martes, 26 de octubre de 2010

Carta de un Sacerdote Católico al New York Times

Querido hermano y hermana periodista:

Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos.. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.

¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en México mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños...

No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio.

Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región…Ninguno pasa los 40 años.
No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…

Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.

Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza.
Eso lo hará noble en su profesión.

En Cristo,

P. Martín Lasarte sdb

viernes, 22 de octubre de 2010

Quien no puede suceder en la Monarquía Española


En la fotografía, miembros de la Familia Irreal y del Gobierno de Ocupación de España posan junto al cuadro de Antonio Gisbert, que ilustra el fusilamiento de José María de Torrijos y Uriarte y compañeros masones, el día de San Dámaso Papa, año de 1831.

Un documento que no tiene precio y de un simbolismo masónico fuera de toda duda; esta fotografía (de)muestra de quiénes se sienten “herederos” tanto el antirrey Juan Carlos, como el antipríncipe de Asturias Felipe: de la masonería liberal y conspirativa del siglo XIX, la misma que sirvió a los intereses extranjeros anglosajones-protestantes mientras traía toda la porquería liberal a nuestra Patria.
Quien no puede suceder en la Monarquía Española
No puede ser rey legítimo ni tampoco príncipe real legítimo por virtud de la Ley Semisálica, quien ha desobedecido esta ley, así como su padre, abuelo y bisabuelos; el que, como estos antecesores, mantuvo y mantiene una actitud de rebeldía contra la Legitimidad y los Reyes; aquel cuya exclusión, así como la de su rama, han declarado reiteradamente Don Carlos V, Don Carlos VI, Don Carlos VII, Don Jaime III y Don Alfonso Carlos I y preceptúan las viejas leyes de España; no puede suceder quien no ha reconocido a su Rey y quien recoge plenamente la herencia liberal de ineficacia política, antiespañolismo y anticatolicismo, multiplicando y potenciando las innumerables causas de exclusión que en él concurren.

No puede suceder en esta Monarquía el continuador político de los antirreyes liberales que se han erigido durante un siglo en jefes y protectores de todo lo que ha luchado contra los campeones de Dios y de la Patria, del Altar y del Trono. En defensa de los principios de la España eterna, cinco veces ha reproducido el verdadero pueblo español la gesta de 1808, desde 1833 hasta 1936: el Alzamiento sagrado, la santa intransigencia contra todo lo que nos es extraño y hostil; no puede hacerse un cínico escarnio, una iniquidad máxima con los torrentes infinitos de sangre generosa derramada: el sufragio universal de los muertos lo impedirá, no menos que el de los siglos.

No puede, no, ser tradicionalista ni sucesor en esta Monarquía quien desconoce totalmente los principios políticocristianos por su formación intelectual, social y política, que más cabría llamar deformación; quien por el medio en que se mueve, donde se hace un ídolo del sistema más contradictorio, más ineficaz, más estúpido y más antipolítico que han visto las edades; por sus precedentes familiares está detestablemente predispuesto para que se pueda esperar de él no ya un buen gobierno, ni un gobierno discreto, sino un gobierno que no caiga dentro de los lindes de lo catastrófico.

No puede, en suma, ser Rey, y esto ya en el orden de una profilaxis patriótica, el que instauraría –ha instaurado– un sistema cuyos efectos hemos padecido bien los españoles; efectos que forzosamente habrían de reproducirse al repetirse las causas. En los días fernandinos debidos a los maravillosos principios liberales la secesión de la Hispanidad; hecho bastante para desacreditar por siempre una dirección ideológica que tales frutos cosecha. Pero no es esto sólo.

¿Quién fue el autor de la Cuádruple Alianza y de la intervención de tropas extranjeras, antecedentes de las brigadas internacionales rojas, contra los reyes genuinos y el auténtico pueblo español...?

¿Quién el responsable de nuestra abdicación como potencia de primer orden, de nuestro descrédito frente al extranjero, de nuestra pasividad contemporánea del auge que hasta pueblos no europeos lograban...?

¿Quién del inmenso latrocinio de la desamortización, que no llegó a ser ni siquiera un sacrílego remedio de nuestra postración económica...?

¿Quién de nuestro atraso material, que nos colocaba muy por debajo de pequeños países europeos cuando todavía en 1840 España tenía la misma población que Inglaterra...?

¿Quién de nuestra pésima organización ultramarina y nacional, del centralismo tiránico y absorbente, de la muerte de todas nuestras libertades gremiales, municipales, regionales y hasta individuales, a pesar de los fementidos –engañosos– lemas liberales...?

¿Quién de la España sórdida y miserable de fines de siglo, de los Concordatos con la Iglesia en condiciones vergonzosas no ya para un país católico, sino para un país simplemente religioso, de la ley del Candado, de la deshonrosa humillación del 98, de la depresión máxima de nuestra Patria en dos milenios de historia...?

¿Quién del auge de las sociedades secretas antiespañolas, de la eternización de la guerra con unas cuantas cabilas rifeñas, del fracaso de todo intento de regeneración que se esbozaba, de la República, con sus incendios y violaciones; quién de la misma desesperación de las masas acogidas al marxismo y al anarquismo al no recibir más que miserias de aquella falsa Monarquía; quién, en definitiva, de la guerra civil, con sus crímenes y destrucción incalculables...?

Está, pues, excluida toda la rama de Don Francisco de Paula...

