martes, 29 de junio de 2010

Benigno Blanco afirma que España "promueve el aborto desde el Gobierno y con el dinero de todos"

El Presidente del Foro de la Familia, Benigno Blanco, ha afirmado este lunes que "España apuesta por promover el aborto desde el Gobierno y con el dinero de todos", en un análisis de la nueva Ley con la que persiste la nula protección del no nacido, facilita el negocio privado del aborto, abandona a la mujer embarazada y traslada a los médicos dedicados al aborto las funciones de la patria potestad respecto a las menores de edad.

   "Con estas dos normas reglamentarias quedan ratificadas las peores sospechas de porqué se hizo la nueva Ley: se trataba de facilitar el negocio mercantil del aborto, privando a las mujeres de toda información y asesoramiento independiente y presentando el aborto como la única solución que cuenta con el apoyo y la financiación del Estado", ha declarado el presidente del Foro de la Familia.

   "Las nuevas normas ratifican lo que ya se podía intuir en la Ley: las competencias propias de la patria potestad que se expropian a los padres se entregan a los médicos, incluso a los que no tienen más interés que el mercantil en que se produzcan abortos. Es una aberración jurídica que va a dar lugar a muchos pleitos y reclamaciones", ha agregado Blanco con respecto a las menores de edad.
   Además, matiza que la información que se de con esta nueva Ley será "fría, despersonalizada y estandarizada", una información sólo abocada al aborto, no a facilitar alternativas ni soluciones compatibles con la continuación del embarazo.

   Benigno Blanco ha definido la situación española con la nueva Ley asegurando que "España pasa a ser un país abortista, es decir, un país que no se limita a no penalizar el aborto sino que apuesta por promover el aborto desde el Gobierno y con el dinero de todos".

   Por último, el Foro de la Familia anima a todos los españoles a concentrarse ante el Tribunal Constitucional el sábado 3 de julio bajo el lema '25 años bastan, sí a la vida de todos'.

lunes, 28 de junio de 2010

The Soul of Madrid - JMJ2011

El Domingo NO se trabaja: descanso,familia,cohesión social y culto divino; frente al liberalismo


Las recientes medidas del gobierno neogaullista francés contra el descanso dominical se han encontrado con la decidida protesta de la Confederación Francesa de Trabajadores Cristianos : En España son muchas las administraciones tanto locales como autonómicas que están intentando acabar con el descanso dominical. En este contexto es oportuno recordar la reciente campaña del Movimiento Obrero Tradicionalista, de la Comunión Tradicionalista, en oposición a estas pretensiones. (Aquí )

El fundamentalismo monetarista ha impuesto a los trabajadores asalariados, pero también a los trabajadores autónomos unas condiciones inaceptables. En el libre juego liberal de la oferta y la demanda el económicamente poderoso se come al humilde, y eso que uno de sus grandes postulados es que el capitalismo es la condición económica para el estado democrático e igualitarista... En este contexto cada vez son más los comercios, pero también las fábricas, que abren en domingo ignorando la necesidad de un día de descanso comunitario para la cohesión social y familiar. La sociedad liberal aboca al individualismo. Pero además se viola el día dedicado al culto divino. También la proliferación de locales de titularidad extranjera ha supuesto un desequilibrio en el comercio tradicional, que se ven abocados a una competencia desleal por parte de comerciantes que no respetan los usos y horarios del país de acogida. El Movimiento Obrero Tradicionalista aboga por una comunidad política bien ordenada, por un orden de bienes que permita organizar fundadamente la misma, en el recto ejercicio de la prudencia política, rechazando el individualismo liberal y exige como fundamento de una verdadera justicia social (que no tiene que confundirse con igualitarismo socialista) el reconocimiento de un día de descanso comunitario.

viernes, 25 de junio de 2010

BXVI: Bendición para las familias españolas

La firme voluntad de la Asociación Católica Cruz de San Andrés con respecto a la visita del Papa es ofrecerle la mejor acogida; pero no sólo externa, sino también interior. El Santo Padre nos ha de encontrar preparados espiritualmente para obtener de esta visita el mayor provecho para la Iglesia.

Por ello, entre los carteles que hemos editado en CRUZ DE SAN ANDRÉS con ocasión de la visita del Papa a Barcelona, tiene especial significación el que llevará por lema “Benedicto XVI – Bendición para las familias españolas”.

