Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Bejarano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Bejarano. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de junio de 2009

Sentido del ridículo

Desde que los librepensadores del siglo XIX empezaron a rechazar los sacramentos y los auxilios espirituales, se crearon los registros civiles. No todos los librepensadores eran ateos, pero muchos de ellos no querían tratos con la Iglesia, porque, decían, en una expresión algo contradictoria, creer en Dios pero no en los curas. Los más puros decían no creer en nada y se enfrentaban a preguntas encantadoras de sus hijos: "Papá, ¿Dios sabe que no creemos en Él?" Ante situaciones reales las autoridades civiles buscan salida y, como digo, se crearon registros civiles municipales en el decenio de 1830, que pasaron, si no recuerdo mal, en 1870 a los juzgados. Se registraban nacimientos, matrimonios y defunciones que, con anterioridad, sólo constaban en los registros parroquiales creados en el siglo XV. Era suficiente. Quienes no quisieran bautizar a sus hijos, no casarse por la Iglesia o morir ateos contaban con su reflejo documental.

Para los demás sacramentos no hacía falta registro. Los prohombres, aunque fueran librepensadores, del siglo XIX tenían un acusado sentido del ridículo y no se les pasó por la cabeza, ni se lo demandó nadie, ampliar los libros de registro a los siete sacramentos, no por respeto a la Iglesia sino porque no hacían falta. El poder civil puede quitarle el sentido de lo sagrado a ciertas ceremonias tradicionales de la vida, pero no puede crear sacramentos laicos y civiles simplemente porque es una ridiculez, una contradicción y un imposible. Durante la Segunda República se perdió un poco el sentido de la dignidad civil y se hicieron ceremonias para tirar las tapias separadoras de los cementerios católicos y civiles, que, en muchos casos, no existían, sino una calle, un camino dentro del cementerio. Se construyeron tapias a la carrera para que al día siguiente fuera la autoridad civil a derribarlas todavía con la mezcla fresca.

Con los cementerios había una doctrina: todos los muertos son iguales; pero, ¿se sabe para qué sirve un bautismo o una primera comunión civiles si no es para no renunciar a la fiesta? Unos amigos míos de los tiempos perdidos de la progresía no querían bautizar a sus hijos ni que hicieran la primera comunión hasta que ellos de mayores decidieran qué hacer. Con el bautismo no tuvieron problema porque un recién nacido no lo pide, pero con la primera comunión sí. Como estaba claro que la niña en cuestión no quería ser distinta de sus compañeras, vestirse con traje de ceremonia y dar una fiesta, le compraron un traje bonito, invitaron a sus amigos a la fiesta de la 'no primera comunión' y le hicieron regalos. Quedó muy contenta. Todas las extravagancias que los políticos hagan para agraviar a los creyentes les quitará crédito y los pondrá en ridículo, porque el sentido de lo sagrado es tan natural en el hombre que ningún régimen ha podido desterrarlo.

Francisco Bejarano|Diario de Jerez

lunes, 4 de mayo de 2009

"Oigo, patria, tu aflicción"

Así comienza ¡Dos de Mayo! Elegía heroica, de Bernardo López García, que de niño me sabía de memoria y, si lo intento, todavía podría recitar estrofas enteras. Este poeta nacido en Jaén y muerto con poco más de 30 años en 1870 alcanzó fama y popularidad grandes con estos versos, que estaban entre los escogidos para los libros de lectura en los colegios de mi infancia, cuando se nos enseñaba a memorizar para que no se no se nos olvidaran las cosas y para ejercitar la retentiva de los que leíamos y estudiábamos. Era un esfuerzo algo latoso, pero hoy no puedo menos de agradecerlo. López García se fue a vivir a Madrid y se apuntó a la fallida Revolución de 1868, llamada La Gloriosa, que pasó sin pena ni gloria hasta quedar en nada, y volvió a Andalucía para propagar las ideas democráticas en su tierra. Hoy es un olvidado, quizá justamente, aunque su elegía al Dos de Mayo se suele incluir en las antologías de la poesía romántica y posromántica.

