mentiras que se han vertido sobre el carlismo, vinculándolo con enemigos históricos, como el fascismo), sino de un pueblo que tan sólo quiere construir su propia vida y defender las tradiciones que le han dado su identidad. Por supuesto, que entre los carlistas hubo de todo, pero no porque eran carlistas. En tanto que carlistas eran hijos del pueblo y de Dios y sus errores personales no ensombrecen ese glorioso empeño común.

Dejadme deciros una última cosa: vosotros queréis construir una patria con una ideologíaLos carlistas nunca tuvimos una ideología, sino una patria que conservar, que merecer, que transmitir. Por eso, vosotros podéis haber visto en los carlistas de ayer y de hoy enemigos que no tienen cabida en vuestra patria soñada. Esa ventaja tenéis sobre nosotros: nosotros, sin embargo, os necesitamos, aunque vosotros creéis que no nos necesitéis, porque para reconstruir la patria, el pueblo, la vida en común no podríamos prescindir de nadie, porque todos estamos llamados a ayudarnos a vivir una vida más digna y más humana. Ésa es nuestra debilidad, pero ésa también es nuestra gloria.

Mi defensa de un hijo del pueblo no es una defensa personal ni partidista, es una llamada de atención, un recordatorio a unas cuantas preguntas que todavía se acallan.”


[Esta intervención fue acompañada de la lectura del siguiente “escrito en contra de la iniciativa del ayuntamiento de Leiza para la retirada del nombramiento de hijo adoptivo de Leiza de D. Antonio Lizarza”].


En primer lugar diré que por la diferencia de edad no he conocido a D. Antonio aunque si conocí a su hermano D. Nazario, que vivía en Leiza, cuando nosotros éramos pequeños, y también a todos sus sobrinos, hijos de su hermano D. Rufino y los hijos de este y los nietos, pues son de mi edad y por último los biznietos que son de la edad de mis hijos. Lo que si, he tenido la oportunidad de conocer a dos de los hijos de D. Antonio, D. Javier y D. José Antonio con los cuales he mantenido y mantengo una gran amistad por su personalidad y fidelidad en todo momento y como representante de este ayuntamiento por el honor y la dignidad de todos ellos y con todo merecimiento quiero hacer esta defensa.

En segundo lugar diré que siempre me ha gustado escuchar a las personas mayores en sus tertulias y entre ellos hablaban muchísimo de D. Antonio y de lo que les ocurrió aquí y allá, pero tengo que reconocer que entre aquellas vivencias y a menudo estremecedoras, nunca escuche una conversación con el mínimo rencor hacia las personas que habían sido sus adversarios, al contrario la mayoría de aquellos hombres y mujeres supieron rehacer sus vidas pasando todos, toda clase de penurias, se respetaron y convivieron en adelante, dejando ejemplo para la posteridad.

A D. Antonio Lizarza el pueblo de leiza le nombró hijo adoptivo, y ahora el pueblo de Leiza le va a retirar. ¡Pobre Leiza como te han cambiado! Pero yo os diré que a D. Antonio Lizarza, jefe carlista en Navarra, que no era hijo adoptivo de Leiza, sino que natural de Leiza y a mucha honra para él y para muchos Leizarras, eso sí que no le vais a quitar porque cambiareis la historia pero nunca, nunca, nunca la realidad.

Y por todo ello también diré que esta iniciativa que habéis presentado no hace más que demostrarme que yo en algo estaba equivocado, pensaba que aquellas tertulias de nuestros mayores, aplacaban a toda persona que no quería que sus hijos pasaran por lo que ellos tuvieron que pasar, pero veo el rencor y el odio de otras personas siguen buscando el enfrentamiento.”

Silvestre Mª Zubitur




Cantando las verdades del barquero....en Leiza

Corre por la red la reciente intervención de Silvestre Zubitur, concejal del pueblo navarro de Leiza, en una reunión de dicho consistorio. Recuerdo que Leiza está en pleno territorio comanche, y como decía el mismísimo Capitán Palacios (el único y verdadero "embajador en el infierno") no es lo mismo defender ciertas ideas allí que hacerlo en una terraza de la calle Serrano frente a un par de cervezas.

