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sábado, 18 de febrero de 2012

Antonio Molle Lazo: a los 75 años de su martirio (10-VIII-1936)




El 10 de agosto de 1936 moría en Peñaflor (Sevilla) el joven Antonio Molle Lazo, de 21 años de edad, a manos de una turba de milicianos frentepopulistas.


Era un muchacho afiliado al tradicionalismo y encuadrado en una unidad de requetés de Jerez de la Frontera que aún se encontraba en período de formación y que con el tiempo gestaría el Tercio de Nuestra Señora de la Merced. Fue capturado en combate, pero cayó asesinado siendo ya prisionero. ¿El motivo de su muerte? No consentir en renegar de su fe en Cristo y de su amor a la España católica.
 

Breves trazos de su vida


Antonio Molle había nacido en Arcos de la Frontera (Cádiz) un 2 de abril de 1915, que aquel año era Viernes Santo, y al poco pasó por delante de la casa la procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno: todo parecía presagiar desde el principio el final martirial de nuestro personaje. Hijo de Carlos Molle Gutiérrez y de María Josefa Lazo, fervientes católicos y de firmes convicciones patrias, aprendió de ellos la firmeza en los principios, la devoción religiosa y el valor de la vida familiar.

A los cinco meses marcharon por motivos laborales del padre a Jerez de la Frontera, donde se asentarían definitivamente. No se puede decir, desde luego, que la familia conociera en ningún momento una situación económica boyante, sino que siempre vivieron de forma más bien modesta: en ocasiones incluso el padre y los hijos quedaron en el paro laboral.

Los carlistas lucharon y murieron por Cristo Rey

En Jerez, Antonio se formó en la escuela y creció en su primera etapa de niño y adolescente en el Colegio del Buen Pastor de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Hermanos de La Salle). No destacó nunca en los estudios, que le costaban bastante, pero sí lo suplió, en cambio, por el notable esfuerzo puesto en ellos. 

Asimismo, resaltó por su calidad humana en el trato con los demás, la reciedumbre de carácter que poco a poco se iba forjando y la piedad religiosa que mostró desde pronto como miembro de las congregaciones devocionales que los Hermanos de La Salle tenían en el colegio. También se inició de forma temprana en el amor a Jesucristo Rey, conforme a la instauración de su fiesta por el papa Pío XI en 1925, año en el que precisamente recibió la primera Comunión. Por otro lado, recibió de niño el escapulario del Carmen, quedando vinculado al convento de los carmelitas calzados de Jerez como terciario seglar. Resaltó ciertamente por su devoción mariana y por el rezo del Santo Rosario.


Uno de sus compañeros ofrecería este testimonio: “Antonio fue un congregante y un colegial modelo. Cumplió siempre con exacta fidelidad todas sus obligaciones, y ya entonces podíamos admirar en él que era joven que no consentía jamás el mal en su presencia, y augurábamos todos que había de ser un defensor formidable de la religión en estos calamitosos tiempos”. Otro amigo afirmaría: “Antonio no podía tolerar que en su presencia se faltase lo más mínimo a Dios, a la religión y a la caridad con sus compañeros”.

A los 15 años, en 1930, terminó sus estudios en el colegio, si bien permaneció unido a él mediante la asociación de antiguos alumnos y en las prácticas de piedad y los entretenimientos de éstos, y emprendió la vida laboral. En un primer momento, fue admitido como meritorio en la estación de ferrocarril de Jerez de la Frontera: un empleo en el que no ganaba un salario, sino que había de hacer méritos para poder pasar a ocupar una plaza ya remunerada. Jamás escondió su fe religiosa en un ambiente más bien hostil, dominado por los marxistas, sobre todo socialistas, quienes finalmente consiguieron a nivel nacional que los empleos ferroviarios quedaran restringidos a hijos de trabajadores del ramo. 

De este modo, Antonio Molle se vio en la calle y hubo de buscar trabajo. Lo encontraría como escribiente en unas bodegas y más tarde como taquillero en un teatro, conociendo la realidad del paro obrero en algunos momentos breves, dada la crítica situación económica de la España republicana. Junto con su padre, participó en algunas asociaciones profesionales, pero experimentaron cómo eran crecientemente manipuladas y desviadas por los elementos marxistas hacia sus objetivos políticos.