***
La exclusión a la sucesión de la Monarquía Española, afecta pues, a toda la rama de Don Francisco de Paula (excluido ya él mismo del Trono por las Cortes de Cádiz por considerarle hijo de Godoy), es decir, la rama liberal, también llamada rama cristina, rama alfonsina o rama juancarlista; en fin, lo hemos dicho ya, queda excluida enteramente la rama de Don Francisco de Paula, conocido como tercer hijo varón de Carlos IV y padre de Francisco de Asís, la de él y la de todos sus sucesores:

a) el antirrey consorte Francisco de Asís María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, marido de la Infanta usurpadora, la antirreina María Isabel Luisa [llamada “Isabel II” por sus secuaces]:

b) el antirrey Alfonso Francisco de Borbón y Borbón [llamado “Alfonso XII” por sus secuaces];

c) el antirrey Alfonso León de Borbón y Habsburgo-Lorena [llamado “Alfonso XIII” por sus secuaces];

d) el pretendiente Juan Carlos de Borbón y Battenberg [llamado “Juan III” por sus secuaces];

e) el antirrey Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias [llamado “Juan Carlos I” por sus secuaces];

f) el antipríncipe de Asturias Felipe Juan de Borbón y Grecia.

FUENTE:
Cuerpo de artículo
: F. Polo, ¿Quién es el Rey? La actual sucesión dinástica en la Monarquía Española. Editorial Católica Española S.A. Sevilla (1968), cap. IX: La Rama de don Francisco de Paula, pp. 88-90.

Fotografía y pie de fotografía: M. Fernández, N. Fernández de Oviedo.

domingo, 17 de octubre de 2010

Patria y Regiones

Podemos ver que la patria y la región son realidades que no solamente se unen sino que encuentran sus vidas nutridas la una por la otra. Una región es como un órgano de un cuerpo con vida. Cuando el cuerpo entero vive, el órgano vive y cuando el cuerpo como tal cuerpo florece, sus órganos florecen. Al revés, cuando el cuerpo goza de salud, esto indica que sus órganos están sanos. La analogía es pálida porque el órgano de un cuerpo no tiene conocimiento y por lo tanto no tiene libertad, mientras que las regiones hacen que la patria sea patria porque tienen libertad y conocimiento formando núcleos de espiritualidad encarnada en un suelo concreto. Pero la analogía vale por lo menos en tal sentido de que toda la vitalidad de las regiones y todo lo que cae dentro de ellas nutren la patria. Una patria sin regiones y demás infraestructuras sería como un cuerpo sin órganos y dejaría de ser patria a fin de convertirse en una red de burocracias que gobernarían una masa inerte y sin vitalidad alguna. La táctica comunista es evidente: manejar a los separatismos para destrozar la Patria nuestra; luego el régimen comunista acabaría con los mismos separatismos en aras de gobernar un conglomerado sin faz y carente de personalidad propia. Ninguna región, como tal región, que se ha formado históricamente dentro de una patria, es capaz de conservar su identidad fuera de dicha patria tal y como la sangre que corre por las venas del cuerpo no puede aguantar la esclerosis. La separación de las regiones de la patria es la esclerosis política, ya que la sangre de la patria no es nada sin las venas de las regiones, y éstas dejan de “ser” sin la nutrición que se forma de la sangre de la patria.

Si hemos utilizado el lenguaje de la metáfora es porque no hay ninguna manera de demostrar estas proposiciones apriorísticamente. La Patria Hispánica, formada en y por sus regiones sin identificarse con ellas —la Patria no es un conglomerado sino una unidad— no es un artefacto lógico o una máquina prefabricada sino un resultado histórico. Esta historia no ha sido ciega o hecha al azar. Desde que Europa se convirtiera al cristianismo, el pulso del desarrollo político y social de aquel enjambre y polvo de tribus y de “naciones” germánicas y célticas que se habían apoderado de lo que era el Imperio Romano, se dirigía hacia la creación de una comunidad netamente cristiana. La Cristiandad medieval en su esencia consistía en una comunidad internacional, gozando de una variedad de autonomías y de libertades tan vastas y variadas que hasta ahora ha sido imposible archivarlas por la ciencia y técnica moderna de la historiografía. Pero esta red de patrias se convirtió en una unidad gracias a una sola finalidad, a saber, hacer palpar en la tierra la Encarnación del Hijo de Dios Padre. Algo más allá de la comunidad, su sentido espiritual, otorgaba a ella su carácter definitivo. Todo esto se acabó con la Revolución.

El papel de lo que se llamaba en aquel entonces “Las Españas” se identificaba con un acto, prolongado a través de mil quinientos años, para formar una Patria merced a un esfuerzo común de defender la Fe. La Reconquista —aquella batalla que duró ocho siglos— no habría existido si los españoles no se hubieran unido en una tarea guerrillera y religiosa que por fin hizo que España llegase a ser una espada y un escudo en aras de aquella Cristiandad que reposaba en su retaguardia. España encontró su ser como Patria por ser la vanguardia de la civilización católica. Las peculiaridades y libertades de los antiguos Reinos, Condados y Principados ibéricos, se conservaban precisamente porque la unidad nacional, la Patria, no se consiguió a fin de centralizar, masificar, y así destrozar las autonomías de aquéllos. Algo parecido ocurrió al otro lado de los Pirineos, donde Francia encontró su unidad al costo de la pérdida de las libertades locales y regionales. Pero el caso de España fue enormemente diferente. Ningún Reino dentro de las Españas se unió con la Corona de Castilla en aras de autodestrozar sus derechos y constituciones propios, sino por defender mejor lo que era peculiarmente suyo frente a un enemigo primeramente al sur, más tarde al norte, que negaba la religión y por lo tanto el derecho público cristiano de toda la Cristiandad.

