lunes, 6 de octubre de 2008

FORO ALFONSO CARLOS I - 175 ANIVERSARIO DEL CARLISMO EN TALAVERA DE LA REINA ( 2 )


Desde la página de podcast de la CTC  los usuarios que lo deseen podrán ir escuchando sucesivamente las conferencias que se impartieron en el X Foro Alfonso Carlos I con motivo del 175 aniversario del Carlismo.Acceder al podcast para escuchar la conferencia "Los orígenes del Carlismo". 
http://es.youtube.com/watch?v=Ywv09uzLgPk 

Crónica del congreso 175º aniversario del Carlismo

de 











Tomamos la crónica del cuaderno de bitácora provisional del Consejo de Estudios Históricos Felipe II,http://consejofelipesegundo.wordpress.com, donde también puede verse una galería de fotos del congreso y más noticias sobre el mismo.



Como adelantábamos en la crónica de urgencia anterior, el CLXXV aniversario del primer «¡Viva Carlos V!», dado en 1833 por don Manuel María González y los Voluntarios Realistas de Talavera de la Reina, ha sido dignamente conmemorado por el congreso internacional «Una revisión de la tradición política hispánica: A los 175 años del Carlismo», organizado en Madrid por el Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, con la colaboración del Círculo Cultural Antonio Molle Lazo, en continuidad con el que en 1983 organizasen en la propia Talavera los recordados Gabriella Pércopo, viuda de Elías de Tejada, y Joaquín García de la Concha.
Como estaba previsto en el programa, a las 08:30 del sábado 27 de septiembre dio comienzo la recepción e inscripción de participantes, en el Hotel Tirol. La instalación de puestos de libros de la Editorial Actas; la Editorial Episteme, con su colecciónRutas Carlistas; la antigua Fundación Stella; y laFundación Francisco Elías de Tejada, fue muy bien recibida por los asistentes.
Pasadas las 09:30 horas tuvo lugar el acto inaugural, en el cual intervino el profesor Miguel Ayuso, director científico del CEH Felipe II. Hizo las veces de secretario el profesor Juan Cayón. El número y la extensión de las ponencias presentadas obligó a reducir el número de intervinientes. Las ponencias completas aparecerán en el libro de las actas del congreso, que aparecerá (D.m.) en 2009, coincidiendo con el centenario de la muerte de S.M.C. Don Carlos VII.
A las 10:00 se constituyó la primera mesa, El carlismo en la historia, presidida por el profesor Andrés Gambra. Intervino en primer lugar Luis Infante, presidente del Círculo Cultural Juan Vázquez de Mella, quien se ocupó de la evolución doctrinal del Carlismo desde sus orígenes hasta la actualidad. En segundo lugar lo hizo Francisco José Fernández de la Cigoña, sobre las relaciones del Carlismo y la Iglesia. Finalmente habló el profesor Alfonso Bullón de Mendoza, sobre Carlismo y milicia, con especial atención al siglo XIX.
Presidida por Luis Hernando de Larramendi, la segunda mesa, Los carlismos regionales, contó con las intervenciones de José de Armas, sobre el Carlismo en las Islas Canarias; el profesor Javier Barraycoa, sobre el Carlismo en Cataluña;Víctor Ibáñez, sobre el Carlismo en el Reino de Valencia;Ignacio Romero, sobre el Carlismo en el Reino de Granada;Juan Manuel Rodríguez González-Cordero, sobre el Carlismo en el Reino de Sevilla; y José Antonio Ullate, sobre el Carlismo en Navarra.
Tras el almuerzo se constituyó la tercera mesa, Las visiones del Carlismo, presidida por Monseñor Ignacio Barreiro. Presentaron sus ponencias el profesor Miguel Navarro (el Carlismo visto desde la Nueva España), el profesor Jacek Bartyzel (el Carlismo visto desde Polonia), el doctor Juan Matías Santos (en nombre propio y en el del portugués profesorJorge Azevedo Correia, sobre António Sardinha y Juan Vázquez de Mella), el profesor Francesco Maurizio Di Giovine(el Carlismo visto desde la Península Italiana).
Hubo de excusar su asistencia el presidente de la cuarta mesa El carlismo y su representación, Carmelo López-Arias, por lo cual ocupó su lugar la profesora Dianella Gambini. Expusieron sus ponencias Juan Ramón Cayón Fernández(Carlismo y numismática), Estanislao García Martín-Vicente(Carlismo en el cine), y Rafael Botella y Juan Manuel Rozas(Carlismo y literatura).
Presidió la quinta y última mesa, El carlismo y su doctrina, la profesora Consuelo Martínez-Sicluna. Fueron los intervinientes el profesor Julio Alvear (confesionalidad del Estado y Unidad Católica), Juan Luis Ferrari (el Carlismo en la revista Verbo) y el profesor José Miguel Gambra (sobre las consecuencias del Concilio Vaticano II y su declaración Dignitatis Humanae).
Pasadas las nueve de la noche se clausuró a continuación esta primera sesión del congreso. Durante la tarde había llegado a Madrid S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, en cuyo honor se ofreció una recepción en la noche del sábado.
El domingo 28 de septiembre, por la mañana, el Infante Don Sixto Enrique recibió en audiencia a una delegación de lasJuventudes Tradicionalistas, cuyos integrantes lo escoltaron a continuación a la Iglesia del Tercer Monasterio de la Visitación, donde a las 13:00 presidió la Santa Misa tradicional oficiada por Monseñor Ignacio Barreiro, director de la oficina romana deHuman Life International. En su vibrante sermón, el celebrante, evocando el ejemplo de San Wenceslao, glosó la relación entre realeza, Cristiandad y Tradición, y exhortó a los presentes a perseverar en la defensa de la verdadera Tradición de la Iglesia y de las Españas, papel que ha venido desempeñando el Carlismo desde su aparición. El órgano hizo sonar la Marcha Real durante la elevación del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
A la salida de la iglesia, la multitud recibió con entusiasmo a Don Sixto Enrique, y entonó el Oriamendi y los vivas de rigor.
La comida de clausura del congreso tuvo lugar en el restaurante La Galería, de nuevo en el barrio universitario de Argüelles. Durante la misma, Don Sixto Enrique de Borbón fue saludando personalmente a los asistentes. A los postres, intervino en nombre del CEH Felipe II el profesor Ayuso, quien hizo balance del congreso y expuso los planes del Consejo para el futuro. S.A.R. el Duque de Aranjuez habló a continuación, explicando el sentido de su título de Abanderado de la Tradición, destacó la singularidad del Carlismo y animó a no aceptar «convenios de Vergara» políticos o eclesiásticos. Los comensales recibieron el obsequio del pintor Augusto Ferrer-Dalmau, una lámina, serie numerada de ciento cincuenta, con la leyenda «Homenaje de A. Ferrer-Dalmau a los Herederos del Carlismo en su 175 Aniversario. Madrid, 27-28 de Septiembre de 2008». Nuevamente el canto del Oriamendi y los vivas a Cristo Rey, a España, al Carlismo y al Rey legítimo pusieron el cierre a este congreso internacional «Una revisión de la tradición política hispánica: A los 175 años del Carlismo».
Entre los participantes, podemos mencionar a los requetés veteranos de la Cruzada Fernando Samaniego Conde, del Tercio de Nuestra Señora de las Nieves, y José Álvarez Limia, del Tercio de Oriamendi; al capellán castrense don Eduardo Montes; Manuel de Santa Cruz; el académico José María Castán; el profesor Francisco Sevilla; el profesor Fernando Claro, de la Confederación Española de Juristas Católicos; Cruz Baleztena; Lucio Liaño; Santiago Barco; Javier Martínez-Aedo; Francisco Requena con su familia; el valenciano Jesús Ferrando, con su hija Carmela; los catalanes José Ramón Brustenga e Ignasi Mora; los vizcaínos Pilar Badiola, Rogelio Ossa, y las hermanas Ruiz de Gopegui; Luisa Zamanillo; el abogado Antonio Castán y su mujer Liliana Fuchs (biznieta del Coronel Sánchez del Pozo, del Tercio Ortiz de Zárate); el editor Luis Valiente; el abogado Miguel Toledano; Carlos Rodríguez Camacho; el albaceteño Luis Camacho; los asturianos Manuel Ordóñez, Antonio Capellán (delegado nacional de las Juventudes Tradicionalistas), Enrique Valcarce y su mujer Susana Iglesias; el granadino Raúl Bolívar; el salmantino Guillermo Pérez Galicia, presidente de la AET; Javier López Ureña; Jaime Vives; Víctor Iribarren; Nicolás Martín Bayliss; Carlos Ayuso; Francisco Benito y su mujer Pepa Fernández de la Cigoña; Coro Hernando de Larramendi; el fotógrafo Tomás de la Cal; Juan López de Arce; Juan Ignacio González; Rafael Fernández de Clerck Elizalde; Noelia Morón. Merece especial agradecimiento de la organización Dolores Sánchez, secretaria técnica de la Fundación Francisco Elías de Tejada.
La web Audio Cristiandad está subiendo las grabaciones en audio de las ponencias de este congreso, en formato MP3.

