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martes, 4 de octubre de 2011

Los "ideólogos" de la teoría de género al descubierto

¿Quienes han sido los "ideólogos" de la "Teoria de Género"?, ¿cómo ha sido su vida personal?

Exponemos una breve reseña de los más significativos (y animamos a ampliar el tema con otras lecturas):

Simone de Beauvoir: Feminista radical partidaria del amor libre y del aborto, atea militante, escandalosa, alternativamente heterosexual o lesbiana, "comprometida" con el socialismo y con todas las causas "progresistas" y transgresoras. Su vida estuvo subordinada a su amante J.P.Sartre. Su libro "El segundo sexo" (1949) constituye el inicio del pensamiento feminista radical de la igualdad.

Alfred Kinsey: Figura central de la revolución sexual del s.XX. Construyó una utopía sexual dando rienda suelta a todo tipo de perversiones. La homosexualidad se extendió a todo su entorno así como prácticas pedófilas y zoológicas. Utilizó métodos fraudulentos para "demostrar" que la homosexualidad era algo normal en la sociedad, afirmando que al menos el 10% de la población lo era (en España este dato falso se utilizó para justificar la implantación del "matrimonio" homosexual). Fue un masturbador compulsivo con tendencia al bestialismo y un pederasta confeso.

Wilhelm Reich: Desarrolló un particular odio a la familia como proyección de la angustia que sentia por la suya. Su objetivo fué la destrucción de la moralidad, la familia y toda forma de represión. Practicaba el bestialismo con los animales de la granja familiar y era un asiduo de los burdeles. En su clínica psicoanalítica de Berlin se practicaban todas las perversiones sexuales. Murió en un hospital psiquiátrico donde fue diagnosticado de paranoia y esquizofrenia.

Michael Foucault: Filósofo francés y quizá el pensador más influyente en todos los movimientos de la ideología de género, referente intelectual de homo, bi ,transexuales y lesbianas. Sadomasoquista homosexual y drogadicto, intentó suicidarse en varias ocasiones. Murió de sida en 1984.

Margaret Sanger: Fundadora del lobby abortista más importante del mundo: PlannedPerenthood. Se entregó al goce sexual tan obsesivamente que se desentendió de sus hijos. Terminó sus dias en un delirio alcohólico internada en una clínica.

Margaret Mead: Bisexual y partidaria del amor libre. Declaró que la heterosexualidad rígida es una perversión de la naturaleza. Fué una de las pioneras del aborto en EEUU así como del amor libre, de la lucha contra el matrimonio monogámico,del divorcio y de la liberación sexualde los niños. Su frase "Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos reflexivos y comprometidos puede cambiar el mundo" es uno de los lemas de Hazte Oir.

Shulamith Firestone: Su objetivo prioritario ha sido suprimir la familia. Partidaria de la emancipación sexual de la infancia. La maternidad representa (según ella) "la opresión radical que sufre la mujer", "la servidumbre reproductiva determinada por la biologia". Su obra más conocida es: "La dialéctica del sexo"(1970) en la que sustituye la lucha de clases por la lucha de sexos. Está recluida en una clínica psiquiátrica por una enfermedad cerebral. 

Kate Millett: Maoista casada con un japonés y posteriormente lesbiana. En su libro "Política sexual" (1969) expone todos los aspectos relacionados con el sexo, transmitiendo el mensaje de que la mujer está universalmente oprimida y explotada por el hombre. Ingresada en una institución psiquiátrica por deterioro mental. 

Germaine Greer: Autora de "La mujer eunuco" (1970) en la que absolitiza el valor del orgasmo, denuncia la conduta sexual insatisfactoria y pasiva de las mujeres. Defensora (inicialmente) de la homosexualidad y el lesbianismo, en su última obra "Sexo y destino" sus convicciones feministas cambian y llega a defender la maternidad, el control del cuerpo e incluso la castidad. 

Philip Pettit: Profesor de la Universidad de Princeton (EEUU) y líder del movimiento (autodenominado) "republicanismo cívico" (que trata de llevar a la humanidad al estado de "no dominación"), es el "ideólogo de cabecera" del nefasto e incompetente político español Rodriguez Zapatero. Es el ideólogo de la paridad y el género (que ha "iluminado" a Zapatero en sus absurdas y sectarias políticas sociales). Según Pettit el ejemplo más claro de las dominaciones que sufrimos es la identidad sexual. Por tanto: nada de sexos, sino géneros definidos a voluntad. La libertad, según este movimiento, es el valor más importante (de ahí la frase de Zapatero a las juventudes de su partido:".....la libertad os hará verdaderos").

