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sábado, 4 de agosto de 2012

Sólo el Rey legítimo nos puede salvar de la crisis creada por el capitalismo liberal



“Hay en la actualidad, mi querido Alfonso, en nuestra España una cuestión temerosísima: la cuestión de Hacienda. Espanta considerar el déficit de la española; no bastan a cubrirlo las fuerzas productoras del país; la bancarrota es inminente… Yo no sé, hermano mío, si puede salvarse España de esa catástrofe; pero, si es posible, sólo su Rey legítimo la puede salvar. Una inquebrantable voluntad obra maravillas. Si el país está pobre, vivan pobremente hasta los ministros, hasta el mismo Rey, que debe acordarse de don Enrique el Doliente. 

Si el Rey es el primero en dar el gran ejemplo, todo será llano; suprimir Ministerios, y reducir Provincias, y disminuir empleos, y moralizar la Administración, al propio tiempo que se fomente la agricultura, proteja la industria y aliente al comercio. Salvar la Hacienda y el crédito de España es empresa titánica, a que todos deben contribuir, Gobiernos y Pueblos. 

Menester es que, mientras se hagan milagros de economía, seamos todos muy españoles, estimando en mucho las cosas del país, apeteciendo sólo las útiles del extranjero… En una Nación hoy poderosísima, languideció en tiempos pasados la industria, su principal fuente de riqueza, y estaba la Hacienda mal parada y el Reino pobre. Del Alcázar Real salió y derramóse por los pueblos una moda: la de vestir sólo las telas del país. Con esto la industria, reanimada, dio origen dichoso a la salvación de la Hacienda y a la prosperidad del Reino”.

Carta que en 1869 S.M. Carlos VII de España envió a su hermano Alfonso futuro S.M. Alfonso Carlos I

martes, 5 de junio de 2012

Memoria histórica y principios del carlismo

 
Hemeroteca de ABC
Sin ánimo de ofender, ni por lo más remoto, ni de poner ninguna traba a la tan necesaria como deseada reunificación del todo el pueblo carlista, creo necesario no dejar que ciertas cosas caigan en el olvido, para evitar malos entendidos.

Y es que el Carlismo es Tradicionalismo, es hoy y siempre Dios, Patria, Fueros, Rey.


DECLARACIÓN DE S.M.C. DON JAVIER DE BORBÓN
 
Ante ciertos rumores relacionados con pretendidas declaraciones políticas que se me atribuyen, quiero, en este día, dar a conocer una declaración mía para disipar toda confusión o malentendido en cuanto a mi posición y forma de pensar, en lo que al Carlismo se refiere, en su permanente línea ideológica derivada de los grandes principios que la informan y constituyen su razón de ser. Debo, por tanto, afirmar, ante todo, que si siempre me he esforzado por mantener la unidad en el seno de mi familia, no puedo consentir que se utilice mi nombre, pese a lo que se intentó hacerme decir para justificar un gravísimo error doctrinal dentro del Carlismo, haciéndolo aparecer ante la opinión pública como partido socialista o aliado del marxismo o del separatismo, que son incompatibles con su propia naturaleza y contra los cuales el Carlismo ha luchado siempre con la mayor energía; de la misma manera que también ha luchado contra el capitalismo liberal materialista, que todavía trata de imponerse en nuestra patria como ya trató de hacerlo en el pasado.

Así, toda concomitancia de aquellos que se llaman a sí mismos carlistas con el separatismo o el socialismo, constituye una provocación evidente y una clara voluntad de engaño. No puede haber por tanto carlistas ni carlismo fuera de la plena aceptación de los principios fundamentales que son, quiero recordarlo:
  • La confesionalidad católica; es decir, la afirmación de nuestra condición católica como primera razón de nuestra causa: Dios.
  • El mantenimiento del principio indiscutible de la unidad nacional y del conjunto de tradiciones específicas de la naturaleza de la España de siempre y que dan su pleno sentido al concepto de Patria.
  • La defensa de los fueros, fórmula que no está en modo alguno en contradicción con el principio anterior, sino que lo complementa. Además de constituir unos derechos históricos indiscutibles, representan la libre y original evolución de cada región de España, y de los cuerpos intermedios, evitando así los graves inconvenientes del centralismo absorbente y paralizador.
  • La afirmación de la necesidad de la Monarquía para España que se basa en nuestra convicción de que es herencia permanente de autoridad, responsabilidad, independencia y continuidad.
Todo esto, lo sé, puede parecer una exposición de verdades elementales, pero creo que es oportuno recordarlas para terminar con ciertos falsos razonamientos que pretenden hacer que se puede ser carlista sin ser católico ni monárquico, patente traición a las convicciones de todos aquellos que, obedeciendo las órdenes que tuve el honor de firmar en nombre de mi augusto tío el Rey Don Alfonso Carlos, lucharon con valor y murieron gloriosamente por la religión y por la Patria.