En todo este tiempo, Antonio fue forjando una personalidad firme en sus convicciones, hasta el punto de animar a otros amigos a ir a las iglesias de los barrios más conflictivos para asistir a la Santa Misa, a pesar de las amenazas de los socialistas a los católicos que vivían allí o que iban a esos templos. También procuraba evitar que sus amigos se dejasen llevar por conversaciones y actitudes que pudieran conducirles hacia la pérdida de la virtud e inclinarse a una vida de vicio. Fue muy aficionado al deporte para evadir los peligros morales que pueden acechar en los años jóvenes y además mediaba en las frecuentes peleas en los juegos.

Con 16 años, en 1931, Antonio Molle se afilió a la Juventud Tradicionalista, que contaba con una sección de cierto relieve en la céntrica y conocida calle de Francos, de Jerez de la Frontera. La simpatía hacia el carlismo le venía por línea familiar, pero fue ante todo la defensa de la fe, de la España católica y de los derechos de la Iglesia lo que le decidió a dar el paso. Le gustaba mucho asistir a las reuniones y tertulias del Círculo Tradicionalista y de la Sección de Juventud, tratar con sus amigos acerca de los problemas presentes, entretenerse allí mismo en distracciones y juegos, comprometerse en las actividades, etc.

Se ofrecía voluntario para acudir disfrazado a los mítines en los que se alentaba a las masas contra la religión, con el fin de conocer los planes de los revolucionarios y poder tomar las precauciones necesarias para evitar el asalto a iglesias y conventos y saber las líneas directrices que se marcaban en otros aspectos con que se pretendía extirpar de España la fe católica. Con valentía se entregaba a colaborar en las campañas electorales y en la distribución de la propaganda y pegadas de carteles, pese a la violencia desencadenada por las formaciones marxistas.


Camino hacia el martirio: el tiempo de prisión



Breve biografía 

Me mataréis,
pero Cristo triunfará


Nació este glorioso joven en Arcos de la Frontera, en la madrugada del Viernes Santo, 2 de abril de 1915. 

Educado en las Escuelas de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, cofrade del Carmen, llevó siempre sobre su pecho el Santo Escapulario. Requeté del Tercio de Nuestra Señora de la Merced, de Jerez de la Frontera, donde vivió desde muy pequeño con sus padres, halló santa y gloriosa muerte en Peñaflor (Sevilla) el 10 de agosto de 1936, después de sufrir en su cuerpo grandes tormentos y mutilaciones, mientras en oposición a las blasfemias e improperios de los rojos, respondía gritando ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España! 

Se atribuyen muchos favores a la mediación de este carlista mártir. Su cuerpo descansa en la capilla de Cristo Rey, en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Jerez de la Frontera.
En febrero de 1936, el Frente Popular llegó al poder y se acentuó la persecución religiosa. El 2 de abril, día de su cumpleaños, habían de pasar por la estación de ferrocarril unos batallones del Ejército y Antonio fue con un montón de hojas debajo del brazo para repartirlas entre los soldados al grito de: “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Rey!”.

Poco después fue detenido y conducido a la cárcel de Jerez. Allí, como los antiguos mártires, se mostró pleno de alegría y entonaba los numerosos cánticos religiosos que conocía, como el Cantemos al Amor de los amores, el Corazón Santo, Tú reinarás y la Salve, Regina. Frente a las prohibiciones de los carceleros para cantar, se dedicó a escribir en las paredes la letra, con lo cual hubieron de dejarlo por imposible.
 
Recibía la visita de sus amigos y sólo lamentaba no poder oír la Santa Misa ni comulgar, ya que estaba prohibido. Así que se entregó de lleno al rezo del Santo Rosario, solo o con otros católicos que fueron llegando también allí por la persecución religiosa y política que se estaba desatando en España. Pidió a los amigos que le llevaran libros religiosos y sobre todo se dedicó a leer con gran interés las historias de los mártires, encontrando gran consuelo en lo que ellos habían padecido, a la vez que pensaba que lo que él sufría no era digno de parangonarse con sus gestas.

En poco tiempo, el alma de Antonio se estaba transformando hacia una entrega absoluta, heroica y martirial. Su modelo eran los mártires y su corazón se encendía cada vez más en ansias de martirio por amor de Cristo, al que se pisoteaba en España. Otro devoto tradicionalista, encerrado con él en la cárcel de Jerez por aquellos días y con quien hablaba largos ratos, ha transmitido muchas de estas noticias y ha referido que le dijo un día: “Sufriré los más grandes tormentos antes que apostatar de mi Dios”. A la cárcel fue a parar asimismo su hermano Carlos, detenido por defender con otros jóvenes el convento de Santo Domingo de Jerez, de los dominicos, frente al asalto de las turbas marxistas. Por fin, el 16 de mayo, fue puesto en libertad.
 