Lecturas recomendadas: 
-La ideología de género (libro). J.Trillo-Figueroa. Ed. Libroslibres, 2009 (recomendación preferente) 
-Semanario ALBA (www.albadigital.es): 31-12-2010 y 21-1-2011 (recomendación preferente) 
-Mujer y Varón (libro). P.Martinez Peroni (coordinadora). Ed. Ciudadela, 2008 
-En torno a la ideología de género. En defensa de la familia (libro). B.Blanco. Ed. Espasa, 2010 
-Semanario Alfa y Omega (www.alfayomega.es): 26-11-2009

jueves, 22 de septiembre de 2011

O Dios o el Partido

Hace unos días, el Parlamento polaco decidió por una estrecha mayoría de 191 contra 186, no prohibir totalmente el aborto en Polonia. El rechazo fue conseguido gracias a que el Partido el primer ministro, la Plataforma Cívica, impuso la disciplina de voto a sus diputados.
El problema moral que origina la obligación de votar conforme a las instrucciones del Partido cuando se ve afectada la conciencia personal del diputado, es éste: ¿un diputado puede votar, cuando así se lo demanda su Partido, contra su propia conciencia? La respuesta es muy sencilla: No.

El Concilio Vaticano II, nos describe así la conciencia:
"En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley, cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo. La fidelidad a esta conciencia une a los cristianos con los demás hombres para buscar la verdad y resolver con acierto los numerosos problemas morales que se presentan al individuo y a la sociedad” (GS 16). Esto supone, como nos dice el mismo Concilio al hablar de la libertad religiosa, que  “la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa”, “y esto de tal manera, que en materia religiosa ni se obligue a nadie a actuar contra su conciencia ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos” (DH 2).
La conciencia es la voz interior del hombre, que le exige hacer el bien y evitar el mal. Es, a la vez, la capacidad de poder diferenciar el uno del otro. Ahora bien, tenemos el deber de formar la propia conciencia para que sea un instrumento, cada vez más sensible, de la actuación justa. La primera escuela de la conciencia es la autocrítica a la luz de la Verdad sinceramente buscada, que nos evite la tentación de la inclinación que todos tenemos de juzgar a favor nuestro. La segunda escuela de la conciencia es la orientación al buen obrar de los otros. La formación correcta de la conciencia conduce al hombre a la libertad de hacer el bien conocido rectamente. Pertenece a la misión de la Iglesia enseñar a las personas y darles también sus directrices.

Los políticos son personas y por tanto tienen responsabilidades morales. Todo lo que se hace contra la conciencia, nos dice Santo Tomás, es pecado. Cuando nos presentemos ante Dios, cada uno tendrá que responder de sus actos, siendo muchos a lo largo de la Historia los que por fidelidad a su conciencia han ido a la cárcel e incluso han sido ejecutados. El aborto para la Iglesia Católica es un crimen, no siendo lícito para un católico favorecerlo con su voto. Es una ley intrínsecamente injusta, que hace que quien la apoya no deba acercarse a la Sagrada Comunión, mientras no se arrepienta y pida perdón también por el escándalo público que ha ocasionado.

Ahora bien, si peca un simple diputado que obedece a las directrices de su Partido, ¿qué decir de los dirigentes que imponen esta disciplina en cuestiones de conciencia  a sus diputados? El Catecismo Joven de la Iglesia Católica, del que estoy siguiendo la doctrina que da en sus números 295-298, nos dice: “Quien pasa por alto la conciencia de un hombre, la ignora y la presiona, atenta contra su dignidad”. “Hacer violencia a la conciencia de una persona es herirla gravemente, dar el golpe más doloroso a su dignidad. En cierto sentido es más grave que matarla (Beato Juan XXIII)”. Además las palabras de Jesús en este tema son tajantes: “A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos” (Mt 10,32-33).

Reflexionemos sobre lo que nos dice Jesús y oremos para que el Señor abra los ojos a quienes han tomado la decisión equivocada.

P. Pedro Trevijano, sacerdote.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Privilegios izquierdistas

Los anticristianos de izquierdas, vulgo progresistas, acumulan una serie de privilegios en la sociedad contemporánea, que no se olvide ha sido construida a su imagen y semejanza. Suya es la educación desde hace decenios, suyos los valores dominantes y suyos los órganos represivos como pueden testimoniar quienes se han opuesto a los elementos fundamentales de la agenda radical.Esto privilegios permiten que después de colocar durante siete años a su mayor representante en el Gobierno sobre España jueguen al antigubernamental y contestatario cuando fuerzas marginadas durante su largo gobierno celebran un acto internacional en Madrid. Con razón los mensajes en Facebook manifiestan su sorpresa cuando nuestros progresistas se atreven a preguntar sobre el coste de tres días del Papa en Madrid sin dar cuenta del coste de siete años de Zapatero en la Moncloa.

