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viernes, 25 de noviembre de 2011

Discurso de Manuel de Santa Cruz, Comendador de la Orden de la Legitimidad Proscrita

  (Cruz de la Orden de la Legitimidad Proscrita)

Con la venia de S.A.R.

Queridos amigos:

No puedo empezar a hablaros sin dar antes que nada, nuestras más sinceras gracias a Su Alteza Real el Príncipe Don Sixto de Borbón, por haber venido desde el exilio a la Patria a encabezar esta noche con sus leales esta manifestación de gran entusiasmo por la Causa.

Nos recuerda cuánto nos estimulaban las visitas del Rey Don Javier, que resumíamos relanzando el electrizante grito de Iparraguirre, de ¡Aún vive el Carlismo!

Ahora podemos añadir, gracias a Vos, Señor, una exclamación complementaria, ¡Aún vive el Carlismo, y lo que vivirá!

Conmemoramos esta noche, de una parte, la Fiesta de Cristo Rey, con todo el sentido de confesionalidad de los Estados que le dio su instaurador, el Papa Pío XI, poniéndole nosotros a salvo de adulteraciones posteriores más propias de New Age . Por otra parte presentamos el libro sobre 175 años del Carlismo, debido a la inagotable capacidad de trabajo y a los carismas, verdaderamente providenciales de nuestro amigo Don Miguel Ayuso.

Entre otros méritos, este libro tiene el de mostrar de una manera original e inédita que el Carlismo es una cosmovisión de aceptación e implantación universales, especialmente en las Américas que fueron España y en los restos europeos de la Cristiandad.

Precisamente, esta condición del Carlismo de ser, además de otras muchas cosas, esa cosmovisión universal, es una de las causas de su asombrosa y misteriosa supervivencia.

Esta cosmovisión carlista tiene cuatro pilares principales: la Religión, la Dinastía legítima, el Patriotismo, y el Estilo.

La Dinastía legítima, encarnada en el día de hoy por Su Alteza Real, cuya vida física pedimos a Dios que guarde todavía muchos años más, para que siga custodiando y defendiendo esa cosmovisión en toda su pureza en medio del oleaje de la revolución anticristiana y de la revolución progresista dentro de la propia Iglesia.

En esta misión providencial quisiéramos Señor que os aliviaran la Nobleza propia de la Dinastía legítima, la orden de la Legitimidad Proscrita, y otras asociaciones menores afines, como la Hermandad a los Juramentados de la Unidad Católica, de los monasterios de La Oliva y de las Madres Clarisas en Olite, especie de cuerpos intermedios del organigrama de la Comunión, que quisiéramos ver repoblados. Para lo cual todos nosotros debemos cultivar nuestras cualidades más naturales y nuestros carismas para poder ofrecer a S. A. R. unas colaboraciones eficaces y destacadas y encuadrados.

Toda la cosmovisión carlista que tan bien recoge y expone, aunque fragmentariamente, como es natural, el libro que presentamos, está empapada de religiosidad. Las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, devoción universalmente vinculada internamente a la Contrarrevolución, han estado entronizadas en todos los Círculos Carlistas e impresas en nuestras banderas de guerra. Por cierto, el Papa Benedicto XVI acaba de decir en el encuentro que ha tenido en Asís con representantes de religiones falsas, que se avergüenza de que en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Nosotros no nos avergonzamos de que en los Tercios de Requetés llevaran a su frente Crucifijos en alto. No solamente no nos avergonzamos sino que estamos orgullosos de ello, y además estamos dispuestos a vivir y a morir con las botas puestas, arma al brazo, y en pié de guerra, para defender y propagar nuestra cosmovisión católica y española cuantas veces sea necesario . Para que dentro de otros 175 años más, se pueda presentar un libro como éste.

Otro elemento constitutivo de la cosmovisión carlista que este libro tiene la afortunadísima exclusiva de presentar, es el amor a España, el patriotismo. La monarquía es hoy el principal custodio del concepto de Patria frente a las distintas globalizaciones supranacionales judeomasónicas que lo erosionan, Vos Sois, Señor, el último y genuino representante de la Monarquía española, que resiste desde el exilio al mayor atentado a la soberanía nacional de España que se está produciendo desde tiempos el rey José Bonaparte. Otros organismos que debiendo resistir a la europeización de España no lo hacen, no son más que chapuzas republicanas. El día en que la Unión Europea acabe de desmoronarse se verá mejor la labor callada que hacen con su sola presencia S.A.R. y otros Príncipes europeos a favor del concepto de Patria.

Este libro continúa la recopilación de ideas políticas al servicio de la Religión y de España que se encuentra iniciada en el Acta de Loredan del Rey Don Carlos VII y sigue en las obras de Vázquez de Mella y otros pensadores más recientes como Elías de Tejada, Rafael Gambra y Álvaro d’Ors. Es un hito en la historia del Carlismo.

En la creación de este libro se ha corregido el error tan repetido maliciosamente de mostrar al Carlismo como un movimiento exclusiva o predominantemente guerrero, lo cual es mentira. Los carlistas han estado mucho más tiempo que en los frentes de guerra, exponiendo sus ideas de manera incruenta en el Parlamento, en las tribunas y en los periódicos.

La cosmovisión carlista es tan perfecta y acabada que ha producido en los que la sirven, un estilo de ser y de vivir, que les identifica. Estilo que es, a su vez con sus caracteres propios y mecanismos especiales, una garantía más de la pureza y supervivencia de esa cosmovisión. Por ello debemos mantener ese estilo y fomentarlo como algo realmente importante.

¿Cómo? Tratándonos entre nosotros mismos lo más posible como hermanos en una misma fe. Cultivando además del patriotismo de la Patria, España, el patriotismo de las cosmovisiones, de esta cosmovisión. Y multiplicando reuniones, convivencias, actos como éste que avivan la hoguera de nuestro entusiasmo individual y colectivo.

Discurso de José de Armas Díaz Presidente del Círculo Tradicionalista “Roca y Ponsa” de Gran Canaria

  (Discurso de don José de Armas Díaz, ante S.A.R Don Sixto Enrique de Borbón en la Cena de Cristo Rey)

Hace poco tuve la ocasión de ver por Internet un curioso documental en el que se ofrecía una representación del Universo en comparación con nuestro planeta, de manera que, aplicando un zoom, la Tierra iba minimizándose paulatinamente hasta hacerse casi imperceptible entre infinidad de astros y constelaciones, llegando tal insignificancia a ser verdaderamente sobrecogedora, si el panorama no se considera iluminado por una correcta inteligencia, o sea a la luz de la fe. Por supuesto que allí no se mencionaba para nada el fenómeno de la Creación, pero era deducible simplemente con la razón.

