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viernes, 17 de febrero de 2012

Los distributistas y la realidad del capitalismo

 
"El Capitalismo constituye una calamidad no porque defienda el derecho legal a la propiedad sino porque representa, por su propia naturaleza, el empleo de ese derecho legal para beneficio de unos pocos privilegiados contra un número mucho mayor de hombres que, aunque libres y ciudadanos en igualdad de condiciones, carecen de toda base económica propia.

Por lo tanto, la calamidad básica que de una manera drástica llamamos capitalismo, debiera, con más precisión llamarse «Proletarianismo», dado que las características del mal estado de la sociedad que hoy llamamos «Capitalismo» no consisten en el hecho de que unos pocos tengan propiedades sino en el hecho de que la mayoría, aún cuando desde el punto de vista político sean iguales a sus amos y libres para ejercer todas las funciones inherentes a un ciudadano, no pueden disfrutar la libertad económica completa. [...] La presencia de un proletariado tan amplio es la que imparte el tono a todo el conjunto de la sociedad y lo que hace que ella sea una Sociedad Capitalista”.

Hilaire Belloc La crisis de nuestra civilización 

"Digo pues, que hicieron su aparición contra la Iglesia los integrantes de un grupo de ricos inmorales que esperaban sacar ventaja de una ruptura general en la organización popular de la sociedad…Una clase poco numerosa, extremadamente rica, contaminada del ateísmo que se oculta siempre en la segura riqueza disfrutada durante largo tiempo, comenzaba a apropiarse en demasía de la tierra inglesa…es verdad que el monopolio absoluto del suelo y la opresión del pueblo por parte de los terratenientes es un procedimiento puramente protestante. Nada análogo sucedió ni podía haberse concebido en la Inglaterra de la pre-reforma…(esta oligarquía) comenzaba a inmiscuirse en la administración judicial, a reemplazar al pueblo en la legislación local y a suplantar apreciablemente al rey en la legislación central….rebelarse contra la Fe, que siempre ha mirado con reservas y ha restringido y reformado la tiranía de la riqueza”.

Hilaire Belloc. Europa y la Fe 

“La única diferencia entre una turba de ingleses libres –capitalistas- que dependen de no faltar a sus puestos de trabajo para subsistir y un rebaño de rusos serviles –comunistas-, es que los primeros están explotados en beneficio privado y los segundos por el Estado de manera comunal. El objeto de las clases dirigentes rusas es el establecer una burocracia cómoda para sí mismos y sus intereses fundamentada sobre la labor y el esfuerzo del proletariado. El objeto de la clase dirigente inglesa es incrementar sus fortunas privadas sobre las espaldas de la clase obrera explotada. Nosotros necesitamos algo distinto a cualquiera de los dos"


"Decir que debemos tener socialismo o capitalismo es como decir que debemos optar porque todos los hombres entren en los conventos y unos pocos tengan harenes… porque el gran ‘trust’ no tiene más derecho de absorber en un monopolio todas las fortunas privadas y afirmar que así defiende la institución de la propiedad, que el que tiene el Gran Turco de raptar a todas las mujeres y encerrarlas en un serrallo, afirmando que así defiende la santidad del matrimonio”.

G.K Chesterton

jueves, 15 de julio de 2010

Chesterton tenía toda la razón incluso cuando se equivocaba

Quedaban pocas obras del genial inglés por reeditar, y “Los límites de la cordura” era una de ellas. Se la pidieron para que iluminase los problemas económicos de su tiempo, y lo consiguió.

La palabra distributismo suena a distribución, y por tanto a socialismo. Pero si hay algo alejado del socialismo es el sistema que propugnaron, como sus dos grandes nombres, Hilaire Belloc (1870-1953) y Gilbert Keith Chesterton (1874-1936). De hecho, el gran objetivo de esa teoría era la extensión de la propiedad a todas las personas, pero no mediante la apropiación colectiva, sino mediante la apropiación individual. Seguían así la estela de León XIII (1878-1903) en la encíclica Rerum novarum de 1891, pistoletazo de salida de la doctrina social de la Iglesia.

Chesterton publicó una serie de ensayos sobre distributismo en su semanario G.K.´s Weekly, de tanto impacto que le pidieron los reuniese en un volumen. Lo tituló Los límites de la cordura (El Buey Mudo) y su primera edición data de 1927. Era muy difícil hasta ahora encontrarlo en español, siendo así que se trata de un pilar importante de la biografía del autor.

Es más conocida su obra apologética, sobre todo por tres razones: porque en ella brilla hasta deslumbrarnos su insuperable capacidad dialéctica; porque traduce, tanto como su narrativa, la atractiva personalidad de un hombre enamorado de la vida y de sus misterios con esa mirada infantil tantas veces glosada; y porque… ¡la necesitamos más! en un mundo que se aleja de la Fe que daba sentido a su vida y a las mil y una peleas intelectuales en que le gustaba revolcarse, un mundo en el que ahora sus argumentos resultan sorprendentemente vivos y adecuados.

