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lunes, 21 de abril de 2008

Ordenanza del Requeté

Tú, BOINA ROJA, eres:
Soldado de la Fe y de la Santa Causa Tradicional.

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Tu ordenanza fija tus deberes,
exalta tus principios
y te encuadra para ser útil.

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Tu Trilema permanente:
DIOS - PATRIA - REY

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Procedes de la Elección entre los afiliados a la Comunión Tradicionalista.
Eres por tanto, orgulloso y heredero de tus gloriosos antepasados.

Te llamas Boina Roja,
porque eres soldado selecto, entusiasta, leal
y la Tradición tiene en ti el más firme y valioso sostén.

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Examina tu misión,
recuerda viejas glorias,
y verás cómo el pensamiento que te rige
y el sentimiento que te anima,
constituyen la substancialidad
que informó la existencia
y origen de la España inmortal.

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DIOS

La Fe fundamenta todas las virtudes del Boina Roja.
Refuerza el espíritu con el culto a Dios.
Sírvele siempre.
Muere por Él, que morir así, es vivir eternamente.
Ante Dios, nuca serás héroe anónimo.

La Tradición, habla a tu alma, purifica tus sentimientos y te acerca a Dios.
Ella, enseña a amar a la Iglesia.

Sé siempre católico práctico, con conocimiento claro de los que Dios desea para servirle, que es el fin esencial.

Tú Soldado de la Tradición, habrás de tener un puesto en el Reino de Dios.

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PATRIA

Tu Patria es tu Nación;
tu Nación, España.

España:
Única e Indivisible,
en su rica variedad autárquica regional,
es:

Sublime arcano de tradiciones.
Relicario de grandezas.
Madre de Nuevos mundos.
Luz de la Historia.
Albergue de Santidad.
Defensora de la Iglesia Católica.
España, sin la Cruz, dejaría de ser España.

+

Estúdiala, para conocerla.
Conócela, para amarla.
Ámala, para honrarla.

Ten presente que el mas puro de los amores, después de Dios, es el de la Patria.

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REY

Monarquía cimentada en la Cruz y rematada por la Cruz.
Altar de la Patria.
Continuidad en los gloriosos destinos de España.
Antiliberal por naturaleza.
Antirrevolucionaria y guardadora del derecho, la justicia y la jerarquía.

El Rey es el primer soldado de la Tradición.
Jamás absolutista, pero que reina y gobierna.
Verdadera autoridad y padre de los españoles.

El Rey, en las instituciones tradicionales, dio a la Patria la primera categoría de la Historia.
Los reyes "liberales" la sometieron a poderes ocultos.
En la hora de las responsabilidades, la dinastía legítima, está libre de toda mancha.

El primer soldado de la Tradición es el Rey de la Patria.

Textos clásicos de pensamiento tradicionalista (I). La representatividad en Vazquez de Mella