El martirio


Traslado a Jerez de los restos de Molle Lazo.

El 18 de julio de 1936, el Alzamiento iniciado en Melilla el día antes se extendió por otras partes de España y triunfó pronto en Jerez, Cádiz y Sevilla. Antonio Molle se reunió entonces con los otros “requetés”, los combatientes carlistas, para formar una unidad a disposición de las autoridades militares y que sería el origen del Tercio de Nuestra Señora de la Merced. Los requetés profesaban una sincera fe religiosa y una honda devoción, especialmente hacia Cristo Rey y la Virgen María, teniéndose a sí mismos como auténticos cruzados y confiando en la restauración de la España católica.

Después de afianzar el éxito del Alzamiento en Jerez, los requetés de esta ciudad marcharon a Sevilla para apoyar las operaciones del general Queipo de Llano y allí restablecieron la tradicional enseña española, roja y gualda. Desde Sevilla fueron enviados unos días después a la localidad de Peñaflor el 8 de agosto: el 6, fiesta de la Transfiguración y primer viernes, había comulgado con devoción.

El día 10, fiesta de San Lorenzo, se celebró Misa en el convento de las Hermanas de la Cruz (fundadas por Santa Ángela de la Cruz), pues la iglesia de Peñaflor había sido profanada por los marxistas, y Antonio asistió y comulgó. Algunos han dicho que tal vez se ofreciera en ese momento como víctima de inmolación al Señor, según supusieron por el aspecto tan recogido que presentaba y porque cayó mártir a las pocas horas, pero no existe ningún otro dato que pueda corroborar esa victimación. Lo que sí es muy probable es que realizase una aceptación de la muerte, habitual entre los requetés.


Ese mismo día 10 se produjo un fuerte ataque de los milicianos frentepopulistas a Peñaflor, que cogió de sorpresa a los defensores; el pueblo finalmente no sería perdido por éstos al llegar refuerzos, pero entretanto se produjo el martirio de Antonio Molle.

Los cristeros mejicanos también supieron defender la realeza social de Cristo Rey.

Habiendo permanecido para defender a las Hermanas de la Cruz y a otras mujeres, en un acto de caballerosidad, fue apresado por los milicianos, que le sometieron a una tremenda paliza y a vejaciones, burlándose de él e intentando hacerle blasfemar y renegar de su fe. Gracias a algunos testigos, el relato de lo acontecido es bien conocido. Intentaron varias veces que gritara: “¡Muera la religión!” y “¡Viva Rusia!”; a lo cual sólo respondía: “¡Viva Cristo Rey!” y “¡Viva España!” También, cuando le amenazaban con ir a matarle y a beber su sangre, dijo: “Me mataréis, pero Cristo triunfará”. De los labios de Antonio, sin embargo, no se escuchó ningún insulto. Ante su negativa a blasfemar y a renegar de la fe, le mutilaron las orejas y le sacaron los ojos y parte de la nariz, pero únicamente decía: “¡Ay, Dios mío!” y seguía profesando: “¡Viva Cristo Rey!” Recibía golpes en todo el cuerpo, pero fundamentalmente en la cabeza. Sobre su pecho seguía llevando, también ensangrentado, el “Detente” con el Corazón de Jesús sobre el fondo de la bandera española. Y, comprendiendo que llegaba ya su final, pues uno de los asesinos dijo que iba a dispararle, extendió cuanto pudo sus brazos en forma de cruz, colocó sus piernas asemejándose a las del Crucificado y, con todas cuantas fuerzas pudo sacar aún de su interior, gritó con voz potentísima: “¡Viva Cristo Rey!”
 

Entonces le fusilaron así, en posición de cruz. Cayó al suelo de la carretera, con los brazos abiertos y cruzada su pierna derecha sobre la izquierda. Algunas gotas de sangre habían coloreado sus alpargatas blancas. Eran aproximadamente las cuatro de la tarde. Conservaba todavía cierto movimiento y algunos quisieron rematarle, pero otro les gritó: “¡No arrematarlo, dejadlo que sufra!” Sin embargo, muchos no se contentaron con esto y le volvieron a propinar golpes y cuchilladas. Finalmente, dejó de respirar y su corazón se detuvo. Murió en la carretera y quedó allí solo.
 

