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domingo, 21 de agosto de 2011

Colección De Regno: Así pensamos (Un ideario para la Comunión Tradicionalista)

 El número 7 es la reedición de un título bien conocido de los carlistas veteranos: Así pensamos (Un ideario para la Comunión Tradicionalista), que en esta ocasión aparece con el nombre de su autor, Frederick D. Wilhelmsen (1923-1996), con prólogo de José Arturo Márquez de Prado, y una presentación para esta edición de Miguel Ayuso, de la que extractamos: «El libro que reimprimimos fue escrito por el profesor Frederick D. Wilhelmsen, a la sazón en la Universidad de Dallas, a pedido de don José Arturo Márquez de Prado, por entonces Jefe Nacional de Requetés, quien lo editó bajo la autoría de "Un Requeté" en 1977. Estaba dedicado a don Juan Sáenz-Díez, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista a las órdenes de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón».

«La Comunión Tradicionalista, con ciento cincuenta años a sus espaldas, salía de la no por singular menos severa oposición al régimen de Franco, apenas fallecido dos años antes, y se lanzaba a una nueva y no menos difícil vida política. Los destrozos causados por la resaca del II Concilio Vaticano, junto con el desconcierto dinástico (atajado decididamente por Don Sixto bajo el rubro, clarísimo en su ejemplaridad para quien tuviere oídos para entender y ojos para ver, de Abanderado), habían dejado debilitada a la organización tanto como a la comunión a la que sirve. José Arturo Márquez de Prado [...] quería disponer de una breve presentación del ideario de la Comunión Tradicionalista que poder distribuir masivamente. [...] acudió a su íntimo amigo, el profesor estadounidense profundamente hispanizado, para consumarlo». [...] «Tiene el texto el mérito de combinar hondura y simplicidad, reflexión y entusiasmo. Aunque en algunos pasajes se note demasiado la gravitación de la coyuntura, el paso del tiempo no le ha ocasionado excesivos estragos. En algunos juicios se advierte la opinión personal, aunque en general se presenta la doctrina más pura destilada».

Wilhelmsen, Frederick D. Así pensamos. (Un ideario para la Comunión Tradicionalista) . Colección De Regno, 7. Ediciones Scire, S.L., Barcelona 2011. Rústica, 20 x 13 cm. 96 páginas. ISBN 978-84-935085-5-5. Depósito Legal SE-4914-2011

Colección De Regno 

martes, 15 de febrero de 2011

Demócrata-cristianos (III): debilidad e ignorancia política

 El "centro político", gran sueño del demo-cristianismo, es una ilusión que puede mantener la sombra de una realidad sólo con tal de que la derecha y la izquierda se neutralizen el uno por el otro. Cuando el radicalismo de la derecha, el nazismo, se apoderó de Alemania en 1932, el partido demo-cristiano, el famoso Zentrum votó en el parlamento alemán, Das Reichstag, en favor de su propia desaparición. Cuando el radicalismo de la izquierda estaba aterrorizando España, las masas de Gil Robles ("¡Estos son mis poderes!") abandonaron la CEDA para incorporarse al Requeté, a la Falange, o al Ejército. Como tales demo-cristianos no lucharon. Los seguidores de Luigi Sturzo, fundador del partido demo-cristiano en Italia, eran incapaces de enfrentarse ni con el marxismo, ni con el fascismo. Como veremos más tarde, hoy en día en Italia, la crisis perpetua del partido demo-cristiano se debe a que una minoría tiende a desaparecer en la derecha liberal, mientras que una mayoría se inclina hacia el socialismo.