Seas o no seas carlista, simpatices o detestes nuestras convicciones, no puedes dejar de leer el breve discurso. Es imposible extractarlo porque, como digo, no es muy largo y condensa magistralmente en pocas palabras cuatro o cinco grandes verdades. Simplemente destacaría este párrafo:

"Dejadme deciros una última cosa: vosotros queréis construir una patria con una ideología. Los carlistas nunca tuvimos una ideología, sino una patria que conservar, que merecer, que transmitir. Por eso, vosotros podéis haber visto en los carlistas de ayer y de hoy enemigos que no tienen cabida en vuestra patria soñada. Esa ventaja tenéis sobre nosotros: nosotros, sin embargo, os necesitamos, aunque vosotros creéis que no nos necesitéis, porque para reconstruir la patria, el pueblo, la vida en común no podríamos prescindir de nadie, porque todos estamos llamados a ayudarnos a vivir una vida más digna y más humana. Ésa es nuestra debilidad, pero ésa también es nuestra gloria."

Dios, Patria, Fueros y Rey legítimo de las Españas

Estos diseños son para que los uséis a vuestro mejor criterio, la única condición que os pongo es: Que sirvan  única y exclusivamente para fomentar nuestro cuatrilema de Dios, Patria, Fueros y Rey legítimo de las Españas.



























domingo, 14 de abril de 2013

DISCURSO DE ACEPTACIÓN DE LA CORONA DE LAS ESPAÑAS, POR SMC DON JAVIER I DE BORBÓN



Mis leales consejeros:
He visto con gran atención los distintos informes que se han concretado en la ponencia que me acabáis de leer y he oído con verdadera emoción.
Comprendo perfectamente vuestras ansias. Son ya dieciséis años casi, desde que me nombró Regente nuestro llorado Rey Don Alfonso Carlos (q.s.g.h.) y desde que juré ante su cadáver cumplir esta tan gloriosa y difícil misión de mantener enhiesta la Bandera Carlista, nobilísima.
Entonces, en 1936, teníamos derecho a esperar que la victoria nuestra contra la revolución roja diera paso a la Regencia legítima. Los acontecimientos han sido contrarios. Vosotros, mi querido Jefe Delegado puesto por el Rey hace dieciocho años, y vosotros los miembros de la Junta, los Jefes regionales y provinciales, los Consejeros nacionales y todos los que formáis nuestros cuadros sabéis bien de los heroicos sacrificios con que me habéis asistido en este largo y duro período del interregno.
Os profeso el mayor agradecimiento y guardo en mi alma la admiración a vuestra acrisolada lealtad.
Hoy, aquí reunidos en la capital del principado, en este magnífico Congreso Eucarístico, unidos en Comunión con Nuestro Señor Sacramentado, quiero hablaros con todo el sentido de mi responsabilidad.
La autoridad soberana requiere para su ejercicio, cuanto más para su instauración, la concurrencia de la sociedad y la colaboración de sus hombres representativos.
Huérfanos los pueblos de legítima autoridad, acaban por ignorar su propio bien, cuando no lo rechazan a la manera de aquel que pedía cayera sobre sus cabezas la sangre del Justo.
La Comunión Tradicionalista, la genuina representación ideal de España, por lo mismo que cifra la salvación de nuestra sociedad en la restauración de la dinastía titular de la Monarquía legítima, tiene el claro concepto de lo que significa la proclamación del Rey; Rey de derecho. Rey de derecho no es la frívola significación de lo que el vulgo llama Pretendiente. Rey de derecho es una bandera de justicia, un programa de reivindicación, un paladín de causa noble, una promesa de salvación. Pero además es un ejemplo y una vida de hondos sacrificios, totales renunciadores, línea y camino, de padres a hijos, de servicios y trabajos.
Mientras, la victoria inicia rutas de superación de todas esas abnegaciones.
Hasta entonces Yo no paso de ser, pues que así lo pedís y así lo impone mi deber jurado, más que Rey de los Carlistas, Rey de la representación ideal de España, Rey de la Monarquía ideal.
Fijaos bien que al aceptar la Realeza de Derecho de España no hago sino radicar en Mí la suma copiosa de deberes sagrados que a mis mayores unió a esta noble nación.
Las revoluciones han borrado de las conciencias el concepto de la realeza legítima y de las obligaciones del pueblo. Sin oportunas circunstancias y preparación adecuada, una proclamación de derechos al trono puede ser inoperante cuando no contraproducente. Esa es vuestra labor. Como tarea Mía, ultimar trámites que estimo necesarios. Quedan de este modo diferenciados estos dos momentos: Mi resolución a vuestro ruego de asumir el Derecho Real vacante y el de su promulgación oficial y juramento con mi hijo, llamado a heredarme, y que ahora está impedido de concernir.
Para el mismo escribo una carta de la que haga depósito en manos de Mi Jefe Delegado, que es ya el documento auténtico de Mi acuerdo; suficiente, él sólo, para asegurar la sucesión legítima de nuestra Monarquía si durante estos trámites, no obstante que sean breves, Dios Nuestro Señor quisiera cortar mi vida que a Él, en su Divina Realeza, ofrezco en holocausto por esta Su Causa.
Con el corazón repleto de emociones que vuestra lealtad me causa, como Rey vuestro y en camino, tan penoso como sea menester, para serlo de todos los españoles, os invito a laborar sin desaliento hasta la victoria y la salvación.
Barcelona, 31 de mayo de 1952