Fama de santidad


Tumba donde reposa Antonio Molle Lazo.Basílica de N.S. del Carmen (Jerez de la Frontera)

Las fuerzas nacionales consiguieron finalmente mantener Peñaflor y entonces se recogió el cadáver de Antonio. De inmediato, los testigos contaron el relato de lo sucedido y se le dio fama de muerte martirial. En la iglesia, restaurado el culto tras las destrucciones y la profanación, se celebró una Misa por su alma y por otros caídos en la localidad. Los restos de su sangre fueron también enseguida besados por la gente. El cadáver, con honores militares, fue trasladado a Jerez de la Frontera, donde recibió sepultura, y tiempo después se llevó desde el cementerio a la iglesia del Carmen ante el creciente número de visitas de devotos a su sepultura.

Por suscripción popular se construyó un monumento conmemorativo en Peñaflor y pronto se difundió la fama de su muerte martirial por toda España. Durante la guerra, corrieron estampas y oraciones entre los combatientes y entre la población civil por miles y miles, e incluso llegaron a varios países de Europa y de América. 

También empezaron a llegar noticias de curaciones atribuidas a él por intercesión milagrosa y se escribieron algunas biografías. Todo ello fomentó la idea de abrir el proceso de beatificación y canonización y se constituyó canónicamente ya en 1940 en el convento de Nuestra Señora del Carmen, de los Padres Carmelitas Calzados de Jerez de la Frontera, la “Junta de Cristo Rey”, actualmente Asociación de Fieles “Servidores de Cristo Rey”, desde la cual se trabaja en este fin, con gran empeño sobre todo por parte de quien fue amigo de Antonio Molle, D. Sixto de la Calle Jiménez.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Antonio Molle Lazo







Antonio Molle Lazo
(1915-1936)
"Murieron por Dios por España
¿Pueden existir mayores amores que estos?"

NIÑEZ

Nació en Arcos de la Frontera (Cádiz) en la madrugada del Viernes Santo, 2 de Abril de 1915. El niño había de ser lo que eran sus padres, ferviente cristiano y español de una vez.

Antonio vivió siempre en la esfera familiar y pudo copiar la virtud y la honradez de sus padres. Así, los frutos de aquella educación cristiana no se hicieron esperar mucho. En efecto, heredó su religiosidad sana, definida y verdadera, su fe insobornable, pronta en todo momento a demostrarla sin falsedad… El corazón de Antonio tenía delicadezas y atenciones filiales. Así cuando se le entregaba algún dinero, lo invertía para comprar regalos a sus padres, mortificando su natural inclinación, para practicar esta hermosa virtud. También sacrificaba un juguete para invertir su importe en unos caramelos que ofrecía a sus padres. Así se entrenaba para los más grandes sacrificios.
Su piadosa directora y maestra dice de él que era piadoso y tranquilo y entre sus buenas cualidades enumeraba su docilidad y obediencia .

Otro hermoso fruto del corazón de Antonio fue la caridad que se traducía en sentida compasión para con los pobres. Esta compasiva caridad unida a su gran desprendimiento fueron corrientes en el corazón de nuestro joven.

JUVENTUD

 Se había educado en las Escuelas de los HH. de la Doctrina Cristiana.

Su Dios, su España Tradicional y su familia: he ahí los objetivos que llenaron la vida de este joven español. Antonio no descansaba un momento; buscaba ocasiones para lanzar sus "bombas escritas"; iba a la estación, subía al tren y de vagón en vagón entregaba a los viajeros unas hojas conteniendo un llamamiento al Ejército para rebelarse contra aquel desastroso estado de cosas. Y después de repartir sus hojas gritaba: "¡Viva Cristo-Rey!". ¡Pobre A ntonio! Por esos gritos de insubordinación, al día siguiente, los agentes vinieron arrestarle. Todos los días de reclusión los aprovechaba para hacer su ejercicio de las flores, rezar el Santo Rosario y leer algunas páginas del Año Cristiano. Lectura que todos los jóvenes de la cárcel escuchaban.