Entre los privilegios que acumulan llama la atención su potestad, protegida gubernamentalmente, de manifestarse contra cualquier acto no progresista que les disguste, manifestación que debe realizarse para reafirmar el privilegio en los mismos días en los que se celebra la concentración repudiada. Este derecho a interrumpir y manifestar desagrado no se ve limitado por las razones de lugar o momento que se aplican a los actos susceptibles de provocar incidentes. Así quieren celebrar sus manifestaciones directamente anticristianas con lemas cristófobos y una estética que parodia hasta el insulto la celebración religiosa en el momento y lugar donde su acción sea más provocadora para los desgraciados que no tienen loa fortuna de haber sido liberados por su pensamiento superior.

La prueba del nueve del privilegio esta en dos elementos casi evidentes. Uno es la ausencia de reciprocidad, una acción similar en las fechas de exaltación ideológica progre sería calificada de provocación y puede observarse que han trufado los códigos penales de sanciones para quienes se atreviesen a semejante acto. El otro elemento es la ausencia de límites en sus acciones. Ellos mismos fijan las fronteras de lo que puede ser considerado insultante o denigratorio y así su ataque brutal al papado no podría considerarse nunca como ofensivo para los católicos. Es evidentemente una ley del embudo, pero unánimemente aceptada a juzgar por los Poncios que repiten en los medios su “respeto” ante la acción anticatólica en los días precisos de la JMJ en Madrid.

El privilegio permite que los provocadores apunten a su fiscalía para que vigile precisamente a los provocados no sea que realicen acciones que no les gusten o expongan sus posiciones, especialmente las religiosas, de forma incompatible con la censura progresista.

Ciertamente aquí se encuentra la clave de lo que acontece. El peculiar integrismo de nuestros progresistas exige que toda manifestación religiosa se amolde a sus exigencias, es decir a la compatibilidad con su religión. Evidentemente desde el Terror han aprendido que deben mostrar una mínima tolerancia hacia el culto privado pues el coste de la represión del mismo les ha sido muy alto, recuérdese la caída del Muro, por ejemplo. Pero pese a ello cargan especialmente contra el culto público, es decir, contra todo acto en el que el hombre afirma una vinculación estrictamente religiosa, es decir, entiende que su explicación está fuera de sí mismo y de las construcciones sociales que el mismo realiza. Que hay Otro a quien adorar y que ese se ha manifestado en un momento histórico concreto para librarnos de nuestra miseria, no para afirmar un futuro sueño inmanente que siempre termina en alguna odiosa tiranía o adorando a otro hombre, que es el colmo de la estupidez.

Esto explica la intolerancia que se manifiesta por nuestros progresistas. Yo les entiendo. Más de un millón de personas renunciando en público a las ilusiones con las que nos manipulan es demasiado para ellos. Por eso animan, aunque sea con la boca pequeña, a la panda de supuestos exaltados que “deben poner las cosas en su sitio” en nombre de una libertad de la que sólo son beneficiarios los activistas de estricta observancia.

José Miguel Serrano Ruíz-Calderón

martes, 5 de julio de 2011

Discurso del papa al mundo de la política, la empresa y la cultura de Croacia

Discurso que Benedicto XVI pronunció en el Teatro nacional croata de Zagreb, en la tarde de este sábado, en el encuentro con exponentes de la sociedad civil, del mundo político, académico, cultural y empresarial, con el cuerpo diplomático, y con los líderes religiosos.



Señor presidente, señores cardenales, ilustres señores y señoras, queridos hermanos y hermanas:

Me alegra mucho entrar en lo vivo de mi visita encontrándome con ustedes, que representan ámbitos cualificados de la sociedad croata y al Cuerpo Diplomático. Mi cordial saludo se dirige personalmente a cada uno y también a las entidades vitales a las que pertenecen: a las comunidades religiosas, a las instituciones políticas, científicas y culturales, a los sectores artísticos, económicos y deportivos. Doy cordialmente las gracias a monseñor Puljic y al profesor Zurak por las amables palabras que me han dirigido, así como a los músicos que me han acogido con el lenguaje universal de la música. La dimensión de la universalidad, característica del arte y de la cultura, es particularmente connatural al cristianismo y a la Iglesia católica. Cristo es plenamente hombre, y todo lo que es humano encuentra en Él y en su Palabra plenitud de vida y significado.