Pido a Dios que el Carlismo, sin desviación alguna, siga fiel a sí mismo para el mejor servicio a España y la Cristiandad.

París, 4 de marzo de 1977

viernes, 18 de junio de 2010

Tirad, pero tirad sin odio: la lucha de los requetés fue una cruzada

  (de cuando Carlos Hugo jugaba a ser "el Principe de la Cruzada")

No nos avergonzamos de nuestra historia. De hecho el Carlismo es la única fuerza política que ha mantenido coherentemente su orgullo de haber participado en la guerra civil de 1936, para nosotros y nuestros combatientes una Cruzada, tal y como la definió la Iglesia Católica . Cuando el franquismo celebraba los "años de paz" y dejaba de recordar el alzamiento del 18 de julio, limitándolo a la paga extraordinaria del 18 de julio, el Carlismo continuó, como continua hoy en día conmemorando y defendiendo la legitimidad de tan magna epopeya. El felón ex-príncipe Carlos Hugo encabezó en los años 60 esa reivindicación de la Cruzada, con frases tan contundentes como la que manifestó a la revista carlista MONTEJURRA en abril de 1967: "la libertad religiosa es una traición a la Unidad de España y a los muertos de la Cruzada". Y es que si la guerra fue una Cruzada fue, fundamentalmente, gracias a los Requetés. Los herederos de los levantamientos por la legitimidad forzados por los acontecimientos políticos dejaron la legitimidad en un segundo plano "para salvar la Religión y la Patria", como dijo la orden de SMC Alfonso Carlos I, difundida por S.A.R. Don Javier, entonces Regente de la Comunión Tradicionalista. Pero no se transigió ni con la confesionalidad católica ni con el trapo tricolor que querian enarbolar la mayoría de los militares. 