Ello es así porque, aún sin conocer el contenido de los discursos del Papa en esta visita, sabemos que la humanidad tiene la perentoria necesidad de que el Santo Padre hable de la institución natural que es la FAMILIA cristiana; y por tanto, tenemos la absoluta seguridad de que así lo hará.

¿Y por qué es tan perentorio que el Papa hable en Barcelona de la familia cristiana? La primera razón es que la voz del Papa es la voz más potente y la más clara de cuantas defienden la Ley Natural, de tal manera que se impone por su misma fuerza, tanto a católicos como a no católicos. Lo estamos viendo en sus encíclicas, referente indispensable no sólo del pensamiento católico, sino también de la filosofía humanista sobre la que se sostiene toda la civilización occidental. Y lo vemos también en los luminosísimos discursos que pronuncia con ocasión de sus viajes. En todo el mundo se escucha con respeto y a menudo con admiración, la doctrina de la Iglesia Católica.

Lo acabamos de ver en Inglaterra, uno de los feudos del anticatolicismo. Aunque le esperaban con las uñas afiladas; se han rendido a la humilde brillantez con que ha expuesto ante los agnósticos y los escépticos, la necesidad que tienen de la doctrina católica, también sus enemigos.

El Santo Padre ha dejado claro, por ejemplo, que no se puede separar la política de la moral, porque esta última es una construcción eminentemente religiosa y sin ella, la política se vacía totalmente de sentido y de contenido. Por ello, no es intelectualmente aceptable ni sostenible el empeño del racionalismo por separar la fe y la razón, como si fuesen antagónicas e inconciliables. Es un error que la política se desentienda de la religión y se esfuerce por relegarla al ámbito de lo exclusivamente privado. A estas alturas de las ciencias humanas, eso es un evidente disparate. Son las verdades del barquero que, dichas por el Papa, resplandecen por el mundo entero con un brillo sorprendente.

Seguramente que alguien más proclama esas grandes verdades, pero no se le oye. Benedicto XVI, además de ser escuchado por ser la cabeza de la Iglesia católica, es también respetado y atendido por la enorme autoridad moral acumulada a lo largo de una dilatada vida de estudio, que ha fructificado en numerosas publicaciones. Ratzinger era ya una de las grandes firmas de la iglesia y era reconocido como una de las inteligencias más preclaras mucho antes de alcanzar su posición actual. Su discurso de articulación de la razón y la fe y de la necesidad inexcusable de la religión y de la moral en la vida cívica y en la política, lo tiene tan elaborado a lo largo de sus obras, que fluye de su pluma y de su boca como verdades incontrovertibles, al alcance de doctos e indoctos.

Por ello, los católicos esperamos con impaciencia las palabras del Papa sobre la FAMILIA, que con toda seguridad marcarán un antes y un después. Tras las palabras de Su Santidad, las cosas ya no serán igual. Los católicos nos sentiremos espoleados por el Santo Padre a defender la familia y la vida con aún más valentía y con aún mayor claridad de ideas; y los no católicos, tendrán que acomodar sus razones a las grandes verdades del Orden Natural que proclamará el Santo Padre en sus discursos.

En cuanto al calificativo de “españolas” y no de “cristianas” para las familias, la razón es que el modelo occidental de familia -y por tanto también el español- siempre será el modelo cristiano, que como ya hemos dicho, coincide con el defendido por el Derecho Natural. Es evidente que al salir el Papa en defensa de la familia cristiana, pone su atención en todas las familias construidas sobre este modelo, que es el único defendible desde el Orden Natural. Observemos como contrapunto, como el modelo poligámico musulmán nada tiene que ver con nuestro modelo de familia, algo que podemos apreciar si comparamos en como mientras en el cristianismo sí se ha trabajado a fondo el respeto y la igualdad entre el hombre y la mujer, el islamismo ha trabajado precisamente en la dirección contraria.

En resumen, que el edificio tradicional de la familia occidental es cristiano desde sus mismos cimientos, que es el que concuerda con el Orden Natural y por tanto, que es el que hemos de defender y exportar al mundo entero, como garante de la libertad de todos y cada uno de sus miembros y como fuente de respeto y de amor entre todos ellos.


Mariano Aranal
Secretario Cruz de San Andrés
www.cruzdesanandres.org
http://www.vidayfamilia.es/argumentario.php?id=35

lunes, 21 de junio de 2010

La Tradición: esa gran desconocida...