La Historia de la obra de Dios arranca en el Génesis. Todo fue finito, hasta que Él sopló sobre el primer hombre y lo animó con una participación de su divinidad con el fin de inmortalizarnos en su presencia, y además nos hizo libres. Pero casi inmediatamente Adán olvidó su deuda con el Creador del Universo, y desde ese momento la bienaventuranza quedó suspendida en una promesa esperanzada, hasta que el Señor de la Historia quiso enviar a este puntito insignificante del Universo a su Hijo Amado, para que nos percatáramos de su inconmensurable misericordia y fuéramos redimidos.

Todo esto gratuito, pero con condiciones de una lógica aplastante. Es curioso que usando simplemente el diccionario, todavía podamos llegar a una conclusión, atendiendo siempre a las primeras acepciones. Si buscamos Bienaventuranza, resulta que dice “Vista y posesión de Dios en el cielo”. Fíjense ustedes en la coincidencia etimológica de las palabras que expresan los conceptos que se barajan en este divino y trascendental juego: Gracia significa “Don de Dios, ordenado al logro de la bienaventuranza”. Gratitud es “el sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio recibido y a corresponder a él”. Gratuito viene a ser “De balde o de gracia”. Por todo ello, sin sofismas ni circunloquios filosóficos de ninguna clase, podemos afirmar que el misterioso capricho divino de nuestra inmortalidad es gratuito, porque la gracia es un don en pos de la bienaventuranza; y que éste don requiere gratitud.

Esto, Sres., no es un sermón. No debe ni puede serlo. Es la constatación de una realidad, de la única realidad posible, que se nos va haciendo más patente a medida que el progreso de las ciencias corre los velos de misterios que antaño eran más difíciles de imaginar.

Nuestro gran Donoso Cortés dedica su mayor obra (Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo) a demostrar que “en toda gran cuestión política va envuelta siempre una gran cuestión teológica”. No nos cansaremos de recomendar, sobre todo a los jóvenes, su lectura y meditación.

Todos nosotros nos hemos encontrado alguna ocasión en la circunstancia de que por toda respuesta a estos o similares argumentos, se nos diga que el Carlismo adolece de una fanática obsesión religiosa y concretamente católica. Y no es tampoco raro que haya correligionarios que, con su mejor voluntad, quieran persuadirnos de estar anquilosados en el primer punto de nuestro cuatrilema; que avancemos y vayamos a la solución práctica de los otros tres. Es la metástasis del Liberalismo

Cuando el Creador nos infundió el espíritu inmortal, nos dio la posibilidad de recordar de dónde venimos; de entender para qué somos; de querer colaborar con la Creación perpetuándonos en la transmisión de la memoria y el entendimiento. Son las potencias del alma: Memoria, Entendimiento y Voluntad.

¿Y cual es la condición para la bienaventuranza? Lo decimos todos los días, sin casi darnos cuenta de la trascendencia de este deseo: “Santificado sea tu nombre. Vénganos tu Reino y hágase tu voluntad así en la Tierra como en el cielo”. Este deseo expresado en la única oración que dictó al pie de la letra Nuestro Señor Jesucristo hay que recordarlo siempre con la Memoria; hay que asumirlo con el Entendimiento; hay que hacerlo un propósito inexcusable con la Voluntad.

La definitiva Historia de la salvación, comienza en el momento de la Concepción Inmaculada de María y ha llegado hasta S.S. Benedicto XVI.

A los tradicionalistas hispanos, nos será fácil memorizar y entender la correspondencia íntima del primer enunciado de nuestro ideario con los restantes, porque el más pequeño recoveco histórico de Las Españas, está iluminado por las católicas repercusiones de la defensa del Altar en todo el planeta.

Nos dice Melchor Ferrer en el primer tomo de su monumental Historia que “El Tradicionalismo español (…) tiene por lema a Dios, su inspiración, su Decálogo, y a esa idea suprema ajusta a la Patria, como comunidad de hombres que quieren desenvolver su destino, hermanados y obedientes siempre al Padre común, y la idea del gobierno encarnada en una autoridad superior, libre, por su condición y altura, de las pasiones de la cosa pública, para mejor dirigir las diferencias, es decir, la Monarquía.”

Claro que después de Dios está la Patria, que abarca la extensa amplitud de la Hispanidad, que incluye el imperio lusitano, la mayor parte del continente americano (no en vano decía Elías de Tejada que los únicos “hermanos separados” que tenemos los españoles son los portugueses y los hispanoamericanos), además de otros reinos europeos, de los cuales tenemos hoy, aquí, dignísima representación en el correligionario Maurizio Di Giovine; Patria iluminada por la Religión Católica y nacida al amparo autárquico del paradigma de las libertades concretas, los Fueros. Fueros que necesariamente tenemos que ir reconquistando si no queremos ver diluidas nuestras libérrimas idiosincrasias de patrias chicas en la neutralizante cursilada revolucionaria de la “aldea global”, y la Patria grande desaparecer.

Señor: Es un compromiso grande hablar del Rey en vuestra presencia. No obstante creo necesario hacerlo, ayuno de cualquier lisonja, con todo el desenfado que presupone la pleitesía y la lealtad.

Hace tiempo que éste locuaz apasionado siente deseos de deciros algunas cosas, sin encontrar nunca la ocasión propicia, a pesar de haber disfrutado el honor de pasar con el Señor inolvidables jornadas enteras, vividas minuto a minuto. Hoy me decido con la ilusión de hablar en nombre de todos los presentes, amparado en la frase proverbial protocolaria de las Cortes de Aragón: “Nos, que cada uno de nosotros somos igual que Vos y todos juntos más que Vos, …”.

En el tiempo en que mis pasiones monárquicas eran objeto (por tradiciones familiares) de otras ramas dinásticas, leí unas declaraciones del padre de un pretendiente, comentando la manera en que el preceptor a la sazón trataba de establecer al pupilo al menos en la Legitimidad de Ejercicio, y decía: “…Vegas pretende que el Príncipe sea un santo, un héroe y un sabio”. Tales lecciones al efecto, no duraron un año; fueron abortadas por un aluvión de enseñanzas liberales de otros profesores. Y el príncipe, desde entonces devino en monigote, aprendiendo a firmar, jurar y perjurar todo lo que se le pone por delante.

Andando el tiempo y después de haberme leído el libro “Razones de la Monarquía” del melifluo José María Pemán, en 1969 quedaron congelados mis fervores dinásticos, hasta que en 1983, acuciado por Gabriela Pèrcopo, con el contento de Eugenio Vegas y la bendición de Rafael Gambra, los puse a los pies del Señor.

Pero aquel fracasado preceptor, dedicó el resto de su vida (como siempre lo había hecho) al apostolado político y religioso. Fue formando un escogido grupo de jóvenes de buena voluntad y clara inteligencia, con la firme esperanza de que su obra pudiera servir para que algún rey humano comprendiera, deseara y estuviera dispuesto a que Cristo reine “así en la tierra como en el cielo.”