El Carlismo fue de hecho el único movimiento político que realmente queria acabar con la nefasta II República. La actitud prudente en que con un principio se acogió el advenimiento de la misma (pese al fraude realmente antidemocrático que supuso, al ni siquiera tener los republicanos mayoría, y solo explicable por la cobardía de la antimonarquía usurpadora liberal) pronto se transformó en radical beligerancia. El 14 de junio, un enorme mitin carlista que abarrotaba la Plaza de Toros de Pamplona, bajo la presidencia del Marqués de Villores, jefe delegado de Don Jaime, el Carlismo "declaraba la guerra a la República" en respuesta a los primeros e intolerables ataques antirreligiosos de la misma. La Guardia Civil irrumpió en el acto y tras horas de incidentes detuvo a los oradores de dicho acto. Mientras las derechas cobardes se hacian republicanas e intentaban participar del sistema el Carlismo empezó a prepararse para la guerra. Los incidentes callejeros, los asaltos a locales rojos y separatistas y la defensa de los círculos carlistas de los mismos rojos, separatistas y policías y guardias civiles eran la tónica diaria. El 10 de agosto de 1932 un militar navarro de gloriosa estirpe carlista. el General Sanjurjo, organiza la primera intentona contra la II República.
Ante los atropellos, la anarquía, la política anticatólica, la nueva constitución sectaria, la expulsión de la Compañía de Jesús, la laicización de la enseñanza etc., se dio permiso a los carlistas para sumarse individualmente al levantamiento. Así algunos murieron gloriosamente en los combates de la Plaza de la Cibeles en Madrid, como los estudiantes carlistas de la AET José María Triana y Justo San Miguel. Durante las semanas previas aumentó considerablemente la introducción de armas por la frontera francesa, supervisada por los propios reyes Don Alfonso Carlos y Doña María de las Nieves; armas que finalmente servirían para el triunfo inicial de 1936. El 10 de agosto de 1932, los carlistas tomaron las calles en varias poblaciones y evitaron desmanes.
Tras el fracaso de esta primera "Sanjurjada" (decimos primera porque el Director del Alzamiento de 1936, aquel con quien pactó el Carlismo, fue el propio General don José Sanjurjo Sacanell; su temprana muerte, unida al esfuerzo curiosamente conjunto de la propaganda roja y de los aduladores del General Franco, lo relegaron pronto al olvido), la represión gubernamental, encabezada por el siniestro Manuel Azaña, fue feroz e indiscriminada. Muchos carlistas estaban ya en prisión, arbitrariamente detenidos por los republicanos; su estancia en ella se prolongó. Muchos otros que tampoco habían tenido nada que ver con la conspiración fueron detenidos en toda España, y permanecieron en prisión sin juicio tres o más meses; entre ellos Manuel Fal Conde, Enrique Barrau, Luis Redondo o el poeta malagueño José Luis Hinojosa (tal vez el más interesante de la Generación del 27, olvidado después de asesinado por los rojos el 22 de agosto de 1936). Los círculos carlistas fueron registrados y clausurados, a veces saqueados; los numerosos periódicos de la Comunión fueron secuestrados y suspendidos.
Azaña y las logias aprovecharon también para deshacerse de cuantos mandos militares eran considerados desafectos a la izquierda, y así casi un centenar y medio fueron deportados sin juicio a Villa Cisneros, en el Sahara español. De ahí saldrían los mejores mandos de la Cruzada de 1936-1939; allí volverían al Carlismo hombres como el General José Varela. Porque aunque los rojos hicieron todo lo posible por deshacerse de los deportados (como denunciaron los diputados de la Comunión Tradicionalista: uso de un barco decrépito e insalubre, el España Nº 5, para el traslado de los prisioneros; retención sin juicio; destierro inconstitucional de más de 250 km. del lugar de residencia; hacinamiento; etc.), la presencia entre ellos de carlistas como Juan José Palomino; el Marqués de Sauceda; Mier y Terán; los hermanos Chicharro; varios estudiantes de la AET de Madrid, etc., unida a la conciencia de que luchar por España implicaba necesariamente enfrentarse al régimen tiránico, lograron que en otoño de 1932 ya se hubieran unido a la Comunión más de ochenta de los deportados.
En 1933 la importante maquinaría de guerra que era el Carlismo va perfilándose. Los Requetés, curtidos en el diario combate callejero, en los tiroteos contra los impíos que pretenden atacar procesiones y quemar Iglesias y conventos, empiezan a prepararse para el combate militar. En enero de 1934 se publica la Ordenanza del Requeté, escrita por el entonces Coronel Varela. En marzo Antonio Lizarza Iribaren y Rafael Olazábal se entrevistan en Roma con Mussolini, consiguiendo de este armas, municiones y dinero para un levantamiento, así como la instrucción de jóvenes requetés navarros en academias militares italianas. En abril se celebra el primer acto del Quintillo, en el Reino de Sevilla, como demostración de fuerza del Requeté andaluz. El 15 de julio en Potes (La Montaña) Fal Conde pronuncia un discurso ante 10.000 Requetés señalando que "los pueblos tienen derecho a levantarse contra los tiranos". La respuesta de la juventud carlista es unánime "¡Vengan fusiles!". Hay nuevos enfrentamientos con la Guardia Civil. En el levantamiento armado de las izquierdas y los separatistas en 1934 los carlistas toman nuevamente las armas y se hacen dueños de muchas calles, evitando y combatiendo los desmanes revolucionarios. En noviembre los estudiantes carlistas de la AET organizan un gran asalto a la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid, acabando con la prepotencia del sindicato republicano FUE. Después vendrian nuevas manifestaciones de fuerza, como el Aplec de Montserrat, ante 40.000 carlistas y con Fal Conde anunciando la posibilidad de nuevos levantamientos. El triunfo fraudulento de las izquierdas en 1936 hace que se redoblen los esfuerzos ante una posible acometida revolucionaria. Fal Conde señala "cada vez que el Gobierno nos necesite para algo bueno para la sociedad española, no hallará mejores colaboradores, ni más abnegados, ni más leales, no por el Gobierno, entiéndase bien, sino por la Patria, cuyas penas nos parten el alma...". Lejos de aceptar cualquier conciliación o trabajo por el bien común las izquierdas revolucionarias se empecinan su carácter sectario y los carlistas se preparan para el Alzamiento, con o sin los militares. En marzo Fal Conde visita al General Sanjurjo en su prisión del Castillo de Santa Catalina. El General pone simbólicamente su espada y pide ser admitido en la Comunión. Desde aquel momento el General se convierte en jefe militar del Alzamiento. En abril SMC Don Alfonso Carlos I constituye el Estado Mayor Carlista, bajo la dirección del General Muslera, y designa a Don Javier como su representante en vísperas del Alzamiento. El Carlismo como desde el principio planea el Alzamiento para derrocar a la República. Los militares se mantienen mayoritariamente al margen. Las derechas quieren participar del sistema. Falange, partido pequeñísimo, pretende llevar a cabo una revolución nacional-sindicalista, pero pese a ser sus miembros cruelmente masacrados por los republicanos tampoco participa en las conspiraciones contra la República. Solo el execrable asesinato de Calvo Sotelo por la policía republicana lleva a moverse a algunos militares. Estos solo quieren la restauración del orden republicano. Pero el Carlismo no transige. No acepta ni el trapo tricolor ni la "dictadura aconfesional republicana". Los militares, desesperados y conscientes de que sin el Carlismo nada pueden hacer, transigen. Para los Requetés, como para los católicos españoles coherentes, la conspiración contra la República era una Cruzada contra las fuerzas sectarias que estaban masacrando con cruelísimo odio a la Iglesia Católica, en una de las mayores persecuciones religiosas de la Historia . Como Cruzados en todas las banderas de los Tercios de Requetés junto a los colores nacionales estaba la Santa Cruz de Nuestro Redentor. Junto a las banderas era el Cristoforo el que iba en vanguardia de la lucha. Católicos a machamartillo,toda la contienda armada estuvo traspasado por una espiritualidad de combate  inapelable e innegable.