Este espléndido teatro es un lugar simbólico, que manifiesta vuestra identidad nacional y cultural. Poder encontraros aquí a todos juntos es otro motivo de alegría del espíritu, porque la Iglesia es un misterio de comunión y se alegra siempre de la comunión, en la riqueza de la diversidad. La participación de los representantes de otras Iglesias y Comunidades cristianas, así como también de la religión judía y musulmana, contribuye a recordar que la religión no es una realidad separada de la sociedad, sino un componente suyo connatural, que constantemente evoca la dimensión
vertical, la escucha de Dios como condición para la búsqueda del bien común, de la justicia y de la reconciliación en la verdad. La religión pone al hombre en relación con Dios, Creador y Padre de todos, y, por tanto, debe ser un factor de paz. Las religiones deben purificarse siempre según esta verdadera esencia suya para corresponder a su genuina misión.

Y aquí quisiera introducir el tema central de mi breve reflexión: el de la conciencia. Éste atraviesa los diferentes campos en los que ustedes están comprometidos y es fundamental para una sociedad libre y justa, tanto a nivel nacional como supranacional. Naturalmente, pienso en Europa, a la que desde siempre Croacia pertenece en el ámbito histórico-cultural y a la que está por entrar en el político-institucional. Pues bien, hay que confirmar y desarrollar las grandes conquistas de la edad moderna, es decir, el reconocimiento y la garantía de la libertad de conciencia, de los derechos humanos, de la libertad de la ciencia y, por tanto, de una sociedad libre, manteniendo abiertas, sin embargo, la racionalidad y la libertad en su fundamento trascendente, para evitar que dichas conquistas se autodestruyan, como debemos constatar lamentablemente en bastantes casos. La calidad de la vida social y civil, la calidad de la democracia, dependen en buena parte de este punto "crítico" que es la conciencia, de cómo es comprendida y de cuánto se invierte en su formación. Si la conciencia, según el pensamiento moderno más en boga, se reduce al ámbito de lo subjetivo, al que se relegan la religión y la moral, la crisis de occidente no tiene remedio y Europa está destinada a la involución. En cambio, si la conciencia vuelve a descubrirse como lugar de escucha de la verdad y del bien, lugar de la responsabilidad ante Dios y los hermanos en humanidad, que es la fuerza contra cualquier dictadura, entonces hay esperanza de futuro.

Agradezco al profesor Zurak que haya recordado las raíces cristianas de numerosas instituciones culturales y científicas de este país, como ha sucedido también en todo el continente europeo. Es necesario recordar estos orígenes, además, por fidelidad a la verdad histórica, y es importante saber leer en profundidad dichas raíces, para que puedan dar ánimo también al hoy. Es decir, es decisivo percibir el dinamismo que hay en un acontecimiento, como, por ejemplo, el nacimiento de una universidad, o de un movimiento artístico o de un hospital. Hay que comprender el porqué y el cómo de lo que ha sucedido, para apreciar en el hoy dicho dinamismo, que es una realidad espiritual que llega a ser cultural y por tanto social. Detrás de todo hay hombres y mujeres, personas, conciencias, movidas por la fuerza de la verdad y del bien. Se han citado algunos hijos ilustres de esta tierra. Quisiera detenerme en el Padre Ruder Josip Boškovic, jesuita, nacido en Dubrovnik hace ahora trescientos años, el 18 de mayo de 1711.

Él encarna muy bien la buena compenetración entre fe y ciencia, que se estimulan mutuamente para una búsqueda al mismo tiempo abierta, diversificada y capaz de síntesis. Su obra cumbre, la Theoria philosophiae naturalis, publicada en Viena, y después en Venecia a mitad del siglo XVIII, tiene un subtítulo muy significativo: redacta ad unicam legem virium in natura existentium, es decir, "según la única ley de las fuerzas existentes en la naturaleza". En Boškovic encontramos el análisis, el estudio de las múltiples ramas del saber, pero también la pasión por la unidad. Y esto es típico de la cultura católica. Por eso mismo, la fundación de una Universidad Católica en Croacia es signo de esperanza. Deseo que ella contribuya a crear unidad entre los diversos ámbitos de la cultura contemporánea, los valores y la identidad de vuestro pueblo, dando continuidad a la fecunda contribución eclesial a la historia de la noble nación croata.

Volviendo al padre Boškovic, los expertos dicen que su teoría de la "continuidad", válida tanto en la ciencias naturales como en la geometría, concuerda de forma excelente con alguno de los grandes descubrimientos de la física contemporánea. ¿Qué podemos decir? Rindamos homenaje al ilustre croato, pero también al auténtico jesuita; honremos al cultivador de la verdad que sabe bien lo mucho que ésta lo supera, pero que, a la luz de la verdad, sabe también emplear a fondo los recursos de la razón que Dios mismo le ha dado.