Y todo esto, Señor, no sería más que un bello pero triste cuento, si no se tratara de una realidad conseguida.

Extienda su memoria a las cimas de su árbol genealógico y no será arriesgado concluir que ninguna corona tuvo tantas perlas bajo la cruz, como las que adornan la suya.

Ya sé que el Señor mira a su alrededor y ve como le apoyan los discípulos de Eugenio Vegas, de Rafael Gambra, de Elías de Tejada, de Manuel de Santa Cruz, entre otros..., y oye como le urgen con San Isidoro: ¡“Rex eris si recte facies, si non facias, non eris”!

Queremos por Rey de la tierra a un santo, un héroe, un sabio. Sé, Señor, sabemos que el peso es casi tan abrumador como el de la Cruz de Cristo. Cárguelo, por Dios, no desfallezca. Ya ve que le sobran Cireneos.

¡¡¡Viva Cristo Rey !!!
¡Viva el Rey!

domingo, 16 de octubre de 2011

Ofensiva trascendente del carlismo

  BOINAS ROJAS A JERUSALÉN (2008) 

El libro fue escrito con motivo de los 175 años del Carlismo, para el congreso "Una revisión de la tradición política hispánica" . Está dedicado a Su Alteza Real Don Sixto Enrique de Borbón:

A Su Alteza Real
Don Sixto Enrique de Borbón
Infante de España, Príncipe de Parma, Duque de Aranjuez
Abanderado de la Tradición
y
A la Comunión Tradicionalista
para servir a su grandeza,
a su fuerza y a su destino

OFENSIVA TRASCENDENTE DEL CARLISMO

Porque el carlismo sale de las rocas divinas
como una Jerusalén en un solo relámpago
de pétreas doraciones e imperantes clarines
y las contemplaciones sempiternas inspiran
al ejército espejo de las tropas celestes;

porque los Boinas Rojas son los ecos sedientos
del abra de la ira de la viva memoria
y sus pasos arrastran las eternas miradas
y sus ojos avanzan como lluvia de estrellas
sobre el campo de honor desde el fuego celeste;

porque los Boinas Rojas son las lenguas de fuego
que eternamente esperan su venida pluviosa
para elevar las aguas a reflejos del cielo
y amar las ofensivas que iluminan España
con olas similares a las del mar celeste;

porque el Carlismo viene con la tormenta eterna
del gran legitimismo que une el cielo a la tierra
y sus filas ya llegan como llegan los rayos
antes que los rumores se escuchen de los truenos
y se rocíe España de la lluvia celeste;

porque el carlista ungido es soldado de Cristo
y el rosario rezado lo lleva de la mano
por Tercio intransigente de gigantes arcángeles
y la Hostia cantada lo llena de los cielos
y desde ya lo encuentras en el cuartel celeste;

porque los Boinas Rojas van y vienen del cielo,
atendiendo a los Kyries como a una trinchera
o dando cincuenta fuegos en sus cuentas de plomo,
y la tierra y el cielo, y la muerte y la vida
sólo son campamentos de su guerra celeste;

porque el Carlista bebe del cáliz más sereno
asumiendo en su alma lo más áureo del tiempo
por ello es un castillo de ascendiente esperanza
y un león elanzado, y un fruto generoso,
y tres orantes lirios, y un corazón celeste;

porque el Carlismo mira como águila bicéfala
con dos ojos en guerra sobre la faz terrestre
y dos ojos brillando de adorar a la gloria,
y vuela por España, con su guerra y su cielo,
con la espada de acero, con el globo celeste;

porque el Carlismo encumbra la bandera ardorosa
en que dos rayos rojos entrecruzan sus ramos
desde el cielo a la tierra y de la tierra al cielo
culminando la Historia con el rayo esperado
que llena los milenios de alegría celeste.

Otros textos AQUÍ 
Magnanimidad y pasión: Conversación con el poeta José Pancorvo  

jueves, 14 de julio de 2011

Lealtad sin fisuras



En 1946, Melchor Ferrer proclamaba: «Por si los carlistas jóvenes no me conocen, debo presentarme. Nunca fui integrista, ni fui minimista, ni fui mellista, ni fui de la Unión Patriótica, ni fui cruzadista, ni fui ni soy de FET. Ni alfonsino ni juanista. Carlista soy, carlista desde mí mocedad a las órdenes de Carlos VII el Grande; carlista en el servicio muy cerca del caballeroso Jaime III, carlista bajo el recto Alfonso Carlos, carlista en la disciplina del nobilísimo Príncipe Regente Don Javier de Borbón».

Hoy, 5 de Julio de 2011, Fiesta de San Antonio María Zaccaría , con la precisión que indicaremos en su momento, Núcleo de la Lealtad, vuelve a hacer suyas las palabras que dirigiera el pasado Domingo de Pascua de 2008 :

Proclamamos que nunca fuimos ni seremos de democracias o alianzas nacionales, mucho menos dealternativas o frentes españoles, ni de otras plataformas o movimientos... ni jugaremos a las ligas. No somos ni de derechas ni de izquierdas. Somos íntegramente tradicionalistas: contrarrevolucionarios militantes, católicos a machamartillo, españoles hasta la médula, defensores acérrimos de las libertades populares, monárquicos legitimistas.

Por eso, hoy como ayer, somos los tradicionalistas del siglo XXI frente a los liberales de la “alternativa social cristiana” que «afirman que, efectivamente, las leyes divinas deben regular la vida y la conducta de los particulares, pero no la vida y la conducta del Estado» (condenados ya en 1888 por [León XIII en] la Libertas praestantissimum , 14) y al resto de nuevos europeizadores demócrata cristianos, neoliberales, socialistas, comunistas, tecnócratas, socialdemócratas, y toda laya de cofrades.

El Carlismo  reivindica la gloria de encarnar en el siglo XXI las doctrinas y el estilo humano de los hombres de Las Españas de siempre, pues el Carlismo no es otra cosa que la continuidad pura y simple de nuestras Españas, la pusillus grex, el pequeño rebaño de la Hispanidad, al decir de la Escritura (Lc 12,32).

Los carlistas, ni dícense revolucionarios, ni juegan a llamarse socialistas, ni presumen de demócratas ni de liberales, aunque su sistema político entraña, en verdad, la única transformación social fructífera, la verdadera solución a los desórdenes sociales, el auténtico Gobierno del pueblo y la real garantía de las libertades de cada ciudadano. Los carlistas han llamado siempre y seguirán haciéndolo así a las cosas por su nombre. Y no niegan a Cristo ni a Las Españas, ni siquiera con disfraces de vocabulario demagógico, tan fácil como estéril. Se llaman a sí mismos lo que son: enemigos de las sucesivas fórmulas extranjeras que han sido el absolutismo, el liberalismo, el democratismo, el socialismo y fascismo. Con temple de Caballeros desprecian la demagogia y galantean a la sinceridad política, porque de Caballeros es ir proclamando a todos los vientos la verdad.