Como la Plaza de los Fueros en Pamplona recuerda en palabras esculpidas en piedra:

La incorporación de Navarra a la Corona de Castilla fue por vía la Unión Principal, reteniendo cada Reino su naturaleza antigua, así en leyes como en territorio y gobierno. De la Ley 62 de las Cortes de Olite, año 1645”.

Nuestra Patria no es lo que es por haber aniquilado lo que la precedía en el tiempo, sino por lograr que aquéllo resultara aún con más brillantez. España es Una por ser Múltiple y ha sido capaz de quedarse Múltiple solamente por haber sido Una. Sin la unidad nacional, España hoy día sería un desierto musulmán: una extensión de África en Europa; una tierra abandonada, reducida a cenizas y cubierta con la arena del Sahara: el Islam no sabe construir, sólo destruir. O España sería una dependencia de una Europa protestantizada y dominada por la herejía, puritanizada, y desposeída de personalidad propia. España salvó a Europa del Islam en la batalla de Lepanto con la espada de Don Juan de Austria. Y España paró la marcha de la herejía dentro del Continente gracias a la victoria de Mühlberg, conseguida principalmente por las armas de los Tercios de Castilla, cuyo caudillo era el Rey Emperador Carlos I y V quien desplegó las banderas de España y de Austria, y también la Cruz de Borgoña de la Orden del Toisón de Oro, el símbolo seglar más ilustre de la unidad católica de la Cristiandad. Así, el protestantismo se encontró parado y limitado a las periferias del antiguo Imperio Romano. Con el mismo gesto caballeresco de ser el paladín de Europa, a veces en contra de la voluntad de la propia Europa, España consiguió por fin su unidad nacional y así salvó el carácter peculiar de sus antiguos Reinos y su existencia misma.

Nosotros, los carlistas, amamos la Patria y por lo tanto la colocamos en nuestra jerarquía de bienes en un lugar que no es inferior a nada sino a Dios. Nos atrevemos a decir que la Providencia Divina nos ha dado la Patria como un regalo de oro. Nosotros, los carlistas, fieles a la más sublime tradición hispánica, y siguiendo el ejemplo de Carlos I y de Felipe II, la hemos devuelto a Él. ¡Todo por la Patria y la Patria por Dios!

Aún en los momentos más decadentes de nuestra historia, por ejemplo, durante la guerra de Cuba con los Estados Unidos a finales del siglo pasado, aquel siglo que marcó la época más nefasta en la historia de la nación, los españoles sabían luchar y morir por España. Empujada por una prensa liberal y sensacionalista que pregonaba y preveía una victoria imposible, la flota de España navegaba hacia América sabiendo de antemano que todos o casi todos aquellos hombres morirían: y efectivamente murieron, heroica y quijotescamente por el honor de España. Como años antes dijo el almirante Méndez Núñez en la batalla del Callao: “Vale más honra sin barcos, que barcos sin honra”.

En aquel entonces, nuestro rey carlista en el destierro, Don Carlos VII, ofrecía sus requetés como voluntarios al servicio de España, a pesar de que un usurpador se sentaba en el trono y un régimen liberal, que ya había debilitado las entrañas de la Patria, gobernaba masónicamente desde Madrid.

Al ofrecer tan generosamente sus voluntarios a un gobierno que le había robado sus derechos al trono, Don Carlos demostró que la Corona de España, y con ella el mismo Estado, no estaba ni está por encima de la Patria, sino que estaban o deben estar a su servicio.

Fuente: COMUNIÓN TRADICIONALISTA, Así pensamos (18 de julio de 1977), pp. 42-47

jueves, 14 de octubre de 2010

¡Por la confusión del turco!


La intención «por la confusión del turco» es plegaria secular en Las Españas –y además constituye un magnífico brindis–. Nuestra Fe es más antigua y nuestras razones más verdaderas: Núcleo de la Lealtad propone, a modo de recuperación de nuestras venerables tradiciones católicas y patrias, que volvamos a rezar después del Santo Rosario –Padre nuestro, Avemaría y Gloria– «por la confusión del turco». También urgimos a los patriotas de ambas orillas de la Mar Océana, que manifiesten, al ir a beber vino o licor, este bien que deseamos: ¡Por la confusión del turco! A continuación ofrecemos este interesante artículo

Lepanto
Autor: Francisco Bejarano
FuenteDiario de JerezFecha: 07.10.2009

Desde que la izquierda nominal y el retroprogresismo, temerosos de que al aceptar, o nada más que conocer, el pasado histórico español se oscurezca el poco brillante futuro prometido, hemos vuelto a interesarnos por los hitos de la Historia de España que la engrandecieron y, de paso, engrandecieron a Europa. Para escándalo de hispanistas, ya sólo creen en la Leyenda Negra los jóvenes universitarios españoles. La memoria litúrgica de hoy está dedicada a la Virgen del Rosario, conmemoración instituida por [San] Pío V para recordar la victoria de las armas cristianas en Lepanto en 1571, obtenida, según la fe, por la mediación de Nuestra Señora, que veía alarmada cómo los turcos infieles avanzaban por el Mediterráneo. Todavía harían un último intento peligroso con el asedio de Viena, pero el desastre de la flota turca en Lepanto los dejó muy debilitados. Desde entonces se brinda en España por la confusión del Turco.
Se comprende que el progreterío español, hirsuto y desaliñado, no quiera ni oír hablar de Lepanto: España era un Imperio, el mayor probablemente que haya existido nunca, y era la guardiana de la Fe católica, es decir, de la cultura clásica grecorromana mediante la Santa Inquisición. Venecia y Génova eran repúblicas aristocráticas que veían tambalearse sus negocios en Oriente. Nápoles y Sicilia estaban con sus intereses mermados.