Pero, además del elogio, es preciso también valorar el método, la apertura mental de estos grandes hombres. Volvamos, por tanto, a la conciencia como clave para el desarrollo cultural y la construcción del bien común. En la formación de las conciencias, la Iglesia ofrece a la sociedad su contribución más singular y valiosa. Una contribución que comienza en la familia y que encuentra un apoyo importante en la parroquia, donde niños y adolescentes, y también los jóvenes, aprenden a profundizar en la Sagrada Escritura, que es el "gran código" de la cultura europea; y aprenden al mismo tiempo el sentido de la comunidad fundada en el don, no en el interés económico o en la ideología, sino en el amor, que es "la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad" (Caritas in veritate, 1).

Esta lógica de la gratuidad, aprendida en la infancia y la adolescencia, se vive después en otros ámbitos, en el juego y el deporte, en las relaciones interpersonales, en el arte, en el servicio voluntario a los pobres y los que sufren, y una vez asimilada se puede manifestar en los ámbitos más complejos de la política y la economía, trabajando por una polis que sea acogedora y hospitalaria y al mismo tiempo no vacía, no falsamente neutra, sino rica de contenidos humanos, con una fuerte dimensión ética. Aquí es donde los fieles laicos están llamados a aprovechar generosamente su formación, guiados por los principios de la Doctrina social de la Iglesia, en favor de una laicidad auténtica, de la justicia social, la defensa de la vida y la familia, la libertad religiosa y de educación.

Ilustres amigos, su presencia y tradición cultural croata me han sugerido estas breves reflexiones. Se las dejo como signo de mi estima y sobre todo de la voluntad de la Iglesia de caminar con la luz del Evangelio en medio de este pueblo. Les doy las gracias por su atención y bendigo de corazón a todos ustedes, a sus seres queridos y sus actividades.

Benedicto XVI|Zagreb, sábado 4 de junio de 2011.

viernes, 17 de junio de 2011

Nace la Liga Tradicionalista


La Liga Tradicionalista es una hermandad de entidades diversas unidas por un mismo ideal que se concreta en el lema clásico del tradicionalismo político español: Dios, Patria, Fueros, Rey.

El objetivo de esta Liga es doble: procurar el conocimiento mutuo así como la ayuda fraterna entre todas las entidades adheridas.

Para solicitudes de adhesión, sugerencias, etc. pueden dirigirse a la siguiente dirección de correo electrónico: ligatradicionalista@gmail.com

lunes, 8 de junio de 2009

Doctrina y táctica del Mal Menor

Quisiera decir algo católicamente correcto sobre el concepto de “mal menor”. Y explicar que una cosa es la lícita doctrina moral del mal menor y otra más discutible la táctica política del mal menor. La táctica política malminorista es, desde hace doscientos años, seña de identidad del llamado catolicismo liberal, una ideología que ha pretendido conciliar la Verdad que predica la Iglesia con el relativismo y el naturalismo. Soy consciente de que muchos católicos sinceros siguen confiando en las tácticas maquiavélicas del mal menor y del voto útil tal vez porque no acaban de descubrir otra que les convenza. Después de pensarlo un poco les diré mi opinión: que hacer propuestas malas sabiendo que son malas y esperando con ello evitar el triunfo de propuestas peores suena, cuando menos, bastante inmoral. Y además es ineficaz.


La doctrina moral del Mal Menor
Los buenos filósofos explican que el mal no tiene entidad propia porque sólo es ausencia de bien. El mal menor pues no es más que carencia de bien. Y en este sentido mal menor es exactamente lo mismo que bien mayor. Como en el ejemplo de la botella “medio llena”o “medio vacía”sabemos que el nivel puede cambiar a más o a menos. Sabemos que diversas limitaciones internas o externas nos alejan siempre de la perfección individual y social. Por eso la doctrina del mal menor, que exige procurar siempre el mayor bien posible y evitar el mal en lo posible, es válida siempre. Ante una elección -suponiendo que nuestra única responsabilidad sea elegir- no existe otra posibilidad de rectitud ética que elegir lo mejor. Y si todo es malo hay que elegir el mal menor. Y no estará de mas convenir que en ciertos casos el negarse a elegir, es decir, la abstención, aún siendo un mal, puede ser el verdadero mal menor que estamos buscando. Todo ello suponiendo -insisto- que nuestra única responsabilidad sea elegir. La cosa cambia, como veremos, si nuestra responsabilidad no es elegir, sino hacer, o proponer. Al fin y al cabo vivimos en una sociedad plural en la que tenemos el deber de participar. ¿Se satisfará ese deber con la mera elección pasiva del mal menor? Si el llamamiento es a participar, a hacer, a construir, habrá que HACER el bien.