sábado, 4 de octubre de 2008

175 Aniversario del Carlismo: Eco en la prensa de Talavera




- Aunque desde luego los escritos del periódico carecen de información veraz, podríamos aplicar aquello de " ladran, luego cabalgamos ".

miércoles, 1 de octubre de 2008

TO BE OR NOT TO BE, LIBERAL

Extraído de la excelente bitácora de " Cruz y Fierro ", http://cruzyfierro.blogspot.com. Para leer, aprender y disfrutar. 
Con un amigo solíamos debatir amigablemente sobre el carácter tradicional del sistema político británico (al menos como subsistió hasta antes de la Segunda Guerra Mundial). Ambos estuvimos en las Islas Británicas en distintos momentos y por distintas razones, y a los dos siempre nos sorprendió (bien) cierta impronta tradicional en la sociedad, las instituciones, las costumbres... de esas islas nunca tocadas por la Revolución francesa—con su Código Civil y su Sistema Métrico Decimal. Pero hasta ahí llegaban nuestras coincidencias.

Él consideraba que el “liberalismo” inglés no fue revolucionario (no en su esencia, quizás sí en algunos accidentes), sino que fue una reacción ante un estado que, como el Leviatán de Hobbes, pretendía crecer “ad infinitum” sobre las vidas y haciendas de los ciudadanos. El paradigma—me decía—era Burke quien, al mismo tiempo que Whig, aborreció de la Revolución francesa y todas sus consecuencias. La llamada “Revolución Inglesa” del siglo XVII—insistía—no fue realmente una revolución, sino la reacción ante el totalitarismo de los últimos Estuardos. Y, tanto fue así, que los Tories del siglo XIX y XX eran los descendientes de los antiguos Whigs, mientras que los nuevos liberals giraban a la izquierda, mirando a la Francia revolucionaria con agrado. “Ahí tenemos a los personajes tan queribles de Wodehouse y Waugh”, afirmaba. Agregaba que, la cuestión religiosa (anti-católica) estuvo más movida por un sentimiento patriótico que por el odium fidei y, por eso, apenas Gran Bretaña se consolidó como Imperio, no tuvo problemas en “liberar” a los católicos—más allá de ciertas reacciones (como las Gordon riots) motivadas más por la ignorancia que por otra cosa (“ahí está—me comentaba—el papel de los cisalpinos católicos intentando ilustrar a las masas y rechazando los libelos anti-papistas, al mismo tiempo que juraban lealtad a los Hanover”). Decía que, esto mismo, se repetía luego en los Estados Unidos y ahí tenemos de prueba a personajes que, como los paleo-conservadores (o, incluso, los libertarios), partiendo de ese “liberalismo” Whig que había hecho la Revolución Americana (también para él, una reacción tradicional), arribaban a posturas y principios similares a los nuestros en varias cuestiones.
Por mi parte, sostenía en nuestras discusiones que el liberalismo inglés era verdadero liberalismo (revolucionario) y que sus diferencias con el liberalismo continental eran más aparentes que reales, una cuestión más de grado que de esencias distintas. Le pedía que recuerde cómo los franceses del siglo XVIII llamaban “ideas inglesas” a las que venían a subvertir el estado de cosas del Ancien Régime. No debemos olvidar, le decía, que el modelo de Montesquieu era justamente la constitución británica (aunque fuese una “mala traducción”—como tiempo después sería la famosa obra de Tocqueville respecto a la sociedad estadounidense). También le recordaba el papel minoritario que tuvo la postura de Burke en su partido y cómo se detuvieron los “cambios” que proponían los Whig como resultado del conflicto bélico con la Francia revolucionaria primero y napoleónica posteriormente. Le demostraba con un simple cronograma que la “libertad” que proclamó la Revolución inglesa se limitó en la práctica a la libertad económica de la burguesía británica y los nouveaux riches (favorecidos por la Reforma) quienes, justamente, pasadas un par de generaciones, engrosarían la alta nobleza, la parlamentaria, el peerage. Esto lo comprendieron perfectamente aquellas familias católicas “recusantes” que, tras la derrota jacobita de 1745, juraron lealtad a los Hanoverabriendo el camino para la emancipación de los católicos (no casualmente comenzada primero con los “derechos económicos” y culminada, sólo en 1829, con los “derechos políticos”). “Ahí estaban—le repetía—los eternos textos de Chesterton y Belloc contra la aristocracia británica y los conservadores”. Conservadores, derechas que, como siempre ha sucedido, sólo conservan el statu quo de las situaciones de injusticia creadas por las revoluciones que impulsaron sus padres. Ahí están los dos Pitt como paradigma.

Había olvidado un poco estas discusiones cuando volví a leer una traducción del Padre Castellani a “Dukes” de Gilbert Keith Chesterton. He aquí la traducción de 1940, recopilada en Crítica literaria:

El duque de Chambertin-Pommard era la minúscula pero vivaz reliquia de una familia realmente aristocrática, cuyos miembros fueron casi ateos hasta el tiempo de la Revolución Francesa, pero desde este suceso, tan benéfico en algunos aspectos, eran extremadamente devotos. El Duque era un realista, un nacionalista y un patriota acendrado—dése estilo que consiste en predicar constantemente que la patria está no tanto en peligro cuanto del todo arruinada. Escribía chispeantes articulemos en la prensa maurrasiana titulados: El Fin de Francia o La última alerta y todo eso, y estaba dando la última mano a un cuadro del Kaiser galopando sobre una alfombra de postrados parisienses, con un fulgor de patriótica exultación. Era sumamente pobre y hasta sus amigos y relaciones eranimpechables. Paseaba vivazmente hasta una modesta fondita para sus diarias comidas y allí tenía el aspecto de uno cualquiera.

Viviendo en una comarca donde no existe aristocracia tenía una alta opinión de ella. Añoraba las espadas y las estatuarias maneras de los Pommards antes de la Revolución—muchos de los cuales habían sido (en teoría) republicanos. Pero todavía con más práctica afición se volvía hacia una región de Europa donde la tricolor nunca llegó a flotar y los hombres nunca fueron torpemente igualados delante la ley. La miel y el consuelo de su vida era Inglaterra, que toda Europa mira como la única pura aristocracia sobreviviente. Tenía además un vago gusto por el deporte y criaba un dogo inglés, creyendo que el inglés era una raza de dogos, de heroicos hidalgos y corajudos mesnaderos, porque leía todo eso en los diarios ingleses conservadores, escritos por exhaustos tinterillos semitas. Pero su principal lectura era desde luego en los diarios conservadores franceses, y fue allí donde se enteró del horrible asunto del Budget. Allí leyó la confiscatoria revolución planteada por el Gran Lord Guardasellos, el siniestro Lloyd Georges. También leyó cuán caballeroso el Príncipe Sir Arturo Balfour de Burleigh había desafiado a este demagogo, apoyado por Austen el Lord Chamberlain y el gayo y agudo Walter Lang. Y siendo un listo partidario y un periodista capaz, decidió hacer una visita a Inglaterra y reportar a su periódico acerca de la batalla.