Presumiendo de ser un "centro", el demo-cristianismo tiene que darse cuenta de que cualquier "centro" tiene sentido solamente a la luz de sus extremos.Un "centro" político, como tal, carece de personalidad propia. Es un punto medio hecho posible por una oposición dentro de un cuadro aceptado por los dos polos de la oposición; concretamente, el cuadro de la lucha de los partidos. Si aquella lucha desapareciese, también desaparecería el "centro". Por todo esto, se puede ver fácilmente que el demo-cristianismo sólo tiene futuro hasta que la oposición entre derecha e izquierda haya desaparecido. La conclusión es inevitable para cualquier hombre que desee un orden social cristiano. El demo-cristianismo puede seguir existiendo sólo con tal de que un orden cristiano no tenga existencia real, sólo con tal que el caos de las derechas y de las izquierdas siga en pie. Lógicamente, el demo-cristianismo tendrá que desaparecer o en el liberalismo derechista, rechazando así su doctrina social católica, o en el socialismo, negando su catolicismo. Si quieren mantener su énfasis sobre la justicia social, así como su fidelidad a la fe, los demo-cristianos tienen que buscar no solamente una nueva doctrina política, sino un ambiente político igualmente nuevo, un ambiente que deje atrás el círculo vicioso de la lucha de los partidos producido por el liberalismo y su propia respuesta: el marxismo. No queda otra solución. Aunque aquí no queremos detenernos en un ánalisis de este ambiente nuevo, el lector puede ver claramente que tal ambiente se identificaría con la sociedad predicada por todos los Papas, desde León XIII hasta Juan XXIII, a través de sus encíclicas sociales, la sociedad defendida y afirmada por lo que aquí en España se llama, simplemente, la Tradición o el Carlismo y lo que se llama en todo el occidente la cristiandad clásica de nuestra herencia católica.

Federeico D. WilhelmsenEl problema de occidente y los cristianos 

Demócrata-cristianos (II): ignorancia religiosa

 El demo-cristianismo (...) También rechaza la realidad del orden sobrenatural o sacramental en el orden político. Manifiesta una doble personalidad, que admitiría lo sobrenatural en lo religioso y que negaría la presencia de esto en la vida política de la comunidad. Por lo tanto, se contentan con predicar una "cristianización" de la sociedad política que no convertiría a ésta en un orden políticamente católico (...) El demo-cristianismo, entonces, niega una sacramentalización de la sociedad, su conversión en un orden públicamente cristiano y católico. Por lo tanto, rechaza el poder del hombre redimido de sacramentalizar el mundo y elevar a un nivel sobrenatural todas las cosas que Dios ha creado.

Si un padre de familia puede bendecir el pan que comen sus hijos y así levantarlo a un orden nuevo; si un obrero puede ofrecer a Dios su trabajo diario y así hace que aquel trabajo participe en el misterio de la redención, también puede hacerlo el hombre en cuanto a sus instituciones políticas. Aunque los demo-cristianos no lo admitirían, su doctrina corresponde a la luterana, en cuanto a la gracia. Como ya hemos visto, Lutero negó que la gracia pudiera transformar la naturaleza humana. Según él, la gracia funciona como una capa que cubre los pecados del hombre. Ahora bien: los demo-cristianos predican una política capaz de ser cubierta por la fe de los hombres y capaz de ser dirigida por cristianos, pero no capaz de ser transfigurada y, por lo tanto, sacramentalizada. Las instituciones pueden cristianizarse, pero nunca pueden ser cristianas. Sugerimos que esta doctrina sea una contradicción y aun una contradicción ridícula y casí cómoda. ¡Es una contradicción porque una institución cristianizada ya ha llegado a ser cristiana! ¡Es una contradicción ridícula porque supone que un hombre pueda fingir que una institución cristiana no lo sea! ¡Es una comedia porque exige que el hombre no vea lo que ya ha visto, sin negar que lo que ha visto lo ha visto de verdad!