La táctica política del Mal Menor
La táctica política del mal menor ya no se limita al momento electoral, pues consiste en proponer unos males (menores) para evitar que triunfen otros males (mayores). Es la tentación política que nos acosa cuando tenemos la responsabilidad de hacer propuestas. Y llegados a este punto he llegado a una conclusión: desde el punto de vista ético nunca puede ser lícito proponer un mal, aunque éste sea menor.
He aquí algunos argumentos de por qué no es bueno el malminorismo:

- Porque la doctrina católica es clara al respecto cuando afirma que la conciencia ordena “practicar el bien y evitar el mal”(Cat. 1706 y 1777), que no se puede “hacer el mal”si se busca la salvación (Cat. 998) y que “nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien”. (Cat.1789)
- Porque la responsabilidad de los laicos católicos no puede limitarse a elegir pasivamente entre los males que los enemigos de la Iglesia quieran ofrecer, sino que debe ser una participación activa y directa, “abriendo las puertas a Cristo”.
- Porque el mal menor pretende asignar a los católicos un papel mediocre y pasivo dentro del nuevo sistema “confesionalmente aconfesional”.
- Porque el mal menor convierte en cotidiana una situación excepcional.
- Porque una situación de mal menor prolongada hace que el mal menor cada vez sea mayor mal. Los males “menores”de nuestros días pesan demasiado como para no evidenciar un enfrentamiento radical con el Evangelio: el individualismo, la relativización de la autoridad, el primado de la opinión, la visión científico-racionalista del mundo... principios que se manifiestan en la pérdida de fe, la crisis de la familia, la corrupción, la injusticia y los desequilibrios a escala mundial, etc.
- Porque la táctica del mal menor se ha demostrado ineficaz en el tiempo para alcanzar el poder o reducir los males.
- Porque es preciso exponer en su integridad el mensaje del Evangelio ya que “donde el pecado pervierte la vida social es preciso apelar a la conversión de los corazones y a la gracia de Dios”(...) y“no hay solución a la cuestión social fuera del Evangelio”(Cat. 1896)
- Porque la propuesta de un mal por parte de quien debiera proponer un bien da lugar al pecado gravísimo de escándalo que es la “actitud o comportamiento que induce a otro a hacer el mal”).
(Cat. 2284). A este respecto es muy clara la enseñanza de Pío XII: “Se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres y a la corrupción de la vida religiosa, o a condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos (...) Lo mismo ha de decirse (...) de los que, manipulando la opinión pública la desvían de los valores morales”. (Discurso de 1/6/1941. Recogido en: Cat. 2286).
- Porque un mal siempre es un mal y “es erróneo juzgar la moralidad de los actos considerando sólo la intención o las circunstancias”(Cat. 1756).

Cómo nace el Mal Menor
Históricamente, la táctica política del mal menor nace en la Europa cristiana postrevolucionaria de la mano de dos movimientos políticos católicos: el catolicismo liberal y la democracia cristiana. Es complicado desentrañar los motivos que llevan a sus promotores a adoptarla en la teoría. Y son contradictorios los hechos y las decisiones adoptadas en la práctica. No entraré a juzgar la intención. En muchas ocasiones los malminoristas han sido hombres de iglesia, católicos inquietos por los avances de la revolución y deseosos de hacer algo en un contexto de debilidad de la respuesta católica a la revolución liberal.

Se puede llegar al malminorismo por diversos motivos que se superponen y entremezclan:

- Por “contaminación”del pensamiento revolucionario y el deslumbramiento ante la aparente perfección de las nuevas ideologías. Buscando, por ejemplo, el compromiso de la Iglesia con una forma política concreta (nacionalismo, parlamentarismo, democracia de partidos, etc.)
- Por exageración de los males del Antiguo Régimen y su identificación con la misma Doctrina Católica.
- Por cansancio en la lucha contrarrevolucionaria, por el acomodo conservador de quienes están llamados a la valentía.
- Por una derrota bélica de las políticas católicas, o tras un período intenso de persecución religiosa.
- Por una aparente urgencia de transacción con los enemigos de la Iglesia a fin de que, al menos, sea tolerada por unas autoridades hostiles una mínima labor apostólica.
- Por maniobras de partidos revolucionarios que intencionadamente procuran sembrar dudas y división entre los católicos.
- Por la carencia de verdaderos políticos católicos lo cual anima la intromisión del clero en la política concreta.
- Por la misma intromisión clerical en el juego político lo que a su vez retrae de la participación a unos y desautoriza la labor independiente -y tal vez discrepante en lo contingente- de otros laicos.
- Por ingenuidad de los católicos que confían sin garantías en las reglas del juego establecidas por los enemigos de la fe.
- Por una sobrevaloración del éxito político inmediato olvidando que, como dice el catecismo: “el Reino no se realizará (...) mediante un triunfo histórico de la Iglesia en forma de un progreso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal”. (Cat. 677)
- Por una creciente desorientación y falta de formación del pueblo católico que genera pesimismo o falta de fe en la eficacia salvadora de los principios del Derecho Público Cristiano.
- Por un enfriamiento en la fe y la religiosidad. Porque sin ayuda de la gracia es muy difícil “acertar con el sendero a veces estrecho entre la mezquindad que cede al mal y la violencia que, creyendo ilusoriamente combatirlo, lo agrava”. (Centesimus Annus, 25. En Cat. 1889)