 Xavier Zubiri

HACIA UN CONCEPTO FILOSÓFICO DE TRADICIÓN.

(PRIMERA ENTREGA)


Marchamos hacia un concepto filosófico de "Tradición". Para ello, nada mejor -pensamos- que recurrir a un Diccionario de Filosofía, como el de Ferrater Mora. En él hallamos dos entradas que pueden ser de nuestro interés: "TRADICIÓN" y "TRADICIONALISMO". Vamos a prescindir de la segunda, para centrarnos en la primera que es la que queremos dilucidar. Dice el Diccionario de Ferrater Mora:

"Una tradición es un conjunto de normas, creencias, etc., a menudo incorporadas en instituciones. Cuando las normas, creencias y, caso de haberlas, instituciones se toman en un sentido general y global, se habla de "la tradición"."

Como definición de la que partir no está nada mal. En el curso del desarrollo de esta definición, el Diccionario presenta las actitudes que pueden adoptarse frente al hecho de la tradición.

1. Actitud de sumisión y respeto, que puede presentarse de los siguientes modos:

  • a.) SIN JUSTIFICACIÓN: Es la actitud que sin recurrir a ulteriores justificaciones, postula que "la tradición es la tradición" y hay que respetarla, sin que tengamos que justificar ese respeto.

  • b.) CON JUSTIFICACIÓN:
b. 1. La tradición se justificaría en virtud de haber persistido esas normas, creencias y, caso de haberlas, instituciones.

b. 2. Se supone que la tradición incorpora experiencias y decisiones de los antepasados que, por antecedernos, se infiere que atesoran un saber y una prudencia superiores a la nuestra

2. Actitud crítica frente a la tradición: Desde Francis Bacon y, a lo largo y ancho de la Filosofía Moderna, la tradición ha sido vista como fuente de normas absurdas, de creencias dubitables y de instituciones que ejercen una supuesta presión sobre la sociedad y, lo que es peor, sobre el individuo concebido como ente autónomo.

Como aproximación, podemos estar conformes. No requerimos mucho más, para acercarnos al concepto filosófico de "tradición". Pero, será el vicio de la modernidad, todavía nos ocurre que, tras toda la clasificación que por mor de orden hemos hecho, seguimos pensando: ¿Qué es la tradición?

Con decir que "una tradición es un conjunto de normas, creencias, etc., a menudo incorporadas en instituciones" no sabemos lo que es la tradición: en todo caso, podemos acercarnos a una determinada "tradición" mediante el estudio exterior de sus normas, creencias e instituciones y no haber adelantado mucho en el esclarecimiento de lo que sea la tradición: tampoco nos interesa ese "sentido general y global" por el cual hablamos de "la tradición" cuando pensamos en los diversos cuerpos sociales que, a lo largo de la historia, extinguidos o perdurantes, han tenido sus propias y determinadas "tradiciones" como si todo el conjunto de las mismas fuera un enorme cajón de sastre donde podemos encontrar desde, permítasenos llamarla, la "tradición griega" hasta la "tradición romana". Tampoco nos basta con pensar: "la tradición es todo eso que viene del pasado".

Seguimos preguntándonos: ¿y qué es la tradición? Por tradición podemos conservar en nuestra casa una armadura, con yelmo, arneses, la martingala y todos los arreos... Como si fuese un dermatoesqueleto. Pero, el objeto que podamos haber heredado en tradición no es la tradición. ¿Qué será la tradición, entonces?

Xavier Zubiri piensa que la tradición sería algo así como una condición (empleemos este término "condición", para entendernos): una condición que posibilita la incorporación del hombre a lo que Zubiri denomina "el dinamismo del cuerpo social". Como condición, la "tradición" está supuesta, quiere decirse que antecede al hombre a modo de amparo: "Amparado en una tradición: traditio, parádoxis." Sin sumergirse en la tradición propia de su cuerpo social ningún hombre podría incorporarse al cuerpo social.

Zubiri piensa que la "tradición no consiste en transmisión, porque hay muchas cosas transmitidas que pueden quizá no funcionar como tradicionales. Y, recíprocamente, puede haber tradición sin que haya rigurosamente hablando una transmisión." Y termina asentando el filósofo vasco que: "Tradición es reactualización, y en este caso reactualización como un sistema de posibilidades".