Como ayer, como siempre, como cuando hizo falta, por Dios, por la Hispanidad y el Rey Legítimo, somos carlistas a las órdenes del Infante de España S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón , Duque de Aranjuez, Príncipe de Parma y de Plasencia, Antiguo Caballero Legionario, Regente de la Comunión Tradicionalista , Abanderado de la Tradición

Añadimos hoy, por si hiciera falta, 5 de Julio de 2011, Fiesta de San Antonio María Zaccaría, la siguiente clarificación:

El único modo cabal, eficaz y eficiente, de estar a las órdenes del Señor y de la Causa de Dios y España, consiste en estar encuadrados en aquella Secretaría Política que precisamente dispusiera Su Augusta Persona, la formada por Sus Excelencias Don José Miguel Gambra, Don Luis Infante y Don José Antonio Gallego, –cuyas vidas guarde Dios muchos años–, acatando disciplinadamente sus órdenes, fieles al Espíritu de Disciplina del Credo Legionario: “Cumplirá su deber, ¡obedecerá hasta morir!”.

¡Viva el Rey y Viva Su Secretaría Política!

Fdo. El Director de NdL, NMB

CODA

«In manu Dei potestas terrae,
et utilem rectorem suscitabit in tempus super illam».

«La potestad de la tierra está en manos de Dios,
y Él a su tiempo suscitará quien la gobierne útilmente». Eclesiástico, X, 4.

Señora Inmaculada de las gentes de España *

Señora Inmaculada de las gentes de España.
De victoria en Lepanto, de dolor en Rocroi,
rezada a flor de Espadas desde el mar de Corinto
a la ribera virgen del río Paraná.
¡Señora Inmaculada de los indios ingenuos
y del Hidalgo altivo y de la Inquisición!
Como ayer, como siempre, como cuando hizo falta,
España, de rodillas, te ofrece el corazón.

¡Señora Inmaculada del Pilar Jacobeo!
Consuelo de amarguras en empresas de amar.
El fruto que sembraste para la Fe de Cristo
salido de tus manos, ¿no había de granar?
¡Señora Inmaculada del Apóstol del Trueno,
de la hazaña difícil y la tribulación!
Viniste a Zaragoza para salvar a España,
y España, desde entonces, parece una oración.

¡Señora Inmaculada de los Picos de Europa!
¡Cuántos te parecían pues cuanta era su Fe!
Y vino de los cielos tu auxilio y la victoria
del Dios de las Batallas, del Santo, de Yahvé.
¡Señora Inmaculada de esperanzas de Patria!
Se eleva una plegaria de Asturias a Aragón.
Sus ecos en las rocas, los bosques y los muertos
hablaron en romance y hablaron en canción.

¡Señora Inmaculada de la Santa María,
de los vientos propicios y de la tempestad!
Temblando amor de Madre llegaste al nuevo mundo
y el indio fue el hermano y Cristo la Verdad.
¡Señora Inmaculada del santo Misionero,
de los Conquistadores y del Emperador!
Resuena aun el Caribe las voces de Triana
y rezan todavía los indios al Señor.

¡Señora Inmaculada del indio mexicano!
América es España, y España es para ti.
El inca y el azteca cayeron de rodillas
y fue el Ave María caricia en guaraní.
¡Señora Inmaculada de la Rosa de Lima,
de García Moreno, de la persecución!
Son hijos de españoles, amándote nacieron:
no saben de mentira, ni saben de traición.

¡Señora Inmaculada del Valle de los Muertos,
del niño asesinado y el viejo Requeté!
Ganaron la victoria, la sangre y el martirio
de la España de Cristo por la España sin Fe.
¡Señora Inmaculada del muerto por la vida!
En tus brazos de Madre morir es salvación.
Y la semilla santa rebrota en Patria nueva
con ecos del Prudente y voz de Calderón.

¡Señora Inmaculada de la historia de España!
Tú misma nos la hiciste y huele a santidad.
Derrotas son honores, que las guerras de Cristo,
se ganan en el cielo y allí está la Verdad.
¡Señora Inmaculada! Somos aquellos mismos
que siglos defendieron tu pura Concepción.
Como ayer, como siempre, como cuando hizo falta,
España de rodillas, te ofrece el corazón.

Francisco José Fernández de la Cigoña.
* Nuestro gran amigo don Francisco José Fernández de la Cigoña , en sus años universitarios, escribió con amor y con conciencia estos buenos versos.


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sábado, 21 de mayo de 2011

El Carlismo ante las próximas elecciones: Rechaza el sistema, no entres en su juego

Elecciones autonómicas: Abstención
Elecciones municipales: Abstención o voto a candidaturas independientes

El domingo 22 de mayo de 2011 se celebran elecciones municipales y también a la mayoría de las "comunidades autónomas" que desfiguran y suplantan a las regiones históricas de España. No se presentan candidaturas carlistas. Para los tradicionalistas, y en general para los españoles de bien, no resulta lícito dar el voto a ninguno de los partidos políticos y coaliciones de ámbito nacional. Tampoco a partidos o coaliciones de signo nacionalista regional.

En muy contados casos será posible dar el voto en las elecciones municipales a candidaturas independientes (siempre que lo sean verdaderamente, sin lazos con partido político alguno); para lo cual será necesario tener certeza de que se trate de candidatos de absoluta rectitud de principios e ideas, y examinar con cuidado sus programas.

El proceso electoral en curso --de por sí ilegítimo-- está, además, viciado por la normativa electoral vigente, ejemplo de totalitarismo, incongruencia y corrupción legalizada. Sea quien fuere quien afirme lo contrario, no existe obligación alguna de participar en el mismo: la abstención es no sólo una opción legítima, sino seguramente la más legítima de todas. En el caso de las próximas elecciones autonómicas, la abstención resulta obligada, sin excepción.

Mayo de 2011

Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón

En el Principado de Cataluña, a las candidaturas que se presentan en los distintos municipios bajo la etiqueta de Plataforma por Cataluña (PxC) debe aplicárseles el mismo criterio que a las candidaturas independientes en el resto de España. Esto es: hay municipios donde presentan candidatos dignos de recibir el voto, y municipios en los que no se les puede apoyar. Las personas con derecho a voto deberán examinar cuidadosamente dichas candidaturas.

lunes, 28 de febrero de 2011

Confusión entre Partido y Comunión

Por lo acertado de la reflexión y su indudable interés, reproducimos el comentario de ManForAllSeasons realizado en el Foro Santo Tomás Moro el pasado 23 de febrero. Dice así:

Se me ha ocurrido una idea mientras leía el tema “Tengo una pregunta para el secretario general de la CTC” dirigido a don Javier Garisoain. Es bastante peregrina y sin duda en seguida será rebatida; no obstante, ahí va:

Las reticencias de CTC de reconocer a D. Sixto Enrique de Borbón (en calidad de Regente y probable futuro Rey) radican sobre todo en la confusión del brazo político del carlismo (la CTC) con la Comunión en sentido más amplio.