Es cierto que un exceso de chestertonismo tiene sus riesgos, que ha señalado Miguel Ayuso (chestertoniano también, ¿quién no?). Chesterton libró un combate prioritariamente cultural en un lugar y en un tiempo dados, en los que lo católico se bandeaba en la marginalidad. De ella lo sacaron, precisamente, obras como Los límites de la cordura y el talento de un puñado de hombres excepcionales. Pero el atractivo irresistible con el que supieron revestir su lucha puede menguar otra lucha, también necesaria, que es específicamente política allí donde, como en España, el catolicismo no vive en la marginalidad sino -incluso hoy, o al menos hasta hace muy poco- en la preponderancia.

La propiedad de verdad y la ficticia

Esta digresión sirve para poner en valor el distributismo, que entra de lleno en la organización social, como aportación chestertoniana a la política. Gran aportación, aunque partiese de un recelo excesivo hacia el supuesto papel empobrecedor del gran capital, de la gran empresa y del gran comercio, que, al contrario, globalmente considerados han enriquecido al conjunto de la población; y aunque algunas de sus apuestas se demostrasen imposibles, como el regreso a la artesanía y al cultivo de la tierra como formas de vida.

Porque, incluso cuando se equivocaba en las aplicaciones prácticas, Chesterton tenía razón en señalar el empobrecimiento conceptual de la idea de propiedad causado por la filosofía economicista que denunciaba. “Allí donde el sentimiento de propiedad no existe en absoluto, como entre los millonarios…”: así arranca una de las frases lapidarias, tan suyas, que pueblan Los límites de la cordura. Pues la esencia crítica del distributismo no va contra los trusts en cuanto expresiones de la propiedad privada, sino en cuanto aliados del Estado para anularla; no en cuanto expresión del libre intercambio de bienes y servicios, sino en cuanto su ruina por el monopolio consentido y ventajista.

En efecto, el programa distributista, discutible en lo económico (aunque uno sólo se atreve a decir estas cosas porque Chesterton no está vivo para destrozarle a uno con un libro ad hoc), podría suscribirse hoy ante la apoteosis del Gran Hermano, por su defensa del “hombre corriente”, ése en el cual “la antigua religión mostraba su confianza” dejando en sus manos elegir qué comer, cómo gobernar su salud, o cómo educar a sus hijos.

Los “nuevos revolucionarios” que censura Chesterton “no confían en que el hombre corriente pueda gobernar su casa”. En su boca pone esta apreciación: “Miren a todos esos hombres estúpidos que habitan en casas vulgares y barrios ordinarios. Piensen en lo mal que educan a sus hijos, piensen en lo mal que tratan al perro y en cómo hieren los sentimientos del loro”.

Y vemos entonces que Chesterton no hablaba para la Inglaterra de su tiempo, nos hablaba a nosotros hoy, a nosotros que no podemos fumar sino a escondidas, a nosotros que no podemos pisar una cucaracha sin pensar si será una especie protegida, a nosotros que no podemos escapar de la Educación para la Ciudadanía… a nosotros que hemos traspasado, o nos han hecho traspasar, los límites de la cordura.


Carmelo López-Arias Montenegro|www.elsemanaldigital.com

viernes, 7 de noviembre de 2008

De Distributismo


Hilaire Belloc




Respuestas breves a algunas preguntas sobre el Distributismo


1. ¿Qué es el Distributismo (o Distributivismo)?
El Distributismo (o Distributivismo) es un sistema económico en el cual la propiedad privada (en especial de los “medios de producción”) está bien distribuida, de modo que la mayor cantidad posible de gente sea realmente propietaria. Sus cofundadores fueron los escritores ingleses Hilaire Belloc y Gilbert Keith Chesterton.


2. ¿Qué son los “medios de producción”?
De acuerdo con Belloc, la riqueza (en la forma de bienes o servicios valiosos) es posible sólo por la combinación de estos tres recursos: una materia prima, el trabajo y los “medios de producción”. Los “medios de producción” son el capital, la tierra y/o el equipamiento necesario para trabajar procesando una materia prima en bienes de mayor valor. (Por ejemplo, el trigo es la materia prima, un molino harinero es el medio de producción.) Uno es dueño de su destino, pero sólo si uno posee sus propios medios de producción. En el capitalismo, cualquier hombre puede—teóricamente—poseer cualquier recurso o herramienta. Sin embargo, sólo los hombres con un talento excepcional y/o una mejor oportunidad tienen la oportunidad de esto. La mayoría de los hombres buscarán empleo entre cada vez menos propietarios, vendiendo así la única mercancía que sí poseen: su trabajo. Un estado socialista es idéntico a un estado capitalista, excepto por esto: el gobierno es el único dueño del capital.


3. ¿Es el Distributismo una filosofía política “progresista” o “conservadora”?
El problema acerca de los términos “progresista” o “conservador” es que con frecuencia hacen referencia a la persona que usa el término. El uso común en la prensa americana es etiquetar a las personas como “líberal” (progresista), “moderado” o “conservador”. Los líberals son generalmente demócratas, los conservadores son generalmente republicanos. Los moderados son gente que no ha asumido un compromiso político. Los distributistas, por su naturaleza, rechazan estas etiquetas. ¿Por qué? Porque rechazamos el marco materialista de esos movimientos políticos modernos representados por estas etiquetas.