Y sigue diciéndonos:

"Porque aquello que una sociedad era en un momento determinado de la historia, ha dejado de ser real. Aquello fue; ya no es. Pero pervive habiéndonos otorgado en el momento presente el sistema de posibilidades que constituyen definitoriamente el cuerpo social en que cada uno de nosotros vive. La tradición no afecta a una transmisión de realidades, porque ni es transmisión ni es de realidades; sino que afecta precisamente a la reactualización de posibilidades en cuanto tales."

El problema que se establece en este momento es: ¿y si el hombre rechaza la tradición recibida? La respuesta no se hace esperar: por lo pronto, renegando de la tradición, lo que el hombre pierde ipso facto es la opción de reactualizar el sistema de posibilidades que constituye su cuerpo social. Eso es lo que el hombre ha ido perdiendo, en aras de intentar hacer -por el prurito de orgullo o por la simple tontería- nuevos sistemas de posibilidades que, por el solo hecho de colocarles un "nuevo" delante se piensan nuevos y mejores.

BIBLIOGRAFÍA:

-DICCIONARIO DE FILOSOFÍA (Q-Z), J. Ferrater Mora, nueva edición actualizada por la Cátedra Ferrater Mora bajo la dirección de Josep-Maria Terricabras, Ariel Referencia.

-"ESTRUCTURA DINÁMICA DE LA REALIDAD", Xavier Zubiri, Alianza Editorial - Fundación Xavier Zubiri.

sábado, 19 de junio de 2010

La Monarquía hereditaria: Los Reyes al servicio de la Tradición de las Españas

 
Pero, en la verdadera monarquía, casi todos los ataques que se dirigen están fundados principalmente sobre un gran sofisma: el sofisma es no ver aquello que apuntaba ya Julio Feriol en un libro desgraciadamente incompleto y en el prólogo, que dedicó a Felipe II: los reyes no son una persona sola, son dos. En los Monarcas hay dos personalidades, y, cuando se les ataca, se suele no ver más que una sola, la que vale menos, la persona física. Un Monarca, es una persona física y una persona moral e histórica. La persona física puede valer muy poco, puede ser inferior a la mayoría de sus súbditos, pero la moral y la histórica valen mucho; ésa es de tal naturaleza, que suple lo que a la otra la falta, y lo suple muchas veces con exceso.

Separad en un Rey esas dos personalidades; que las separe él mismo, y la revolución no necesitará asaltar el Alcázar; ya él le habrá tomado la delantera; encontrará allí a un revolucionario coronado. Pero ponedle enfrente de un hombre superior a la persona física del Rey, como muchas veces se han encontrado frente a frente en la historia. Suponed un Rey de escasa capacidad, de menos cultura, de carácter no acentuado, que tiene muchos súbditos que le son superiores por completo en entendimiento, en voluntad, en carácter. ¿Queréis más? Poned frente a él a un hombre que reúna en grado superior ese entendimiento, esa voluntad, ese carácter, hacedlos que choquen, para ver quién vence. ¿Qué le faltará? ¿Ambición? Suponed que la tiene, ¿Riquezas? Suponed que tenga más que el Monarca. ¿Una espada? Que tenga detrás un ejército y una sociedad electrizada. Decidle que se ponga en movimiento y derribe una Monarquía; si lo hace, el Monarca cae, y él ocupa su puesto. Pues bien, es un dictador. ¿Qué es un dictador? Yo lo he dicho alguna vez, un dictador es un Rey sin corona; pero que la anda buscando.

Pues bien, señores, decidle a ese dictador que se ponga la corona. Si es un genio, no se la ciñe. ¿Por qué si él era superior en entendimiento, en voluntad, en fuerza, si ha derribado la Monarquía? Es que no ha visto más que la persona física del Rey, y ahora echa de menos la personal e histórica; es que no tiene genealogía; es que no tiene estirpe, una tradición, una historia, es que entonces comprende qué él ha sido súbdito y a estado mezclado entre los súbditos y ha vivido con ellos en la misma clase; no puede ser aquel poder arbitro imparcial, colocado en una región más pura, donde no llegan los intereses de clases ni las pasiones de partido; es porque se subleva contra él el orgullo y la vanidad humana que no quieren ser mandados por un igual suyo y que, para reclamar la igualdad de unos con los otros, quieren que haya uno desigual sobre todos, y quieren obedecer a un hombre, obedecen a una tradición, obedecen a una serie de generaciones que han sido como arcos en un vasto acueducto por donde ha corrido el río del espíritu nacional, saliendo las aguas por el arco de una corona para caer sobre nosotros, no como un mandato que humilla, sino como una ley y una autoridad que ennoblece y exalta.