Me explico. Decía el usuario “capitan_valor” en el ya mencionado tema que “históricamente la CTC era una Comunión de ideales” en la que “se encuadraban el requeté, los círculos, las asociaciones estudiantiles como la AET, las margaritas, etc. etc. y también un partido político.”

Don Javier responde confirmándolo: “Nosotros siempre hemos dicho que el carlismo es algo más que un partido. Lo que sucede es que el estado de nuestra organización política allá por los años 80 era tan débil que desde los Congresos de la Unidad se prefirió trabajar preferentemente en el fortalecimiento de la CTC como núcleo político.[...] Por suerte o por desgracia la denominación de CTC está desde 1986 vinculada a la dirección política y electoral que es la CTC como partido.”

Teniendo esto en mente, pasemos a D. Sixto. Dice don Javier que "la inmensa mayoría de los carlistas, especialmente aquellos que le han conocido personalmente, no confían en él". Alguien le pregunta si esta razón no viene a ser una excusa encubierta para elegir al rey a dedillo, sobre todo para alguien que es monárquico. Don Javier contesta:
“Y tiene razón el opinante al decir que para un monárquico esa no es razón suficiente para rechazar o aceptar la legitimidad de nadie. Pero es que además y antes que eso he dicho también que quienes presentan a don Sixto no se sabe muy bien si lo hacen "en calidad de rey, de abanderado o de regente". Don Sixto es un hombre soltero, de edad avanzada, sin descendencia, enfrentado a su familia, y alejado políticamente de la mayoría de los carlistas. Es duro tener que decir esto, pero es la verdad. ¿Qué esperanza puede ofrecer a los españoles?”
A lo que yo opino:

La soltería, la edad avanzada, la falta de descendencia y el enfrentamiento con su familia son razones tan de “a dedillo” como la supuesta falta de confianza. El alejamiento político a la mayoría de los carlistas (sin entrar a valorar si es verdad o no) tampoco es en sí suficiente motivo, a menos que quede excluido por no acatar los principios de la legitimidad española según sintetizados por D. Alfonso Carlos I. En qué calidad se “presenta” a D. Sixto creo yo que no ofrece lugar a muchas dudas: ocupa la regencia de la Comunión (como hizo D. Javier I) mientras se intenta dilucidar (que no elegir) quién es rey; hasta que no se establezca definitivamente la exclusión de quienes le preceden por sangre en la línea de sucesión (los hijos de Carlos Hugo), D. Sixto no será el rey (como ocurrió a D. Javier I).

No obstante, parece ser que estas (un poco caprichosas) objeciones encubren una de mayor peso: “¿Qué esperanza puede ofrecer a los españoles?”. Es decir, no tiene juventud y descendencia que lo hagan atractivo a la opinión pública. Pues bien, la idea de que el rey tenga que ser idóneo para la opinión pública me parece que surge como consecuencia dela confusión entre el brazo político y la Comunión en su amplitud. Cuando el rey (sea quien sea) encabeza la Comunión amplia, nada impide que el brazo político se presente con líderes carismáticos que puedan con cierta autonomía discrepar con algunas opiniones personales del rey, aunque manteniendo la fidelidad. Esto ya ha ocurrido, sin especial detrimento para el carlismo.

Por otro lado, si el brazo político no reconoce al rey o regente, como ocurre con CTC, tendrá que encontrar sustituto a esa figura aglutinante en la “personalidad jurídica” del “partido”. Si ocurre esto, si una de las partes (el partido) se constituye en cabeza del todo (la Comunión), inevitablemente eclipsará a las demás partes de la Comunión en sentido social amplio. Mientras el brazo político siga predominando, la actuación del carlismo se centrará en aquello que tenga más sentido desde una perspectiva estrictamente política: a día de hoy, progresar electoralmente sin meterse en la escabrosa cuestión de “colocar a un pretendiente” -amenaza directa al poder constituido, por otra parte- me parece una buena política para conseguir resultados. Sin embargo, no puede ser la actuación íntegra del carlismo. Tiene que haber algo más.

La Comunión tiene una dimensión auténticamente social que la diferencia de las “asociaciones” y “juventudes” políticas que están subordinadas a los partidos oligárquicos del sistema. La Comunión amplia, por su naturaleza social diversa y difusa, no puede ser aglutinada salvo por la figura de un rey, o un “partido” con fuerte personalidad jurídica. El liderazgo de un rey (figura política por su naturaleza pero a la vez vivo recordatorio de que el carlismo no puede encajar como uno más en el sistema parlamentario) es la única manera perdurable, la única, de coordinar un plan de acción íntegro que equilibre lo político y lo social. Si se opta por el liderazgo de un partido se asegura el predominio del brazo político, que por lógicas razones de oportunidad política no reconocerá a un rey, aunque tenga ideas monárquicas. Cayendo, así, en un círculo vicioso que se retroalimenta y que a la larga acabará en un estancamiento en que el carlismo no tendrá:

A) Ni una Comunión a la que se subordine el brazo político, ni
B) Un Rey.

Es decir, condenación al posibilismo y división perpetua.

Que conste que no acuso a la CTC de posibilista, ni mucho menos: sólo sugiero que en el futuro puede ser una tentación que aceche. No me gustaría ofender a nadie, espero que se tome como lo que es: una crítica constructiva hecha desde el respeto y la profunda amistad, esperando suscitar reflexiones que, ya sean a favor o en contra de lo dicho, ayuden a mejorar la situación del carlismo hoy.

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Más adelante, ManForAllSeasons añade, para aclarar su postura acerca de la realidad jurídica de Don Sixto:

S.A.R. (Alteza por ser hijo de Rey) Don Sixto Enrique de Borbón es Regente. Es decir, desempeña las funciones de Rey mientras éste no pueda hacerlo. Es el hijo varón segundogénito de S.M.C. Don Javier I., y por tanto puede llegar a ser Rey si se determina definitivamente la exclusión (por falta de legitimidad de ejercicio) de la línea anterior: Carlos Hugo y sus hijos varones. Es Abanderado (dicho de quien lleva una bandera, título que no conlleva ningún derecho u obligación legal o institucional) de la Tradición, como también lo fué S.M.C. Don Carlos V cuando dijo: "y si hasta aquel momento habría sido traidor el que lo hubiese intentado, ahora será el que no jure mis banderas".

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Esta reflexión es probablemente la más acertada y completa que se ha realizado sobre la realidad que atraviesa el carlismo desde hace años. Esperamos que se abunde en ella para que de una vez por todas resurja la unidad en torno a la Comunión, la Tradición y la verdadera Monarquía.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Nota de la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón ante la muerte de Carlos Hugo de Borbón Parma

Ha fallecido don Carlos Hugo de Borbón Parma. No es este el momento de recordar su nefanda defección, de tan trágicas consecuencias para la Causa de la legitimidad española. Que Dios misericordioso le haya perdonado.