El Papado no podía hacer otra cosa que defender a sus fieles frente a la secta mahometana. Una escuadra poderosa al mando de don Juan de Austria derrotó a los turcos para siempre. La flor de la aristocracia mediterránea y católica (Bazán, Cardona, Colonna, Doria, Barbarigo, Veniero, Morosini) estuvo al mando de la flor de la juventud, Cervantes en ella, soldados que, aparte de los beneficios que pudieran obtener con la victoria, tenían claro que luchaban por la Cristiandad, una manera de vivir.

Los españoles que se avergüenzan de su historia, que es como avergonzarse de su familia, hubieran preferido que ganaran los turcos y el califa de Estambul se hubiera instalado de nuevo en Córdoba o en San Pedro de Roma; pero la Historia es tenaz en mantener sus errores e injusticias y no creemos que sirva de mucho volverla a escribir de nuevo a nuestro antojo [...].

Además, la Historia no se equivoca nunca, se equivocan los historiadores esquinados, de la misma manera que la especie humana y la naturaleza en su conjunto no yerran jamás, yerran las personas particulares, y aun sus torpezas sirven para la selección natural. Olvidemos de una vez la idea, errada por completo, de que la mente humana ha progresado junto con la técnica y en el futuro nuestra especie va ser más progresista y justa. Lo justo, equitativo y saludable es agradecer la habilidad y el talento de los almirantes de Lepanto que nos libraron de estar hoy en la incomodidad del islamismo.

sábado, 9 de octubre de 2010

Pues yo no me alegro del Nobel a Vargas Llosa

Nobel a Vargas Llosa
No es un post para ganar amigos, tampoco para perderlos, si perdiese alguno es que no era tal.

Siento náuseas por la caterva de católicos adoratrices de un personaje tan nauseabundo. Me da igual que le hayan concedido el Premio Nobel, absolutamente igual. Simplemente: yo, no me alegro.

Un estómago agradecido la Intelligentsia progre española. Una izquierda que le amamantó publicándole novelas pornográficas que no habrían tenido cabida en la colección «Sonrisa Vertical» de Berlanga. De una técnica literaria muy mediocre y una cultura bastante limitada.
Gracias a Dios no es el nivel de la literatura hispanoamericana, otros más merecedores no lo ganaron. De eso podemos estar tranquilos, no le han premiado por su escritura, se lo han dado por «por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes sobre la resistencia, la revuelta y la derrota individual». Hay que ser hortera.
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domingo, 3 de octubre de 2010

El Beato John Henry Newman y la política

(El Cardenal John Henry Newman, beatificado el Domingo 19 de septiembre, por el Santo Padre Benedicto XVI)

"Hablando estrictamente, la Iglesia cristiana, como sociedad visible, es necesariamente una fuerza política o un partido. Podrá ser un partido victorioso o un partido perseguido, pero siempre será un partido, anterior en existencia a las instituciones civiles de las que está rodeado, formidable e influyente a causa de su divinidad latente hasta el final de los tiempos. La garantía de permanencia se concedió desde el principio no meramente a la doctrina del Evangelio, sino a la Sociedad misma construida sobre la base de la doctrina, prediciendo no sólo la indestructibilidad del cristianismo, sino también del medio a través del cual había de manifestarse ante el mundo. Así el Cuerpo de la Iglesia es un medio señalado por Dios hacia la realización de las grandes bendiciones evangélicas. Los cristianos se apartan de su deber, o se vuelven políticos en un sentido ofensivo no cuando actúan como miembros de una comunidad, sino cuando lo hacen por fines temporales o de manera ilegal; no cuando adoptan la actitud de un partido, sino cuando se disgregan en muchos. Si los creyentes de la Iglesia primitiva no interfirieron en los actos del gobierno civil, fue simplemente porque no disponían de derechos civiles que les permitiesen legalmente hacerlo. Pero donde tienen derechos la situación es distinta, y la existencia de un espíritu mundano debe descubrirse no en que se usen estos derechos, sino en que se usen para fines distintos para los que fueron concebidos. Sin duda pueden existir justamente diferencias de opinión al juzgar el modo de ejercerlos en un caso particular, pero el principio mismo, el deber de usar sus derechos civiles en servicio de la religión, es evidente. Y puesto que hay una idea popular falsa, según la cual los cristianos, en cuanto tales, y especialmente el clero, no les conciernen los asuntos temporales, es conveniente aprovechar cualquier oportunidad para desmentir formalmente esa posición y para reclamar su demostración. En realidad, la iglesia fue instituida con el propósito expreso de intervenir o (como diría un hombre irreligioso) entrometerse en el mundo. Es un deber evidente de sus miembros no sólo asociarse internamente, sino también desarrollar esa unión interna en una guerra externa contra el espíritu del mal, ya sea en las cortes de los reyes o entre la multitud mezclada. Y, si no pueden hacer otra cosa, al menos pueden padecer por la verdad, y recordárselo a los hombres, infligiéndoles la tarea de perseguirles."