Cómo ha evolucionado la táctica del Mal Menor
La táctica del mal menor no se ha introducido de golpe en ningún momento. Lo ha hecho de forma progresiva (a peor) a lo largo de los dos últimos siglos. En la historia política de los países europeos se podrían identificar las siguientes situaciones:
- En un primer momento, tras el choque violento de la revolución, y argumentando el accidentalismo de la Iglesia (que corresponde a la institución pero no a los laicos), los malminoristas toleran, consienten y hasta promueven la disolución de estructuras políticas y sociales tradicionales (monarquía, gremios, instituciones religiosas, bienes comunales, etc.) que eran de hecho un freno a la revolución.
- Paralelamente a la secularización de la política y por un cierto maquiavelismo, empiezan a omitir los argumentos religiosos a la hora de hacer propuestas con la ilusión de captar así el apoyo de los no católicos. Algunos llegan a afirmar como justificación para no hablar de la Redención que “la doctrina cristiana es más importante que Cristo”lo cual no deja de ser puro pelagianismo.
- El paso siguiente en la táctica malminorista es el intento de unión de los católicos en torno a un programa mínimo pero no para presentar una alternativa al nuevo régimen sino para integrarse mejor en él con la idea de “cambiarlo desde dentro”. Para ello se procura el desprestigio de otros políticos y tácticas católicas marginales.
- Un recurso frecuente en los malminoristas es tratar de ganar la simpatía de la jerarquía mediante promesas de “paz y reconciliación”que permitan la reconstrucción material de las Iglesias y el mantenimiento regular del culto. Se trata de un intento desesperado de salvar “lo que se pueda”, de tentar a la jerarquía de la Iglesia con una dirección política que no le es propia. Que podría ser algo excepcional, pero no la tónica habitual de participación política católica.
- En ocasiones son los propios obispos o miembros del clero quienes promueven grupos políticos en esa línea con una mentalidad puramente defensiva de la Iglesia. Esta intromisión empobrece la acción política de los católicos, la hace “ir a remolque”de las propuestas revolucionarias, y compromete a la Iglesia con soluciones políticas legítimas pero opinables. Cuando alguien propone hacer acción social, como lo hizo en España un influyente obispo, “para que no se nos vayan los obreros de la Iglesia”está falseando la finalidad de la verdadera acción social, que no puede ser un mero instrumento de catequesis, sino un deber de justicia y responsabilidad de los laicos.
- El caso del Ralliement propuesto por León XIII, que envalentonó aún más a los enemigos de la Iglesia en Francia, o la verdadera traición de ciertos obispos mexicanos a los católicos cristeros, milagrosamente perdonada por el pueblo fiel, son dos ejemplos de las nefastas consecuencias a las que puede llevar el malminorismo. En este sentido la claridad del Concilio Vaticano II al exigir la abstención del clero de toda actividad política representa una rectificación importante. Es preciso reconocer que el empeño cobarde de algunos cristianos por buscar la mera supervivencia material de la Iglesia, la “añadidura”, ha sido un anti-testimonio escandaloso. Es un escándalo que quienes dicen con el Evangelio “Buscad el Reino de Dios y su justicia...”olviden que el mal moral es “infinitamente más grave”que el mal físico. (Cat. 311)
- Más recientemente y coincidiendo con la euforia previa al Concilio Vaticano II se procuró la disgregación de partidos, asociaciones, instituciones y estados católicos con la idea de potenciar una especie de “guerra de guerrillas”que pudiera conquistar así la opinión pública y llegar a todos los rincones del entramado social. Los resultados están a la vista: no sólo se han debilitado o extinguido las antiguas herramientas sino que además no ha surgido esa nueva”guerrilla”y no se ha conquistado nada nuevo -o poco- que no fuera ya católico.
- El último paso del malminorismo y la demostración palpable de su maquiavelismo es la justificación del voto útil lo que, paradójicamente, contradice el mal menor porque propugna que se vote no ya al menos malo, sino a la opción que tenga mayores posibilidades de triunfo, aunque sea peor que otras opciones con menos posibilidades.