S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón se encuentra naturalmente afectado por la muerte de su hermano Carlos Hugo, y ruega oraciones por su eterno descanso.

Don Sixto Enrique, Regente desde el fallecimiento de su padre el Rey Don Javier, ante la situación tan anómala y dolorosa que don Carlos Hugo creó, se condujo en todo momento con la prudencia pero también con la fortaleza que el caso requería. En diversas ocasiones, públicas unas, reservadas otras, ha recordado no sólo los fundamentos doctrinales del Carlismo, sino también los deberes de los miembros de la Dinastía. En particular, en una carta firmada en Trieste el 18 de julio de 2009, centenario de la muerte del Rey Carlos VII, requirió personalmente a sus sobrinos Don Carlos Javier y Don Jaime, hijos del finado, que declarasen si asumían los principios intangibles de la legitimidad española (recogidos en el Real Decreto promulgado por Don Alfonso Carlos el 23 de enero de 1936), u optaban por seguir los pasos de su padre.

En ese requerimiento, redactado con delicadeza y comprensión ante la dificultad que siempre supone desautorizar a un padre, les ofrecía que asumieran la plenitud de los derechos y obligaciones de la Dinastía Legítima, tras un período transitorio de formación bajo la supervisión de su tío. No es buena señal el silencio que ha seguido a tal comunicación, como tampoco lo es el matrimonio desigual anunciado por Don Carlos Javier, pues inhabilita a sus posibles descendientes para suceder en la Corona (Pragmática Sanción de Carlos III de 23 de marzo de 1776). Pero, en puridad, el ofrecimiento sigue abierto. Que Dios les ilumine y les consuele en estos graves momentos.

En Madrid, a 18 de agosto de 2010".

La transmisión hereditaria de la monarquía permite evitar la multitud de males y sobresaltos que la lucha por el poder produce en la sociedad. De ahí la necesidad de una ley que, sin dar pábulo a la intriga, señale de manera automática cuál de los descendientes o parientes del rey está llamado a sucederle. La ley vigente en España que determina la legitimidad de origen es de tipo semisálico y fue promulgada por Felipe V. De todos es conocido que, según ella, el sucesor de Fernando VII era su hermano Carlos V y no su hija Isabel. Ahora bien, por la ley común y muy antigua de las Partidas, cualquiera que levante las armas contra el rey legítimo es traidor y reo de muerte "et demás todos sus hijos que sean varones deben fincar por enfamados para siempre de manera que nunca pueden haber honra de caballería ni de otra dignidad, nin oficio, nin pueden heredar de parientes que hayan (…) et esta pena debe haber por la maldat que fizo su padre" (ley II, tít. II de la partida VII). Todo lo cual basta aplicarlo a Isabel, su hijo y todos sus descendientes para saber el trato que merecen y cuál es su derecho a la corona que detentan.

Pero, bajo la lucha dinástica, hay una dimensión mucho más profunda, que entronca con lo arriba señalado sobre el sentido de la monarquía tradicional. El rey no sólo carece de la capacidad de elegir sucesor a su antojo y de cambiar a su gusto las leyes sucesorias, sino que debe acatar los fundamentos inmutables de la legitimidad española que el Rey Don Alfonso Carlos I sintetizó. Su enunciado es el siguiente:

  1. "La Religión Católica, Apostólica y Romana con la unidad y consecuencias jurídicas con que fue servida y amada tradicionalmente en nuestros Reinos.
  2. La constitución natural y orgánica de los estados y cuerpos de la sociedad tradicional.
  3. La federación histórica de las distintas regiones y sus fueros y libertades. integrantes de la unidad patria española.
  4. La auténtica monarquía tradicional, legítima de origen y de ejercicio.
  5. Los principios y espíritu y, en cuanto sea prácticamente posible, el mismo estado de derecho y legislativo anterior al mal llamado derecho nuevo".

El monarca o sus herederos que no se atengan a ellos, por legítimos que sean en su origen, deja de serlo en el ejercicio y pierde por ello sus derechos a la corona. Los reyes de la dinastía usurpadora, si algún derecho hubieran tenido, lo habrían perdido cada uno de ellos por su decidido apoyo a las doctrinas liberales, que conculcan todos esos fundamentos. De igual manera, don Carlos Hugo, de indudable legitimidad de origen, como hijo que era del Rey Don Javier I, perdió la legitimidad de ejercicio por su socialismo, su democratismo y su defensa de la libertad de cultos.

Ahora bien, es de notar que la situación de don Carlos Hugo difiere grandemente de los miembros de la rama usurpadora, pues su falta contra el ejercicio del poder legítimo es personal y no afecta, en principio, a sus descendientes. En cambio, la traición inhabilita a toda la descendencia y --otro caso más que también interesa ahora-- los monarcas que hayan contraído un matrimonio desigual, no pierden ellos el derecho a la corona, pero sí sus descendientes.

De la misma manera que el poder monárquico es, según la concepción tradicional, un servicio al bien común de la sociedad, que poner su mira última en la salvación de sus miembros, así las leyes de la sucesión están sometidas a una legislación sabia y compleja, de la que no hemos visto más que unos retazos superficiales, en orden a que se comprenda la declaración de la Comunión Tradicionalista. Pero, para una mejor inteligencia de todo ello, es sumamente recomendable asistir al primer seminario de formación del Círculo Molle Lazo, donde tratará de la cuestión sucesoria el conocido especialista D. Luis Infante.


Programa de actividades para el curso 2010 - 2011

La Comunión Tradicionalista, a través de las organizaciones de que se compone (círculos de estudio, círculos regionales, juventudes, asociaciones estudiantiles etc.) tiene el gusto de daros a conocer las actividades que ya tiene programadas y los proyectos que, con la ayuda de Dios, pretende realizar durante el curso 2010-2011.

1.- SEMINARIOS DE FORMACIÓN EN EL CÍRCULO CULTURAL MOLLE LAZO:

Como ya es costumbre, el Círculo Molle Lazo seguirá ofreciendo los primeros sábados de cada mes un seminario que versa generalmente sobre temas de actualidad. Es de notar que, por razones de calendario, esta actividad podrá trasladarse a otro sábado, cosa que ya sucederá con la charla de diciembre, por causa del puente. Los seminarios empiezan por una exposición a cargo de algún especialista; sigue después un debate en que pueden intervenir todos los asistentes.