(Cardenal John Henry NewmanLos arrianos del siglo IV. En Persuadido por la Verdad. Ed Encuentro)

Libro recomendado: La política, oficio del alma Miguel Ayuso, Ed Nueva Hispanidad

Carlismo en Audio Cristiandad

jueves, 23 de septiembre de 2010

La Iglesia en la política, hoy

de 

Este artículo apareció en The Christian Century, (13 de diciembre 2005, pp.28-32.). Se trata de una entrevista a W. Cavanaugh en la que se tocan temas muy diversos en torno al papel político de la Iglesia.


.- Usted ha sugerido que los cristianos deberían recurrir a sus prácticas litúrgicas propias al considerar sus compromisos en el terreno de la política. ¿Qué tiene en mente?


Hace poco me pidieron que diera una charla sobre "el significado social de la Eucaristía", y lo primero que dije fue: "Deben prometerme que si les digo lo que es el significado social de la Eucaristía, no dejarán de ir a Misa”. En otras palabras, la liturgia no puede reducirse a un significado. Si se pudiera, ¿por qué seguir yendo a la iglesia una vez que has entendido el significado? ¿Cuántos recordatorios necesitamos? Sólo aquellos que son realmente torpes tendrían que ir todos los domingos.
Este es a menudo nuestro enfoque de la liturgia y la vida social: tratamos de "leer" la liturgia buscando símbolos y significados que podemos entresacar y aplicar en el “mundo real" - la ofrenda significa que debemos dar de nuestra riqueza, el beso de la la paz significa que debemos buscar la paz en las relaciones internacionales, y así sucesivamente. Esto está bien, pero no va en la dirección de tomar la liturgia como una acción que forma un cuerpo, el Cuerpo de Cristo.
Henri de Lubac, dice, "La Eucaristía hace la Iglesia", y la Iglesia es más que un simple club para cristianos. La iglesia es un espacio social por derecho propio, una representación de la política de Jesús. Esto no quiere decir que la iglesia debería ser un partido político o interponer políticas partidistas en la liturgia. Esto significa que la iglesia debe ayudar a crear - en colaboración con los no cristianos también - espacios de paz, caridad, e intercambio económico justo.
Creo que Voces en el desierto o las comunidades económicas del Movimiento de los Focolares son buenos ejemplos de la política de Jesús. Lejos de constituir una huida sectaria o quietista del mundo, estos movimientos son efectivos produciendo el cambio - más que los movimientos que piden al estado paz y justicia.

.- Una de las asunciones de la política secular moderna es que el Estado debe ser “laico” y la religión algo “privado”, para que no volvamos a las guerras de religión que devastaron Europa en el s.XVI, ¿hay algo erróneo en ese supuesto?.


Yo no creo que haya ninguna razón para querer restablecer el poder político de las iglesias, si por éste se entiende el poder coercitivo. Hay, sin embargo, una buena razón para cuestionar el mito del Estado laico como pacificador. Las llamadas guerras de religión no opusieron una religión contra otra, como católicos contra protestantes. Se pueden describir con más exactitud como guerras entre diferentes órdenes “teopolíticos”. Esto explica por qué, por ejemplo, católicos murieron a manos de católicos. En la segunda mitad de la Guerra de los Treinta Años, participaron los Habsburgo en lucha contra los Borbones - dos dinastías Católicas luchando entre sí.
Obviamente, la iglesia no era inocente por el derramamiento de sangre, enredada como estuvo por el poder coercitivo. Pero tampoco fue el Estado moderno un espectador inocente. Todo el aparato del Estado se puso en pié para posibilitar a los príncipes hacer la guerra con mayor eficacia. Como Charles Tilly ha escrito, "la guerra hizo al Estado, y el Estado hizo la guerra". El Estado-nación moderno se basa en la violencia. Si la Iglesia va a resistir a la violencia, tiene que salir de su privatización y tener una voz política, que no busca recuperar el poder del Estado, sino a hablar con la verdad al respecto. Los cristianos pueden expiar su complicidad con la violencia en el pasado negándose a ser cómplices de la violencia estatal ahora.


.- Las personas que temen una alineación de la religión y el estado a menudo apuntan a los regímenes musulmanes de estilo talibán como un ejemplo del peligro. ¿Es una preocupación legítima?


Obviamente, yo no soy un fan de los talibanes. Deberíamos estar preocupados por cualquier régimen que abuse de las personas. Me inquieta, sin embargo, la forma en que el gran mito de la violencia religiosa sirve para justificar ciertos tipos de violencia: "Aquellas personas son locos fanáticos religiosos; su violencia es irracional, absolutista y disolvente. Vivimos en un estado democrático, laico; nuestra violencia es racional, modesta y concentradora. No han aprendido la lección que nosotros si hemos aprendido: la religión debe mantenerse fuera de la esfera pública. Así que tenemos que ayudarles por medio del bombardeo, dentro de una más elevada racionalidad". Esta forma de pensar es, creo, uno de los sobrentendidos  de la guerra de Irak y de gran parte del discurso público sobre el terrorismo. Tanto los republicanos como los demócratas lo asumen.
Este mito nos ayuda a pensar que somos la nación más amante de la paz en la tierra, al mismo tiempo que nuestro presupuesto militar es superior al de todas las demás naciones juntas. Nuestra violencia no cuenta como tal violencia, porque estamos tratando de difundir la democracia, la racionalidad y la paz. Las guerras llevadas a cabo por fuerzas de los EE.UU. o satélites – que han dado como resultado la muerta de 50.000 civiles iraquíes, 2 millones de vietnamitas, o 200.000 campesinos guatemaltecos - no hacen mella en nuestra propia imagen, siempre y cuando hagamos de la "violencia religiosa" el coco. Creo que debemos denunciar todo tipo de violencia, ya sean religiosos ya sean seculares.