El sistema representativo tradicional. 31 de mayo de 1893. Discurso en el congreso.
Complemento natural de la libertad regional es aquella magnífica y asombrosa institución que surge de las entrañas e nuestra propia Historia, aquella hermosa y fecunda doctrina representativa, simbolizada en nuestras antiguas y veneradas Cortes. Y al hablar de las antiguas Cortes no me refiero sólo a las de Castilla, que fueron, por cierto, y por causas que no voy a examinar ahora, quizá más embrionarias y menos desarrolladas que las de los demás reinos de España.
Ya sé yo que no llegaron a completo término aquello principios representativos que tan profundo arraigo tenían en la sociedad medieval, que apenas existió un señorío de ciertas proporciones sin sus juntas o pequeñas Cortes, y que no habían podido llegar a su plenitud y lozanía, entre otras causas, por el golpe de retroceso producido por la protesta luterana en la civilización europea, y que originó la Monarquía absoluta del siglo XVI, la cuál fué obstáculo para que alcanzaran el término de su evolución los gérmenes de verdadero régimen representativo que había en el seno de las monarquías cristianas; pero, tomando en conjunto aquel sistema, y sin referirme al del Castilla, ni al de Valencia, ni al de Aragón, ni al de Navarra y Cataluña, que no difieren en lo sustancial entre sí, ni los Estados generales de Francia, ni de los Parlamentos de Inglaterra, ni de las Dietas de Hungría, Polonia y Alemania, porque habían sido la realización varia de un mismo principio inmortal que informaba a las sociedades cristianas en el Edad Media,puedo sintetizarlo en estas cuatro bases fundamentales en que las Cortes se apoyan, y que son: primera, representación por las clases; segunda, incompatibilidad entre el cargo de diputado y toda merced, honor y empleo, exceptuando los que son obtenidos por rigurosa oposición; tercera, el mandato imperativo como vínculo entre el elector y el elegido, y cuarta, aquellas dos atribuciones de las Cortes que consistían en no poder establecerse ningún impuesto nuevo, ni ser variada o modificada ninguna ley fundamental, sin el consentimiento expreso de las Cortes.
Queremos nosotros el régimen corporativo y el de clases porque entendemos que. correspondiendo a la misma triple división de la vida y de las facultades humanas, hay en la sociedad, cualquiera que ella sea, una clase que representa principalmente el interés intelectual, como son las corporaciones científicas, las Universidades y las Academias; una clase que representa, antes que todo y principalmente, un interés religioso y moral, como es el clero, y otras que, como el comercio, la agricultura y la industria representan el interés material; y, en una sociedad no improvisada, y con la vida secular como la nuestra, hay la superioridad del mérito reconocido en todos los pueblos, y la formada por prestigios y glorias de nombre históricos constituyendo la aristocracia social y la de sangre, y, con el interés de la defensa y del orden representado por el Ejército y por la Marina, está completado el cuadro de todas las clases sociales que tienen derecho a la representación. Por eso no queremos que sean las Cortes formadas por aquel cuerpo electoral, del cual decía ya Donoso Cortés que era un agregado arbitrario y confuso, que se formaba a una señal convenida y se desvanecía a otra señal, quedando sus miembros dispersos hasta que sonaba de nuevo la voz que les ordenaba juntarse. No queremos que sea ese arbitrario agregado, en el cuál el médico, el industrial, el sacerdote, el agricultor, el abogado, el militar, todos juntos y confundidos van a hacer surgir aquella representación legítima de intereses tan varios, tan complejos, y a veces tan opuestos; nosotros queremos que las Universidades, las Academias y las Corporaciones científicas, tengan sus propios representantes, que tenga los suyos el Clero, que los tenga la industria, el comercio y la agricultura, y sus especiales mandatarios, la aristocracia y el Ejército. Queremos también que, como vínculo entre el elector y el elegido, exista el mandato imperativo. Ya se yo que contra el mandato imperativo han esgrimido sus armas las escuelas doctrinarias; ya sé que contra él dicen que resuelve antes de discutir, y que con eso, en cierto modo, se mata el régimen parlamentario. Si no tuviera mas inconveniente que ese, para mi esa era la mejor de sus defensas; pero no es verdad que resuelva antes de discutir, porque puede suceder, y sucede de hecho, que dentro de una clase pueden los electores haber deliberado y discutido ampliamente, y después el procurador mismo puede discutir en las Cortes con aquellos otros procuradores que no hayan recibido expreso mandato imperativo, y el mismo puede no recibirlo para todos los asuntos. No es cierto tampoco aquel axioma político de las escuelas liberales, según el cual el diputado no es representante de una clase, ni de un distrito, sino de la nación entera, esta es una aberración, de la cual, ya en el año 1848, y comentando la Constitución revolucionaria francesa de entonces, se reía Proudhon, el cual decía que, si los diputados representaban a sus diferentes distritos, estaba representada la Nación, y que de ninguna manera podía representar un diputado a todos los distritos de la Nación, ya que en la mayor parte de ellos eran desconocidos los diputados por los distritos, y los distritos por los diputados. Tiene el mandato imperativo innegables ventajas, y una de ellas es que por medio de él se pueden conocer directamente el Estado de la opinión pública, de ese concepto que tantos servicios os ha prestado, que es una frase hecha que, bien