Rodó por una eternidad en campo abierto, entre hermosos bosques, con, en el bolsillo, una presentación a un Duque que debía presentarlo a otro Duque. Las interminables innumerables galerías de azarosos pinares le daban la extraña impresión de ser transportado por los incontables corredores de un sueño. Pero el vasto silencio y la frescura curaban su irritación contra la inquietud y fealdad urbana. Parecía un propio escenario para el retorno de la caballería. En tal foresta podía un Rey con corte y todo perderse cazando, o un andante caballero perecer sin más compañía que Dios. El mismo castillo donde abordó era un poco más reducido de lo esperado, pero lo hechizó con su perfil almenado y romántico. Iba ya a saltar, cuando alguien abrió dos enormes valvas a un lado y el vehículo rodó rápido adentro.

—¿No es la casa?—preguntó al cochero.
—No, señor—dijo el cochero controlando una sonrisa—, es el puesto.
—Ah, sí—dijo el Duque de Chambertin-Pommard—. Aquí es donde comienza la tierra del Duque.
—¡Oh, no!—dijo el hombre, enteramente boleado—. Hemos estado en tierras de Su Alteza todo el día.

El francés agradeció y se reclinó en el carruaje, sintiendo como si toda cosa fuese inmensamente vasta y grande, como Gulliver en el país de los Gigantes.

Aportaron al frente de una larga fachada de un edificio más bien severo, y un hombrecillo negligente en cazadora y bombacha descendió rápido los escalones. Llevaba flojos bigotes rubios y azules opacos aniñados ojos: sus facciones eran vulgares, pero su acogida extremadamente amable y hospital. Era el Duque de Aylesbury, quizá el terrateniente mayor de Europa, y conocido sólo como gran criador de caballos antes que empezara a escribir cartitas a los diarios acerca del Budget. Condujo arriba al Duque francés, parlando nonadas con cordialidad, y allí le presentó otro más importante oligarca inglés, que se alzó de un escritorio con un elance levemente senil. Tenía calva luciente y anteojos, media cara enmascarada con una corta barba oscura, que no escondía una sonrisa de agrado, no desprovista de rigor. Pendía un poco al caminar, como un viejo empleado o cajero; y aun sin el talonario de cheques en su mesa, habría dado la impresión de un negociante o mercader. Vestía un ligero terno gris. Era el Duque de Windsor, el gran estadista conservador. Entre estos dos amigables compinches, el pequeño galo estaba erguido en su levitón negro, con la monstruosa gravedad de la ceremonia francesa. Esta rigidez llevó al Duque de Windsor a ponerlo cómodo (como a un subalterno) y a decir, frotando las manos:

—Encantado con su carta…encantado. Muy satisfecho si puedo proporcionar a usted… este… algunos detalles.
—Mi visita—dijo el francés—difícilmente permitirá el metódico agote del detalle. Voy detrás de la idea. La idea, que es siempre la cosa inmediata.
—Exactamente—dijo el otro enseguida—, exactamente… la idea.
Sintiendo vagamente que era su turno (el inglés habiendo dicho todo lo que se podía esperar), Pommard continuó:
—Quiero decir, la idea de aristocracia. Yo consideró ésta como la última gran batalla por la idea. La aristocracia, como todo lo demás, debe justificarse ante la humanidad. La aristocracia es algo bueno, porque mantiene una pintura de la dignidad humana en un mundo en que tal dignidad está por todo ofuscada por serviles menesteres. Sólo la aristocracia mantiene una alta reticencia de cuerpo y alma, una cierta noble reserva entre los sexos, por ejemplo.

El Duque de Aylesbury, que tenía un nebuloso recuerdo de haber chuflado un sifón de soda descote abajo de una Condesa la noche antes, parecía un poco mohino, como si lamentara el espíritu teórico de la raza. El Duque más viejo se rió cordialmente y dijo:

—Bien, bien, usted sabe: nosotros ingleses somos horriblemente prácticos. Para nosotros la gran cuestión es la tierra. Aquí en el campo… ¿conoce usted esta parte?
—Sí, sí—dijo el francés vivamente—. Comprendo lo que dice. ¡El campo! ¡La antigua vida simple de la humanidad! ¡Una cruzada contra las sucias apretadas urbes! ¿Qué derecho tienen esos anarquistas para atacar vuestras sólidas y prósperas campañas? ¿Acaso todo no ha prosperado bajo vuestra dirección? ¿Y acaso las aldeas inglesas no devienen día a día más grandes y alegres bajo la entusiasta conducción de vuestros dinámicos Squires? ¿No existen las Fiestas Mayas? ¿No existe la Gaya Inglaterra?

El Duque de Aylesbury hizo un ruido en la glotis y luego dijo distintamente:
—Todos se van a Londres.
—¿Todos se van a Londres?—repitió Pommar con mirada absorta—. ¿Por qué?
Esta vez nadie respondió y Pommard tuvo que partir de nuevo.
—El espíritu de aristocracia es esencialmente opuesto a la codicia de las grandes ciudades industriales. Sin embargo, hay hoy día en Francia uno o dos nobles tan viles como para mercantear carbón o tejidos y mercantear fuerte.
El Duque de Windsor miró la alfombra.
El Duque de Aylesbury fue y miró afuera de la ventana. Al fin el último dijo:
—Vea, eso es medio duro. Uno tiene también que rebuscárselas en la ciudad.
—¡No diga eso!—gritó el pequeño francés irguiéndose—. Yo les aseguro que toda Europa es una viva batalla entre el negocio y el honor. Si no luchamos por el honor ¿quién luchará? ¿Qué otro derecho tenemos nosotros patudos pecadores a títulos y cuarteles en el escudo, anoser el que estamos mal que bien sosteniendo en el mundo cierta idea de dar cosas que no pueden exigirse y evitar cosas que no pueden castigarse? Nuestra única obligación es que somos una valla en toda la Cristiandad, contra el judío prendero y mercachifle, contra los Goldstein y los…

El Duque Aylesbury se volvió redondo, las manos en los bolsillos.
—Oh, pucha—dijo—; usted ha estado leyendo a Lloyd George. Nadie si no es un chancho comunista puede decir una palabra contra Goldstein.
—Y yo no puedo permitir por cierto—dijo el Duque viejo lamentándose medio temblón—que el respetado nombre de Lord Goldstein…

Quería ser impresionante; pero había algo en los ojos del francesilla que no es fácilmente impresionable: brillaba allí ese acero vivo que es el alma de Francia.

—Caballeros—dijo—, me parece que ahora tengo los detalles. Habéis regido Inglaterra por cuatrocientos años. Por confesión propia, habéis vuelto la campaña inglesa invisible a hombres. Por confesión propia, habéis ayudado al triunfo de la urbe, del humo y de la confusión. Por confesión propia sois carne y uña con esos prestamistas y esos aventureros, que tenerlos a raya es la única misión y justificación en este mundo del caballero. Yo no sé lo que hará con vosotros vuestro pueblo. Mi pueblo os daría muerte.

Algunos minutos después estaba fuera de la casa ducal; y algunas horas luego fuera de la hacienda ducal.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Para estudiar a fondo... por aprender y aplicar.


En la primera fotografía, San Pedro Poveda (mártir de Cristo Rey en 1936) atendiendo a niños pobres de Guadix.
En la segunda, un grupo de jóvenes de Acción Católica.


OBRERISMO TRADICIONALISTA: RELIGIÓN, PATRIA, TIERRA Y HOGAR


DECLARACIÓN DE INTENCIONES

Como casi todas las entradas que en este blog publicamos, esta que presentamos quiere ser un ejemplo provincial para que otros que, en otras partes de España nos puedan leer se animen a redescubrir la historia de sus respectivas localidades, comarcas y provincias.

Con la encíclica “Rerum novarum”, dada en 1891 por León XIII se inaugura la Doctrina Social de la Iglesia. La “Rerum novarum” era contundente:

“…un número reducido de adinerados ha impuesto un juego de esclavitud a una muchedumbre inmensa de proletarios”.