La ineficacia del Mal Menor
Al analizar la génesis y desarrollo de las tácticas malminoristas, en ningún caso condeno aquí la intención de quienes las han apoyado o apoyan. Simplemente quiero constatar algunas razones que expliquen por qué el malminorismo nunca consigue lo que se propone. No consigue reducir el mal mayor:

- Porque las energías que debían gastarse en proponer bienes plenos se gastan en proponer males menores.
- Porque es una opción de retirada, pesimista, en la que el político católico esconde sus talentos por temor, o por falsa precaución.
- Porque la táctica del mal menor predica la resignación; y no precisamente la resignación cristiana, sino la sumisión y la tolerancia al tirano, a la injusticia y al atropello. Con tácticas malminoristas nunca se habría decidido el alzamiento español de 1936, ni habría caído el muro de Berlín. No habría habido Guerra de la Independencia Española, ni insurgencia católica en la Vendée, ni Carlistas en España, ni Cristeros en México. Y tal vez ninguna oposición habría encontrado el avance islámico por Europa. No habrían existido ni Lepanto, ni Cruzadas, ni Reconquista.
- Porque el mal menor se presenta como una forma inteligente de favorecer económica y físicamente a la Iglesia olvidando que la mayor riqueza de la Iglesia -su única riqueza- es el testimonio de la Verdad, testimonio que si sigue hoy vivo es gracias a la sangre de los mártires.
- Porque hay ejemplos sobrados en los que el triunfo del malminorismo ha dado el poder a partidos que reclamando el voto católico han amparado, y eso ha pasado en media Europa, una legislación anticristiana (divorcio, aborto, etc.).

En definitiva, el malminorismo no ha sido derrotado nunca porque en sí mismo es una derrota anticipada, una especie de cómodo suicidio colectivo. Es el retroceso, la postura vergonzante y defensiva, el complejo de inferioridad. Defendiendo una táctica de mal menor, los cristianos renuncian al protagonismo histórico, como si Cristo no fuese Señor de la historia. Se creen maquiavelos y sólo son una sombra en retirada. Niegan en la práctica la posibilidad de una doctrina social cristiana, y niegan la evidencia de una sociedad que, con todas sus imperfecciones, ha sido cristiana. El malminorismo, contrapeso necesario de una revolución que en el fondo es anticristiana, ha fracasado siempre, desde su mismo nacimiento.

En cambio, la historia de la Iglesia y de los pueblos cristianos está llena de hermosos ejemplos en los que el optimismo -o mejor, la esperanza cristiana-, nos enseña que es posible, con la ayuda de Dios, construir verdaderas sociedades cristianas. La política cristiana no ha fracasado en la medida en que todavía hoy seguimos viviendo de las rentas de la vieja cristiandad occidental.

Conclusiones
Es alentador comprobar que, gracias a Dios, los errores filosóficos o teológicos, cuando se concretan en movimientos y personas, siguen adelante en medio de felices incongruencias, acuciados por la realidad de las cosas. Raras veces llegan a desarrollar las últimas consecuencias de sus principios. Por eso el resultado de una acción política, aunque parta de unos principios erróneos, es incierto y sorprendente. “Dios creó un mundo imperfecto, en estado de vía”. (Cat. 310) y ni siquiera el acceso al gobierno político de personas santas podría eliminar todas las imperfecciones de este mundo.

Una vez reconocida esta tremenda limitación de la realidad política, nuestra responsabilidad de laicos católicos no puede ser la resignación ante un mundo imperfecto, sino la lucha y la aventura por procurar el acercamiento a ese ideal de perfección que propone también a un nivel social el Evangelio. Aquí radica el verdadero y sano pluralismo que debe existir entre los católicos, porque sin reconocer cierto “derecho a la equivocación”será imposible rectificar y mejorar.

La Doctrina de la Iglesia está pidiendo a los laicos católicos una participación activa en la vida política, solos o acompañados. Todo llamamiento a la unidad entre los católicos no puede exigir mas que una unión en los principios pre-políticos, es decir, en torno a una misma idea de bien común. Y esa acción política católica es responsabilidad exclusiva de los laicos, no de la Institución jerárquica. Laicos solos, o laicos agrupados. Pero laicos.

En cuanto a los conceptos de mal menor y voto útil, estas son mis conclusiones:
- El mal menor como doctrina moral es siempre válido si nuestra responsabilidad es exclusivamente la elección.
- El mal menor como táctica política nace en la Europa postrevolucionaria en un contexto de debilidad de las opciones políticas cristianas.
- La táctica del mal menor es pesimista e ineficaz.
- La táctica política del voto útil es puro maquiavelismo político y aunque aparentemente contradice la táctica del mal menor es en realidad una vuelta de tuerca en una misma concepción que esteriliza la acción política de los laicos católicos.

Javier Garisoain Otero|Revista Arbil