analizada, no puede ser sustentada por los liberales, ya que el sujeto de la opinión requiere dos cosas: el conocimiento de las cuestiones morales y jurídicas, que no puede tener una multitud, y al mismo tiempo una unidad de norma y de criterio, que con la libertad de todas las opiniones se destruye. El estado de la opinión puede ser conocido por el mandato imperativo, ya que, por el número de mandato o poderes que en las Cortes aparezcan, se puede saber perfectamente cuando están divididos en el país los pareceres y cuando hay cierta uniformidad o cierto parecer común, ya en cada clase, ya en todas juntas. Ofrece también otra ventaja inmensa que no puede existir con los sistemas parlamentarios modernos. ¿Sabéis cuál es esa ventaja que reporta? La de no poder violar la verdadera voluntad del país: es decir, que los que sean elegidos no prometerán una cosa durante el periodo electoral, y después ejecutarán lo contrario cuando tengan la investidura de diputado. Sucederá otra cosa y de suma importancia: que no podrán existir en las Cortes mayorías oficiales, mayorías que voten según la voluntad del Gabinete, sino mayorías populares que voten según la voluntad de sus representados. Con la incompatibilidad del cargo de diputado con todo honor, merced o empleo que no fuese obtenido en rigurosa oposición, se lograría evitar una de las principales fuentes que pueden existir de corrupción parlamentaria. No podría un diputado ni siquiera ser representante a un tiempo de un distrito y de poderosas sociedades industriales que reciban subvenciones del presupuesto. No podría, por lo mismo, echarse sobre sí la nota que pudiera ser denigrante, y que ahora además puede ser cierta, de que no votaba libremente, sino por complacencias, por halagos o por mercedes recibidas o prometidas. Por eso es de completa necesidad establecer esa incompatibilidad, para evitar las corruptelas, podredumbres y prevaricaciones parlamentarias. Consideramos también que las Cortes tienen dos oficios, porque tienen que cumplir una doble misión; ayudar a gobernar, sin se cámaras cosoberanas que usurpan las atribuciones del Monarca -el cual debe reinar y gobernar, sin estar sujeto a la humillante tutela de un Gabinete que concentra en sí todos los poderes, y responder con responsabilidad social-, y limitar y contener la autoridad soberana, para que no se salga de su órbita propia. Consecuencia de esas funciones son la exposición de las necesidades de los pueblos, y la petición de sus remedios, ya por disposiciones particulares o por leyes, y el que no sea impuesta ninguna contribución ni cambiada ninguna ley fundamental sin previo consentimiento; prerrogativas de que se ha hablado antes, y que, con otras menos importantes y la del juramento mutuo al comenzar el reinado, de una u otra manera han existido siempre en las antiguas Cortes españolas cuando llegaron a tener algún desarrollo. De aquí se deduce que dentro de nuestra monarquía es absolutamente imposible toda tiranía. No pueden ser violentadas las conciencias cristianas; pues aquella relación que tiene el Estado con la Iglesia no la fija arbitrariamente por su voluntad el Estado, sociedad inferior, sino la Iglesia, que por su fin es la institución suprema. No puede ser dilapidada nuestra hacienda, porque sin el consentimiento de los súbditos o de los mandatarios no se pueden establecer impuestos nuevos; y, finalmente, no puede ser hollada nuestra libertad porque, para ser alteradas las leyes capitales que la definen y amparan, necesita el concurso y el beneplácito de los mismos gobernados o de sus procuradores. Resulta, pues, que, con nuestro sistema no pueden sufrir menoscabo ni nuestra fé, ni nuestra libertad, ni nuestra Hacienda. Es decir, que en éste régimen, la libertad está en todas partes y la tiranía en ninguna. Viene a ser esto, bien entendido, una Monarquía fuerte y robusta por su poder no parlamentario; representativa, por sus auxilios y limitaciones, y federativa, por las regiones que asocia y enlaza; siendo este calificativo, juntamente con el apellido primogénito de católica, y no el mote de absolutista, el que mejor se cuadra, si se aplican las palabras en su legítimo sentido.
Juan Vázquez de Mella
Importantes principios se derivan de este texto del que fue considerado el "verbo de la tradición", el que por su ascendencia gallega, así como que en Galicia fuese donde realizó sus estudios de leyes y su primera actividad profesional tiene bastante importancia para nostros. En primer lugar el concepto de "corporativismo", palabra que nos reconduce a la concepción de la sociedad como cuerpo, no meramente la suma de voluntades. Ese cuerpo que hunde sus raíces en la naturaleza social del hombre antes que en la mera convención voluntarista y sincrónica que pretende darse a sí misma el fin, los medios y las raíces del actuar social. El corporativismo tradicional hunde sus raices en la naturaleza misma de la realidad social en donde la legislación no es más que reflejo de dicha naturaleza. Es la misma antítesis del sistema liberal, voluntarista y positivista. De modo que es solamente dando auténtica representatividad a este cuerpo que es la sociedad es como se desarrolla asimismo la naturaleza social del hombre en cuanto tal, y es ese el único lugar donde podemos decir que se verifica su naturaleza libre, expresada en las libertades concretas, los fueros, de cada una de las sociedades intermedias que componen armónicamente el orden social, estructurado de modo ascendente por lo tanto. Organicismo, corporativismo, representatividad, que son características del "sociedalismo" tradicionalista tan bien enunciado por Mella.