Su Santidad León XIII había expresado, antes de dar a luz esta encíclica, su inquietud por la propagación de las sectas anticristianas, como el anarquismo y el marxismo (tan vinculados con la francmasonería), y que, bajo la escusa de defender los derechos del trabajador, alentaban la subversión y el odio contra el orden. Así, en abril de 1884, el Papa Pecci había emitido el documento “Humanus genus” (De secta masonica). En 1884 el Papa León XIII invitaba a los católicos a contrarrestar el odio de clases que alimentaba el movimiento obrero recuperando el espíritu de penitencia propio de la Orden Tercera de San Francisco de Asís, y exhortaba a constituir comunidades gremiales de obreros católicos. En países más industrializados que España, como Francia, Bélgica o Alemania se crearon muy pronto organizaciones de obreros católicos que, a buen seguro, inspirarían las más tempranas iniciativas que muy pronto también –incluso con anterioridad a los documentos pontificios- se desarrollarían en España.

Es una historia que no conviene al movimiento obrero revolucionario, y por eso mismo una de las hazañas eclesiales más silenciadas. De entre esos círculos y sindicatos agrarios católicos salieron hombres como Onésimo Redondo (1905-1936), uno de los fundadores de las J.O.N.S. (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), más tarde incorporada a la Falange Española. Tras su estancia en Alemania, como lector de español en la Universidad católica de Mannheim, Onésimo Redondo regresó a España imbuido de una idea: la organización de un movimiento juvenil nacionalista y católico. Los objetivos a los que consagró su vida fueron la unidad nacional, la preeminencia de los valores hispánicos y la justicia social, todo ello palpitando en un catolicismo austero cuyo ideal era, según cuenta Stanley G. Payne, la expulsión de los mercaderes del templo. Onésimo Redondo practicaba frecuentemente ejercicios espirituales y todas las noches meditaba las Sagradas Escrituras. Su primera experiencia política en España la había hecho como propagandista de Acción Católica y, tuvo tras su regreso de Alemania, formó parte del Sindicato de Cultivadores de Remolacha de Castilla la Vieja. En junio de 1931 daba a la estampa en Valladolid el primer número del semanario “Libertad”. En agosto de 1931 fundaba las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica.

Pero, pese a la riqueza de experiencias y derivaciones, los grupos obreristas católicos que se fueron formando mostraban una serie de características que, en resumidas cuentas, nos ofrece D. Alfonso Ruiz Escudero en su artículo “Religión, Patria, Tierra y Hogar. Esplendor y caída del catolicismo agrario en La Rioja (1910-1928)”. Estas características son, a saber:

“-Hostilidad al individualismo que impregna las formas socioeconómicas del nuevo orden surgido con la Revolución industrial y que implica funestas consecuencias para los grupos sociales más desfavorecidos.

-Corporativismo como fórmula para lograr la armonía entre las clases y limar las asperezas del sistema capitalista.

-Exaltación de la familia cristiana, tanto como célula básica sobre la que se asienta la sociedad, como modelo de integración interclasista para las organizaciones católico-sociales.

-Defensa del orden social y afán contrarrevolucionario en pos del cual se instrumentaliza la religión.

-Furibunda oposición al movimiento proletario.”

La deriva de estas organizaciones requiere un estudio en profundidad, pero revisando sus principales hitos en la actual provincia de Jaén podemos decir que muy pronto se constituyeron las primeras organizaciones de obreros católicos.

Así fue como en 1879 se creaba, en la ciudad de Linares, el Círculo de Obreros Católicos, al calor del Obispo de Jaén D. Manuel María González y Sánchez, doce años antes de la encíclica de León XIII. En 1896 se creaba en Andújar una caja de ahorros que lanzó en las primeras décadas del siglo XX el periódico “El Obrero Católico”. Según la revista cultural ÓRDAGO, en 1899 se formaba el Círculo de Obreros Católicos de Torredonjimeno. A principios del siglo XX también funcionaba en Jaén un Círculo de Obreros Católicos que, con especial empeño, se dedicaba en la formación cultural de los obreros. En esta tarea estuvo implicado el entonces canónigo de Jaén y, más tarde (en 1936) mártir de Cristo Rey San Pedro Poveda.

En 1911 se constituía el Círculo Católico Obrero de Úbeda, en cuyos estatutos se proponían como metas la formación cultural y religiosa de sus afiliados, así como el auxilio económico de los más desfavorecidos de ellos en caso de accidente laboral o jubilación.

En 1925 empieza su andadura el Sindicato Católico de Jóvenes Obreros de Jaén que proporcionaba dotes matrimoniales a las trabajadoras que más lo necesitaban, ofrecía servicios médicos gratuitos para sus afiliados e incluso disponía de una oficina de empleo que se encargaba de buscar colocación a los obreros en paro. Este Sindicato también se cuidaba de dar formación profesional, cultural y religiosa, disponiendo de talleres profesionales.

Entre 1920 y 1928, el Sindicato Católico Agrícola de Villargordo desarrolló una experiencia que supone uno de los éxitos más logrados en toda la trayectoria del obrerismo católico de la provincia de Jaén: la adquisición y parcelación de varias fincas grandes del pueblo de Villargordo. Tras su parcelación, las fincas fueron distribuidas entre los campesinos que no tenían propiedades.

Los Círculos Católicos Obreros de la provincia de Jaén, así como los de otras provincias, terminaron transformándose en sindicatos agrarios. A poco que se rastree el origen ideológico de sus componentes más conspicuos se advierte una gran presencia de carlistas. La historia de los Círculos Católicos Obreros y de otras agrupaciones socio-políticas y sindicales del obrerismo católico tienen, las más de las veces, un origen tradicionalista. Es algo que queríamos hacer saber, como aviso de navegantes.

Religión, Patria, Tierra y Hogar fue el cuatrilema de este movimiento poliédrico del obrerismo católico, tan vinculado con las fuentes del tradicionalismo.

Bibliografía: 

La mayor parte de los datos sobre el obrerismo católico en la provincia de Jaén proceden del magnífico libro de D. Francisco Juan Martínez Rojas, “Aproximación a la Historia de la Iglesia en Jaén”, Obispado de Jaén, Jaén, 1999.

En la revista ÓRDAGO, pionera en tantos otros hallazgos y vindicaciones, también se encuentra un artículo muy elocuente sobre la gestación del obrerismo católico en la ciudad de Torredonjimeno. Artículo de nuestros amigos Luis Gómez López y Manuel Fernández Espinosa, "Aproches a los orígenes del movimiento obrero en Torredonjimeno: Círculo de Obreros Católicos", Revista Cultural ÓRDAGO, nº 9, Marzo de 2005, pp. 24-27.

Es también interesante el artículo digitalizado de D. Alfonso Ruiz Escudero, intitulado “Religión, Patria, Tierra y Hogar. Esplendor y caída del catolicismo agrario en La Rioja (1910-1928)”

miércoles, 24 de septiembre de 2008

REFLEXIONES SOBRE LOS ORIGENES DEL CARLISMO Y EL COMIENZO DE LA PRIMERA GUERRA

Texto de la conferencia de D. Francisco Asín, pronunciada en el X Foro Alfonso Carlos, celebrado en Toledo del 19 al 21 de septiembre.


REFLEXIONES SOBRE LOS ORIGENES DEL CARLISMO Y EL COMIENZO DE LA PRIMERA GUERRA.

Siempre he considerado que, uno de los mayores males de la política actual es el desconocimiento, cuando no la manipulación, de la historia.

Se crean entelequias históricas, historia-ficción por ejemplo de un Euzkadi que nunca existió, integrado por una serie de provincias y departamentos a uno y otro lado de los Pirineos y que incluye a Navarra. Bueno, esto que puede ser válido como proyecto político que, a unos gustara y a otros no y que será más o menos inviable, no se puede apoyar en ninguna realidad histórica. Es más, los caminos de Navarra, del Reino de Navarra, estuvieron en sus comienzos vinculados a los reyes de Aragón o de Sobrarve. Eran reyes comunes que, con tropas de ambos reinos atravesaron las fronteras del Ebro. Ejemplo: Alfonso el Batallador, rey de Navarra y Aragón, que conquista Zaragoza en 1118 y que al frente de las mismas tropas conquista pocos meses después la ciudad de Tudela. 