Me gusta traer aquí las fechas destacadas de la Historia de España de las que se hace olvido intencionado. Se ha hecho un silencio sonoro desde que hace un año se conmemoró el II Centenario del levantamiento contra los franceses. La guerra duró hasta 1814, así que hasta el 2014 hay muchos episodios y personajes que recordar. No estaría de más volver a la historia que de esta guerra escribió el conde de Toreno, que aún goza de buena fama y nunca dejó de publicarse. No se hará porque los historiadores fiables creen que la Guerra de la Independencia consolidó el ideal de nación española que se venía formando desde la Edad Media con la unión de reinos, y esto a las 17 regiones autónomas con ínfulas de naciones les cae mal. Todas ellas participaron en la guerra, unas más y otras menos, pero en particular las que tenían fronteras con Francia, donde hoy malviven algunos de los nacionalismos más beligerantes y embusteros.

Para los exaltados vascos y catalanes, dos notables minorías, la guerra la hicieron "ellos, los españoles, y fue una contienda de ellos". Sabemos que no es así y que el carlismo tuvo mucho que hacer en la guerra y en la gestación de los nacionalismos legendarios del siglo XIX. Cuesta trabajo creer que haya habido una confabulación de historiadores para contarnos, todos a una, las cosas al revés. La Historia se puede manipular hasta cierto punto sin parecer increíble, pero las escuelas de historiadores modernos no van por ese camino, ni siquiera el análisis marxista, muy hábil para contar el pasado y torpe como acémila cuando se trata del futuro. Al recordar la elegía de López García y repasar algunas páginas de Toreno, me han venido a la memoria unas palabras de Cánovas del Castillo: "Españoles somos todos; hay una sola cuestión que puede unirnos: la cuestión de España, si por desgracia estuviera amenazada nuestra integridad nacional, o nuestra independencia."

Francisco Bejarano|Diario de Jerez

lunes, 30 de marzo de 2009

Ordenación de mujeres

Las feministas exaltadas e insaciables acabarán tocadas de los nervios por sus contradicciones. Más que la defensa de unos derechos discutibles del sexo hembra de la raza humana, parecen intentar que las mujeres sean un género aparte sin su correspondiente masculino, como si fueran amebas, o ese género humano imaginario y primitivo del que habla Platón, cuyos individuos, del mismo o de distinto sexo, estaban unidos por la espalda hasta que los dioses decidieron separarlos para siempre y que cada cual buscara inútilmente su otra mitad. La naturaleza ha puesto las cosas de maneta tan necesaria como injusta y no vamos a darle lecciones. A las feministas se las supone de izquierda, otra contradicción porque en el cuerpo humano el sexo está lejos del cerebro y tienen funciones diferentes, aunque se influyan. Ya son iguales ante la Ley las mujeres y los hombres, la máxima igualdad posible. Otras son del imaginario.

Al ser de izquierdas se las supone también pacifistas, aunque tampoco tenga nada que ver, pero no han parado hasta que les han dado un arma y las han mandado a las guerras de paz que el gobierno de España tiene empeñadas en el mundo y, para llamar la atención de la progresía, se ha nombrado a una mujer ministra de Defensa. Al ser feministas, pacifistas y de izquierda, valgan las redundancias, se las supone asimismo laicistas, pero hoy, solemnidad de la Anunciación del Señor, es el Día de la Plegaria por la Ordenación de la Mujer, un campo en el que todavía no ha tenido entrada. Cada vez que una mujer es ordenada sacerdotisa u obispesa en el anglicanismo, aumenta el número de anglicanos que se convierten al catolicismo. A los católicos nos queda la Iglesia Ortodoxa cuando suceda lo propio en la Católica, si alguna vez sucede. Dios no lo permita. No tendremos demasiados escollos doctrinales.