Después de su salida de la cárcel, se pasó varios días visitando amigos y personas que le agasajaron. Una de las visitas más expresivas fue la que hizo a las R.R. M.M. Agustinas del Convento de Ntra. Sra. De Gracia. La Madre cuenta que Antonio y sus amigos venían muy alegres y dispuestos a luchar. Ella le preguntó: "Pero, Antonio, ¿tú no tienes miedo de que esos hombres te proporcionen la muerte?". Y él contestó: "Madre, ¿Y puede haber mayor gloria que dar la vida por Cristo?"…

También tenía mucho valor en vencer el respeto humano hasta enfrentarse con los hombres blasfemos. Un día en que fue toda la escuela de merienda, oyó a un carretero que blasfemaba. Antonio se enfrentó con el hombre diciéndole: "Señor, este lenguaje no lo entienden sus caballerías, y por eso mismo no pueden con el carro. Como diga usted otra blasfemia, le denunciaré al Señor Juez para que le eche una multa". Bien podemos llamar a nuestro Antonio Molle apóstol contra la blasfemia. ¿Qué fue la vida de este joven? Ordinaria, sencilla, desprovista de grandes obras. Lo más extraordinario en este alma era su extremada simplicidad…
Y cuanto más avanzaba en edad, más se robustecía su espíritu de fe y el amor a la Tradición.
Constante y jovial, en el juego nunca porfiaba tratando de conciliar los diversos pareceres. Pero era un temperamento enérgico e inflexible cuando los supremos ideales de su Religión eran amenazados.

APÓSTOL

 Su primer paso en el terreno público del catolicismo fue entrar en la Juventud Católica que llevaba por norma la piedad, el amor y el sacrificio. Molle sabía que la República de 14 de abril de 1931 quería dar un golpe definitivo a Dios. Y se dio perfectamente cuenta de la responsabilidad que pesaba sobre él, como joven católico y carlista. Un mes después del advenimiento de la odiosa República, las iglesias eran incendiadas, los sacerdotes huían…Antonio se ofrece para defender las Casas de Dios y a sus sagrados ministros. Así, día y noche hace guardia en diversos templos y comunidades. Amenazas, burlas, criminales atentados, todo lo superó. Y aprovechaba todos los medios de que podía disponer para contrarrestar las fuerzas del mal con una actividad intensa y constante en defensa de la verdad y del bien. Llevaba en su corazón la fortaleza de la fe, robustecida por la frecuente comunión y el ejemplo vivo de sus padres. Su grito preferido era: "¡Viva Cristo-Rey!". Cristo-Rey tenía en Antonio un enamorado de su Doctrina y de su Nombre… Todo esto sucedía durante la República masónica y comunista. Los días trágicos se acercaban con celeridad. El ejercitaba su vida cristiana, la Sta. Misa, la Comunión, los actos de piedad.

Una noche, cae en una emboscada en plena calle. Los comunistas gritan:" ¡Vas a morir! ¡Infame!" Uno saca una pistola y busca el pecho de Antonio, pero la bala se le encasquilla y no puede disparar. Los enemigos de Antonio desaparecen avergonzados y él queda sereno. En más de una ocasión, nuestro joven carlista había visto la mano providencial de Dios.

ALZAMIENTO NACIONAL

Tenía 21 años cuando el 18 de Julio de 1936 España se alzaba contra el gobierno marxista comunista. Así, el día 8 de Agosto de 1936 entraba en Lora del Río un grupo de guardias civiles y requetés. Entre estos bravos iba nuestro Antonio.

Y el 10 de este mes la pequeña guarnición oyó la santa Misa. Hacia las 11 de la mañana, un grupo numeroso de rojos empezó a inundar las calles del pueblo. Entonces, empezó un ataque durísimo y algunos se parapetaron en azoteas y la mayor parte de la guarnición se replegó al Ayuntamiento. Toda la atención de Antonio era el salvar a las Hermanitas de la Cruz cuyo Convento estaba muy próximo. Dirigiéndose hacia el convento, una pobre madre de familia pedía socorro en la calle. Antonio acudió en su auxilio y exponiendo su vida logró ponerla a salvo. Llegaron, por fin, al Convento, con otros, y se defendieron heroicamente de los atacantes. Pero los rojos invadieron el convento, y todos se fueron evadiendo. Antonio se rezagó un poco por tener que amparar algunas personas que con apuros iban pasando por tapias y tejados. Los rojos al verlo dispararon contra él y le rompieron el brazo derecho. Él seguía defendiéndose con su pistola. Por fin no pudo más y los rojos se arrojaron sobre él y le cogieron.