Los señores de Vizcaya, Alava o Guipúzcoa, fueron desde fechas bien tempranas los reyes de Castilla y, a su servicio, concurrieron a batallas como la de Baeza o las Navas y a no pocas luchas contra el Reino de Navarra reflejadas en las memorias del Príncipe de Viana de Yanguas y Miranda. Es más, los Guipuzcoanos llevaros hasta hace poco, en su escudo, los cañones tomados a los navarros en la batalla de Velate cuando, al servicio de Castilla, consiguieron que el viejo reino dejase de ser independiente pasando a ser parte de la nueva España de la época de los Reyes Católicos: Las Españas.

Navarra no pudo participar en las primeras empresas americanas como tampoco la Corona de Aragón, algo de lo que si se lucraron justamente los señoríos vascongados, como parte integrante de Castilla. ¿No es curioso que en el escudo de Aragón aparezca la enseña del rey de Pamplona y de Sobrarve Iñigo Arista? La historia no avala las manipulaciones políticas.

¿Me he ido del tema?. Quizás, simplemente he querido marcar la diferencia entre lo que son hechos históricos y lo que son aspiraciones políticas, que nunca deben manipular la historia.

Vivimos hace ya bastantes años situaciones que, hacen ciertas las predicciones de hombres políticamente tan diferentes como Sastre o Fernández de la Mora, vivimos efectivamente el “crepúsculo de las ideologías”. La búsqueda de un centro entre no se sabe qué y qué. Los marxistas dicen no serlo y buscan una política de lo que llaman centro-izquierda y algo parecido hace el P.P. y algunos partidos regionales a la búsqueda de un llamado centro-derecha. Entre tanto los grandes beneficiados por la política vergonzante de unos y otros y por una ley electoral que , hace desigual el valor del voto de unos hombre y otros, son lo partidos nacionalistas…

Podríamos comentar muchas más cosas. ¿Elecciones democráticas?. No es el pueblo quién elige a sus representantes, son las ejecutivas de los partidos quienes elaboran las listas cerradas y el pueblo, tan solo tiene derecho a votarlas o no en las urnas tal y como se las presentan. El elegido se debe al partido no a los electores. Pero no es solo eso, el sistema de cuotas televisivas, las subvenciones por número de votos, etc. etc., hacen prácticamente imposible la aparición de un partido de carácter nacional con posibilidades. Tan solo en un área territorial determinada, que restrinja en costo de una campaña y que exija la obtención de escaños con un número menor de votos es posible algún resultado y esto, claro, beneficia a los partidos nacionalistas.

¿Qué futuro tiene un carlismo fraccionado en el que, son más fuertes los intereses en marcar e incidir en lo que desune que en profundizar en lo que podría unir?.

¿Quién es más enemigo de un carlista, otro carlista o quien quiere borrar del mapa hasta el nombre del carlismo, o quién manipula su historia de forma permanente?.

¿Qué es ser carlista?

¿Cuántos carlistas vergonzantes existen?

¿Cuántos, como fruto de las luchas internas han acabado en las filas de otros partidos, buscando el llamado “mal menor”?.

Algunos historiadores han denunciado que, la principal causa de que el carlismo en España no alcanzara en poder fue su incapacidad para ir unido en una misma dirección. Algo de eso puede verse históricamente desde fecha muy temprana. Al carlismo no le faltaron el heroísmo y los héroes, no le faltó el pueblo ni la capacidad de sacrificio, ni siquiera el principio le faltaron los reyes; le faltó, sobre todo, la unidad en la acción. Y aquí dejamos esta breve introducción personal y enrabietada entre filosófica y política para pasar a la historia.

Nadie, como dice el profesor José Luis Comellas en su artículo sobre los orígenes del carlismo, hubiera apostado al filo de 1800 por el triunfo de un régimen liberal en España y sin embargo, nuestro país sería el tercero en el mundo tras Francia y Estados Unidos en el que triunfaría la Revolución Liberal.

Los emigrados franceses, refugiados en España en tiempos de la Revolución francesa, dejaron en sus escritos el testimonio de su visión de una nación “siempre fiel a su Dios y a su Rey”, la Guerra de la Independencia deja la prueba fehaciente de una inmensa mayoría del país y, especialmente del pueblo, ligada a sus creencias y tradiciones y, sin embargo, una serie de hechos posibilitan el papel anómalo y curioso de una Cortes de Cádiz donde se marca el camino del liberalismo. Una minoría se impone a una mayoría y formula los principios doctrinarios del Gobierno de los Mejores. Es curioso, también, que personajes liberales como Pedro José Pidal o el mismo Cánovas del Castillo recelasen del sufragio universal abierto, porque según ellos tal sistema podría representar el triunfo del carlismo. 

El liberalismo dividido en cuestiones ideológicas y políticas, tales como la restricción o no del sufragio universal, que los demócratas verán como una restricción de la soberanía nacional, encontraron un temprano factor de unidad facilitado por el peligro del carlismo. Se dice que en la guerra de 1936-39 la derrota de los republicanos se debió, principalmente, a su falta de unidad, a sus disensiones internas y a su incapacidad para imponer una dirección política y militar única y clara. Algo de esto entendemos, aunque es solo una opinión razonada, aconteció en el caso del carlismo como luego explicaremos.

Dos importantes personajes, sumamente cultos e ilustrados que, rompen la idea del despotismo contra las luces. Marcaron un camino que España no supo seguir.

Jovellanos, al que Casariego llamó “el Ilustre Tradicionalista”, cuando tuvo noticias del proyecto de la Constitución de Cádiz afirmó: “España ya tiene su Constitución”, y plateó la validez de las viejas leyes tradicionales cuyo defecto mayor era su falta, en muchos casos, de aplicación y cumplimiento. Cadalso, por su parte, no dudó en afirmar: “Buen sé yo que el frondoso árbol de esta monarquía necesita que le poden sus ramas viejas ya resecas y que le injerten savia nueva en muchas de sus partes; pero de ninguna manera hemos de aserrar el árbol por su base porque entonces nos quedaríamos sin la sustancia de España”.

Edmund Burque marcó maravillosamente la diferencia entre conservadores y tradicionalistas. El conservadurismo era, para él, la charca y la tradición el río. La tradición se iba haciendo cada día andando hacia delante. Desgraciadamente esta bella metáfora no ha sido muchas veces vista desde fuera del carlismo, ni entendida desde dentro de él.

La tradición no es el inmovilismo, se debe ir formando cada día con los mejores logros de cada generación sin perder de vista nuestras raíces y sin modificar los principios. Bueno quizás este tema requeriría un tiempo mucho más largo, pero es indudable que hombre como el Barón de Eroles o el Cura Merino, percibieron esto cuando en algunas de sus proclamas no pedían una vuelta atrás sino: “Un sistema inspirado en nuestras tradiciones”.

Tras la Regencia de Urgel (1822), donde los llamados tradicionalistas renovadores invocaban el trilema “Dios, Patria y Rey”, la entrada en España de los llamados 100.000 hijos de San Luis, cortaron de raíz el proceso de renovación tradicionalista. SE imposi en España un sistema absolutista en contraposición al liberalismo. Los tradicionalistas fueron arrinconados tras los intentos poco conocidos y estudiados, casi exclusivamente por los profesores Federico Suárez y Gambra de los Agraviados o Malcontents, la opción de los llamados precarlistas estaba liquidada.

Es curioso que a comienzos de la primera Guerra Carlista muchos de los generales absolutistas que lucharon frente a Adame o el Barón de Eroles no tuvieron problemas para servir al gobierno de María Cristina. Tradicionalistas y liberales siempre supieron donde estaban los absolutistas, caminaron si rumbo a uno y otro lado.

