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lunes, 28 de febrero de 2011

Confusión entre Partido y Comunión

Por lo acertado de la reflexión y su indudable interés, reproducimos el comentario de ManForAllSeasons realizado en el Foro Santo Tomás Moro el pasado 23 de febrero. Dice así:

Se me ha ocurrido una idea mientras leía el tema “Tengo una pregunta para el secretario general de la CTC” dirigido a don Javier Garisoain. Es bastante peregrina y sin duda en seguida será rebatida; no obstante, ahí va:

Las reticencias de CTC de reconocer a D. Sixto Enrique de Borbón (en calidad de Regente y probable futuro Rey) radican sobre todo en la confusión del brazo político del carlismo (la CTC) con la Comunión en sentido más amplio.

Me explico. Decía el usuario “capitan_valor” en el ya mencionado tema que “históricamente la CTC era una Comunión de ideales” en la que “se encuadraban el requeté, los círculos, las asociaciones estudiantiles como la AET, las margaritas, etc. etc. y también un partido político.”

Don Javier responde confirmándolo: “Nosotros siempre hemos dicho que el carlismo es algo más que un partido. Lo que sucede es que el estado de nuestra organización política allá por los años 80 era tan débil que desde los Congresos de la Unidad se prefirió trabajar preferentemente en el fortalecimiento de la CTC como núcleo político.[...] Por suerte o por desgracia la denominación de CTC está desde 1986 vinculada a la dirección política y electoral que es la CTC como partido.”

Teniendo esto en mente, pasemos a D. Sixto. Dice don Javier que "la inmensa mayoría de los carlistas, especialmente aquellos que le han conocido personalmente, no confían en él". Alguien le pregunta si esta razón no viene a ser una excusa encubierta para elegir al rey a dedillo, sobre todo para alguien que es monárquico. Don Javier contesta:
“Y tiene razón el opinante al decir que para un monárquico esa no es razón suficiente para rechazar o aceptar la legitimidad de nadie. Pero es que además y antes que eso he dicho también que quienes presentan a don Sixto no se sabe muy bien si lo hacen "en calidad de rey, de abanderado o de regente". Don Sixto es un hombre soltero, de edad avanzada, sin descendencia, enfrentado a su familia, y alejado políticamente de la mayoría de los carlistas. Es duro tener que decir esto, pero es la verdad. ¿Qué esperanza puede ofrecer a los españoles?”
A lo que yo opino:

La soltería, la edad avanzada, la falta de descendencia y el enfrentamiento con su familia son razones tan de “a dedillo” como la supuesta falta de confianza. El alejamiento político a la mayoría de los carlistas (sin entrar a valorar si es verdad o no) tampoco es en sí suficiente motivo, a menos que quede excluido por no acatar los principios de la legitimidad española según sintetizados por D. Alfonso Carlos I. En qué calidad se “presenta” a D. Sixto creo yo que no ofrece lugar a muchas dudas: ocupa la regencia de la Comunión (como hizo D. Javier I) mientras se intenta dilucidar (que no elegir) quién es rey; hasta que no se establezca definitivamente la exclusión de quienes le preceden por sangre en la línea de sucesión (los hijos de Carlos Hugo), D. Sixto no será el rey (como ocurrió a D. Javier I).

No obstante, parece ser que estas (un poco caprichosas) objeciones encubren una de mayor peso: “¿Qué esperanza puede ofrecer a los españoles?”. Es decir, no tiene juventud y descendencia que lo hagan atractivo a la opinión pública. Pues bien, la idea de que el rey tenga que ser idóneo para la opinión pública me parece que surge como consecuencia dela confusión entre el brazo político y la Comunión en su amplitud. Cuando el rey (sea quien sea) encabeza la Comunión amplia, nada impide que el brazo político se presente con líderes carismáticos que puedan con cierta autonomía discrepar con algunas opiniones personales del rey, aunque manteniendo la fidelidad. Esto ya ha ocurrido, sin especial detrimento para el carlismo.