Obviamente no movia al Requeté odio alguno ni violencia gratuíta. La actitud guerrera de los carlistas era análoga a la de Antonio Rivera, el Ángel del Alcazar, camarada de armas de los requetés que también defendían y que liberaron El Alcazar. El 18 de septiembre intentó rescatar una ametralladora y le volaron el brazo izquierdo que tuvo que serle amputado. Fue entonces cuando pronunció la frase que se ha convertido en resumen de una ascética para un combatiente cristiano: «Tirad, pero tirad sin odio», idea que repitió muchas veces hablando del amor al enemigo. El Carlismo no tomó represalias contra nadie y fue agente de reconciliación tras la guerra. Quienes pretenden olvidar cualquier perdón y reconciliación son los herederos de los perdedores de la guerra, los que la provocaron con su sectarismo y persecución y los responsables de los mayores genocidios del siglo XX.

Quien quiera negar el carácter de Cruzada a la lucha de los carlistas o empequeñecer la epopeya es simplemente un cretino ignorante, enemigo de la Santa Causa de Dios, Patria, Rey. Por mucho que intenten liquidar la Verdad histórica los hechos son los que fueron. Que no se repitan solo depende de los enemigos de Dios y de España. La guerra es una situación muy dura, pero la doctrina católica enseña que puede ser Justa y necesaria. Mucho peor que la guerra es la tiranía de las sectas enemigas de Dios y de España. Que el Bendito ejemplo de los Requetés nos conforte, nos ampare y nos sirva de acicate y ejemplo.

  ( Calendario de bolsillo de la C.T, año 1968)

domingo, 25 de octubre de 2009

Catecismo Tradicionalista

Catecismo Tradicionalista. Juan María Romá. Barcelona. 1934.
Impreso bajo el Reinado de S.M.C. don Alfonso Carlos, Duque de san Jaime
CATECISMO TRADICIONALISTA
DIOS
1. ¿Cuál es la divisa de la Comunión Tradicionalista?

Dios, Patria y Rey. La escribieron nuestros padres, que constituían la España católica y monárquica.

2. ¿Por qué decís que fue escrita por nuestros padres?
Porque la heredamos de nuestros mayores como rico patrimonio, como Ley fundamental del Reino, como lema glorioso de nuestras banderas, como grito de guerra contra nuestros enemigos.

3. ¿Tiene la sociedad, como el individuo, el deber de dar culto a Dios?
Lo tiene. La sociedad humana fue constituida por Dios, autor de la naturaleza, y de Él emana, como de principio y fuente, toda la copia y perennidad de los bienes en que la sociedad abunda.

4. ¿Qué religión ha de profesar el Estado?
Siendo necesario al Estado profesar una religión, como afirman los grandes Doctores, ha de ser la Católica, Apostólica y Romana, por ser la única verdadera.

5. ¿Puede un tradicionalista ser liberal?
No puede serlo, porque el liberalismo arranca del protestantismo y desciende en línea recta de los réprobos principios de Lutero, siendo uno de los principios a que obedece la negación de Dios en la gobernación de las cosas del mundo. Sin ser liberal se puede, y aún se debe, amar la verdadera libertad, que es hija de Dios.