Francisco Javier de Borbón




DISCURSO DE ACEPTACIÓN DE LA CORONA DE LAS ESPAÑAS, POR SMC DON JAVIER I DE BORBÓ.

TOMADO DEL PORTAL "AVANT" DE NUESTROS VALIENTES CARLISTAS VALENCIANOS.

sábado, 2 de febrero de 2013

La Hispanidad, en Lágrimas en la Lluvia

Ventana externa

Interesante programa de Lágrimas en la Lluvia analizando el concepto de la HISPANIDAD.
Con presencia del profesor Miguel Ayuso Torres Presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, frente cultural de la Comunión Tradicionalista.

martes, 22 de enero de 2013

Autonomía regional y local

Traemos a nuestro blog la interesantísima conferencia que pronunció, el pasado mes de septiembre en Toledo, en el marco del Foro Alfonso Carlos I organizado por la CTC, el profesor D. Javier Barraycoa. En su conferencia, bajo el título de "Autonomía Regional y local", el Prof. Barraycoa hace un repaso por cuestiones tan importantes en el Carlismo y de rabiosa actualidad política como son el principio de subsidiariedad, y su falsa aplicación en la Constitución de la UE, el federalismo y la autonomía política, municipalismo y regionalismo,  así como su aplicación en el tradicional caso de los cantones suizos. Recomendamos vivamente a nuestros visitantes la lectura de este texto, que pueden descargarse, en formato PDF, en el siguiente enlace:
  andaluciacarlista.com/autonomiaregionalylocalBARRAYCOA.pdf

jueves, 3 de enero de 2013

Los dolores de la Causa: María Berta de Rohan

Los reyes legítimos siempre fueron objetos de críticas e insultos. Desde Carlos V hasta Don Sixto Enrique de Borbón. Emilia Pardo Bazán[1], carlista en su juventud, ya se quejaba de la vulgar visión sobre Carlos VII: la única persona para la cual en España no existía justicia, ni equidad, ni siquiera tolerancia; la única a cuyo nombre se crispan los más transigentes y se olvidan las nociones del derecho público, los preceptos elementales de la razón y hasta las exigencias naturales de la curiosidad humana que necesita datos para juzgar. [...] ¿Quién no conoce al Don Carlos de la leyenda contemporánea? Abrid cualquier periódico satírico y allí le veréis. Rosario en cinto y trabuco al brazo; zancas de cigarrón, boca de rana y cabeza de cretino... Lo moral corresponde a su físico... un fauno en lo bruto, un ogro en lo feo, un sátiro en lo vicioso y una liebre en lo cobarde.