Esa es la Monarquía, esa es la persona moral y histórica del Rey, que cubre y hace que desaparezcan las deficiencias de la persona física. Y nadie, nadie puede ejercer el poder personal supremo, como lo puede ejercer un Rey; y por eso yo pido que el Rey tenga iniciativas que deba tener y al mismo tiempo las ejerza por sí mismo, y que responda de ellas, y aquí está la dificultad y aquí está el fondo de la cuestión.

Juan Vázquez de Mella . Discurso en el Congreso, 17 de Junio de 1914. en El Verbo de la Tradición. Textos escogidos de Juan Vázquez de Mella )

Elogio del Santo Rosario por Eugenio D'Ors


Esta sección del blog recoge aquellos artículos o entradas publicados en otros blogs que hacen una contribución decisiva a mi manera de ver las cosas por su elocuencia, claridad y propuesta de nuevas perspectivas. Por esas razones es muy posible que resulten atemporales o que por lo menos sean un solido testigo para el futuro.

Otros artículos que se han publicado en esta sección se pueden ver pinchando aquí .

La dignidad de la persona


La principal lucha -digo la principal- del Estado moderno, o posmoderno, o como diablos queramos denominarlo, no debería ser el paro, ni siquiera la crisis económica, ni esa desesperante lucha contra la obsesión nacionalista y su procacidad ideológica. Tampoco la fatuidad de una política internacional que nos embelesa con su fría liturgia de intereses categóricos. Ni siquiera, fíjense bien en lo que les digo, la principal lucha del Estado -digo e insisto: no la principal- debería ser el terrorismo, que en gran medida es resultado de una injusticia económica global objetiva, así como de unos nacionalismos racistas que hacen de la lengua, sangre o religión (véase ETA o el Islam) motivo de un odio furioso y contumaz, además de una excusa ciertamente manipulable de cara a otros réditos menos gaseosos, ya me entienden. La impericia, soberbia e incapacidad de nuestros políticos hace el resto.
Pero a lo que iba. Todos estos problemas -y algunos más- con ser gravísimos no deberían ser la preocupación fundamental de los gobiernos. Son la manifestación de algo mucho más peligroso: la no educación (o la educación mediocre, que viene a ser lo mismo), la manipulación ética y académica, la despersonalización, la deshumanización. Todo eso, que ya profetizó la literatura moderna en hombres como T.S. Eliot, George Orwell, Ray Bradbury, C.S. Lewis o Aldous Huxley, por poner algunos ejemplos, me lleva a pensar que la primera lucha del Estado hoy, si queremos seguir manteniendo erguida esta civilización que nos ampara, debiera estar precisamente en contener por todos los medios la degradación de la persona, en devolverle su original dignidad. Porque la situación actual no puede seguir así por mucho tiempo. No se trata de visiones apocalípticas o alucinaciones vehementes. Es la realidad de la calle. Desde el empujón al grito destemplado, de los gestos ariscos a la más que absoluta despreocupación por los demás. Y la droga en sus variantes más nocivas e inverosímiles, el cultivo de la mentira como una de las bellas artes, el desmedido morbo mediático por lo más degradante de la persona (lo mejor y lo bueno no interesa, no vende), o la justificación de cualquier aberración antinatural en pro de unos cuantos votos indecentes.
Y por supuesto fruto de todo ese desmembramiento del alma y de la conciencia es también el escarnio de la violencia doméstica. Una violencia salvaje y energúmena, que para nada es repentina o casual. Esta violencia es fruto del egoísmo más radical, y de una evidente falta de valores. De una conciencia deformada que desconoce totalmente lo que está bien y lo que está mal. Hoy día, ¿qué vale la vida humana? Se realizan por ejemplo esfuerzos ímprobos por salvar a los ballenatos y delfines varados en las playas y, sin embargo, decidimos que la eutanasia es el remedio más "humano" para las personas encalladas en la soledad del dolor. ¿No hay aquí una incoherencia manifiesta, una disfunción letal de lo que significa el ser humano y su destino de felicidad? Y recordemos que el individuo nace en un entorno familiar, necesario para un desarrollo más o menos cabal de su personalidad. Pero ¿qué ocurre cuando durante décadas el concepto de familia se relativiza hasta la carcajada? ¿Qué ocurre cuando se prostituye hasta el vómito lo sexual? ¿Qué pasa cuando la dimensión espiritual del individuo es sólo un frívolo garabato esotérico?
De la antropología cristiana hemos pasado a la fláccida insensatez de lo light, del capricho autista o del me apetece, donde "lo mío" es ley y el "yo" un nada desdeñable tirano. No seamos ingenuos de pensar que esta esquizofrenia social que es la violencia doméstica se arregla mediante la receta de unas cuantas leyes. Nada más lejos. Si lo que se pretende es ir a la raíz del problema, la batalla debe desarrollarse primero en el terreno de la educación (desde lo más básico, ¡qué responsabilidad tan grande tienen en ello los padres!) y de la protección a la familia. Sí, de esas familias que hacen del sacrificio su alegría cotidiana e irrenunciable. De esas familias –¡pásmense!– que son capaces de tener hijos, o que incluso los adoptan, en nombre de esa entelequia que en un tiempo no muy remoto dábamos en llamar amor. ¿Ustedes conocen a seres más progresistas, más solidarios? Yo no. La degradación de la persona conlleva la degradación de la familia (la primera y fundamental escuela). Y viceversa. Ésta es una brecha abierta al desorden, a la discordia, a la insociabilidad, al odio y, por supuesto, a la violencia. ¿Acaso podría pensarse que la relajación ética generalizada, cuando no planificada, podría salirnos gratis?