Esto vendrá de Estados Unidos, como todas las falacias del progresismo hipócrita, desde que se creó aquel movimiento para traducir la Biblia al lenguaje políticamente correcto, otro invento americano, y a Dios se le dio también nombre femenino, a pesar de que los espíritus puros no tienen sexo. Si a Dios, a los ángeles y a otros espíritus celestes se le dan nombres masculinos hay que entenderlos como un convencionalismo neutro, lo mismo que hay coros de la jerarquía arcangélica (las virtudes, las potestades y las dominaciones) con nombres femeninos igualmente asexuados y neutros. No es bueno romper las tradiciones que han resultado beneficiosas durante siglos. Las sociedades no se dan a sí mismas ordenamientos caprichosos, sino los que en cada momento histórico necesita para su buen funcionamiento. Ya hubo sacerdotisas en la Antigüedad, pero bajo la autoridad de un sacerdote. Si se ha mantenido así hasta ahora, habrá que estudiar bien por qué antes de tomar decisiones inconvenientes.

Francisco Bejarano|Diario de Jerez

viernes, 27 de marzo de 2009

La libertad del aborto

Desde que no se enseña en los colegios el buen uso de las palabras y a entender los conceptos, la Libertad sirve lo mismo para irse de excursión que para abortar a los 16 años, tras cinco meses de embarazo y sin permiso de los padres. Una joven en edad de ser madre es tratada como una niña en todo, excepto en su libertad de abortar: no vota, no puede ser candidata a alcaldesa, ni comprar tabaco ni bebidas alcohólicas, no puede casarse ni desaparecer de su casa sin permiso de los padres, no tiene entidad jurídica plena hasta la mayoría de edad y es, por tanto, irresponsable, y no puede delinquir aunque sea una delincuente. Para llevar adelante este cúmulo resumido de contradicciones se ha creado un ministerio que nadie echaba de menos, de un ramo de imposible fin: Igualdad, y su titular es una mujer joven de la que depende, en su elaboración, la nueva ley del aborto como una conquista del progreso.

La izquierda agoniza maltratando a la Libertad, lo sabíamos, pero no contábamos con que su agonía fuera tan larga. La izquierda no nos presenta ya modelos de sociedad, ni discute sobre las relaciones de poder entre los grupos de distintas tendencias y agentes sociales: capital, trabajadores, sindicatos, patronal, Iglesia, nacionalismo, terrorismo, guerra y paz, conciencia y libertad individual y tantos otros asuntos necesitados de debate en una sociedad que está lejos de ser homogénea. Las cortinas de humo para ocultar una negada crisis económica de final imprevisible se lanzan a diario. La izquierda no tiene nada que ofrecer que no sean fantasmagorías de dudoso progresismo. Creímos en ella cuando tratábamos de salir de una dictadura para entrar en un régimen democrático normalizado, pero ya no podemos porque no nos creemos que el aborto permisivo y la eutanasia sean progresos, que la Alianza de Civilizaciones sea algo más que una fantasía o que los matrimonio de homosexuales sean una modernidad.

Todas estas extravagancias son números de un espectáculo de variedades para distraer a los nostálgicos de la progresía, encerrados en su búnker a la espera de la segunda venida de Franco que les dé argumentos. ¿Es legal abortar a los 16 años sin permiso de los padres? ¿Es constitucional, si la joven madre frustrada no tiene capacidad jurídica para decidir? Desde que cayó el Muro de Berlín y los cascotes cayeron en las honorables cabezas de los izquierdistas del mundo, no saben por dónde tirar. ¿Por qué no se aclaran? El presidente de Venezuela se ha aclarado. El de Bolivia va camino. Serían más respetable si dijeran: "Ciudadanos: Nosotros no somos de izquierda ni podemos serlo en Europa Occidental, pero casando a los homosexuales y dándoles permiso para abortar a las jóvenes de 16 años, por encima de los derechos paternos, mereceríamos gobernar en Corea del Norte. Vótennos y todo se andará."

Francisco Bejarano|Diario de Jerez