4. ¿Eso quiere decir que sois comunistas?
No. Un desarrollo apropiado del término Distributismo sería hablar de “descentralización distributiva permanente” (o “subsidiariedad distributiva permanente”). Dejando de lado este término, los distributistas creen en la filosofía descentralista básica de que la mayor cantidad posible de funciones organizacionales (tanto en los negocios como en el gobierno o en el trabajo) ocurran a nivel local, con una organización lo más pequeña posible. Es distributiva en cuanto la propiedad está en posesión del trabajador o los trabajadores que fabrican o venden un producto. Es permanente en cuanto las instituciones como las guildas o los gobiernos están allí para asegurar que no ocurran desbalances donde la gente comience a centralizar dañando a la sociedad en su conjunto. En vez del estado, serán los mismos trabajadores los que poseerán sus negocios o granjas en propiedad familiar o laboral.


5. ¿Entonces sois capitalistas?
Si quieres decir que apoyamos la idea de que todos posean el capital para su propio emprendimiento, la respuesta es sí. Pero si quieres decir que apoyamos la propiedad irrestricta del capital, la respuesta es no. El capitalismo—como es entendido en la actualidad—significa un sistema en el cual la gente trata de maximizar el retorno de sus inversiones, y donde se trata todo capital como inversiones. Rechazamos este concepto de que el capital es el mismo. Creemos que el capital que uno posee en su propio negocio debe ser tratado de manera muy diferente que el capital que uno tiene en el negocio de otro o que presta a otro.


6. ¿Qué es eso de las “guildas” que vosotros habláis? Suena a algo de la Edad Media.
La última vez que la sociedad occidental tuvo algo como guildas o gremios fue antes de la Reforma protestante. Las guildas o gremios eran una combinación de instituciones actuales como los sindicatos, las asociaciones profesionales, la cámara de comercio y la escuela vocacional. En la América actual, existen sindicatos (NEA) y asociaciones profesionales (AMA) muy fuertes, pero son un mero fantasma de lo que fueron las viejas guildas. En primer lugar, las guildas eran principalmente locales, más que organizaciones nacionales con capítulos locales. La guilda se aseguraba de que hubiese los suficientes miembros de su oficio en el área. Si no existía suficiente cantidad de miembros para satisfacer a la demanda, se expandía la membresía a los aprendices de la guilda para que pudiesen ser miembros plenos. El aprendiz pagaba luego la inversión hecha en su entrenamiento mediante el pago de una suma (que podría ya estar paga) o garantizando un ingreso durante un período predeterminado de tiempo.


7. ¿Por qué deberíamos tener guildas?
Muchos de nuestros problemas en el mundo moderno provienen de la forma en que creamos profesionales y comerciantes. Al ver los gastos médicos y legales en la América actual, uno se sorprende por la enorme porción de estos costos que provienen de la facturación de las grandes universidades, en combinación con la falta de control sobre la cantidad de profesionales admitidos y el lugar donde pueden ejercer. Por ejemplo, en el derecho, existe un exceso en la oferta de abogados, pero aún así deben devolver préstamos y cuotas universitarias absurdas. De ese modo, los abogados están tentados a ir “cazando ambulancias”, o enredarse en demandas frívolas, esperando que las compañías aseguradoras arreglen fuera de la corte. Si la Asociación de Abogados de Litigio Americanos (ABA) fuese una guilda, en realidad dirigiría las facultades de derecho y crearía programas de aprendizaje, de modo que la oferta de abogados no excediera la demanda. Dado que serían responsables de recolectar las cuotas, éstas serían razonables.


8. ¿Pero no pasamos de tener un superávit en algunos campos a tener un déficit?
En primer lugar, dado que muchos profesionales no tendrían la posibilidad de ejercer en mercados con sobreoferta excesiva, los veríamos moverse a áreas donde sus servicios sí sean requeridos. Pero cualquier sistema de guildas no hubiese evitado que sus miembros restringieran la oferta para aumentar los precios. Eso puede lograr mediante la regulación del consejo municipal, o tal vez por medio de un cargo electivo como el de Comisario de Guildas.


9. ¿Entonces los sindicatos dejarían de existir en una sociedad distributista?
Cuando las grandes corporaciones sean desmanteladas, la mayoría de los sindicatos se habrán transformado en guildas, lo mismo que las asociaciones profesionales.


The ChesterBelloc Mandate, Tomado del Distributist YahooGroup: http://distributist.blogspot.com/2008/10/brief-faq.html


* Sobre Hilaire Belloc :

  • Revista Arbil Hilaire Belloc, el pionero del catolicismo intelectual

* Sobre Gilbert Keith Chesterton:

Gilbert K. Chesterton


Frases de Gilbert Keith Chesterton