Jaime III no fue menos. Su padre ya había sido criticado por los integristas de liberal, y así volvería a pasar con su hijo. Pero esta vez, espoleados por la madrastra del rey. Y es así como doña Berta tuvo el honor de ser la causa del primer ataque de angina de pecho de Don Jaime[2]. El documento[3] que mostramos aquí, es muestra de estos ataques, lleno de infamias contra el reclamante. Estas calumnias no se diferenciaban en gran manera de las pretéritas. E incluso de las futuras. Fechado el 4 de marzo de 1926, el padre Don José María Paisal contestaba al Barón de Montevilla. Más tarde, esta carta pasaría a formar parte del archivo de Jaime III como copia.

Exmo. Sr. Barón de Montevilla

Si públicamente se dice en Venecia el nombre del edificio donde están custodiados los objetos carlistas, y si son tantas las personas, llegadas de dicha población que coinciden con el nombre, no veo porque V. muestra tanto empeño en que yo se lo diga. Lo que nadie puede afirmar, sin faltar a la verdad, es que sobre esos objetos pese el menor gravamen por supuestas deudas contraídas por la Señora. Ya se lo he dicho a V. hasta con juramento, y el carlista que no cree mi palabra de sacerdote, lo menos que de mí merece es el desdén. Si estuvieran empeñados esos objetos ¿Qué más había de querer la Señora que librarlos de todo gravamen mediante la suscripción que V. proponía?

Están bien seguros esos recuerdos, no lo dude y puede confiar los carlistas que pronto los verán colocados en un punto más cercano que Venecia.
La Señora se limita a cumplir estrictamente el testamento de su marido, y por ello no puede merecer el reproche de ningún caballero. Si ella muerte primero que D. Jaime, éste será el heredero; entretanto no puede tener esos objetos, NI CONVIENE.
¡No conviene!... Bien conocía D. Carlos a su hijo para otorgar testamento en la forma que lo redactó. Quién tan entrampado se encuentra con los judíos y tan poca estimación le merecieron mucho de los objetos del castillo de Frohsdorf no puede merecer la confianza de ningún carlista para ser el custodio del Cuarto de Banderas, de las Banderas de una tradición que él no siente, porque en ella no cree, COMO NO CREE EN ALGUNOS DE LOS DOGMAS DE NUESTRA FE.

Pasé algunas temporadas con ese príncipe, y le conozco por dentro y por fuera, en el alma y en el cuerpo. LA MAS GRANDE PENA QUE ATORMENTA MI CORAZÓN, me decía un día en Niza su Augusto padre –ES QUE JAIME NO TIENE NI FE POLITICA NI RELIGIOSA.

Y por tratarse de un hombre de esas condiciones, es por lo que Dª Mª Berta ha procurado ocultar, en lo posible, dichos objetos, creyendo que así los tendría más seguros. Pero eso solo puede considerarse como medida transitoria pues el más ardiente deseo de la Señora es que sean expuestos a la contemplación de los carlistas, SIN RIESGO QUE NINGUNO DE MUCHOS OBJETOS DESAPAREZCA, y yo sólo pido a mis correligionarios que desechen todo temor y tengan un poco de paciencia.

Respecto a este punto por escrito no puedo ser más extenso. Si tuviera ocasión de hablar con V., algo más  le diría.

Dª Berta entró en Palacio de Oriente para expresar su gratitud a quienes la merecían, pero entró con la bandera de los principios tradicionalistas enarbolada. Así se lo expresó bien claramente a D. Alfonso, y éste también muy claramente le dijo que esos principios son salvadores, y que, en lo que de él dependía, hará que imperen en España. Bien lo ha demostrado en estos últimos tiempos en muchos actos públicos, alabados y bendecidos por el Jefe supremo de la Iglesia.