MARTIRIO

Una vez hecho prisionero, los rojos sacian su sed de venganza. Sus amenazas eran imponentes. Ebrios de odio y de sangre le dicen: "Grita: ¡Viva Rusia!" y él contesta: "¡Viva España!". Los rojos deciden atormentarle hasta conseguir sus propósitos. "Si no dices...(una horrible blasfemia) te cortamos las orejas", "¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!" - exclama fuertemente Antonio. Y el cruel verdugo sin compasión cumple su amenaza y le corta una oreja. Dí: "¡Viva Rusia!" (y añade otra horrenda blasfemia). "¡Jamás! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!"y el bárbaro miliciano le corta la otra oreja. "¡Ay Dios mío!" - exclama el mártir mientras se desangra.

Entonces entre risas y blasfemias, con la bayoneta le cortan la nariz para hacerle claudicar, pero el mártir confiesa una vez más su amor a Cristo Rey y a España.

Vamos a sacarle los ojos. Ya veréis cómo grita "¡Viva el comunismo! ¡Viva Rusia!"y con la punta de la bayoneta le arrancan un ojo y luego el otro. Nuestro héroe se queda inmóvil, la sangre sale a borbotones. Ya no verá más la luz del sol, pero su fortaleza es sobrehumana y grita: "¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!".

Por fin le disparan un tiro seco de pistola sobre el pecho. El mártir grita por última vez: "¡Viva Cristo Rey!" y se desploma con los brazos en cruz chorreando sangre. Uno de los rojos quiere rematarlo, pero otro grita: "¡No lo rematéis, dejadlo que sufra!"... Y aquellos desgraciados que se han visto vencidos y humillados por este joven héroe, llenos de rabia diabólica con un cuchillo y sus fusiles le golpean y acuchillan al pobre agonizante que muere completamente destrozado. Los energúmenos, sin embargo, no pueden contener su deseo de venganza y de sangre, y acercándose al mártir agonizante le golpearon y acuchillaron sin piedad…

He aquí la santa y dolorosísima muerte de Antonio Molle Lazo, Requeté del Tercio de Nuestra Señora de la Merced. El martirio de Antonio Molle había durado unas tres horas…

Cuando poco después se encontró su cadáver tenía en su rostro una sonrisa dulce y en su mano izquierda un objeto que apretaba fuertemente: era su pequeño Crucifijo. Dio su vida para que Cristo reinase en España. Era el 10 de Agosto de 1936 fiesta de San Lorenzo, joven mártir como él, que sufrió tormentos de fuego muriendo en un lecho de carbones encendidos y que bajó seguramente del cielo para dar un abrazo a Antonio y llevárselo al Paraíso a gozar eternamente junto a la Virgen y Cristo Rey.

RESUMEN

Si quisiéramos hacer un resumen de su vida diríamos: Tenía 21 años. Sus padres eran fervorosos católicos. Se había educado en las Escuelas de los HH. de la Doctrina Cristiana. Sus ideales: su Dios, su España Tradicional, su Familia. Se distinguió por:

Su amor a la pureza. "Jamás se le oyó palabra menos pura" - decían sus padres. "Nunca, nunca se le vio faltar Dios, hacer cosa menos pura profesar palabra, frase equívoco menos digno de un joven cristiano católico" se expresan sus amigos...

Su amor a los pobres. No podía tolerar que a los pobres les faltase el pan y la limosna. Un día, al ver que su madre, debido a la escasez de aquel tiempo, daba unas pocas moneditas a un pobre exclamó: "¡Mamá, Mamá !, ¿y qué va hacer este pobrecito con estos céntimos?".

Su amor a la Eucaristía. Frecuentemente recibía los Sacramentos y visitaba a Jesús Sacramentado. Jesús le miraba y como diría S. Juan de la Cruz"yéndolo mirando, con sólo su figura, vestido lo dejó de su hermosura".

Su sonrisa. Era alegre y bulliciosa porque nacía de un corazón puro y en paz con Dios. "Era de temperamento alegre jovial, siempre tenía la sonrisa flor de los labios nada parecía arrebatarle su serenidad de ánimo"- declaraba un amigo suyo.

Su amor a María Santísima. A Ella se consagró y como buen cofrade prometió llevar toda la vida el santo escapulario del Carmen, cosa que cumplió hasta su muerte.

Su amor a Cristo Rey. Fue la ilusión de toda su vida. Se alistó como requeté en el Tercio de Ntra. Sra. de la Merced de Jerez de la Frontera. Antonio con unos compañeros fueron a salvar a las monjas. Una bala hizo blanco en su brazo; dejó el fusil y con la otra mano continuó con la pistola haciendo fuego hasta que no pudo más.