Aquí yace una clave enorme para entender la diferencia entre el demo-cristianismo y la tradición occidental cristiana. Para aquél, la Encarnación se aplica solamente a los hombres y nunca a sus instituciones, como si la estructura humana pudiera arrancarse de las relaciones sociales que le pertenecen íntegramente. Aquí tropezamos con una teología muy defectuosa de la Encarnación: una falta de verla en toda la grandeza de su marcha a través de la historia. La Encarnación- según San Pablo y toda la tradición católica- se aplica a toda la creación y esto incluye a la comunidad política también. Todas las cosas encuentran y participan en la Redención de Nuestro Señor. De una manera análoga, esta doctrina religiosa emparenta con la estructura psicológica del hombre que busca, como ya hemos dicho, una unión, una síntesis de toda la realidad, de todo lo que entra dentro del ritmo de la existencia humana. En conclusión, el demo-cristianismo, simplemente, no encaja dentro de lo que conocemos del hombre cristiano. Nunca diríamos que los demo-cristianos son herejes; tal juicio pertenece solamente a la Iglesia, y la caridad cristiana prohibe que una voz no autorizada acuse a otro católico de ser un hereje. Pero lo que sí decimos es que los demo-cristianos tienen una visión muy restringida y tímida de la economía de la Redención. Son hombres que, simplemente, no han experimentado interiormente la belleza y la gloria de nuestra herencia católica en cuanto al orden político-social. Son pusilánimes.

Federico D. WilhelmsenEl problema de occidente y los cristianos 

Lo que no saben los demócrata-cristianos (I): ignorancia histórica

 (...) Quieren curar las heridas que debilitan nuestra civilización, pero no pueden hacer viable su deseo porque el demo-cristianismo no es ni más ni menos que un acto de ignorancia histórica. La verdad es, simplemente, que los demo-cristianos no saben lo que ha ocurrido en Europa y, sobre todo, aquí en España durante el útlimo siglo y medio. No saben que el liberalismo nació como un levantamiento de los ricos contra los pobres . No saben que el liberalismo echó raíces en España a costa de un mar de sangre y gracias a las ballonetas y el dinero de potencias extranjeras. No saben que el masón de Mendizábal, con su famosa ley de desamortización, literalmente robó a la Iglesia sus bienes , y así defraudó al pueblo español de lo que desde entonces se conocía como "el patrimonio de los pobres". No saben que se hizo este robo sin consultar al pueblo, que había donado tesoros y tierras de un valor inmenso durante siglos de piedad católica, a la Iglesia; un caudal administrado por la misma Iglesia en beneficio de toda la patria. La venta forzada de las tierras de la Iglesia creó una nueva clase, cuya existencia dependía de la perpetuación de este latrocinio enorme. Una sociedad de nuevos ricos se levantó por encima del cuerpo de España para apoderarse de su destino tan trágico como angustiado. Tampoco saben los demo-cristianos de hoy que esta misma clase despojó a las provincias de sus antiguas constituciones y suprimió las cortes, reduciendo así todo lo que no era Madrid a la esclavitud. Las provincias se marchitaron y se redujeron a unas entidades administrativas, mudas y sin personalidad propia. Ignoran nuestros hermanos, los demo-cristianos, que el liberalismo ni siquiera respetó la universidad, cuya antigua libertad se convirtió en una burocracia más y cuyos catedráticos se redujeron a funcionarios del Estado. No saben que esta misma clase de ricos liberales suprimieron los gremios y así despojaron a los obreros no solamente de todo instrumento de defensa de sus intereses y derechos, sino también de su dignidad personal. Tampoco saben los demo-cristianos que el sistema de partidos fue una máscara detrás de la cual trabajaba un puñado de hombres en la sombra para hacerse dueños de España. No saben que la dinastía de Isabel II, cuyo heredero hoy en día es Don Juan de Borbón, era nada más que un títere, una fila de cifras coronadas, adoradas e incensadas. También ignoran que los levantamientos carlistas tuvieron , como su bandera, las libertades y la religión del pueblo español.

El demo-cristianismo predica la justicia social, y todo el mundo debe aplaudir y ayudar en esta tarea tan noble; pero esta justicia social no puede realizarse a través del mismo mundo y el mismo sistema político y social que la aplastó el siglo pasado y que hizo posible las reacciones socialistas y marxistas (...) Así, el demo-cristianismo contiene dentro de su seno las semillas de su propia destrucción. Por haber aceptado el Estado centralizado establecido por el liberalismo y por haber entrado con gusto en el juego político de los partidos que hacen las veces de una sociedad estructuralmente cristiana...

Federico D. WilhelmsenEl problema de occidente y los cristianos .