Las personas pasaron ya a la historia; los principios son inmortales. Éstos son la esencia de nuestra causa, que debemos sostener para bien de la Iglesia y de la Patria. La persona que todavía se dice pretendiente no es la sombra de su padre, ni merece el sacrificio de una perra chica. Solo por fanatismo personal se puede estar con un hombre que gusta de la vida del bohemio y de la francachela, y que no tiene ni fe política ni religiosa.

Es un secreto a voces en Madrid que ese príncipe está en muy buenas relaciones con el régimen imperante, y aún que tiene su lista de algunos miles de duros.
Yo no lo censuro por eso; pero sí por la farsa que representa ante un puñado de ilusos que aun le sigue.
No es el famoso Melgar de esos ilusos, pero sí otro farsante al aparecer adicto a un hombre que TIENE POR POSESO, A QUIEN ES PRECISO HACER LOS EXORCISMOS. Son palabras textuales suyas, que me dijo hace años en París, y se las dijo también a otros carlistas.

No me exprese bien en mi anterior carta, o V. no me entendió; no dije ni podía decir que Doña Berta estaba quejosa de los carlistas; todo lo contrario: los quiere como hijos, y para ellos son sus especiales atenciones. Aquí cuantos la visitaron, aun los más humildes, se sentaron a su mesa para almorzar con ella.

P. José María Paisal
Pontevedra, 4-III-1926

Nacida en Tpeliz el 21 de mayo de 1860, alejada de los ambientes legitimistas tradicionalistas, la nueva Duquesa de Madrid, Doña María Berta de Rohan, se había casado en 1894 con Carlos VII. De alta alcurnia, procedía de la familia de los Rohan, descendientes de los reyes de Bretaña, se habían exiliado en Austria tras la Revolución Francesa y nunca retornaron. Así mismo, era Princesa bohemia con tratamiento de Alteza Serenísima (Durchlauchten) y condesa de Wadstein-Watemberg. Diecisiete años después de la muerte de su marido, Berta de Rohan decidía pasar una temporada en España. Visitó Zaragoza, Vitoria, Burgos, Asturias y Galicia. Entre los acompañantes se encontraban la condesa de Mongeaux, como dama de honor, y el Padre Paisal, capellán del convento de clarisas de Pontevedra, antiguo amigo de Don Carlos. Llegó a visitar al mismo Alfonso (XIII) en el Palacio de Oriente, donde se la rindió honores como Infanta de España, el 1 de febrero de 1926.

La historiografía carlista fue contundente con la figura de doña Berta. El Conde de Rodezno, en su ligera biografía de Carlos VII (Pp. 244-245), decía: la nueva Duquesa de Madrid, mujer elegante, de belleza nada común y arrogante porte, mucho más joven que su marido, se adueñó por completo del espíritu de Carlos VII, que, aun cuando sólo contaba cuarenta y siete años, se hallaba prematuramente envejecido por la intensidad de su vida y preocupaciones. En el orden doméstico, debió hacer feliz a su marido, a juzgar por los fervores que éste le manifestaba: pero doña Berta de Rohan, desconocedora de la historia y significación de la rama carlista española, no convivió jamás espiritualmente con los sentimientos del tradicionalismo español. Su influencia fue enervadora para D. Carlos, que si no perdió el concepto de su representación y el mantenimiento de su actitud –que estas cosas fueron consubstanciales a su naturaleza- , amenguó visiblemente arrestos y entusiasmos. En el orden familiar, su segunda boda fue funesta. Enfriáronse las relaciones de los hijos con el padre. Su heredero, D. Jaime de Borbón se alejó del Palacio de Loredán y vivió espiritualmente divorciado de su padre, dando a su vida de Príncipe sin situación un sesgo aventurero en arriscados viajes y lances guerreros con el ejército ruso, o donde la ocasión se le brindase.