sábado, 19 de abril de 2008

TERÇ DE MONTSERRAT - IN MEMORIAM

de 

EN HOMENAJE A LA MEMORIA DE TODOS LOS REQUETÉS DEL TERCIO DE MONTSERRAT

Y DEDICADO A DON JOAN PUJOL, A DON FELIO VILARRUBIA Y A MIS AMIGOS PEPE Y CÉSAR POR SU IMPORTANTÍSIMA E INCESANTE LABOR POR MANTENER Y FOMENTAR LA AUTÉNTICA MEMORIA HISTÓRICA DEL TERCIO CATALÁN.

Ventana externa

lunes, 14 de abril de 2008

Canciones de la Guerra de la Independencia

Muy próximos a conmemorar el alzamiento de las Españas contra la invasión napoleónica y en defensa de la Religión, la Patria y el Trono, aprovechamos para dar a conocer a nuestros lectores y visitantes este estupendo CD con canciones con temática histórica y política del periodo que va desde la Guerra de la Convención al Trienio Liberal (1793-1823). La recopilación fue obra del músico burgense (de Burgo de Osma) Federico Olmela (1865-1909) y la interpretación y edición del CD a cargo del cantante y musicólogo zamorano Joaquín Díaz, al que tanto debe la música tradicional de las Españas y especialmente la castellana y leonesa.

Este disco fue editado en 2003.

Podemos encontrar títulos como: La Tirana Convención; Viva España; El narizotas; Virgen de Atocha; Pepe Botellas; Al atacar Ocaña; Marqués de la Romana; Salve Fernando rey; Dicen que vienen los rusos o El Trágala (versión liberal), entre otras.