6. ¿Cómo calificaba Pío IX al liberalismo católico?
De “peste, la más perniciosa, error insidioso y solapado, verdadera calamidad social, pacto entre la justicia y la iniquidad, pérfido enemigo, etc., etc.”.

7. ¿Qué nos impone el deber de ser católicos?
El de profesar abierta y constantemente la doctrina católica y propagarla cada uno según su saber y sus fuerzas, como también el de ser hijos sumisos del Papa y demás autoridades de la Santa Iglesia.

8. ¿Deben los tradicionalistas la Unidad Católica?
Sí. Es nuestro mayor timbre de gloria; y aún políticamente hablando, es el medio más eficaz para que haya unidad y unión en toda España. No por otro motivo, sino por este solo, es tan combatida, y le profesan tanto odio los sectarios y los incrédulos. Esto no obstante, sabemos muy bien que el creer ha de ser obra del entendimiento y de la voluntad por medio de la gracia divina, y que nada debe ser tan voluntario como la religión, la cual, por lo mismo de ser forzada, sería nula. No entienden así la libertad... los liberales, que nos querían hacer laicos a la fuerza.

PATRIA
9. ¿Qué quiere decir “Patria”?
La Patria es cosa natural. Es la herencia de nuestros padres, el tesoro de nuestros hijos, la tierra donde hemos nacido, el hogar que ha sido testigo de nuestras alegrías y de nuestros dolores, es la lengua que hemos aprendido y con la cual nos expresamos fácilmente...

10. ¿Es un deber de conciencia defenderla?
Por ley de naturaleza estamos obligados a amarla y defenderla, de tal manera, que todo buen ciudadano ha de estar pronto a arrostrar la misma muerte por su Patria.

11. ¿Qué relaciones deben de mediar entre la Iglesia y el Estado?
La Iglesia no puede ser sospechosa a los gobernantes ni a los pueblos. A los gobernantes les amonesta a seguir la justicia y a no desviarse jamás del deber, y al mismo tiempo refuerza su autoridad. Las cosas que se refieren al orden civil, la Iglesia no se las disputa, sino que reconoce que pertenecen a su autoridad y a su supremo imperio; en aquellas otras, cuyo juicio, por diverso aspecto, pertenecen a la potestad sagrada y civil, quiere la Iglesia que exista entre ambas potestades concordia.

12. ¿Qué cosas pertenecen a la Iglesia, y qué a la potestad civil?
Todo cuanto, de cualquier modo que sea, tenga razón de sagrado, y todo lo que pertenece a la salvación de las almas y al culto de Dios, todo ello cae bajo el dominio y arbitrio de la Iglesia; pero las demás que el régimen civil y político, como tal, abraza y comprende, justo es que le estén sujetas, puesto que Jesucristo mandó expresamente que se dé al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

13. Los pecados de la sociedad ¿son castigados en esta vida o en la otra?
La justicia de Dios tiene reservados, para los individuos, premios para las buenas obras, como castigos para los pecados. Mas los pueblos y naciones que no pueden perdurar más allá de la vida, menester es que en la tierra lleven el merecido de sus obras. Podrá ser que, por justos juicios de Dios, pues no hay pueblo alguno que no tenga algo de laudable, a algún pueblo prevaricador le salgan bien sus empresas; pero es ley firmemente establecida que para que la suerte de un pueblo sea próspera, importa el que por el pueblo se rinda culto a la virtud y en particular a la justicia, madre de todas las otras. “La justicia levanta a la nación, más el pecado hace miserables a los pueblos”.

14. ¿Qué humano remedio hay para la regeneración de España?
Por lo que estamos viendo y palpando, no hay otro remedio que la Monarquía Tradicional. Debemos creer que España esté destinada si no a morir, a sepultarse en el caos. Cuestión de tiempo y de acción continua nuestra. Los verdaderos tradicionalistas no necesitamos de esperanzas ni ilusiones lisonjeras para seguir constantes en la empresa comenzada hace 100 años; pues los grandes caracteres y los corazones hidalgos, antes que el aliciente del triunfo atienden al cumplimiento del deber. SI no queremos ser indignos de nuestros padres, ya sabemos cual ha de ser nuestra conducta.