Pero, el más furibundo detractor de la Duquesa de Madrid fue el secretario de Carlos VII, Francisco Martín Melgar, 
Conde de Melgar. En Veinte años con Don Carlos la dedicaba un capítulo entero (Cap. XXIV)[4]despachándose a gusto con la egregia señora. Para Melgar, el matrimonio sería funesto, debido al “fútil sentimiento de vanidad, de carácter dominante. Aquella infeliz señora era un fenómeno patológico y padecía […] de “paranoia acutísima” y consiste en una irresistible tendencia a mentir sin objeto y sin necesidad las más de las veces, sólo por no decir la verdad. Muy hábil y muy astuta no tardó en conocer el flaco de su marido, que consistía en no dejarse dominar por su mujer, y cifró todo su empeño en aparecer como la más sumisa de las esposas. [...]Tuvo la diabólica idea de hacer creer a su marido que don Jaime había querido abusar de ella, permitiéndose atentar contra su pudor.

Y quizá el episodio más conocido es la quema del archivo del palacio de Loredán. En el capítulo sexto del primer libro de El Quijote, el cura y el barbero realizaban el escrutinio de la biblioteca del hidalgo, quemando todos los libros dañinos. Doña Berta de Rohan decidió representar los dos papeles en esta tragedia. Una fuente preciosa para el estudio del Carlismo desapareció de forma tan banal.

Por parte de Francisco de Melgar, la crítica no era menor; hijo del conde de Melgar y secretario de Jaime III, escribía en Don Jaime. El Príncipe caballero[5]había logrado adueñarse por completo del espíritu y de la voluntad de su esposo, imponiéndole a su antojo sus convicciones y sus sentimientos. Desde su llegada al palacio Loredán, doña Berta sintió el odio más cordial hacia los hijos del primer matrimonio, odio que contribuyó a hacer de ella durante quince años el mal genio de la familia de don Carlos. […] no cesó en su funesto afán hasta que consiguió separar por completo al padre y al hijo; don Carlos, en sus últimos años, llego a creer que la única persona que no pretendía abusar de él y engañarle era su segunda esposa, a quien estaba entregado de tal manera que ésta logró persuadirle que iba a quedarse ciego si no renunciaba a pasar tantas horas al día leyendo y escribiendo.[…] De esta manera, no pudo tener conocimiento de los asuntos políticos y familiares, sino por el intermediario de su mujer.

Melgar llegó a afirmar que padre e hijo rompieron todas las relaciones en 1905, por influencia de María Berta, tras la vuelta del Príncipe de Asturias de la guerra de la Manchuria. En el palacio Loredán, Carlos VII habría recibido a su vástago con estas duras palabras: ¿Quién te ha dado permiso para venir? Esta casa no es un mesón, donde se entra pagando; ¿Cuándo piensas marcharte? [...] (El Príncipe) no había de volver a ver a su padre en vida[6]. Sin embargo, esta afirmación no se sostiene, en cuanto Carlos VII mandaba un telegrama[7]en 1907 a Barrio Mier, desde Venecia, que decía: He tenido el consuelo de abrazar a mi hijo.

Las viudas y albaceas han sido los enemigos del patrimonio carlista


La publicación de la correspondencia entre Carlos VII y Barrio Mier amplió las fuentes documentales sobre el último periodo del monarca. Jaime de Carlos, autor deCartas inéditas de Carlos VII, pedía una revisión del papel de Berta de Rohan y de la supuesta dejadez del reclamante en sus últimos años, pues no correspondían con la realidad.

Aún así, el personaje de Doña Berta ha mantenido su mala imagen al evitar el matrimonio de don Jaime con la Princesa Matilde (por envidia de casta según Melgar hijo), desatar las intrigas en el partido y frustrar la inteligencia con el General Weyler, conspiración que habría acabado con Don Carlos en la corte de Madrid. Autores más tardíos como Jaime del Burgo[8]la tildaba de hada perversa del carlismo afecta a la Corte de Madrid, mientras que Juan Balansó[9], juanista, la describe como la típica madrastra de cuento.