Para más información y escuchar algunos fragmentos se puede visitar este enlace http://www.funjdiaz.net/cds/cdf050.cfm

sábado, 5 de abril de 2008

CARLISMO COMO CAUSA CAMPESINA DE LA "IZQUIERDA" TRADICIONALISTA, Y DIMENSIÓN ANARQUISTA POR LA "DERROTA" DE LA CAUSA CARLISTA

El historiador marxista Ramos Oliveira concreta mucho más la identidad de España: asegura que dicho país es menos individualista que comunitario. Este es el caso de numerosos pueblos. Pero la comunidad a la cual cada español se siente ligado es una comunidad original, natural; no es la de los Estados, ni la de las administraciones o de los poderes públicos. Entre estos dos tipos de comunidad se organiza el gran debate español, del cual el carlismo representa una de sus formas paroxísticas, al igual que el anarquismo.

Los españoles antes que someterse a la idea nacional prefieren obedecer a las ideas generales. La Reforma protestante vino a estrellarse contra el reducto ibérico, desde donde se lanzó , a continuación la Contrarreforma. Este rasgo es muy significativo: ¿No es cierto que un reflejo elemental, quizás apenas consciente, daba preferencia a la unidad de la comunidad natural, que era la del Catolicismo, frente a los gérmenes de comunidades nacionales, y por lo tanto artificiales y posteriores que la Reforma traía consigo?

En estos pueblos de España está enraizada la convicción de la justicia humana, espontánea, natural, afectiva y generosa, que aventaja a las frías máquinas jurídicas y a las leyes escritas. Entre el aparato técnico y burocrático de la justicia de los Estados y la equidad natural a todo ser humano, la elección de España es inmediata y constante: las reglas del corazón anulan las de la razón.

Ese campesinado que ve en el Rey Legítimo y la institución monárquica tradicional la misión de gobierno, coincidente con la del pastor, encargado, no tanto de distribuir órdenes o sanciones, como de hacer reinar la concordia, expresado entonces por el principio de subsidiaridad. Una Corona capaz de vertebrar la diversidad de los Pueblos de España, mediante la Confederación de Reinos, Señoríos y Principados Hispánicos con escrupuloso respeto del significado de las diversas Nacionalidades Históricas Ibéricas, sus lenguas españolas, sus variantes dialectales, sus Cortes y Fueros particulares, que consolidan el autogobierno jurado por el Rey Legítimo.

El clero de España desarrolló en los siglos XVI y XVII, y aún en el siglo XVIII, una crítica tosca y violenta, contra el capitalismo. Este clero, tanto en el reinado de Felipe II como en el de Carlos III, es muy numeroso: no hay una sola escena de la vida española por donde no pase la figura negra y polvorienta de un cura, o la capucha de un fraile mendicante -franciscano, dominico o capuchino. Los conventos viven en simbiosis con el país que les rodea. Los curas aman y comprenden al pueblo insignificante. Comparten sus esperanzas y sus penas, y también sus rebeldías, de la misma manera que los humildes están ligados a la Iglesia militante. Estas íntimas relaciones perduran incluso durante uno de los episodios más dolorosos de la historia de España, la época de la Inquisición; incluso se fortalecen más. No es por casualidad que la cólera de los inquisidores se cierne sobre cualquier hereje sin importar su rango social, y nivel adquisitivo.

Así, en el seno de este pueblo ascético e indefenso, apasionadamente comunitario y rebelde a toda organización autoritaria o estatal, los frailes y monjes proponen una especie de modelo ideal, casi utópico, de sociedad, hablando de "democracia frailuna", expresión que se emplea para designar la democracia por la que se rigen los monjes. El historiador inglés Eric J. Hobsbawn reproduce estas palabras recogidas de un viejo aragonés cuyo hijo era fraile en un convento: "Son comunistas, sabe usted. Todo lo poseen en común y cada uno toma lo que necesita para vivir". No es de extrañar que los frailes y sacerdotes hayan comprendido durante largo tiempo y además sostenido las luchas de esta población en medio de la cual se desenvolvían.