Por otro lado, si el brazo político no reconoce al rey o regente, como ocurre con CTC, tendrá que encontrar sustituto a esa figura aglutinante en la “personalidad jurídica” del “partido”. Si ocurre esto, si una de las partes (el partido) se constituye en cabeza del todo (la Comunión), inevitablemente eclipsará a las demás partes de la Comunión en sentido social amplio. Mientras el brazo político siga predominando, la actuación del carlismo se centrará en aquello que tenga más sentido desde una perspectiva estrictamente política: a día de hoy, progresar electoralmente sin meterse en la escabrosa cuestión de “colocar a un pretendiente” -amenaza directa al poder constituido, por otra parte- me parece una buena política para conseguir resultados. Sin embargo, no puede ser la actuación íntegra del carlismo. Tiene que haber algo más.

La Comunión tiene una dimensión auténticamente social que la diferencia de las “asociaciones” y “juventudes” políticas que están subordinadas a los partidos oligárquicos del sistema. La Comunión amplia, por su naturaleza social diversa y difusa, no puede ser aglutinada salvo por la figura de un rey, o un “partido” con fuerte personalidad jurídica. El liderazgo de un rey (figura política por su naturaleza pero a la vez vivo recordatorio de que el carlismo no puede encajar como uno más en el sistema parlamentario) es la única manera perdurable, la única, de coordinar un plan de acción íntegro que equilibre lo político y lo social. Si se opta por el liderazgo de un partido se asegura el predominio del brazo político, que por lógicas razones de oportunidad política no reconocerá a un rey, aunque tenga ideas monárquicas. Cayendo, así, en un círculo vicioso que se retroalimenta y que a la larga acabará en un estancamiento en que el carlismo no tendrá:

A) Ni una Comunión a la que se subordine el brazo político, ni
B) Un Rey.

Es decir, condenación al posibilismo y división perpetua.

Que conste que no acuso a la CTC de posibilista, ni mucho menos: sólo sugiero que en el futuro puede ser una tentación que aceche. No me gustaría ofender a nadie, espero que se tome como lo que es: una crítica constructiva hecha desde el respeto y la profunda amistad, esperando suscitar reflexiones que, ya sean a favor o en contra de lo dicho, ayuden a mejorar la situación del carlismo hoy.

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Más adelante, ManForAllSeasons añade, para aclarar su postura acerca de la realidad jurídica de Don Sixto:

S.A.R. (Alteza por ser hijo de Rey) Don Sixto Enrique de Borbón es Regente. Es decir, desempeña las funciones de Rey mientras éste no pueda hacerlo. Es el hijo varón segundogénito de S.M.C. Don Javier I., y por tanto puede llegar a ser Rey si se determina definitivamente la exclusión (por falta de legitimidad de ejercicio) de la línea anterior: Carlos Hugo y sus hijos varones. Es Abanderado (dicho de quien lleva una bandera, título que no conlleva ningún derecho u obligación legal o institucional) de la Tradición, como también lo fué S.M.C. Don Carlos V cuando dijo: "y si hasta aquel momento habría sido traidor el que lo hubiese intentado, ahora será el que no jure mis banderas".

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Esta reflexión es probablemente la más acertada y completa que se ha realizado sobre la realidad que atraviesa el carlismo desde hace años. Esperamos que se abunde en ella para que de una vez por todas resurja la unidad en torno a la Comunión, la Tradición y la verdadera Monarquía.

miércoles, 19 de enero de 2011

La clarificación que trajo la confusión


En la revista “Aportes” viene un interesantísimo artículo sobre D. Severino Aznar Embid, que es calificado como un “carlista atípico”.

“Atípico”, pero siempre carlista. Lo de atípico se tiene que referir a que siendo carlista actuó al margen de las actividades políticas del Carlismo. Fue catedrático de Sociología en la Universidad Central. Enfocó su labor en el estudio de soluciones prácticas para resolver los males que a la sociedad había originado el liberalismo. Principalmente con las desamortizaciones. Se llegó a quejar de que los carlistas estuviéramos enfocados a la política de las elecciones y dejásemos a un lado, o al menos no prestásemos la debida atención, al problema de la reconstrucción de la sociedad. Fue un continuador de las doctrinas de Vázquez de Mella, empeñado en proponer soluciones prácticas para llevarlas a cabo.