[1] Esta defensa de Carlos VII aparece en el epílogo y confesión política de “Mi romería”. El relato periodístico aparece integrado en PARDO BAZAN, Emilia: Viajes por Europa. Madrid: Bercimuel, 2003.
[2] Pág. 244  en MELGAR, Francisco: Don Jaime. El Príncipe caballero. Madrid: Espasa-Calpe, 1932.
[3] La carta se encuentra en el Archivo Nacional Histórico (DIVERSOS-ARCHIVO_CARLISTA,134, EXP.4.)
[4] MELGAR, Francisco: Veinte años con Don Carlos: memorias de su secretario el Conde de Melgar. Madrid: Espasa-Calpe, 1940.
[5] Pp. 103-104 en MELGAR, Francisco: Don Jaime. El Príncipe caballero. Madrid: Espasa-Calpe, 1932.
[6]Pp. 104-105 en Ídem.
[7] Pág. 207 en DE CARLOS, Jaime: Cartas inéditas de Carlos VII. Madrid: Montejurra, 1959.
[8] Pág. 271 en DEL BURGO, Jaime: Conspiración y guerra civil. Barcelona: Alfaguara, 1970.
[9] Pág. 44 en BALANSO, Juan: Los Borbones incómodos. Barcelona: Plaza-Janés, 2000.

jueves, 27 de diciembre de 2012

El Manifiesto de Guadalajara

Calendario de 2013 editado por la CTC al cumplirse el 180 aniversario del Carlismo y el 130 del Manifiesto de Guadalajara.



A los habitantes de la Comandancia General de Guadalajara.




Arrancadas y destruidas por los secuaces del supersticioso e impío liberalismo todas las libertades que nos daban nuestros venerados fueros; pisoteadas y escarnecidas nuestras gloriosas tradiciones, y despojada nuestra patria de las ricas posiciones que el genio de Colón les mostrara, y cien gigantes caudillos conquistaron con sus gloriosas espadas allende los mares; reducida España a la impotencia, siendo objeto de la burla de otros pueblos que siempre bajaron la frente ante su glorioso pabellón; entregada esta orgullosa matrona, atada de pies y de manos a sus enemigos de siempre por una gavilla de cínicos e infames especuladores que, mercaderes impúdicos, han puesto sus hijos y sus riquezas en poder del mejor postor para conseguir una cantidad suficiente a satisfacer los apetitos de su loco orgullo, y siendo tan terribles los males que nos amenazan, hora es ya de que todos los que sientan latir en su pecho un corazón honrado y se crean capaces del rubor de la vergüenza abandonen sus casas, y armados como les sea posible acudan al punto de la cita para que, unidos todos, podamos dejar libre de tiranos y exento de leyes y costumbres extranjeras a esta patria querida, tan explotada y envilecida por esos traficantes sin conciencia y sin honra.
Su empresa no tiene las dificultades que esos enemigos de España pregonan en su ciega ignorancia y negro rencor a la patria. ¿No somos hijos de aquellos que a principios del siglo dejaron sus hogares para salvar su independencia, de aquellos que se armaron de estevas y garrotes contra trescientos mil soldados franceses, a los que humillaron y vencieron? Y si nuestros padres todo lo abandonaron por «su Dios, por su patria y por su rey, cuando sintieron el llamamiento patriótico del alcalde de Móstoles, ¿seríamos nosotros dignos de llamarnos sus hijos si no acudiéramos presurosos a nuestro puesto, llenos nuestros corazones de la fe santa con que pelearon nuestros antepasados, desde Iñigo, Arista, Sancho, Ramírez, hasta los que defendieron por siete años consecutivos la gloriosa bandera de la religión y de la legitimidad, hoy que nuestro legítimo y egregio monarca nos llama y España nos grita: “Salid de vuestros hogares y limpiad mi suelo de esa turba de traidores que os aniquilan y entristecen, a la vez que os roban el pan de vuestros hijos”? ¡No!