Desgraciadamente cuando comenzó la primera guerra Carlista no sólo siguieron a Don Carlos tradicionalistas, sino también conservadores a ultranza y en esa lucha interna, entonces, y en los tiempos modernos con veleidades pseudomarxistas perdió el carlismo muchas de sus fuerzas, desangrándose internamente,

El profesor Carlos Seco, siguiendo un documento informativo de 1836, de fuente liberal, daba cuenta de dos o tres sectores dentro del carlismo de entonces: Absolutitas o radicales enemigos de toda clase de reformas. Tradicionalistas renovadores partidarios de que “las leyes están por encima de los reyes”, principios ya marcados en época de los antiguos Reyes de Sobrarve (No puedo dejar aquí de tener un recuerdo para mi ya fallecido amigo Julio Brioso siempre defensor de esta línea enraizada en el carlismo). Aún se enumeraba un sector enraizado en algunas zonas al que llama foralista. Por este sector los liberales de la Primera Guerra, intentaron alentar con Muñagorri una línea de penetración para dividir el carlismo (aunque ciertamente en esto tuvieron escaso éxito.

La profesora Alejandra Wilhemsen, ha estudiado con bastante profundidad el desarrollo de la ideología carlista siguiendo, en buena parte, la línea del profesor Federico Suarez. Para ella “el núcleo doctrinal carlista fue heredado del realismo político del reinado de Fernando VII” y a el se añadió con la muerte de este monarca un elemento más el legitimismo. Fue esta cuestión la que dio un nombre al tradicionalismo del momento “carlismo” en contradicción con los “isabelimos.

Solo en una cuestión discrepo de Alejandra, ella dice: “El pensamiento carlista o tradicionalista nació de una reacción a la ofensiva revolucionaria o liberal”. El pensamiento tradicionalista, para mí, es mucho más antiguo o si que quiere “de siempre”, se gesta en el pasado y se proyecta hacia el futuro, esta ya enraizado en el Fuero de Sobrarve, ayer y hoy en lo que seamos capaces de hacer sin renunciar ni olvidar nuestra raíces y con capacidad o validez para ser útil a futuras generaciones.

Simplificando mucho, lo que el carlismo recibió o recogió como legado del tradicionalismo anterior fue, siguiendo a Alejandra Wilhemsem:

a).- El concepto de Patria, con muchas más connotaciones y raíces que el término nación.

b).- La idea de lo que los liberales llamaban Constitución ya estaba, de hecho, establecida en España en nuestras leyes tradicionales que eran mucho más abiertas y flexibles. Creían que una constitución debía ser muy sencilla y recoger solo unos principios fundamentales: Religión, Monarquía legítima y Cortes peculiares.

c).- La idea de que el origen político de la soberanía esta en el pueblo y que este se la traspasaba al rey con unos límites establecidos en las leyes fundamentales y los fueros.

d).- El poder político, siguiendo el punto anterior, no esta frenado por dentro con la división de poderes sino por fuera con la existencia de leyes y principios. La vulneración de los mismos provocaría la pérdida de la legitimidad y la pujanza de las instituciones y organismo regionales, serían el contrapeso al poder del trono.

e).- Las cortes debían ser un elemento que velase por el bienestar de España. Abogaban por la renovación de las Cortes Tradicionales. Deberían representar a la sociedad tal y como fuera, querían ver representados a los cuerpos intermedios y a las comunidades.

f).- Respeto al particularismo socio-político regional según los tradicionalistas, el respeto al modo escogido para organizar su vida a través del tiempo por los pueblos y recogido en sus leyes y fueros, ayudando a evitar la extralimitación del poder real.

g).- Religión. La unidad católica era una de las leyes fundamentales por lo que respaldaba a una Iglesia institucional fuerte y vigorosa.

No voy a extenderme sobre este tema ideológico en el que cuestiones tales como las del principio de subsidiaridad o la doble legitimidad tienen tal vigencia que, son invocadas enmascaradas y sin citar su procedencia tradicionalista, por no pocos políticos españoles actuales de todo signo.

Quiero pasar a señalar unos hechos históricos y puntuales que avalan mi afirmación de que el carlismo, desde sus comienzos, pagó sus personalismos con la derrota.

Antes de morir Fernando VII y cuando el tema de la legitimidad, o si se quiere el tema sucesorio, no estaba presente ya hubo diversos movimientos precarlistas ante las veleidades políticas de este monarca.

En los años 1824, 1827 y 1832 se produjeron levantamientos precarlistas. Fueron movimientos desautorizados por Don Carlos pero, que tenían como razón planteamientos tradicionalistas, que invocaban el tema de la legitimidad, que se oponían a las veleidades de Don Fernando y al liberalismo. Curiosamente fueron reprimidos, a veces, por hombres como el Barón de Hervés o del Conde de España, que luego militarían en el carlismo.

Personas como las citadas ó como el Brigadier Don Agustín Tena, el conde de Fuentes, Don José Beamurguía y otros muchos partidarios de Don Carlos, ó él mismo, entendían que nada se debía hacer en vida de Fernando VII. Otros, quienes producen los levantamientos, creen en cambio que Don Fernando vulnera las leyes, están preocupados por los movimientos liberales y ya plantean la opción de Don Carlos, antes incluso de que se produzca el hecho sucesorio.

A finales de 1832 y en Madrid, pero con ramificaciones en toda España se prepara un importante movimiento. En Madrid se establece una Junta carlista. La detención del coronel Juan Bautista Campos y España supone su descubrimiento. Son detenidos los Condes de Prado y de Negrí, el antiguo capitán general de Aragón Grimaraest, el mariscal de campo Maroto, el intendente del ejército Mario del Pont y otros muchos.

Todo lo anterior se enmarca en un proceso que permite la disposición de puestos de responsabilidad militar o política de cuantos se suponen afectos a Don Carlos Cuando la guerra comienza ni un solo capitán general ó general con mando pueden apoyar al carlismo. En el ejército ni una sola guarnición de importancia puede secundar a los carlistas. Los liberales mucho menores en número han ocupado todos los puestos estratégicos y no pocos generales, antiguos absolutistas, optan por apoyar a Dña. Isabel para conservar sus puestos. Quienes si van a apoyar a Don Carlos son generales como: Grimaraest, Blas Fournas, Villemur, el conde de España, el barón de Hervés y un largo etcétera, son generales sin ejército, será el pueblo carlista quien lo forme. La falta de sincronización y unidad en la acción limitarán como tantas veces ha ocurrido y volverá a ocurrir las posibilidades del Carlismo.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Nuestra Señora de los Dolores, Generalísima de los Reales Ejércitos

15 de septiembre, Festividad de los Siete Dolores de la Santísima Virgen
Las Españas, septiembre 2008. Este lunes 15 se celebra la festividad de los Siete Dolores de la Santísima Virgen. De Nuestra Señora de los Dolores era gran devoto S.M.C. Don Carlos V, Carlos María Isidro de Borbón; devoción que siguió en su familia, como muestra el nombre de su nieto Carlos VII, Carlos María de los Dolores de Borbón. Fue la fiesta más importante del primer Carlismo, pues el 1 de julio de 1835 el Rey proclamó solemnemente a Nuestra Señora Generalísima de sus Reales Ejércitos:

«Declarada por mí, Generalísima de mis tropas, la Santísima Virgen de los Dolores, no he podido menos, movido de mi devoción y religiosa piedad, de distinguir con el título de Generalísimo al Real Estandarte que lleva por lema aquella divina imagen, y, por lo tanto, he venido a resolver, como resuelvo y mando, que esta augusta y real imagen no se rinda a persona alguna, ni aun a la mía, ni haga más honores ni saludo que al Santísimo Sacramento».

(S.M.C. Carlos V, Real Decreto sobre el Estandarte de la Generalísima. Estella, 2 de agosto de 1835).

Real Decreto sobre la Bendición de la Bandera Generalísima
“Queriendo dar a mi valiente ejército un nuevo testimonio que inmortalice su valor, acrisolada lealtad e inimitable decisión a favor de mis indisputables derechos al trono de mis augustos progenitores, y siendo el más noble, de más poderoso y suficiente influjo un Estandarte que, tremolado en los campos de sus victorias, señale éstas doquiera que se encuentre, transmitiéndolas a la posteridad más remota, he resuelto que en el día de mañana y a la hora de las ocho de ella, se celebre la bendición de él en la iglesia parroquial de San Juan, llevando por lema la divina imagen de la Virgen de los Dolores, generalísima de tantos fieles defensores de su fe, entregándose para su custodia al bravo regimiento de Lanceros de Navarra, que, rivalizando en intrepidez y férvido entusiasmo con los demás cuerpos de mi ejército, se ha hecho acreedor a esta distinción.
Dado en el Real Palacio de Estella, a primero de Agosto de 1835.- Rubricado de la Real mano.- a Don Luis de Villemur.”