Su ardorosa caridad. Por salvar a la Monjitas de las MM. Agustinas fue capturado y atormentado hasta morir.
Muchos se encomiendan a él alcanzando abundantes gracias y favores. Esperamos verlo algún día glorificado en nuestros altares.

¡ANTONIO MOLLE LAZO, mártir de Cristo!
¡¡Ruega por nosotros!!

sábado, 16 de agosto de 2008

10 de agosto, una fecha para el recuerdo

EL tiempo pasa veloz. De nuevo tenemos ante nosotros otro 10 de agosto. Una fecha de tristes recuerdos para nosotros los jerezanos, pero necesaria su imperecedera memoria. Fue la fecha del martirio de nuestro paisano Antonio Molle Lazo, que como he recordado en anteriores ocasiones fue asesinado por milicianos del Frente Popular el 10 agosto de 1936 en el pueblo de Peñaflor por no querer hacer apostasía de su religión católica y sus firmes convencimientos cristianos. 

El momento actual para el mundo no es bueno. La economía después de unos años de bonanza desconocida se ha sumergido en un periodo de depresión desconocido por su magnitud. Este grave asunto para el bienestar de los ciudadanos es motivo de preocupación para los políticos, incapaces de controlar la situación. Pero ha paralizado en cierta medida los vientos de la venganza y el revanchismo que presiden al Gobierno actual. La historia continua inmutable. Pasarán los tiempos, las modas, las tendencias políticas, mas los cimientos sobre los cuales se edificó nuestra historia, la del mundo, permanecerán inmutables. Arrancar de las calles les los rótulos, derribar estatuas, deformar los hechos, no producen el éxito perseguido por los que los realizan. La historia necesita el beneficioso paso del tiempo la para que se analicen con objetividad los acontecimientos y obtengan conclusiones razonables. 

El diez de agosto, amén de otros, se conmemoran dos hechos notorios, con una cierta interconexión. El primero era el levantamiento fracasado (10.08.1932) del general José Sanjurjo, conocido como la Sanjurjada, premonitorio de la Guerra Civil Española (1936/1939) que terminó con la deportación al Sahara (Ifni) de los sublevados y el exilio voluntario (1934) del General a Portugal. No regresaría hasta que se produjo el segundo levantamiento el 17 de julio de 1936 para tratar de tomar el mando en el Gobierno provisional de Burgos, pero murió en un accidente de aviación, lo que dio un giro importantísimo a la historia, pues propició que otro general, Francisco Franco Bahamonde, asumiese esta responsabilidad que duró cuarenta años. José Sanjurjo (Pamplona 1872 -Portugal 1936) era huérfano de un coronel carlista. Ascendió por méritos de guerra hasta el generalato. Conoció y combatió en Cuba bajo las órdenes de don Miguel Primo de Rivera. Secundó su pronunciamiento colaborando estrechamente con el mismo en el Desembarco de Alhucemas, que acabó con insurrección de Abd­el- Krim consolidando el Protectorado Español en Marruecos. Fue director general de la Guardia Civil con el Gobierno de la II República con Azaña y en tal cargo estaba cuando el Rey Alfonso XIII dimitió y marchó voluntariamente al exilio. 

El segundo hecho a recordar el 10 de agosto es el asesinato con torturas y martirio de nuestro paisano Antonio Molle Lazo, cuyos restos mortales descansan en un mausoleo en la Basílica del Carmen en olor de santidad. Ante su sepulcro rezan aún muchos jerezanos que lo consideran santo. Nació el 2 de abril de 1915 en Arcos en el seno de una humilde familia. Su padre era representante del comercio. Cuando tenía cinco meses sus padres se trasladan a Jerez. Se educó primero en un parvulario y luego en el Colegio de la Salle. Era activo, trabajador, estudioso, sociable y con grandes convencimientos católicos heredados de sus padres. Practicaba y defendía con ahínco su religión católica que entrañaba entonces un grave riesgo. Fue encarcelado junto con su hermano por defender el Convento de Santo Domingo de su profanación. Junto a sus hermanos (tres) Carlos y Manolete, se incorporaron voluntarios al Tercio de Requetés de Ntra. Sra. de La Merced para combatir por sus ideales en la guerra civil de 1936. 