Las capitales reformas sociales de José Antonio Girón estuvieron inspiradas en los trabajos de Aznar. Cierto es que adolecieron del defecto de dejar de lado a la sociedad basándolas exclusivamente en el Estado. La persecución a la Iglesia por parte de la República dio lugar a que, durante la década de los treinta, la defensa de la Religión fuera el principal motivo de nuestra propaganda. Ello dejó en segundo término nuestras propuestas sociales, pero no las hizo desaparecer. El cierre de nuestros círculos y la anulación de nuestros diarios fue causa de que las generaciones carlistas de los años sesenta y setenta adolecieran de una buena formación doctrinal. Nos referimos a nivel de las masas.

Esa deficiente información junto a un razonamiento equivocado llevaron a muchos de aquellos activistas a las filas del socialismo, o, a los que no quisieron cambiar de etiqueta, a inventarse un imposible carlismo socialista, en una operación que calificaron de “clarificación” y no fue mas que una inmensa confusión. Por falta de información desconocían las actividades sociales del Carlismo a lo largo de toda su historia. Desconocían la obra de D. Severino Aznar. Cuando disponían de la información, una mala interpretación de la misma les llevaba al mismo error. Así: es cierto que en 1870 hubo contactos entre los socialistas y D. Carlos VII, que les prometió que tendría en cuenta los legítimos derechos de los trabajadores. De ello sacaban en consecuencia una coincidencia entre Carlismo y socialismo. No tenían en cuenta que los contactos fueron interrumpidos por orden de la II Internacional. Y la interrupción de los mismos significaba una imposibilidad de entendimiento. También es cierto que Vázquez de Mella afirmó que los verdaderos socialistas éramos los tradicionalistas, porque defendíamos los derechos de la sociedad. Que el socialismo, que la somete al Estado, había adoptado un nombre que no le correspondía. De ello deducían una afinidad entre Carlismo y socialismo que Mella nunca admitió, puesto que propugnó denominar “sociedalismo” a lo que defendemos.

De modo que no veían lo que a la vista tenían y calificaban de afinidad lo que Mella denunciaba como una oposición. Contribuyó a la confusión la idea extendida por aquellos tiempos, en toda la sociedad española, de que “izquierda” significaba justicia social y “derecha” opresión de unas clases por otras bajo el pretexto del orden. Buscando la justicia social amplios grupos católicos, ajenos al Carlismo, se integraron en el socialismo. El error afectó a mucha gente. Entre nosotros mismos estaba muy extendida la idea que el Carlismo es de “derechas”. Incluso hay quien no protesta cuando es calificado de “extrema derecha”. Deseosos de no ser confundidos con los liberales conservadores, con la derecha convencional, aquellos carlistas desinformados se aplicaron con ilusión la etiqueta de “izquierda”. Y el Carlismo no es de izquierda ni de derecha. Ambas denominaciones corresponden a un mismo sustrato doctrinario liberal. Hicieron bien en desprenderse de la derecha, pero muy mal en adscribirse a la izquierda. El Carlismo no necesita para nada, pero para nada, beber en fuentes ajenas a la Tradición española. Tendrá que buscar nuevas soluciones para afrontar nuevos retos. Pero siempre dentro del acervo doctrinal español. Hoy, carlistas que entonces aceptaron el socialismo como una consecuencia de las doctrinas de Mella (según me argumentaba entonces uno de los autores de la “clarificación”) están desengañados al ver lo que el socialismo nos ha traído. Que nada tiene que ver con la justicia social ni con la mejora de las clases humildes. Y mucho con la trituración de la sociedad. En la CTC les esperamos con nuestro permanente trilema de Dios, Patria-Fueros y Rey que cobija todo lo que sea justicia y libertad.

Carlos Ibáñez Quintana.