REY
15. ¿Qué y cómo se entiende por Rey, tercer lema de la bandera carlista?
Rey por la Gracia de Dios. Porque por lo que hace a la autoridad la Iglesia enseña con razón que viene de Dios, mientras que el liberalismo afirma que de la soberanía nacional emana todo poder, negando por consiguiente que la autoridad es de origen divino.

16. Y haciendo dimanar de Dios la autoridad, ¿no parece menoscabar la supremacía del que la ejerce, sea Rey o su equivalente?
No es así; antes bien, dando a la autoridad ese origen divino, se refuerza el poder civil y su ejercicio y se le da una mayor dignidad y un mayor respeto de los ciudadanos.

17. ¿De qué defecto adolece la tan sobada “soberanía popular”?
Del que al negar a la autoridad todo origen divino, se abre la puerta a toda corrupción. Armada la multitud con la creencia de su propia y única soberanía, se precipita fácilmente a promover turbulencias y sediciones; y quitados los frenos del deber y de la conciencia, solo queda la fuerza, que raras veces puede contener los apetitos de las muchedumbres, formadas siempre de los menos cultos y los menos aptos.

18. ¿Y qué es esto del sistema de mayorías?
No es más que una triste comedia liberal; siendo, por otra parte, un disfrazado derecho de la fuerza, una… dictadura de los más.

19. ¿Y qué me dice del sufragio universal?
Que, generalmente, es una farsa, una mentira. Y si fuese una verdad, constituiría el monopolio de la ignorancia, o el monopolio de la riqueza.

20. ¿Qué es la Ley?
La Ley no es otra cosa que “el dictamen de la recta razón promulgada por la potestad legítima para el bien común”.

21. ¿Somos libres para obedecer o no las leyes?
Justa y obligatoria es la observancia de las leyes, no por la fuerza o amenaza, sino por la persuasión de que se cumplen como un deber. Esto es lo cristiano y lo lógico… Pero si están en abierta oposición con el derecho divino, con el derecho natural y contra la conciencia del buen ciudadano, entonces la resistencia a esas leyes es un deber.

22. ¿Debe el Rey sujetarse a las leyes como cualquier ciudadano?
Claro que sí. Los Reyes de Aragón no tomaban nombre de Rey hasta después de haber jurado en Cortes la observancia de las leyes del Reino. Carlos II, disponiendo en su testamento que Felipe V fuera reconocido por Rey legítimo, añadía: “… Y se le dé luego sin dilación la posesión… precediendo el juramento que debe hacer de observar las leyes, Fueros y costumbres de dichos mis Reinos y Señoríos”. Y así hicieron los Reyes de nuestra Dinastía en las guerras carlistas.

FUEROS
23. ¿Son los Fueros parte integrante de nuestro programa?
Son parte esencial de nuestro sistema político. El regionalismo ha sido defendido siempre por nuestra Comunión desde que vino a la vida. La restauración de los antiguos Fueros y libertades, atemperándolos a las necesidades de los modernos tiempos, ha sido firme voluntad de nuestros Reyes y los carlistas.

24. ¿No limitan los Fueros el poder del Rey?
No ha sido jamás el Tradicionalismo defensor del poder absoluto, es decir, favorable a una monarquía cesarista. El poder del Rey, primeramente, está limitado por sus deberes para con Dios, y por sus deberes para con sus súbditos. En segundo lugar, tiene una limitación general que abraza mil casos particulares, pues antes que Rey es padre de los pueblos que Dios le ha confiado, y como Rey y como padre debe querer todo el bien posible a su pueblo, y alejar de él en lo posible todo mal.

25. El regionalismo ¿no engendra, como dicen los separatistas el separatismo?
De ninguna manera, como no sea en los que tengan albergado en su corazón el fermento del antiespañolismo. Somos nosotros los tradicionalistas, fervorosos amigos de la unidad de la Patria española, pero asimismo decididos defensores de todas aquellas libertades municipales y regionales que la revolución ha ido destruyendo en todas partes. Nuestra monarquía sería llamada federal, si esa palabra no fuese algunas veces desnaturalizada. Digamos, pues, que es representativa por oposición a la parlamentaria, de la que abominamos por el mal que ha hecho a España.

26. Los Fueros ¿son favorables o no a la libertad?
La ínclita Castilla fue libre, las heroicas Navarra y Vascongadas y el nobilísimo Reino de Aragón fueron los pueblos más libres del mundo con las grandes prerrogativas de que gozaron. Lo mismo lo serían una vez restaurados sus Fueros y sus libertades.

Juan María Romá. Barcelona. 1934