Real Decreto sobre la Bandera de la Generalísima
“Declarada por mí Generalísima de mis tropas la Santísima Virgen de los Dolores, no he podido menos, movido de mi veneración y religiosa piedad, de distinguir con el título de generalísimo al Real Estandarte que lleva por lema aquella divina imagen, y por lo tanto, he venido en resolver, como resuelvo y mando, que esta augusta y real insignia no se rinda a persona alguna, ni aun a la mía, ni haga más honores ni saludo que al Santísimo Sacramento.
Tendréislo entendido y dispondréis lo conveniente a su cumplimiento.
Real de Estella, 2 de agosto de 1835.- Yo, el Rey.- Al Conde de Villemur.”

lunes, 15 de septiembre de 2008

Tan vivo como...

 Cuadro del pintor más grande, Ferrer Dalmau


EL CARLISMO PERENNE


¿Por qué el Carlismo sigue vivo y perseverante a través del tiempo, las vicisitudes y los reveses? ¿Por qué, después de tantas y tantas derrotas… vive todavía? Nunca vencido -siempre a medio triunfar- el carlismo.

El carlismo… Muerto por una maldita bala del demonio: Tío Tomás Zumalacárregui, caudillo glorioso, ejemplar de la nobilísima raza vasca, soldado íntegro desde la cuna de Ormáiztegui hasta el mortuorio de Cegama: heredero de Viriato, ¡bendita sea la madre que te parió y la tierra que te cubre! El carlismo… Vendido por traidores (Maroto) a patanes ayacuchos (Espartero), con la tercería de arrieros gananciosos (Machín Echaure el de Bargota). El carlismo… Adulterado por la desesperanza y el desaliento extraviado (Sabino, pobre Sabino… ¡con la casta que tú tenías!). El carlismo… Falsificado por escritores de fortuna al servicio de las logias… El carlismo… Bloqueado económicamente por maniobrantes dineranos (Rothschild). El carlismo... asesinado en la madre de Cabrera por un pelotón de fusileros desalmados... Ramón Cabrera del Maestrazgo, rugiendo como un tigre, sediento de sangre liberal en su Némesis. El carlismo… Correteado por ejércitos cipayos y mercenarios extranjeros, perseguido y hostigado por los caminos que cabalgó D. Quijote de la Mancha con Sancho: Miguel Sancho Gómez Damas, nuevo Quijote a la cabeza de miles de Quijotes, nuevo Sancho contra malandrines desamortizadores y vendepatrias, nuevo Quijote muerto lejos del campanario de nuestra patria, nuevo Sancho enterrado en suelo bordelés. El carlismo... todos los grandes dramas que no se escribieron en pequeñas crónicas, todo el dolor y la nostalgia de los carlistas exiliados en Francia, en Argentina, en Uruguay... Con el alma en un hato, despidiéndose de sus valles y de sus caseríos, de sus cortijos, de sus masías, de las tumbas santas de sus ancestros, yéndose para no regresar jamás. El carlismo... voz del bardo que cantó al Árbol Santo, Iparraguirre inmortal.

El carlismo… Ninguneado en los corrinchos parlamentarios. El carlismo… Diplomáticamente desoído por los gabinetes de Franco… Pero ¿es que no os percatáis de que el Carlismo es España? Pobre España, madre desgraciada, ultrajada, vendida, traicionada, comprada, esquilmada, calumniada, pero…


¡Nunca vencida!


España, tan distinta de esta mamarracha, una estrella más en el trapo europeo, pintarrajeada como las putas, viviendo en un absurdo carnaval, haciendo las esquinas en la aldea global, de espaldas a los pueblos españoles de América, rifada en las letrinas bursátiles, falsa España centralista y descentrada. ¿Qué te queda a ti, falsaria España, de la España de nuestros padres? Esos rostros pueblerinos, nobles como el pan de pueblo, severos como la vara de un maestro, verdaderos como el catecismo, santos como la iglesia y el hogar... Esas caras no han muerto, viven todavía por la vida que tuvieron. Y mirad, todavía veréis en las muchedumbres urbanas, caras hoscas que llevan un carlista dentro, caras que no pueden fingir el asco que les da todo el pan adulterado y el circo infame que las rodea: son caras carlistas, de las que el Tío Sam no puede confiar. Pero hay hoy tantas otras caras... esas caras duras de hoy, caras blandas de hoy, máscaras sin vergüenza ni honor. Falsa España de caras falsas de hoy... de ti no queremos ni el aliento nauseabundo que exhalas.

Tú, que no quieres que se escuche la lengua vasca del sílex: no eres España. Y tú, que no quieres que se escuche la lengua del enamorado Macías: no eres España. Y tú, que no quieres que se escuche la lengua en que cantó Verdaguer a la Atlántida... No eres España. Tú, que no quieres que se hable la lengua que te hace universal, no eres ni vasco, ni gallego, ni catalán. Vosotros sois la España falsa del cacique liberal, conservador o progresista, da igual; españolista o separatista, da igual. No sabes lo que fueron tus padres...


¡Regresa a la casa del abuelo, y lo verás!

¿Cómo es que todavía existen carlistas? Pues que todavía queda España.

¿Cómo se explica que existamos? Pues que todavía amamos a la España neta.

Si el carlismo consistiera en la exclusiva defensa de una rama dinástica: ya no habría carlistas. Si el carlismo consistiera exclusivamente en la Patria: ya no habría carlistas, tal vez nacionalistas españoles (como Narváez, Prim o Franco). Si el carlismo consistiera tan solo y no más que en los fueros, ya hubiéramos atajado, convirtiendo España en taifas que se revuelven por desintegrar la Patria.

No. El carlismo no podrá ser destruido jamás, pues unió a la Santa Madre Iglesia Católica todas las demandas justas que cifraba en su lema, y la Iglesia no tendrá fin; y el carlismo, como cúspide de todo, puso a Dios y... ¿quién como Dios? -tronó la voz de San Miguel Arcángel. El lema del carlismo: Dios, Patria, Fueros y Rey, por ese orden, constituye un perfecto programa político que tiene perduración sin fin.

Pues mientras haya un estremecimiento en el corazón que ansíe la rubicundez de la parva, la calma de la era, el viento peinar los trigales y las trochas sobre las cosechas. Mientras haya un poeta que se embelese con el chorro del caño de un manantial. Mientras que haya unos ojos enamorados de las casas antiguas y blasonadas. Mientras que haya un corazón que abomine de los ruidos inhumanos y maquinales. Mientras que haya quien execre de toda la artillería química que mata a los animales, destruyendo la naturaleza… Alguien me dijo: habrá un carlista.

Mientras haya un joven buscando la raíz de su nostalgia, y la encuentre en el vago sentimiento de la vergüenza insufrible de saber que España está tan por debajo hoy de las grandezas de sus antepasados, que España no es gobernada por los españoles, y quiera despertar… Alguien me dijo: habrá un carlista.

Mientras que haya una abuela que de la mano lleve a su nieto a una iglesia, y le enseñe la talla del Sagrado Corazón de Jesús, y le diga “Cristo es Rey”… Alguien me dijo: habrá un carlista.

Mientras que haya un buscador, perdido entre las ruinas de todo lo que fue y jamás volverá a ser, extraviado buscador sobre los escombros de lo que es, pero dejará de ser… Alguien me dijo: habrá un carlista y hará que lo que nunca dejó de ser, vuelva a su ser.

Mientras que haya custodios de la Tradición que, a través de la vorágine de los tiempos, haga pasar el legado a los que queden… Alguien me dijo: habrá un carlista.

Y si no hay Don Carlos… Seguirá habiendo carlistas. En los rostros de nuestros antepasados está España. Que los rostros de nuestros descendientes sigan siendo España. El carlismo es inmortal.