El horario se cambió a final del curso pasado, de modo que, en vez de por la mañana, las conferencias se darán la las 19 h. Se celebrarán en la Fundación Francisco Elías de Tejada (Madrid, C/. José Abascal, ant. General Sanjurjo, 38, bajo izquierda; Metro Alonso Cano, Gregorio Marañón, Iglesia). Las conferencias que de momento tenemos confirmadas son las que siguen:

  • 2 de octubre: "La sucesión a la Corona, hoy", dirigido por D. Luis Infante de Amorín.
  • 6 de noviembre: presentación en Madrid de Fuego y Raya, revista semestral hispanoamericana de historia y política, patrocinada por el Consejo de Estudios Hispánicos "Felipe II", editada en la Argentina, dirigida por El Prof. D. Juan Fernando Segovia y con El Prof. D. José Díaz Nieva como Secretario del consejo de redacción.
  • 11 de diciembre: mesa redonda sobre "La amenaza mahometana", dirigida por D. José Antonio Gallego.

2.- CELEBRACIONES

- Festividad de Cristo Rey

Celebraríamos, como todos los años, la cena en conmemoración de la festividad de Cristo Rey el sábado anterior al último domingo de octubre, tal como estableció S.S. Pío XI; por causa del puente, se adelanta una semana. Es decir, al día 23 de octubre. Esta vez cambiamos de restaurante, pues tendrá lugar a las 21 h. en "Paolo" que tiene entradas por C/. General Rodrigo nº 3 y Julián Romea nº 10, Madrid 28003. El precio del cubierto será de 35 euros y, para los jóvenes de 20 euros.

- Festividad de los Mártires de la Tradición

El día 10 de Marzo, festividad de los Mártires de la Tradición, establecida por el Rey D. Carlos VII, se celebrará su honor y sufragio la Santa Misa, según el rito de S. Pío V, en el lugar que oportunamente se indicará.


3.- MERCADILLO CARLISTA

Este año, por primera vez, vamos a realizar un mercadillo, o rastrillo, carlista, a ser posible, a finales del mes de noviembre. Se ofrecerán a la venta libros y recuerdos carlistas, así como objetos antiguos de diversa índole, lo cual, además de servir de ocasión para encontrarnos, esperamos que nos permita allegar fondos para nuestra causa, porque --sabido es-- los medios de que contamos son en extremo exiguos. En principio se hará una inauguración por la tarde del primer día y al final se subastarán los restos por vender.

Como es costumbre en esta clase de eventos, os rogamos a todos que hagáis recopilación de objetos carlistas que queráis donar a tal fin y también de cosas en buen estado que os parezcan adecuadas para la ocasión. Aunque trataremos de manteneros informados a lo largo de este periodo, contad con que, a principios de noviembre, os indicaremos cómo se nos pueden hacer llegar vuestras aportaciones.

4.- CONVIVENCIAS PARA JÓVENES

Hacia marzo, cuando hayan acabado los exámenes de febrero, repetiremos, D.m., las convivencias que hicimos en mayo de este año. Los miembros de las Juventudes Tradicionalistas y de la AET podrán participar en ellas y serán anunciadas con antelación suficiente.


5.- OTROS PROYECTOS PARA LA JUVENTUD

Tenemos la intención de realizar una serie de actividades encaminadas a la formación y a la acción política de los jóvenes. No sólo muchos de los chicos y muchachos que se interesan por el carlismo, sino bastantes de nuestros simpatizantes de más edad, carecen de una visión de conjunto de la doctrina carlista, de la cual sólo conocen los retazos que se acomodan a sus preocupaciones predominantes. De igual manera, por causa de las costumbres imperantes, desconocen el carácter vital del carlista y del requeté, su actitud profundamente caballeresca y esforzada, que tenemos el deber no sólo de cumplir, sino de transmitir. De ahí que tengamos el proyecto inmediato y preferente de realizar:

a) Un campamento para jóvenes y niños durante el verano
b) Un curso elemental de carlismo

Estos propósitos, así como todo lo que precede, en la medida en que os sintáis carlistas, o simplemente católicos y españoles a la manera tradicional, no podéis contemplarlos como esos programas de festejos, más o menos bañados de cultura, que ofrecen los ayuntamientos para justificar las subvenciones, que reciben a costa nuestra. Al contrario, sabiendo de nuestra enorme carencia de medios y de cualquier ayuda, tanto de los poderes oficiales como de entidades particulares, deberíais tomarlos como cosa propia y colaborar de cuantas maneras os fuera posible. Desde luego, asistiendo a los actos y reuniones, pero también afiliándoos a la Comunión Tradicionalista y ofreciendo vuestras ideas y trabajo. Porque los grandes acontecimientos históricos se ven venir, por oscuramente que sea, y el occidente cristiano, en completa decadencia especialmente en España, sólo puede esperar un aniquilamiento en breve plazo cuya única vía de escape está en la concepción católica y tradicional de la sociedad que, por desgracia, sólo es plenamente mantenida, en nuestro país, por la C.T.

martes, 29 de enero de 2008

Petición de “descongelación” del tema dinástico

9 de noviembre de 2007. Círculo Cultural Aparisi y Guijarro. Conmemoraciones. Celebración del día de san Carlos Borromeo. Discurso de don José Miguel Orts Timoner
EN EL DÍA DE LA DINASTÍA LEGÍTIMA

Los carlistas valencianos solemos dedicar al recuerdo de nuestros Reyes nuestra particular fiesta de la Epifanía del Señor: el Día de la Monarquía Tradicional, que va unida a la connotación de la legitimidad de origen y de ejercicio. Este año iniciamos la celebración del patrono onomástico de casi todos los titulares de la Corona de la rama carlista: San Carlos Borromeo, aunque para poder reunirnos más cómodamente en nuestro flamante Círculo nuevo, hayamos esperado al viernes, 9 de noviembre.

Aún perduran en la memoria las imágenes de la Plaza de San Pedro del Vaticano llena de españoles para agradecer a Dios y al Papa la beatificación de los Mártires de la persecución religiosa. Banderas rojigualdas y blancas con la cruz de San Andrés, boinas rojas, pancartas con lemas santos… Emociones inolvidables para los que estuvisteis allí y para quienes tuvimos que conformarnos con la televisión, aunque fuera la polaca…

Las autoridades españolas limitaron su representación a la ineludible del Ministro de Asuntos Exteriores. La Zarzuela, brilló por su ausencia. Ni siquiera enviaron a un pariente de segunda. En cambio, en la tribuna de autoridades, entre monseñores y príncipes pontificios, pero sin la relevancia mediática que merecía, estaba alguien querido y respetado, cuya proximidad a los peregrinos de a pie echaba de menos hace unos días en “Avant” Jesús Blasco, nuestro candidato por Valencia en las últimas elecciones.

Las palabras de Blasco ponían de manifiesto un sentimiento muy evidente en el pueblo carlista: el de orfandad dinástica. Simplemente ese hecho justifica en parte las dos jornadas dedicadas a la memoria de Don Javier de Borbón por la CTC de Valencia, con destacada participación de correligionarios de otras partes de España.