Los Requetés y el Marqués de Marchelina


El año 1974 finalizó con una polémica pública entre José Antonio Girón, presidente de la Confederación de Hermandades de Combatientes del 18 de Julio adictas a Franco el Dictador (Tio Kiko para los amigos), y el Marqués de Marchelina, Don Ignacio Romero Osborne, quien era presidente de la Hermandad Nacional de Requetés del Partido Carlista.

Girón afirmaba por aquel tiempo, y con gran jeta y caradura, que en la Confederación de Hermandades de Combatientes del 18 de Julio mencionada, estaba también integrados los REQUETÉS CARLISTAS, a lo que el propio Marqués de Marchelina desmintió tal afirmación con una interesante carta que le envió a José Antonio Girón para decirle entre otras cosas lo siguiente:


"Un pasado bochornoso, (ciento diez periódicos incautados o revistas suprimidas; Familia Real Carlista expulsada y negada su nacionalidad española; persecuciones; etc.) no lo olvida el Partido Carlista, y ahora sólo deseamos (alejados de todo lo que nos recuerde la guerra civil que el carlismo perdiótrabajar unidos con todas las fuerzas auténticamente democráticas para poder obtener nuestras tres libertades: libertad política, libertad sindical y libertad regional."

Sirvan así, como testimonio histórico, las palabras del propio Marqués de Marchelina, para quien la guerra civil debía ser verdaderamente superada, asimilando al mismo tiempo que el carlismo la había perdido.

La Monarquía que pretende y reclama el Carlismo


La llegada del primer Borbón al Trono de España, supuso la derogación de practicamente todas las instituciones propias, particulares y consuetudinarias enmarcadas en el ámbito foral de cada uno de los Reynos, Señoríos y Principados de las Españas. Porque con los Decretos de Nueva Planta se introducía el absorvente centralismo en las Españas y a partir de 1714 una forma de gobernar y hacer política basada en el absolutismo real, que daría lugar al cesaropapismo y al despotismo ilustrado, y por consiguiente a la caída de la monarquía en sus formas, usos y principios antiguos.

El primer carlismo es el que se enfrentó al Felipismo borbónico botifler, defendido primeramente por los maulets austracistas, partidarios del Archiduque Carlos de Austria, y una vez apartada la rama Habsburgo a partir de 1714, con la Ley Sálica de Felipe V, y ante el nuevo problema sucesorio que se introduciría en España a partir de 1833, surge como respuesta aquel mismo carlismo heredado de padres a hijos en lo que se refiere a los Fueros en el imaginario popular, máxima expresión de las antiguas libertades conculcadas en la antigua Corona de Aragón y que a partir de 1833 peligraban en los Señoríos Vascos y en el Reyno de Navarra, debido a la influencia centralista jacobina de los liberales moderados, conservadores y progresistas.