Que el Espíritu Santo renueve la faz de la Tierra.
Del Libro de Horas y Hora de Libros

martes, 9 de septiembre de 2008

EL FILÓSOFO QUE DEJÓ DE SER ABOGADO




Jaume Balmes, a quien conoció D. Juan Manuel Orti y Lara en Madrid. Soldado carlista de la época.

De la mano de nuestros amigos de Libro de Horas y Hora de Libros, una aproximación a un filósofo prácticamente desconocido, el carlista D. Juan Manuel Orti y Lara.

DON JUAN MANUEL ORTI Y LARA, PERFIL BIOGRÁFICO DE UN FILÓSOFO TRADICIONALISTA

En este mundo de hoy, mundo de leguleyos, cuánta falta hacen ejemplos morales, vidas modélicas que, sirviendo a los más altos ideales, hayan dejado de su paso por el mundo el buen olor de Jesucristo. Éste es el caso del ex-abogado y filósofo D. Juan Manuel Orti y Lara.

D. Juan Manuel fue uno de los siete hijos del matrimonio de D. Vicente Orti Criado y doña Marina de Lara. D. Vicente era médico y el primer estudioso que reparó en las virtudes salutíferas de las aguas de Marmolejo, dirigiendo facultativamente el que luego sería balneario tan celebrado en la novela “La hermana de San Sulpicio” de D. Armando Palacio Valdés, por ejemplo, o con visitas de tanto bombo como las de Charles Chaplin o D. José Ortega y Gasset que llegaron a venir buscando el manantial de Marmolejo. La esposa de D. Vicente, Doña Marina de Lara, era de una patricia familia de Andújar.

D. Juan Manuel Orti y Lara nació en Marmolejo (Reino de Jaén) el 29 de octubre de 1826 y, como era la piadosa costumbre de antaño, bautizado al día siguiente. Con trece años sus padres envían a Juan Manuel a un Colegio de Humanidades que existía en Andújar, cursando allí desde 1839 hasta 1840. Pasa más tarde al Colegio de Nuestra Señora de la Capilla de Jaén, y allí estuvo dos años. Siempre sus notas fueron sobresalientes en todas las materias que cursó: Lógica, Gramática, Matemáticas, Dibujo Lineal, Latín… Aquella era otra enseñanza muy distinta a la de nuestros días.

D. Juan Escolano y Fenoy, lectoral de la Catedral de Jaén, es una de las más poderosas influencias que recibe D. Juan Manuel. Jaén era entonces un reducto carlista. Desde 1836 en Jaén no había Obispo reconocido por la Santa Sede, pues el Obispo D. Diego Martínez Carlón había sido desterrado por los liberales a Punta de Águilas por ser considerado carlista. Cuando D. Juan Manuel llega a Jaén, los obispos que ejercen sin el reconocimiento pontificio son D. Antonio Martínez de Velasco y D. Manuel Ventura Gómez Lechuga. D. Juan Escolano y Fenoy, maestro de Orti y Lara, se convertirá también en su cuñado, y más tarde en Obispo –éste sí que reconocido por la Santa Sede- de Jaén.

Orti y Lara pasó becado a Granada, para cursar Jurisprudencia, en el Colegio de San Bartolomé y Santiago. Cuatro fueron los cursos que siguió allí, el quinto de carrera lo hizo en Madrid. En la villa y corte conoce al gran filósofo catalán Jaume Balmes. Terminó la carrera en Granada, y en 1847 alcanzó por oposición el nombramiento de regente de segunda en Psicología y Lógica, formando parte del profesorado oficial, en 1848 fue sustituto de la clase de Lógica en el Instituto y en 1849 catedrático por oposición.

Se negó a jurar la Constitución de 1869 y fue destituido por los que decían defender la libertad de cátedra. Una vez expulsado de su cátedra, ésta será ocupada por el krausista Chamorro. El Marqués de Viluma fundó en Madrid la Asociación de Católicos, con una auténtica Universidad aunque conformada al más modesto título de Estudios. Al frente de estos Estudios Católicos estuvo D. Francisco A. Aguilar, que con el tiempo se convertiría en Obispo de Segorbe. D. Francisco A. Aguilar y D. Juan Manuel Orti y Lara habían fundado una revista llamada “La Ciudad de Dios”.

En 1875 Orti y Lara concurre a un concurso de méritos para ocupar la cátedra de Metafísica de la Universidad Central –de la que había sido separado Salmerón. Los méritos de Orti y Lara eran abrumadores: ganador de dos oposiciones –a regente y catedrático numerario-, veintidós años de servicio académico, veintitrés volúmenes publicados sobre Filosofía y Derecho Natural… Pero, conceptuado como carlista, no obtuvo la plaza. Orti y Lara era asiduo colaborador de “El Siglo Futuro”, periódico combativo bajo bandera carlista. Alejandro Pidal y Mon, comportándose como un auténtico caballero, puso al margen las diferencias políticas y, gracias a sus gestiones a favor de la justicia, Orti y Lara fue nombrado catedrático de Metafísica de la Universidad Central de Madrid.

Orti y Lara abandonó la profesión de abogado. Lo que nos transmitió D. Miguel Arjona Colomo, uno de sus mejores estudiosos, pasó que D. Juan Manuel tuvo que defender a un detenido, sobre el que pesaban graves acusaciones. El abogado Orti y Lara logró que su cliente saliera absuelto, pero el hecho de saber que el acusado -tal y como se lo había confiado- era verdaderamente culpable de los delitos provocó que D. Juan Manuel sufriera indeciblemente, por creerse colaborador del mal. Fue así como renunció de por vida al oficio de leguleyo, por tal de no defender jamás a ningún canalla que tenía que estar pagando sus culpas en vez de ser defendido. Hasta tal punto era íntegro el gran filósofo D. Juan Manuel Orti y Lara... Digno de admirar.

Su obra, actualmente desdeñada, forma un vastísimo conjunto de publicaciones, desde las periodísticas en “El Siglo Futuro”, “La Ciudad Católica”, “Triunfo”, “La Alhambra”, “La Armonía”, “La Razón Católica”… y sus libros. Combatió todos los errores doctrinales que se introducían en nuestra desgraciada patria: examinó y refutó los sistemas de Kant, Schelling, Hegel y Krause, al positivismo de Spencer y al evolucionismo de Darwin… Siempre sostenido en la luz verdadera de la filosofía perenne del Doctor Angélico. Menéndez y Pelayo escribió de D. Juan Manuel Orti: “Escribía con limpieza de estilo no común entre filósofos”.

D. Juan Manuel Orti y Lara pasó a mejor vida el 7 de enero de 1904.

EL JUICIO DE LA POSTERIDAD
Uno de sus más profundos conocedores fue nuestro amigo D. Miguel Arjona Colomo (q.e.p.d.), a D. Miguel le debemos un ensayo sobre la vida y obra de Orti y Lara que creemos esencial y sobre el que se ha basado el perfil que hemos servido de D. Juan Manuel. Sin ánimo de ser prolijos, servimos algunas de las opiniones que a D. Miguel Arjona Colomo le merecía la obra de Orti y Lara.

“El pensamiento de Santo Tomás de Aquino no se opone a los sistemas modernos como el pasado se opone a lo actual, sino como lo eterno se opone a lo momentáneo”.

“No podemos volver al pasado, pero deseamos ver restituido en un mundo nuevo, los principios espirituales y las grandes verdades que informan el tomismo”.

“El prurito de la originalidad, del juego fatuo de la novedad a ultranza que corrompe a tantos intelectuales, es incompatible con la suprema y humilde austeridad con la que el filósofo tiene que servir a la verdad”.

“En la crisis de la inteligencia y especialmente de la metafísica, que caracteriza nuestra época, ante la disociación de lo temporal y de lo divino que acongoja el alma contemporánea, la síntesis tomista es todavía la fuente más caudalosa y más presa de luz, de elevación y de equilibrio.”

“Orti y Lara es un pensador de gran solidez científica, unidad de conceptos y una gran claridad en la exposición.”

Grandes verdades para no olvidar nunca.