Por ello en el XXX aniversario del fallecimiento de quien fue el último Rey de casi todos los carlistas,desde Valencia se pidió la “descongelación” del tema dinástico por parte de la CTC, variando así el consenso de 1986. En ello nos va el futuro. La excepcionalidad de una comunión de leales a una Familia Real muerta no se puede prolongar más. Los carlistas no queremos ser “carlistólogos”, ni que nuestras cosas sean asunto de archivos y museos. Tenemos vocación de política viva.

Solicitamos, pues, de la Junta de Gobierno que se den los pasos oportunos para tomar los contactos pertinentes con la Familia Real para intentar seriamente recomponer el pacto Dinastía-Pueblo, que dé sentido a nuestro esfuerzo para que “venga el Rey de España a la Corte de Madrid”, como reza nuestro Himno.

Esta petición, reiterada ya, no es de ejecución fácil, ni por la voluntad política de todos los sectores de la CTC ni por la disponibilidad e idoneidad de los Príncipes potencialmente aptos y teóricamente interesados. Pero al menos que no quede sin efecto la empresa por falta del empuje necesario de los representantes y dirigentes del pueblo carlista.

Roguemos a San Carlos Borromeo y a los beatos carlistas que bendigan nuestros afanes y remuevan obstáculos para que el Carlismo tenga futuro como Comunión de hombres libres encabezados por la Dinastía Legítima.

José Miguel Orts Timoner

Valencia, 9 de noviembre de 2007

Manifiesto de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón (17-VII-2001)

En esta fecha en que mi padre, en nombre de mi tío abuelo el Rey Don Alfonso Carlos, dio la orden al Requeté de sumarse al Alzamiento Nacional, cumplo con mi deber de dirigirme a vosotros de nuevo para llamaros a cerrar filas en torno a nuestra Comunión Tradicionalista, medio providencial que ha garantizado y ha de asegurar la continuidad y restauración de Las Españas.

En mi Manifiesto del día de Santiago Apóstol de mil novecientos ochenta y uno os decía: «El destino ha puesto en mis manos la Bandera limpia e inmaculada de nuestra Tradición. Fiel a esta Bandera he de vivir en el cumplimiento de la alta misión de la que la Providencia me ha hecho depositario y con la firme promesa de que ningún interés o inclinación personal jamás me apartarán de esa entrega que a España y al Carlismo debo como representante y Abanderado de la Comunión Tradicionalista». Mucho ha sido lo acontecido desde entonces, y no con mi indiferencia, aunque en ocasiones me haya parecido más adecuado guardar silencio e intervenir por el consejo personal o por el consentimiento tácito.

Tras la defección de mi hermano Carlos Hugo, durante años he esperado con vosotros que mis sobrinos, sus hijos Don Carlos Javier y Don Jaime, enarbolasen la Bandera de la que yo he sido depositario tras la muerte de mi padre, nuestro llorado Rey Don Javier. No he perdido la esperanza. Pero esta situación de Regencia no puede ni debe perpetuarse. A ellos y a vosotros recuerdo los fundamentos de la Legitimidad española, tal como los definió mi tío abuelo el Rey don Alfonso Carlos en el Decreto en que instituyó la Regencia en la persona de mi padre:

«I. La Religión Católica, Apostólica Romana, con la unidad y consecuencias jurídicas con que fue amada y servida tradicionalmente en nuestros Reinos;

II. La constitución natural y orgánica de los estados y cuerpos de la sociedad tradicional;

III. La federación histórica de las distintas regiones y sus Fueros y libertades, integrante de la unidad de la Patria española.

IV. La auténtica Monarquía tradicional, legítima de origen y ejercicio;

V. Los principios y espíritu y, en cuanto sea prácticamente posible, el mismo estado de derecho y legislativo anterior al mal llamado derecho nuevo».

Para mejor servir estos principios y reorganizar eficazmente nuestra Causa, he decidido nombrar unaSecretaría Política que actuará bajo la dirección de don Rafael Gambra. Espero de los carlistas que, deponiendo toda diferencia, le presten la más leal colaboración.

Parece haberse adueñado de los españoles una indiferencia teñida a veces de falso optimismo que les impide ver la gravedad de los males que afligen actualmente a España. La entrega de la confesionalidad católica del Estado ha acelerado y agravado el proceso de secularización que le sirvió de excusa más que de fundamento, pues éste –y falso– no es otro que la ideología liberal y su secuencia desvinculadora. De ahí no han cesado de manar toda suerte de males, sin que se haya acertado a atajarlos en su fuente. La nueva “organización política” –que en puridad se acerca más a la ausencia de orden político, esto es, al desgobierno– combina letalmente capitalismo liberal, estatismo socialista e indiferentismo moral en un proceso que resume el signo de lo que se ha dado en llamar “globalización” y que viene acompañado de la disolución de las Patrias, en particular de la española, atenazada por los dos brazos del pseudo-regionalismo y el europeísmo, en una dialéctica falsa, pues lo propio de la Hispanidad fue siempre el “Fuero”, expresión de autonomía e instrumento de integración al tiempo, encarnación de la libertad cristiana, a través del vehículo de la denominada por ello con toda justicia monarquía federativa y misionera.

En Las Españas, la Hispanidad repartida por todos los continentes, que ha sido la más alta expresión de la Cristiandad en la historia, radica nuestra principal fuerza. A la reconstrucción de su constitución histórica y a la restauración de un gobierno según su modo de ser debemos dedicar todos nuestros empeños. Desde que una parte creciente de los españoles los olvidara, a partir de los días de la invasión napoleónica, sólo hemos tenido decadencia e inestabilidad. La actuación del Carlismo impidió que la decadencia se consumase en agotamiento, quizá fatal. Porque, aunque nuestros antecesores no llegaran a triunfar, su resistencia, aquel “gobernar desde fuera” que practicaron, impidió la muerte de nuestro ser. No puede ser otro el papel de nuestra Comunión, baluarte desde el que confiamos conservar los restos que –si Dios lo quiere– nos permitan el triunfo, el ciento por uno de nuestros desvelos, además de la vida eterna que es –por encima de todo– lo que deseamos alcanzar. Como escribió mi padre en su Manifiestode tres de abril de mil novecientos cincuenta y cuatro: «Aun con nuestra limitada visión humana, tenemos que entender que obedece a un plan providencial la conservación sorprendente de esta selección de hombres que a lo largo de un siglo ha mantenido la pureza de sus ideales frente a la persecución, la derrota y el hastío». De esta pureza de ideales, y no de la cesión a cualesquiera de las tentaciones de adaptación que por doquier nos acechan, ha de nacer la victoria que necesitamos. Que este siglo que comienza sea el de nuestras Españas.

En el exilio, a diez y siete de julio del año dos mil uno.

Sixto Enrique de Borbón