Sin embargo, se operan algunos cambios en las estructuras, asistiendo a brotes de industrialización, y un fenómeno capital: la venta de los bienes de la Iglesia y de los municipios gracias a dos leyes promulgadas en 1837 y en 1855, eran las leyes de la "desamortización". Estas ventas provocaron efectos desastrosos en el equilibrio económico, sobre todo en Andalucía, Navarra, País Vasco y Catalunya, núcleos importantes de las rebeliones anarquista y carlista respectivamente, territorios forales donde se había concretado históricamente la propiedad minifundista, pequeña propiedad campesina, y las tierras comunales de los municipios, sustento y forma de vida campesina que fue violentada por la revolución liberal burguesa al hacer desaparecer las instituciones populares de Antiguo Régimen, instituciones que imposibilitaban la creación y vertebración de un mercado nacional, que necesitaban los liberales burgueses por la pérdida colonial de ultramar. Esa burguesía colonial, pasaría de ser amiga a enemiga de la institución monárquica, y sólo pactará con ella cuando esa institución le consienta desamortizar los bienes y tierras de manos muertas. Con ello la clase campesina y jornalera se pondrán de parte del carlismo y posteriormente del anarquismo. El campesinado empobrecido por las medidas desamortizadoras formará parte del voluntariado carlista en las tres guerras. El jornalero quien jamás había alcanzado un nivel socio-económico semejante al campesino carlista, ante la llegada de la desamortización revolucionaria liberal burguesa, protestó en muchos casos combatiendo junto a los carlistas, porque eran gentes con hambre de tierras, sin embargo ese jornalero iría avanzando hacia el anarquismo en el sentido en que este le aseguraba, conseguiría tierras que cultivar y trabajar para su autosustento y autosuficiencia.

El campesinado carlista vinculado a los fueros protesta contra la revolución liberal burguesa porque esta impone la desamortización que beneficia a los grandes propietarios y a la burguesía y oligarquía terrateniente, y perjudica sobremanera la histórica propiedad minifundista y pequeña propiedad, así como el comunal de los municipios. Por ello en las filas carlistas habrán numerosos campesinos empobrecidos por la revolución liberal burguesa. En Andalucía, los jornaleros no se habían percatado de lo que significaba el triunfo de la revolución liberal burguesa, aunque algunos también formarían parte de las filas voluntarias de Don Carlos, por las promesas carlistas del reparto equitativo de tierras y de llevar a cabo un proyecto de reforma agraria semejante al minifundismo agrícola del que habían disfrutado los habitantes vasco-navarros desde tiempos inmemoriales con arreglo a sus distintos Fueros.

La burguesía luchará contra el campesinado carlista y posteriormente contra los jornaleros anarquistas, estos últimos poco satisfechos por el escaso rendimiento de lo que significaba la presencia jornalera dentro del carlismo, debido a la ineptitud de ciertos dirigentes carlistas que procuraban otros objetivos distintos a los legítimos derechos del pueblo y masa campesina y jornalera. No obstante la burguesía lucharía contra los carlistas y los anarquistas, en nombre de la libertad, el individualismo y los intereses económico-financieros-capitalistas, dando un golpe de estado, derribando la monarquía tradicional, y aupando otra, liberal-capitalista, antipopular y antitradicional. La casta oligarquico-burguesa que se forma gracias a la desamortización de la revolución liberal burguesa aupa y defiende el trono de Isabel "II" y sus descendientes a sangre y fuego; la institución monárquica se convertirá en instrumento de la clase dominante. Sin embargo, el carlismo pretendía formar una clase media de pequeños propietarios agrícolas y de defensores del comunal de los municipios que apoyaran el trono legítimo de Don Carlos de Borbón, Carlos V de las Españas y sus descendientes.