.- Usted ha estudiado las respuestas de la Iglesia al régimen político represivo del General Pinochet en Chile. ¿Tiene alguna idea sobre si las iglesias deberían afrontar activamente el poder político o trabajar tras el escenario, como los obispos católicos de Chile en gran parte decidieron hacer?


Sería presuntuoso por mi parte decir lo que deberían haber hecho. En mi libro sobre Chile, yo estaba tratando de mostrar ejemplos de lo que se hacía en realidad, tanto por los obispos como por la iglesia de base, para romper el control del estado sobre la imaginación de la gente. La gente en la iglesia se dió cuenta - algunos más rápido que otros – de que instar al Estado a hacer justicia es a veces un ejercicio inútil. La iglesia no puede basarse en el estado para hacer justicia. La iglesia debe tomarse a si misma en serio como un tipo de cuerpo (organismo) público, el cuerpo de Cristo, que crea espacios de justicia y paz en el mundo. Con frecuencia debe hacerlo resistiendo a la nación-estado. En Chile, algunos obispos excomulgaron a los responsables de las torturas, y la iglesia de base ayudó a las víctimas del régimen y llevaron a cabo actos de desobediencia civil. El cambio no llegó tranquilamente,como generalmente ocurre.


.- La tortura fue practicada por el gobierno en Chile bajo Pinochet. Ahora la tortura es algo que el gobierno de los EE.UU. parece perdonar. ¿Las iglesias en Estados Unidos tienen algo que aprender de la experiencia de Chile de la utilización de la tortura?


El Presidente Bush está amenazando con vetar un proyecto de ley por primera vez en sus cinco años en el cargo, y su objetivo es la enmienda del senador John McCain para prohibir la tortura por agentes de EE.UU.. Una de las cosas que podemos aprender de Chile es no sorprenderse demasiado por esto. Se suponía que Chile iba a ser excepcional: tenía la tradición más larga de democracia en América Latina, y todo el mundo pensaba que el golpe militar sería breve y relativamente benigno. América también se supone que debe ser excepcional, un faro de libertad para el mundo.
La excepcionalidad funciona en ambos sentidos: porque a Estados Unidos se le considera excepcional, es también considerado por muchos como por encima de la ley y en condiciones de aplicar medidas excepcionales. Cuando una nación se convierte en un fin en sí mismo - Estados Unidos es la "nación indispensable", dijo Madeleine Albright - se recurrirá a los mecanismos que resulten necesarios para proteger sus intereses vitales, que se supone que son los intereses de todos.
La otra cosa que podemos aprender de Chile es que la iglesia debe hacer algo más que depender del Estado para hacer justicia. Las iglesias deben dejar claro que los cristianos deben negarse a participar en el tratamiento injusto de los detenidos. Por otra parte, las iglesias no deben someterse a la decisión del presidente sobre lo que constituye una guerra justa y lo que no. Si la iglesia decide que una guerra es injusta, los cristianos deberían negarse a luchar en ella. Creo que esta es la cuestión más crucial que enfrenta la iglesia en América hoy. Si la teoría de la guerra justa significa algo, la Iglesia no debe abdicar de sus decisiones sobre la justicia de la guerra frente al estado.


.- Usted ha escrito sobre el compromiso cristiano con la industria del entretenimiento, específicamente con la organización Disney. Normalmente las dos opciones de los cristianos en esta área son buscar signos del Evangelio en el entretenimiento popular o huir a causa de su inmoralidad. ¿Cuál es su enfoque?


Yo no creo que tengamos que elegir entre la aprobación y rechazar el entretenimiento popular en su conjunto. Creo que podemos discernir lo bueno y lo malo en él.
Mi crítica de Disney no es tanto relativa al contenido de sus películas y otros medios de comunicación, aunque el contenido es ciertamente criticable. Mi interés en Disney se refiere a su poder absoluto. Disney es un ejemplo de la forma en que unas pocas corporaciones enormes tienen el poder de influir en los patrones de consumo y homogeneizar la cultura, a pesar de que el mercado es libre. Millones de padres están atrapados comprando todo lo que Disney saca, ya que cualquier otro niño en la escuela tiene productos del Rey León o cualquier otro tipo de productos similares.
¿Cómo termina por sentirse coaccionada la gente en un mercado libre? Teóricamente, en un mercado libre cada individuo es libre de elegir lo que él o ella considera como bueno. Pero en una cultura sin un sentido de lo que es objetivamente bueno, todo lo que queda es el poder. La voluntad no se mueve por la atracción hacia el bien, sino por el puro poder de marketing para mover la voluntad. El creciente poder de grandes corporaciones transnacionales produce una especie de libertad truncada.


.- Otra preocupación suya es la identidad de los colegios relacionados con la iglesia. ¿Cree usted que estas instituciones pueden mantener un firme compromiso con su fundamento teológico y también tener éxito en el competitivo mercado de la educación superior?