Impúdicos tiranuelos de lugar, polizontes vendidos a esta quisicosa que llaman monarquía constitucional o democrática, o republicana... de pega, señores salidos de la ley de desamortización, antes que, como los sapos, se hinchan en la inmunda laguna de la expropiación de los bienes de los pueblos y de la Iglesia, os aconsejan que no cumpláis con vuestro deber, pero si reparáis en sus títulos y antecedentes; si miráis de dónde salieron y a dónde van; si examináis sus “honrados tráficos”, tendréis bastante para persuadiros que esos “hallados” y decentes señores son el primer eslabón de la cadena de nuestra ignominia, la primera página del libro de nuestra vergüenza.




Miradlos protegiendo a los truhanes que fían el pan de. sus hijos a un “entrés” o un “elijan”, o quizás a la confianza del banquero de “monte”; miradlos cómo los apadrinan para que atropellen a los hombres honrados, trabuco en mano, y al consabido grito de viva la libertad y la república.




Esos son los mismos que os prestan el dinero al treinta por ciento, abusando de vuestra necesidad; esos son los mismos que en las elecciones han hecho miles de infamias fusil en ristre; esos son los mismos que, poniéndose siempre a disposición de conservadores y radicales, de moderados o unionistas, os insultaron siempre, os lamieron los pies para que les ayudarais a servir a sus amos, lo cual os valió el quedaros sin montes, sin dehesas, sin hornos y hasta sin fraguas. Hiciéronse ricos comprando con cuatro cuartos y mil picardías todos los predios que constituían vuestra riqueza común, y lo hicieron gritando unas veces orden y otras anarquía, y así crecieron y medraron... que así crecen y medran los que reniegan de su Dios, pisotean su conciencia y escupen al rostro de su patria.




¡Viva la libertad!, gritan los verdaderos hijos de España. ¡Abajo la república, última manifestación del extranjero yugo! ¡Fuera, fuera esos miserables caciques que en la ciudad o en la villa, en el pueblo o en la aldea, visten el hipócrita antifaz de buenos, cuando son perversos servidores de los enemigos de España!




El día de la liquidación está cerca, y esos truhanes tiemblan que se acerque el momento, porque se quitará el polvo de sus innumerables infamias y expiarán su delito.

Ese día será España para los españoles honrados, sus presidios para los criminales, y habrá decencia, honra, libertad, justicia y progreso; pero será moneda de ley, no salida del cuño donde hasta el lenguaje se ha falsificado.




Sólo los malos tiemblan ante el triunfo del partido español. ¿Sabéis por qué? Ellos saben que sólo el partido carlista es el llamado para hacer justicia, el único que puede hacerla, el único que la hará...




Si el partido carlista no tuviera pruebas de lo que es, bastábale para ser querido de los hombres de bien el solo hecho de ser odiado de los tunantes.
El triunfo es seguro: el más enemigo nuestro lo prevé por lo menos, y si no lo confiesa es porque le aterra y le aterra porque sabe perfectamente que tanta inmundicia y tanto cieno serán barridos radicalmente en su día.




¡A las armas, pues, valientes hijos de esta noble patria! Salgamos de este sopor que nos deshonra, corramos a arrancar los fusiles a esos serviles esclavos defensores de la deshonra de la patria, y con ellos recobraremos nuestra independencia, nuestros fueros y libertades, la libertad de nuestra sacrosanta religi6n y el engrandecimiento y prosperidad de nuestra riqueza.




¡Basta de palabras! ¡A los hechos!




¡Viva la libertad cristiana, la única verdadera! ¡Viva la religión católica, apostólica, romana! 


¡Viva Carlos VII! ¡Vivan los fueros de Aragón y las franquicias de Castilla! ¡Abajo todo sistema extranjero!



Campo del honor, 20 de febrero de 1873. El segundo comandante general teniente coronel, Andrés Madrazo.