La nueva rama carlista sería Borbónica, encabezada por Don Carlos María Isidro de Borbón, Carlos V de las Españas. Y la idea que se fue fraguando en el seno del carlismo y a partir del año 1833, y más aun en 1834, que es el año de las proclamas y defensas foralistas, será la idea del restablecimiento en su antiguo explendor de la Monarquía Hispánica, y para ello los seguidores del carlismo consideraban nefasto el centralismo inquisitivo del gobierno de Madrid. Pretendían consolidar un sistema basado en la representación política mediante las Cortes, acompañado de los Consejos ( de Castilla, de Aragón, de Estado, de Hacienda...) heredados del tiempo de los Austrias. La concepción política del carlismo la podríamos definir como un Pactismo Monárquico, basado en la participación de los estamentos en las Cortes y de los diversos grupos sociales en los municipios. Heredado todo ello de las formas de funcionamento de la antigua Monarquía Hispánica, representaba una tradición muy lejos de ser absolutista, sino mas bien constitucionalista consuetudinaria que cristalizaba en la defensa a ultranza de los Fueros o Constituciones Históricas de cada uno de los Reynos, Señoríos y Principados de las Españas. Así, los pilares fundamentales de la estructura política hispánica eran entre otros la monarquía compuesta y el sistema polisinodial basado en los Consejos y en las Cortes de cada uno de los Reynos o Estados territoriales Hispánicos. Las Cortes de los diferentes Reynos, en la tradición monárquica española, aprobaban leyes para limitar el poder del Rey, reforzando el sistema constitucional foralista consuetudinario propio, en el que las Cortes, la Generalitat y la representación municipal tenían un papel nuclear y daban voz al "hombre común".

Las Legítimas Libertades, la libertad de las Españas, ya se invocaron en el Principat de Catalunya en tiempos de la guerra de Sucesión 1700-1714. La lucha por la patria Catalana y sus Libertades eran el antemural constitutivo invocado por el propio Archiduque Carlos de Austria. Se trataba de la defensa de la "libertad de España" en la línea de lo que fue la monarquía compuesta de los Austrias, de caracter Confederal, finiquitada en 1707. Las proclamas Foralistas de aquella época venían a decir: " No penséis que nuestra animosa resolución se reduce a lo angosto de nuestros límites, (en referencia a Catalunya); sino que aspira a la cabal libertad de nuestra Península".

Curiosamente y en la misma línea de pensamiento durante la Tercera Guerra Carlista 1872-1876, Don Carlos VII de Borbón, Legítimo Rey de las Españas, afirmaría que el Señorío de Vizcaya y su Constitución, sería el antemural de España, teniendo por objetivo hacer restablecer en cada uno de los Reynos, Señoríos y Principados de las Españas, las antiguas Libertades que habían sido conculcadas, y al mismo tiempo, y por analogía a la proclama austracista o maulet anterior, pudiendo añadir exactamente y en la misma referencia: "No penséis que nuestra animosa resolución se reduce a lo angosto de nuestros límites, (Señorío de Vizcaya); sino que aspira a la cabal libertad de nuestra Península", recordando así a los Castellanos que sus antiguas libertades habían sido aniquiladas tras la Batalla de Villalar en el año 1522. Y que no son privilegios para Catalanes o Vascos, sino los derechos legítimos y libertades para todos los habitantes de los Reynos, Señoríos y Principados de las Españas. O como decía el propio Carlos VII de Borbón, el hecho de restablecer las libertades de cada una de las Repúblicas Españolas.
La historia nos demuestra que durante la guerra de sucesión española el Rey-Archiduque Carlos III de Austria, Rey de las Españas quiso hacer del Principat de Catalunya el antemural de España. Así mismo y posteriormente, durante la tercera guerra carlista, S.M.C. Don Carlos VII de Borbón, Rey de las Españas quiso hacer del Señorío de Vizcaya el antemural de España. Un caso y otro son ejemplos de la sensibilidad dinástica legitimista por vertebrar las Españas mediante una monarquía confederal, que tuviera como resultado la vinculación de los distintos pueblos de las Españas con la Corona de la Monarquía Hispánica.