La gran ironía de la educación superior norteamericana es que en la búsqueda de la diversidad, escuelas y universidades han llegado a parecer más o menos lo mismo. Estoy muy a favor de buscar la diversidad racial, de género y de clase dentro de las universidades. Buscar la diversidad de la misión, sin embargo, produce colegios que no creen en nada en particular. La diversidad real significaría diversidad, no sólo dentro de los colegios, sino entre ellos. Si hay una universidad bautista, o metodista, o católica, no deben considerar la identidad como un pasivo. Todos nos enriquecemos en los lugares que son distintivamente Bautista, o católico, o metodista. Las escuelas relacionadas con la Iglesia prosperarán si son distintivas, si dan a los estudiantes una razón para elegir sobre las escuelas genéricas sin identidad particular.
Esto no quiere decir que deban ser aplicadas rígidas normas de ortodoxia dentro de las escuelas religiosas a todos. Pero debe haber suficiente acuerdo entre una parte significativa de los administradores, profesores y estudiantes de forma que pueda desarrollarse un diálogo coherente. Muchos estudiantes universitarios no toman en serio su educación porque los formamos en la ironía. Les ofrecemos un buffet de ensaladas de diferentes métodos intelectuales, las posiciones y visiones del mundo y les decimos que simplemente elijan lo que quieren - que en realidad no importa. Muchas universidades modernas son tan incoherentes intelectualmente que tienden a engendrar cinismo, y no vitalidad intelectual.

.- ¿Cómo empezaría usted para señalar esta incoherencia?


Creo que la contratación es la preocupación más acuciante. Muchas de las escuelas relacionadas con las iglesias han terminado con una gran proporción de profesores y administradores que actúan con indiferencia o sospecha frente a  la afiliación eclesial de su escuela. Todas las escuelas necesitan algunas personas “ajenas”; si yo estuviera enseñando en una universidad católica en la década de los ‘50, me gustaría disponer de unos pocos buenos marxistas para espolear un poco las cosas en la facultad. Pero el péndulo ha oscilado hacia otro lado. Ahora sería feliz con sólo unos pocos profesores en cada departamento, capaces de articular algún tipo de punto de vista católico sobre la psicología, por ejemplo, o la economía.
Este es un gran problema para los estudiantes. Sienten instintivamente que su educación debe integrarse a través de disciplinas. A los estudiantes no les gusta cuando se plantean interrogantes acerca del Génesis en su clase de biología y el profesor les trata como si fueran una ráfaga apenas audible. No quiero decir que las escuelas relacionadas con las iglesias deban contratar sólo a creacionistas, quiero decir que deberían contratar a personas empáticas e informadas sobre las diferentes maneras en que los cristianos integran la fe en Dios con los hallazgos de la ciencia.


.- En una cultura pluralista como la nuestra, los cristianos deben reflexionar frecuentemente sobre Juan 14:6 "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí." ¿Cómo lo interpretamos?


Hay mucho que se puede decir acerca de este versículo. Lo primero que pienso es una cita de Santa Catalina de Siena: "Todo el camino al cielo es el cielo, porque Él dijo: Yo soy el camino". Catalina habla acerca de Cristo como el puente entre el cielo y la tierra, la divinidad y la humanidad . El puente entre el cielo y la tierra ya es el cielo, porque es Cristo.
Me encanta esta cita porque rompe la dicotomía entre medios y fines. La vida cristiana no es un medio para el cielo. La guerra no es un medio para la paz, la libertad no es un requisito previo para el seguimiento de Cristo. La vida cristiana va de practicar el cielo ahora, en la tierra, incluso si ello hace que te maten. No se trata de hacer nuestro camino hacia Cristo por un lejano eschaton; Cristo es el camino.


.- Si le pidieran que predicase sobre cualquier tema en las próximas semanas, ¿ qué texto elegiría y como lo exploraría?


Como el Adviento se acerca, creo que elegiría una de las grandes lecturas de Isaías que se encuentran en el Leccionario para el tiempo litúrgico. Estas son algunas de mis lecturas favoritas de todo el año. Plantean una hermosa visión de la nostalgia y la expectativa de una realidad transformada. Tal vez elegiría Isaías 11:1-9.
Woody Allen dice: "El león se acostará con el cordero, pero el cordero no dormirá mucho" Después de señalar que, de hecho, el cordero se junta con el lobo en Isaías, me gustaría explorar el comentario de Allen como un ejemplo de lo que se llama realismo. El realismo dice: "No sea ingenuo. En el mundo real, el cordero no tiene ninguna oportunidad frente al lobo. Cuando Dios cambia realmente la historia, entonces podemos relajarnos. Mientras tanto, tenemos que llevar un buen garrote".
En la lectura cristiana de Isaías, sin embargo, Dios ha actuado ya para redimir a la historia. La vara del tronco de Jesé ya ha brotado. El anhelo de Adviento se cumple en Navidad. La gente a veces malinterpreta el “todavía no" del Reino de Dios en el sentido de que Dios nos lo oculta. Pero Dios no ha ocultado nada. Dios nos ha dado al Hijo, el Camino. El "todavía no" se debe a que nosotros lo estamos retrasando. Continuamos como si nada hubiera sucedido, esperando que Dios haga realidad la visión de Isaías. Pero la buena noticia es que Dios ya ha actuado. Dios nos ha dado al Cristo, en quien la visión de Isaías de una realidad transformada se cumple.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Oportet Illum Regnare

de 

D. J.M. Iraburu viene dedicando los últimos posts de su blog en Infocatólica (Reforma o apostasía) al tema de el papel de los católicos en la vida política y la doctrina de la Iglesia al respecto. Toda la serie de posts es altamente recomendable, pero el de hoy se sale. No se lo pierdan:


Entresaco un párrafo de lo más significativo:

La realeza de Cristo es a un tiempo espiritual y temporalEl reino de Cristo es principalmente un reino espiritual de verdad y de amor, de justicia y salvación, de gracia y de paz. Cuando algunos judíos, entusiasmados por sus milagros, quisieron hacerle rey, no lo aceptó y se retiró al monte Él solo (Jn 6,15). Y a Pilatos le declara abiertamente: «mi reino no es de este mundo» (Jn 18,36). Ni Jesús, ni su reino, son de este mundo. Son «de arriba», son del cielo (15,19; 17,16).
Pero eso no significa que Cristo no tenga poder temporal, pues la voluntad de Dios ha de hacerse en la tierra como en el cielo. Ejercerá Cristo Rey su autoridad a través de los poderes políticos que se abran a su influjo, pues a Él le ha sido dado «todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18). Él es «el Rey de los reyes», y todos los hombres, también los gobernantes, le deben obediencia. Por eso la misión principal de la Iglesia es difundir el Reino de Dios entre los hombres y las naciones; y no sólo en la intimidad de sus conciencias o de su vida familiar, sino también en todas sus instituciones sociales y políticas, económicas y culturales.
Cristo Rey y su Esposa iluminan, fortalecen y ayudan los poderes políticos secularesy en modo alguno disminuyen su actividad. Benedicto XVI, para superar los recelos y suspicacias de los laicistas, así lo advierte con toda claridad:
«El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política. Un Estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones… Pero ¿qué es la justicia?… La fe permite a la razón desempeñar del mejor modo su cometido y ver más claramente lo que le es propio. En este punto se sitúa la doctrina social católica: no pretende otorgar a la Iglesia un poder sobre el Estado. Tampoco quiere imponer a los que no comparten la fe sus propias perspectivas y modos de comportamiento. Desea simplemente contribuir a la purificación de la razón y aportar su propia ayuda para que lo que es justo, aquí y ahora, pueda ser reconocido y puesto también después en la práctica. La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales… La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política… El deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos» (2005, enc. Deus caritas est, extractos 28-29).
Así las cosas, ante Cristo Rey sólo caben dos opciones, pues no es posible una neutralidad ambigua. O se le reconoce como Rey y Señor, o se rechaza su autoridad sobre los hombres. No hay más opciones. Los que no están con Él, están contra Él (Lc 15,23).

lunes, 20 de septiembre de 2010

Benedicto XVI y el Cardenal Newman

La visita de Benedicto XVI a Gran Bretaña en la coyuntura presente es la más incómoda que uno imaginarse pueda: a la hostilidad «antipapista» que ciertos sectores anglicanos profesan casi a modo de atávico signo de identidad, se suma la hostilidad desatada por las campañas difamatorias contra la Iglesia, a la que la propaganda anticatólica pretende presentar como una especie de secta de sórdidos pedófilos. Benedicto XVI, a quien no ha temblado el pulso a la hora de condenar y castigar a los sacerdotes infieles a su ministerio, tampoco se ha arredrado ante este cóctel explosivo de hostilidades, aunque podemos imaginarnos que en su fuero interno haya pasado en algún momento por las angustias de Getsemaní: «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Y obedeciendo esa voluntad ha viajado a Gran Bretaña, para presidir la ceremonia de beatificación del cardenal John Henry Newman (1801-1890), una de las personalidades más influyentes del pensamiento católico de los últimos siglos.

Que sea Benedicto XVI quien beatifique al cardenal Newman no es baladí. Ambos están hechos de la misma fibra: la de los maestros que enseñan no sólo mediante el pensamiento y la palabra, sino también mediante la propia vida, la de quienes tocan al corazón a la vez que iluminan la inteligencia. En diversas ocasiones, el Papa ha reconocido su deuda intelectual y vital con Newman, a quien leyó con gran aprovechamiento en sus años de estudio y cuya conversión al catolicismo siempre ha presentado como ejemplo de encuentro personal de Dios con el hombre. Newman, que en la juventud coqueteó con las tesis liberales, llegó a ordenarse como presbítero anglicano, antes de iniciar un gradual movimiento hacia el pensamiento católico y liderar el Movimiento de Oxford, que se rebeló contra el sometimiento de la iglesia de Inglaterra a una autoridad secularizada, reivindicando el legado de la Tradición. Tras diversos conflictos con las jerarquías anglicanas, Newman acabaría ingresando en la Iglesia católica en 1845 y ordenándose sacerdote dos años más tarde. Fueron muchos sus méritos en el ámbito académico y pastoral; pero fue, sobre todo, un escritor superdotado, de estilo límpido y vibrante, autor de una copiosísima obra —sermones, ensayos, novelas, etcétera—, entre la que se halla una autobiografía, Apologia Pro Vita Suaque, con permiso de San Agustín, puede considerarse el más hermoso testimonio literario jamás escrito sobre un proceso de conversión.

Los lectores curiosos podrán encontrar muchos títulos disponibles de Newman (mientras escribo estas líneas se anuncia la publicación, en El Buey Mudo, de sus Cuatro sermones sobre el Anticristo, de palpitante actualidad), en especial en la editorial Encuentro, que es la que más denodadamente se ha esforzado por divulgar la obra de este gran titán de la pluma; y les aseguro que nunca agradecerán suficientemente el tesoro de delicias (para el corazón y para la inteligencia) que Newman les tiene reservado. Leer a Newman es la mejor manera de entender y acompañar al Papa en esta visita a Gran Bretaña, tan erizada de hostilidades. Seguramente, Benedicto XVI tiene muy presentes aquellas palabras de San Agustín que Newman hace suyas en Apologia Pro Vita Sua: «Sean duros para con vosotros los que no saben por experiencia lo difícil que es distinguir el error de la verdad, y dar con el camino de la vida en medio de los engaños del mundo»

Juan Manuel de Prada|ABC