La burguesía lucha contra ellos, contra los campesinos, los llama despectivamente, reaccionarios, sin embargo, al comienzo de la revolución liberal burguesa no dudó en utilizar el descontento de la masa campesina para con las estructuras e instituciones de antiguo régimen, y utilizarlas como ariete, para su propio provecho. El descontento campesino para con las instituciones de antiguo régimen viene formulado por la crisis agraria, y las contribuciones para la guerra de independencia Norte-americana. Las reformas agrarias de los ministros ilustrados dio comienzo a las primeras desamortizaciones, criticadas por los campesinos y por la Iglesia, dentro de la cual los Jesuitas fueron máximo exponente, ganándose el destierro ilustrado de manos de Carlos III de España, por la política procolonial y proburguesa. Reformas que con los liberales llegarían más lejos, pues se acusaría que las tierras de la Iglesia eran de manos muertas e improductivas, cuando servían para la atosuficiencia y autogestión de hospitales, leproserías, hospicios y horfanatos, para el sustento de los curas y de la Iglesia en general. La venta de los bienes de la Iglesia y del comunal de los municipios al mejor postor, aunó intereses legítimos de curas y campesinos, quienes se sumaron al carlismo. Los principios cristianos de la Iglesia Católica y sus fieles hijos campesinos iban de la mano contra la opresión oligarquico-liberal-burguesa que imponía el capitalismo como modelo económico en España. La actitud de la Iglesia Jerárquica que se puso de parte del trono de Isabel "II" y su casta caciquil, puso de rodillas a la Iglesia Católica al permitir la usurpación conservadora de los bienes de la Iglesia, a cambio de los sucesivos Concordatos y parte del presupuesto del Estado. La jerarquía consentía venderse a la fuerza capitalista a cambio de unas rentas burguesas, de forma que la Iglesia Católica o mejor dicho gran parte de sus dirigentes jerarquicos se ponían de parte de los poderosos, dejando de lado al débil, a los que sufren.

La desamortización, es decir, la venta de los bienes de la Iglesia y de las municipalidades, trastornará la existencia de los campesinos, porque estos traspasos de propiedad son lentos en esa parte del país.

La tierra, reconquistada a los moros tardíamente, fue distribuida ampliamente por los reyes de Castilla a las órdenes militares y a las comunidades. Las leyes de desamortización conceden extensiones de tierra mucho más vastas en Andalucía que en Navarra o en Asturias por ejemplo, regiones en las cuales se había formado, desde hacía tiempo, una población de pequeños propietarios campesinos, sus descendientes herederos serían los carlistas.

Debemos hacer un esfuerzo de imaginación si queremos comprender la transacción económica y psicológica que traen consigo las ventas de los bienes comunales.

Juega un gran papel en la insurrección andaluza de Loja, de 1861, Pérez del Álamo, quien nos ha dejado al final de su vida un testimonio de estos hechos; nos habla de las tierras comunales que aún existían en su pueblo cuando tenía dieciséis años:

"Los pobres podían sembrarlas. Se ocupaban de los bosques y de la leña. Podían cazar perdices, liebres y cualquier otro tipo de caza. De tal manera que, si bien eran pobres, no sabían lo que era el hambre. Hoy, todas estas tierras no son más que dominios privados y el pobre que no tiene trabajo muere de hambre y si se hace con algo que no le pertenece, va a la carcel o es asesinado de un tiro por el nuevo rico propietario."

Los campesinos perdían en el cambio que significaba la incorporación del nuevo régimen liberal burgués nacido de la ilustración y del liberalismo revolucionario. Los nuevos propietarios ejercían sus derechos con más vigilancia y más dureza que sus predecesores, simplemente se lo creían más, se creían nobles y aristócratas, ese era el pecado del nuevo rico. Aparecen los guardias jurados al servicio de los propietarios. Al mismo tiempo, el Estado liberal burgués crea el cuerpo de la guardia civil con la misión de hacer respetar e imponer el orden en los pueblos y villas carlistas.

Los guardias civiles acompañarán de ahora en adelante y hasta nuestros días toda la vida política española. Su silueta está íntimamente ligada al horizonte del país. Patrullan en parejas por todas las carreteras y caminos del país, a pie o a caballo, y su eficacia se vuelve legendaria. Establecidos en cada pueblo, viven al margen de la población, reclutados siempre en provincias distintas de aquella en la que actúan, jugarán un papel destacado en la lucha que el poder lleva a cabo contra los carlistas, anarquistas y contra otros movimientos revolucionarios.