Su martirio ocurrió en Peñaflor el 10 de agosto de 1936. Estando en dicha población junto con otros (escasos) requetés defendiendo el Convento de las Hermanas de la Cruz, se quedaron sin municiones. Antonio fue prendido por los milicianos cerca de la estación, golpeado y maltratado ferozmente. El jefe de la estación fue testigo de excepción. Le intimidaron para que hiciese apostasía de su fe y para que gritase "! Muera España y viva Rusia!", a lo que respondía "! Viva España! ¡Viva Cristo Rey". Le cortaron las orejas, le vaciaron un ojo con un machete y el otro de un puñetazo. Le cortaron la nariz sin conseguir sus propósitos. 

Recientemente he estado en Melilla. Tuve la oportunidad de visitar el acuartelamiento donde está el Regimiento de Caballería Acorazado Alcántara N° 10, unos de los regimientos de mayor glorioso pasado de España. Fue creado el 19 de febrero de 1656 en Flandes y ha recibido distintos nombres hasta el actual. 

Visité los panteones de los héroes en el cementerio de Melilla. Era una soleada mañana del mes de junio. Reinaba el silencio en medio de la solemnidad de tanto español muerto heróica mente y tristemente olvidado. Sólo unas flores secas sobre un altar eran el exiguo tributo que la Historia les ofrecía. Docenas de la lápidas los recordaban. Sentí un respeto enorme por todos ellos. Me arrodillé y recé a Dios por sus almas y les prometí que mientras pudiese, su sangre derramada por la patria española permanecería caliente y su recuerdo fresco. 

Por eso asevero que el 10 de agosto es una fecha para recordar y reflexionar. España ha sido una nación importante en el concierto mundial, protagonista de un pasado glorioso al que le debemos nuestro presente. 

La Historia hay que conocerla, amarla y valorar sus protagonistas que no son otros que los hijos del pueblo español.

sábado, 9 de agosto de 2008

LXXII ANIVERSARIO DEL MARTIRIO DE ANTONIO MOLLE LAZO

El 10 de agosto se cumplen 72 años del glorioso martirio del Requeté del Tercio de Ntra. Sra. de la Merced, Antonio Molle Lazo. Era un joven de 21 años, natural de Arcos de la Frontera, aunque residente en Jerez de la Frontera. Fue educado por su familia y por los Hermanos de las Escuelas Cristianas en un ambiente de profunda piedad. Esa fe religiosa la tradujo en el campo social y político en su militancia carlista. Durante la República participó en acciones de defensa de conventos e iglesias amenazados.

Cuando estalló la guerra civil en España, Antonio Molle Lazo, con el tercio de requetés de Nuestra Señora de la Merced actuó en Jerez y otros pueblos de Sevilla. Veintitantos soldados defendían el 10 de agosto de 1936 la villa de Peñaflor. Ante la avalancha de milicianos hubieron de replegarse para defender el convento de las Hermanas de la Cruz. Antonio Molle cayó prisionero. Los milicianos le cortaron lentamente las dos orejas y clavaron gruesos clavos en sus ojos. Le machacaron ferozmente la nariz y dejaron su cuerpo cubierto de heridas espantosas. En medio de los tormetos él seguía gritando: ¡Viva Cristo Rey y viva España! Su cadáver fue recuperado a las veinticuatro horas, cuando el pueblo se reconquistó. Depositado en la iglesia cuando ya había sangrado el cuerpo toda su sangre generosa, fue la primera sorpresa el quedar en el templo una mancha fresca de ella. Los restos mortales fueron llevados después a Jerez y más tarde inhumados en la iglesia del Carmen de dicha ciudad, en la capilla de Cristo Rey.

En junio de 2007, el obispo de Jerez nombró al sacerdote D.José Francisco Guijarro, de la diócesis de Madrid, como Postulador de la Causa, como primer paso para conseguir su beatificación por martirio.

Se ruega comunicar gracias y favores obtenidos por mediación de Antonio Molle Lazo al correo electrónico de la postulación de su causa: postulacion.antonio.molle.lazo@gmail.com.


ORACIÓN

"¡Oh Jesús amabilísimo! que habéis dicho:
Áquel que me confesare en la tierra yo lo confesaré delante de mi Padre Celestial; glorificad, pues el alma bendita de Antonio, que no se avergonzó de confesar vuestro Santo Nombre en medio de los más atroces tormentos, y concedenos a nosotros, por sus méritos e intercesión, la gracia que ahora necesitamos. Os lo pedimos para la mayor honra y gloria de la Santísima Trinidad y extensión de vuestro reino aquí en la tierra. AMÉN."


Más información sobre Antonio Molle en http://www.requetes.com/merced.html