Desde este momento los campesinos sueñan con el reparto, una nueva desamortización contra los conservadores de los bienes usurpados a la Iglesia y a los campesinos. Los carlistas consideraran un insulto que se les denomine conservadores, ellos jamás conservarán bienes robados. Entre 1845 y 1850 empieza a difundirse la palabra socialismo. El reparto de tierras no representa simplemente una apropiación colectivista de las tierras, sino además el acceso al estatuto de los pequeños propietarios. Así la ilusión socialista embarcada dentro del tradicionalismo carlista alimentará las esperanzas de los humildes y de los oprimidos y al mismo tiempo hará brotar el terror en los nuevos ricos, en los ladrones conservadores, en los propietarios.

La desamortización tiene otras consecuencias; la Iglesia Católica se transformará en la Iglesia de los ricos, de los poderosos, en la Iglesia del poder. Por el concordato firmado en 1851, abandona sus bienes y pretensiones legitimistas a cambio de un modesto sueldo que el Estado liberal burgués garantiza a los sacerdotes. He aquí cómo la Iglesia se convierte en la Iglesia del Estado, al servicio de la patronal liberal-oligárquica-burguesa, y aunque su vanguardia y sus bases entre los que estaban y estan los carlistas tengan, tengamos, valores y principios dignos, cristianos y legítimos para llevar a cabo el ser caritativo, cristiano y evangelico de la religión, por otra parte la Iglesia deja de ser una institución independiente, y por tanto crítica contra el poder establecido. Desde el carlismo se denunciaría este hecho, al observar a la jerarquía de la Iglesia Católica del lado del trono de Isabel"II", y en contra de Don Carlos de Borbón y la Causa Carlista. Esa connivencia entre patronal e Iglesia Jerárquica la han sabido señalar y denunciar por otra parte las huestes izquierdistas revolucionarias y ateas, sin que esto signifique pretender estar de acuerdo con las acciones de estos izquierdistas anticlericales. El anticlericalismo es el resultado de la dejadez de la Iglesia Jerárquica por la Causa del débil, del humilde, es el resultado de la alianza y connivencia entre patronal y jerarquía eclesiastica, esta última pretendía justificar lo injustificable, legitimar a aquellos que les habían robado, a cambio de unas rentas miserables.

El carlismo tradicionalmente cristiano denunciaría estos hechos desde el primer momento, al vislumbrar la falta de apoyos jerarquicos de la Iglesia Católica con respecto a la Causa Carlista, sin embargo a causa de los ataques de las huestes anticlericales, encontraremos a los carlistas en el denominado bando nacional, por defender la Fe Cristiana Católica para las Españas, cuando precisamente quienes se encontraban en aquel bando históricamente, habían sido sus opresores, los verdugos del carlismo.

martes, 1 de abril de 2008

Ciclo II República y religiosidad popular en Jerez

Ayer comenzó en el obispado las sextas jornadas sobre hermandades y cofradías que convoca la Unión de Hermandades este año dedicadas a la II República y la religiosidad popular. La sesión de hoy estará a cargo del controvertido periodista e historiador Luis Pío Moa con una conferencia, que se iniciará a las 20,30 horas en al sala Juan Pablo II del obispado, dedicada a los mártires durante la II República. La sesión inaugural de ayer estuvo protagonizada por el doctor en historia José Leonardo Ruiz Sánchez que habló sobre la Iglesia española durante, la II República. El conferenciante analizó el sistema político que "fue de una radicalidad extrema contra la Iglesia", poniendo de relieve que "aquellos actores mismos, reconocían que a la Iglesia se le asignó el papel de chivo expiatorio de todos los males del país".